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jueves, 24 de octubre de 2013
LA MINA DE ARNAO (CASTRILLON)
La historia de la minería en la península es también la historia de la mina castrillonense, pues esta explotación ha sido pionera en muchos aspectos y en distintos periodos de la historia. Cuando apenas se conocía en España el carbón vegetal, un religioso, fray Agustín Montero, vecino de Naveces descubría en el año 1591 una “piedra negra”, que se comportaba como el carbón vegetal y con la que se podían confeccionar herramientas. Él mismo quiso comunicar su gran hallazgo al emperador Felipe II mediante un escrito que ha sido rescatado recientemente de los archivos del Ministerio de Cultura por los arqueólogos Iván Muñiz y Alejandro García. El emperador, convencido de la valía del descubrimiento, dio a Arnao la primera concesión de explotación del carbón en la península.
Desde entonces, el paralelismo entre esta mina y el devenir del carbón en España han ido siempre de la mano. También hay que concederle a Arnao el mérito de ser la primera explotación que introdujo la planificación en el sector minero. En este caso, el reconocimiento hay que dárselo a la Real Compañía Asturiana de Minas, una empresa creada en 1833 con capital belga, que se hace cargo de la explotación y la sitúa a la cabeza de la minería en España.
Arnao abandera el sector, desarrolla tecnología, introduce el vapor y con él el primer transporte ferroviario aplicado a la mina. Su reconocimiento es tal que “las universidades mandan a estudiar la mina de Arnao a los que en aquella época llamaban ‘comisionados’, hoy becarios. La mina era visitada además por técnicos de otras explotaciones que querían conocer los modos y maneras de trabajo de esa mina de Arnao”, cuenta Guillermo Laine.
La valía de la explotación quedó ratificada con una visita real. Así, en 1858 la reina Isabel II junto con su esposo Francisco de Asís de Borbón, quiso conocer las instalaciones de la mina. Sorprendiendo en gran medida a los directivos de la fábrica, la reina no sólo visitó las instalaciones superiores sino que con gran decisión bajó en la jaula al interior de las galerías. La Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM) también obtuvo la concesión de las minas hulleras de Santa María del Mar, comenzando así una etapa que transformó tanto la explotación minera como el entorno que le rodeaba. Con un enfoque paternalista propio de las grandes empresas de la época, la Compañía levantó viviendas para los obreros, creando así auténticos poblados que tuvieron su máxima época de esplendor entre 1910 y 1936.
Las escuelas del Ave María o la Casona de Arnao, la impresionante residencia del director de la fábrica, fueron muestras del espíritu transformador de la empresa que levantó un destacado conjunto industrial. La RCAM introdujo el primer ferrocarril minero documentado en España y actualmente todavía se conservan pequeños tramos de la vía del ferrocarril que unía Arnao y San Juan de Nieva. El túnel que permite el tráfico rodado entre Salinas y Arnao es también una aportación de esta compañía.
La filtración de aguas fue la causa del cierre de esta explotación. “En la época de la Real Compañía, la mayor parte de las galerías van por debajo del lecho marino, desde la cota menos ochenta, es decir, ochenta metros por debajo del mar, hasta doscientos metros por debajo del mar; y se introducen hacia la playa unos seiscientos o setecientos metros, de hecho la filtración de agua la tienen a cuatrocientos metros hacia el mar”, explica el ingeniero de minas de Sadim.
Museo fósil: yacimiento del Devónico.
El arrecife devónico de Arnao es una joya geológica de inmenso valor, que ha sido certificada por distintos expertos en geología y paleontología. Se trata de un enclave rocoso dividido en dos partes, la plataforma y el túnel de Arnao, donde existen secuencias de arrecifes fechados en el periodo Devónico Inferior, entre 405 y 395 millones de años. El Ayuntamiento de Castrillón ha acondicionado recientemente la zona con paneles informativos que orientan al visitante para poder observar los yacimientos más importantes. Posee fósiles de flora y fauna marinas y se extiende desde Santa María del Mar hasta la Playa del Cuerno, en Salinas.
Fuente visitada. fusionasturias.com
miércoles, 14 de diciembre de 2011
MINAS DE MIERES-EL SOCAVON BARREDO

En el Barredo, Fábrica de Mieres disponía de diversas instalaciones mineras: un lavadero, puesto en marcha en marzo de 1922, y una Central termoeléctrica (1916).
Más al sur de Mariana, y a una altitud superior, Fábrica de Mieres poseía otra mina conocida como Corujas o Coruxas. En el año 1926 se instaló un transporte aéreo mediante un Teleférico minero, tricable, de 1800 m de longitud y 21 torres de hierro para llevar la producción al lavadero de Barredo, en sustitución del transporte por pozos utilizado hasta la fecha.
El descenso de la producción de Mina Mariana y Mina Coruxas, por agotamiento del yacimiento, obligó a Fábrica de Mieres a continuar la explotación del yacimiento en profundidad. Así en 1923 puso en funcionamiento, en la zona de Barredo, el Socavón Barredo, abierto 7 m por encima del nivel de la carretera de Adanero a Gijón. La bocamina del socavón todavía se conserva, con la inscripción "GRUPO MARIANA - 1920". El socavón disponía de un cable flotante para el movimiento de los vagones y estaba conectado con la plaza del 1er piso por un pozo balanza. Dicho pozo balanza se encontraba a una distancia de 60 m del eje del socavón y a 600 m de la bocamina. Tenía sección circular y un diámetro de 4,50 m, estando revestido de hormigón.
El socavón Barredo marcaba el nivel más bajo del yacimiento accesible mediante galerías, por lo que a partir de 1931 la sociedad empezó a considerar la profundización de un pozo. Esta no comenzó hasta el año 1937, durante la Guerra Civil. Durante ese año sólo se profundizaron 12 m, de los 200 m que alcanzó en 1940. La máquina de extracción se adquirió a Siemens, en Alemania, y comenzó a funcionar en septiembre de 1941.
Al constituirse HUNOSA en el año 1967, el pozo se integró en la misma, como aportación por parte de Fábrica de Mieres. En 1969 comienza la explotación del macizo comprendido entre 3ª planta (20,7 msnm) y la 4ª planta (-50,0 msnm). La 3ª planta era la planta más profunda del pozo, por lo que el acceso a 4ª planta se realizó mediante un plano inclinado, de 283 metros de longitud y pendiente del 15%. En el año 1981 comenzó la re profundización del pozo, desde 3ª hasta 5ª planta.
La actividad productiva del pozo finalizó en el mes de marzo de 1995, continuando con las labores de mantenimiento, conservación, desagüe y ventilación debido a su conexión con el entonces pozo San Inocencio de Minas de Figaredo, que posteriormente pasó a ser el pozo Figaredo de HUNOSA.
En ese mismo año el interior del pozo, 4ª y 5ª plantas, empieza a ser usado para proyectos de investigación relacionados con seguridad minera por parte del Gobierno del Principado de Asturias. Posteriormente el uso se amplía a instalaciones del exterior, y también a actividades de formación, capacitación y entrenamiento. En el año 2001 se constituye la Fundación Barredo que asume estas tareas.
De las antiguas instalaciones del pozo se conservan varias de ellas, en distinto estado de conservación. Algunas de ellas forman del Parque temático sobre la arqueología industrial minera de Mieres y fueron rehabilitadas dentro del proyecto Rehabilitación del área industrial del Pozo Barredo y Mina Mariana. Este proyecto, con un presupuesto de 2.364.430 €, fue aprobado por el Consejo de Gobierno del Principado de Asturias el 14 de febrero de 2007.
Fuente visitada.
Wikipedia
lunes, 28 de noviembre de 2011
LAS MINAS DE COBRE DE LA SIERRA DEL ARAMO

Las minas de cobre de Riosa, ubicadas en la falda este de la Sierra del Aramo Su situación en la agreste montaña central asturiana en la cuenca del río Caudal ha determinado las características de este concejo a lo largo de toda su historia desde el Neolítico (6000 - 3000 a. C.). La presencia humana está atestiguada en las primeras etapas de la Edad de los Metales (Cobre, Bronce y Hierro). Los hallazgos de mayor valor corresponden a las minas de cobre en Texeo (2000 a. C.), las más antiguas de España, ubicadas en la vertiente oriental, entre 1200 y 1600 m de altitud en la Sierra del Aramo, cerca del pueblo de Llamo. Llamo, Rioseco o Texeo
-Andaba el Sr. Van Straalem buscando con varios amigos una oquedad de la caliza que había sospechado fuese producida por la mano del hombre, y desesperaba ya de encontrarla, cuando se fijó de pronto en que las hojas de un árbol corpulento se agitaban extraordinariamente a pesar de la calma absoluta que reinaba en la atmósfera.
Acercose para descubrir la causa de tal rareza, y vio que al pie del árbol existía una chimenea por donde salía violentamente una columna de aire fresco. Reconocida la chimenea, se encontraron las primeras labores antiguas."
Así redescubrió, en septiembre de 1888 el ingeniero Van Staalem las antiguas minas de cobre y cobalto del Aramo. Constituyó bajo su dirección, la sociedad "Minas del Aramo", denominando "Teresita" al yacimiento. Los ancianos de los alrededores se refieren a la mina como "Texeo".
Iniciadas las primeras labores en la Edad del Cobre, la explotación se reactivó el siglo pasado, continuando los trabajos hasta la segunda mitad de nuestro siglo. La extracción se realizaba en varios niveles, accesibles desde socavones en la ladera, y entrada por desmonte en su parte superior.
Para la obtención de un producto más acabado, se dispuso una fundición de cobre en la base de la montaña, donde el mineral era transportado en contenedores por cable aéreo desde los socavones, en la ladera oriental de la Sierra del Aramo (1680 m).
En una primera etapa,.." se excavaron diversos pozos verticales, de algunos metros de altura y sección reducida, perforados así para alejar toda idea de evasión en los obreros esclavos, puesto que bastaba un centinela en su boca para impedir la salida por tales chimeneas".
Tras el redescubrimiento de las labores, la disposición se modifico, realizando una serie de bocaminas abiertas a media ladera, en comunicación con las galerías antiguas, inclinadas según la línea de máxima pendiente de los filones, encajados en bancos de dolomíta rosada y sembrada de cristales de espato calizo.
En la actualidad solo parte de las antiguas galerías es accesible, encontrándose el resto impracticables por el agua y los derrumbes. Todavía permanecen los restos de la fundición y alguna torreta del cable, y en el interior de la mina se observan instalaciones del último periodo de explotación, como tuberías de aire comprimido, y parte del trazado ferroviario con algunas vagonetas.
En el interior de la mina fueron descubiertos 16 esqueletos humanos, martillos de piedra, agujas de piedra, para el arranque, cuñas, teas de madera resinosa para el alumbrado, etc."Los cuatro primeros esqueletos fueron hallados en una galería que, por ese motivo, la denominan "de los esqueletos", dos de ellos estaban cogidos por un hundimiento en el que encontraron la muerte, pues uno conservaba el martillo en su mano.
Estos mineros debían ser excesivamente delgados respecto a su estatura, porque ciertas galerías estaban pulimentadas por el rozamiento de sus cuerpos, y en estas galerías, abiertas en caliza compacta, un hombre de mediana talla difícilmente podría hoy arrastrarse.
Estos cráneos pertenecían a individuos jóvenes todavía, pues conservan todos los dientes incrustados en sus mandíbulas, y en algunos de ellos se observa que los molares extremos, llamados muelas del juicio, no habían alcanzado todavía su desarrollo. Los huesos, los cuernos y la mayoría de objetos que se descubren en la mina están impregnados de sales de cobre que les dan color verdoso."
Respecto a los métodos de arranque, se sabe que "también empleaban el fuego para hacer saltar la roca y convertirla en quebradiza. Trozos de madera completamente carbonizados, grandes cantidades de carbón vegetal que se encuentra con frecuencia, las paredes cubiertas de hollín y, por último, el aspecto de la roca y del mineral indican claramente que empleaban la torrefacción en gran escala."
Fuente visitada.
arqueologiaypatrimonioindustrial.com
domingo, 31 de julio de 2011
HISTORIA DE LA MINA DE LA CAMOCHA
La Camocha, como muchas otras explotaciones mineras, echó el cierre como consecuencia del ajuste. Atrás queda un siglo de rica historia empresarial, laboral y social, siempre ligada a Gijón y con su propia idiosincrasia. De hecho, La Camocha mantuvo siempre su carácter privado y a diferencia de Minas de Figaredo, nunca se llegó a integrar como mina en la compañía estatal Hunosa.
Para hablar del origen de La Camocha debemos remontarnos a 1893 y a la familia Felgueroso, que a través de los éxitos empresariales obtenidos por uno de sus hijos, Víctor, pudo hacer el capital con el que constituir la Sociedad Regular Colectiva Hermanos Felgueroso. El dinero lo obtuvo gracias a la compra, gestión y arrendamiento de explotaciones, como las de Saús, Clara Matilde, Benita (embrión del Grupo Minero Ciaño), Entralgo y, sobre todo, La Nueva, adquiridas por un millón de pesetas de la época a Inocencio Sela.
Sabedores de que el insigne geólogo alemán, Guillermo Shultz, había confirmado en sus estudios la presencia de carbón al sur de la villa de Gijón, los Felgueroso se lanzan a su explotación sin obtener, en un principio éxito. De hecho, y pese a haber localizado carbón de calidad a 160 metros de profundidad, en la primera excavación en San Martín de Huerces toparon con una gran manantial de agua que casi les hizo desistir. La mala experiencia se repitió más veces, primero por un manto freático situado cerca de Vega; y después por una noticia que daría la vuelta a toda España y que en Asturias acabó bautizándose como: “el mecheru Caldones”.
En Caldones, en una de las exploraciones de carbón llevadas a cabo en enero de 1915, una máquina de sondeos provoca una tremenda explosión seguida de un interminable incendio. La especulación empieza a trabajar y algunos periódicos de la época titulan “¿Aparece un yacimiento petrolífero en Gijón? Pero la realidad es que se trataba de un violento escape de gas natural, de los que tradicionalmente ocurren en los yacimientos fósiles. A ver aquel enorme “mechero natural” acudieron cientos de personas: unos, ingenieros y políticos, por estudiar aquella curiosidad geológica; y otros vecinos, y hasta religiosos, por comprobar que no era el principio de una catástrofe para Gijón, o la mismísima puerta de entrada al infierno. Al final, “el mecheru” se apagó a los 4 día,s utilizando para ello ácido carbónico procedente de la fábrica de cerveza La Estrella de Gijón.
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, en la que España se vio favorecida por su neutralidad, la necesidad europea de carbón ánimo de nuevo a la familia Felgueroso en su aventura. Su grupo hullero ya era entonces el quinto productor de mineral español. Pero en 1920, intuyendo tiempos de crisis, vendieron gran parte de sus minas para centrarse en su proyecto de Gijón, donde en 1930 fundarían Mina La Camocha.
La primera producción del pozo se extrajo en 1935, una actividad que sin contar las huelgas y protestas, no se detendría hasta el 31 de diciembre de 2008, en la que La Camocha, ya desde hacía muchos años con empresarios distintos a sus fundadores, intervenida judicialmente y con deudas en la Seguridad Social, cerró con 160 trabajadores: unos, se prejubilaron y otros fueron reubicados en Hunosa.
Desde los años 60, las voces más afamadas de Asturias (El Presi, Vicente Díaz, Jerónimo Granda…) han hecho un clásico de “La mina de La Camocha”, canción del escritor langreano, José León Delestal (1921-1989).
FUENTE VISITADA:
mmma.es
viernes, 6 de mayo de 2011
EL BATEO DE ORO EN NAVELGAS

Navelgas (Tineo), tuvo antaño productivas minas de oro que los romanos explotaron de forma masiva. Hoy todavía se busca el metal precioso en los cursos de los ríos mediante la técnica del bateo.
Los astures que habitaban estas tierras ya se habían fijado en esas piedrecitas doradas y brillantes que encontraban en los cursos del agua. Con ellas elaboraban bellas joyas, pero su explotación no llegó más allá del bateo con una cesta o una batea de madera. La minería propiamente dicha llegó con los romanos, que sólo bateaban para descubrir la ubicación de los filones de oro. Después ponían en marcha un ingenioso sistema que consistía en canales y depósitos por los que hacían correr el agua para arrastrar y lavar el mineral, pero que también iba desmontando la montaña a fuerza de horadarla.
Como ejemplo quedan en el concejo los canales y lavaderos de Lavadoira y Santiago Cerrado, las grandes explotaciones de la Sierra del oro entre Navelgas y Naraval, o los canales de la Presa del Moro; todas ellas son hoy un reclamo turístico al que se accede siguiendo diversas sendas.
En la actualidad, la búsqueda de oro se ha reactivado en Navelgas, debido a la aparición de una pepita de oro de 24 quilates de 27,2 gramos en su río. El descubrimiento se debió a Enrique Sanfiz y Joaquín Paredes, mediante la clásica técnica del bateo, y a partir del mismo se creó la Asociación Barciaecus, que ha impulsado enormemente la competición internacional de bateo. Todos los años en el mes de julio decenas de participantes y cientos de curiosos vienen a ver el Campeonato Nacional de Bateo de Oro.
La afición es tal, que no es difícil ver en las orillas del río Navelgas -en un lugar con ligera corriente-, personas provistas de una especie de sartén con estrías en la que recogen arena del río y pequeñas cantidades de agua que hacen rotar. Con ello consiguen expulsar suavemente la arena y dejar en el fondo el posible oro, en pequeñas láminas o pepitas que se han desprendido de las piedras de cuarzo por medio de las tormentas y la erosión. Los pedazos del preciado material se retiran con el dedo y se guardan en probetas llenas de agua para su fácil localización y manipulación.
El bateo de oro era en la antigüedad una de las pocas técnicas que existían para recoger este preciado metal. En la actualidad ha pasado a ser considerado un deporte y una nueva oferta turística en muchas regiones. Pero, ¿qué se necesita para poder hacer una batea? Y ¿cómo se realiza exactamente este proceso?
Lo que se necesita para hacer una batea de oro
La principal herramienta para este cometido es la batea, que no es más que una especie de plato amplio o sartén sin mango. En la actualidad es común encontrarlas de plástico, aunque también las hay de acero. Pueden ser lisas o con escalones en el interior para facilitar la separación de la arena. También es necesario, o más bien recomendable, llevar consigo un pequeño frasco para guardar las pepitas de oro que se encuentren e incluso un pico o martillo para remover el fondo del cauce de agua o romper alguna piedra.
Elegir un buen lugar para buscar oro en el río:
Después de que se haya conseguido el instrumental necesario, hay que elegir el lugar donde comenzar la batea, para lo cual es imprescindible saber el comportamiento del oro en su travesía por los ríos. Inicialmente, el oro es arrancado de la roca junto a pedazos de la misma, generalmente cuarzo, y posteriormente es transportado corriente abajo. En su descenso se separa de los restos de roca original y gracias a su mayor peso, respecto al resto de rocas que arrastran las corrientes de agua, quedan atrapadas en los fondos de las pequeñas pozas de los saltos de agua, que actúan como trampas para el oro. También hay que conocer si la región es aurífera o no.
Técnica para realizar la batea de oro:
Tras la separación, será la fracción más fina la que se utilice. Colocando esta parte sobre el recipiente, se deberá hacer pasar el agua por la misma para que arrastre las partículas menos pesadas y las pepitas de oro queden en su centro.
La forma más común de hacerlo es sumergiendo ligeramente la batea para que entre agua y mediante leves movimientos circulares se provoca que el agua vaya saliendo poco a poco. También puede hacerse aprovechando la corriente de agua. Pero siempre habrá que utilizar la dosis de energía exacta, ya que si es excesiva el oro acabará saliendo del recipiente y si es escasa el sedimento no se escapará y seguirá camuflando al metal deseado.
Las pepitas de oro se recogerán con cuidado:
Una vez dominada la técnica, los resultados comenzarán a llegar en forma de pequeñas pepitas o pequeñas piedras de oro y cuarzo. En ocasiones, y en determinados lugares muy concretos del planeta, puede verse acompañado incluso de platino. De forma que cuando se observen las pequeñas partículas auríferas en el centro de la batea se recogerán con cuidado y se guardarán en los frascos transparentes.
Cuando se tengan las pequeñas pepitas de oro se tendrá la gran satisfacción de haberlas encontrado, un valor que seguramente será mucho mayor que el valor económico que puedan tener estas pequeñas partículas.
suite101.net
martes, 22 de marzo de 2011
TRANVÍA DE POLA DE LAVIANA A RIOSECO


Evolución históricaEste tranvía conocido en la zona como La Campurra, data del año de 1915, cuando, un industrial de la zona, D. Cándido Blanco Varela solicitó y obtuvo del Ministerio de Fomento, (Real Orden del 21 de julio de 1917), las concesiones para explotar un tranvía de sangre desde la estación de Pola de Laviana al camino de Lorío y desde el camino de Lorío al pueblo de Rioseco. En el camino de Lorío lugar estaban ubicadas distintas concesiones mineras de carbón que este industrial poseía. Este tranvía trasladaba la producción de las citadas minas hasta los lavaderos que la compañía francesa Charbonnages de Laviana tenía en esta localidad. Este empresario había obtenido previamente otra concesión para enlazar a Pola de Laviana con el concejo de San Martín del Rey Aurelio, dicha concesión nunca se materializó.
El 23 de abril de 1919 la Corporación del Ayuntamiento de Laviana decretó la suspensión temporal del transporte de carbón. Tal decisión estaba motivada por la muerte por atropello por un niño de la localidad. D. Cándido Blanco elevó, el 30 de mayo, un escrito al Gobernador Civil de la provincia solicitando la revocación del acuerdo tomado por la Corporación municipal. Basaba su solicitud en que tal acuerdo paralizaba la explotación de varias minas y dejaba sin trabajo a numerosas familias de la zona. Esto no fue óbice para que unos días antes, el 7 de marzo de 1919, el citado empresario hubiera solicitado autorización para el cambio de tracción del tranvía de sangre por vapor.
El 15 de agosto de 1921 el tranvía volvió de nuevo a la explotación con el nuevo sistema de tracción por vapor.
En 1925, el don Cándido Blanco Varela quiso extender el trazado hasta el vecino concejo de Caso, en concreto hasta el pueblo de Coballes, tentativa que no fructificó.
Hacia el año 1927 la línea pasó a ser propiedad de la empresa catalana Cementos Fradera. Esta utilizaba el carbón de las minas en sus cementeras ubicadas en Cataluña. Con el cambio de propietarios la popular Campurra también se la conoció como La Catalana. La empresa catalana adquirió, además de las pertenecientes a D. Cándido Blanco, diversas minas en la zona, Como se mencionó anteriormente la línea llegaba hasta el concejo de Sobrescobio. Esta circunstancia la aprovecho el nuevo propietario para ofrecer el acarreo de sus materiales a la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera. Esta Sociedad utilizó el tranvía para dar salida al mineral de hierro que explotaba en el citado concejo (Llamio). El mineral se transportaba mediante un tranvía aéreo, de 2,5 km, desde la explotación hasta el lugar denominado Campurru. Desde este lugar se acarreaba hasta Rioseco donde se transfería a las vagonetas del tranvía.
Tren de viajeros en La Chalana:
Durante los años siguientes la línea tuvo una gran actividad y constituyó un eslabón importante en el desarrollo industrial de la zona. La actividad de las minas de carbón cesó en el año 1967 fecha en la que Cementos Fradera sustituyó el carbón que utilizaba en las cementeras por otro combustible más barato, el coque de petróleo. Por esa misma fecha Duro Felguera procedió al cierre de sus minas de hierro en el la zona. Oficialmente las minas de carbón cesaron su actividad el 3 de septiembre de 1970.
Finalmente el 30 de octubre de 1968, se dio por clausurada la línea debido a que se hizo inviable la explotación de la línea sólo con viajeros y mercancías. La competencia de otro medio de transporte, sobre todo el autobús mas rápido y cómodo, término por dar el cierre definitivo a esta línea.
La línea:
El tranvía, una anchura de 650 mm, efectuaba el recorrido entre Pola de Laviana y Rioseco, con un longitud de unos 11,8 km por la margen derecha de la carretera que unía ambas poblaciones.
Como se ha mencionada anteriormente constaba de dos concesiones, la primera comprendía desde la población de Pola de Laviana hasta al camino de Lorío. La segunda abarcaba desde este último lugar hasta la localidad de Rioseco (Concejo de Sobrescobio).
La longitud de esta concesión era de unos 4.900 m y la vía, de carril tipo Vignole con un peso de 20 kg por metro lineal, se asentaba sobre traviesas de madera espaciadas 1 m. Disponía de 7 agujas que daban servicio a los siguientes puntos:
• 3 a los cargaderos
• 1 a la estación
• 1 a los almacenes del fc. de Langreo
• 2 a los cargaderos de los Sr. Fradera y Sr. Mayo.
Además la sección disponía, en el Puente de Arco, de otras 2 agujas más para dar servicio a las minas del Puente y del Sr, Fradera.
La línea partía de la estación de Pola de Laviana, próxima a la estación de ferrocarril de Langreo. En este lugar se ubicaban los silos de almacenaje del carbón, las oficinas de la cia. Y las estaciones de pasajeros y mercancías. Seguía por el centro de la población para seguir por el lado derecho de la carretera que unía Laviana con Rioseco. En 1953, el Ayuntamiento suprimió la parada que el tranvía llevaba a cabo en el centro de la población, lo cual motivó la protesta de, prácticamente, todos los comerciantes de la villa.
La siguiente parada estaba situada en el punto kilométrico 2,500, y correspondía al apeadero de La Chalana. Seguía su camino por la susodicha carretera hasta llegar a la altura del km 3,400 Puente de Arco donde se situaba el siguiente apeadero. En este punto existía una bifurcación, La Curuxera, que, después de pasar por un puente sobre el río Nalón, se dirigía mediante dos ramales a los minas de carbón de la cia. Uno de ellos, de unos 6,5 km, enlazaba este punto con la mina situada en Tolivia. El otro, de unos 2,2 km, unías los minas de Barrosa, Vegamuela y Ribota con este punto. En La Curuxera también se encontraba un pequeño depósito de locomotoras donde se guardaban las máquinas que hacían el recorrido entre Tolivia-La Curuxera y Ribota-La Curuxera, por lo que esas locomotoras no bajaban a Pola de Laviana.
La vía principal proseguía su camino hacia Rioseco, siempre por el lado derecho de la carretera, y la siguiente parada que se encontraba en la ruta era el apeadero de Muñera, km 4.900. En este punto finalizaba la primera de las concesiones.
La longitud de esta segunda concesión era de 6.500 m y la vía, al igual que la primera era, también, de carril tipo Vignole asentado sobre traviesas de madera. La única diferencia era que su peso por metro lineal era de 22 kg en lugar de los 20 kg de la anterior. Disponía de 6 cambios de aguja que prestaba servicio a las siguientes instalaciones:
• 1 a la fábrica
• 1 al apartadero, calero y cantera del sr. Barriyón
• 1 a la cantera de Colmillera
• 3 en la estación de Rioseco
Además disponía de una toma de agua en colmillera y una placa giratoria.
La primera parada de esta sección correspondía al apeadero de El Condado situada en el km 6,900. Continuaba por la carretera y casi a la mitad del camino entre esta localidad y la de Rioseco la vía efectuaba una especie de zig-zag (pasaba del lado derecho al izquierdo y luego nuevamente al derecho). El motivo de esta variación del trazado era para sortear la curva cerrada que en este punto hacía la carretera. Proseguía su camino normal hasta llegar a la población de Rioseco punto en el que estaba la estación, punto final de la línea. En este lugar disponía de una cochera un edificio para viajeros, cargadero de minerales y mercancías de y un almacén.
La explotación:
El carbón sin lavar procedente de las minas se almacenaba, diariamente, en los silos situados en la proximidad de la estación del fc. de Langreo, estos silos los había construido la cia. en 1929. Para su traslado a los puertos de embarque se utilizaba las fechas en las que el fc. de Langreo tenía menor actividad y, que correspondía a los días festivos. El carbón se enviaba a los puertos de Gijón y/o Avilés donde se transbordaba a los barco de la cía. (Luis Caso de los Cobos e Indauchu) para su traslado a las factoría cementera que la cía poseía en Vallcarca (Sitges).
Las vagonetas, una vez descargadas en los silos, las subía el tranvía hasta La Curuxera. Este lugar constituía un punto significativo en la explotación de la línea ya que aquí las vagonetas vacías se desenganchaban del resto de unidades. Mediante las locomotoras, que estaban asignadas a los ramales, se transportaban a los cargaderos de las distintas minas y, una vez cargados se volvía a remolcar hasta La Curuxera. En este punto eran enganchadas al tranvía cuando este realizaba el viaje de vuelta hacia Pola de Laviana. Las locomotoras que realizaban su servicio en los ramales de las líneas tenían su base en el depósito de La Curuxera y, salvo causa excepcional, sólo circulaban por dichos ramales.
El tranvía, en sus orígenes, sólo transportaba carbón y los materiales y herramientas necesarios para la explotación de las minas. Posteriormente, cuando se concedió el cambio de tracción, sangre por vapor, entre las nuevas condiciones se imponía el transporte de viajeros y la ampliación de la línea a otros núcleos de población. Esto originó un aumento del tráfico de la línea tanto en personas como en productos. Se comenzaron a transportar productos agropecuarios, productos de alimentación para las tiendas de los diversos pueblos, correspondencia, etc…
telecable.es
viernes, 11 de marzo de 2011
BAÑUGUES-MINA LLUMERES
Los restos más antiguos que se encontraron en Bañugues son de la época del Paleolítico Inferior, con numerosos restos de industria lítica del paleolítico, que supone el primer poblamiento más o menos estable conocido en Asturias. La protegida ensenada de la rasa costera proporcionaba buenas condiciones de habitabilidad, cerca de los recursos marinos y con suministro de agua abundante de los numerosos regatos que desembocan en el mar. En cualquier caso se trataría de pequeños grupos que no superarían la veintena de individuos, resguardados en cabañas de madera y con una alta movilidad vinculada a la caza. También hay restos del Asturiense, en la transición entre paleolítico y neolítico, representados por varios picos, el elemento más representativo de esa cultura.
Antes del fin de las Guerras Cántabras (año 19 a. C.), se sabe que las comunidades costeras mantenían contactos con navíos provenientes de la Bética o Lusitania romanizadas. La arribada de Roma conllevará una adaptación del viejo mundo astur a las nuevas costumbres, cristalizando en torno al siglo II en una sociedad romanizada con un fuerte componente autóctono. Empiezan a surgir los primeros núcleos campesinos extramuros de los castros (que no obstante en algunos casos llegan en su ocupación a la alta Edad Media), las primeras aldeas y las primeras granjas, antecedentes directos de las tradicionales quintanas asturianas. Vuelve a ser Bañugues el emplazamiento con restos más importantes, con fragmentos de cerámica, muros y cimentaciones, estucos, molinos manuales, tejas e incluso restos óseos. En la zona se encontró una moneda de Constantino (306-366).
Durante los siglos XVII y XVIII, tiene una gran fuerza el sector pesquero.
En el siglo XIX el campo seguía aferrado a los viejos usos y costumbres, si bien iban apareciendo ya cultivos industriales como la remolacha. La minería toma fuerza con la explotación de mineral de hierro de la mina de Llumeres(1859-1967) en Bañugues, propiedad de Duro Felguera. El material se trasladaba hasta la Fábrica de La Felguera. Debido a esta actividad, una gran playa cercana a esta mina (playa de Llumeres) cobró un color rojizo. Las instalaciones de la mina y el puerto que se construyeron serán ahora rehabilitadas, como Patrimonio industrial. Recientemente se ha encontrado en esta zona Tamarugita, un mineral único en la Europa continental.
En Asturias la vinculación histórica existente entre los intereses mineros y siderúrgicos y el aprovechamiento del mineral se pone de manifiesto en la explotación de la mina de hierro de Llumeres (Gozón) y en la instalación del primer alto horno de la Sociedad Metalúrgica Duro-Felguera (El Entrego). Desde 1868 y durante más de cien años la explotación a gran escala de este gran yacimiento costero, por parte de la sociedad langreana, traerá como consecuencia transformaciones en el paisaje y en las estructuras sociales y económicas de la zona y el concejo.
Si en una primera fase las labores mineras se realizan en el acantilado de la ensenada de Llumeres, a partir de la segunda década del siglo XX se comienza a explotar el subsuelo de diferentes parroquias con la perforación de un pozo vertical en la propia ensenada para continuar la expansión por la rama de Monte Merín-Rucao y Simancas con la apertura del segundo y definitivo pozo. Como en otras explotaciones de este tipo se despliega un conjunto de instalaciones e infraestructuras para la extracción y transporte del mineral, que en el caso de las minas de Llumeres tienen como particularidad, un singular emplazamiento de edificios y maquinarias junto al mar y otros puntos del territorio y sobre todo el desarrollo de los sistemas de transporte. Por un lado la construcción en 1907 del muelle para la carga en barcos de pequeño y mediano tonelaje con destino al Musel o San Juan de la Arena, para su posterior exportación al extranjero (Alemania e Inglaterra), y de otro la instalación en 1921 de 7,5 km. de cable aéreo que permitía la salida del mineral de los pozos y su transporte hasta la estación del Regueral en Carreño para ser cargado en tren hasta los altos hornos de La Felguera.
El enorme legado histórico y cultural que representan las minas de Llumeres, conocidas ya por nuestros antepasados prerromanos, ha motivado en fechas recientes la inclusión en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias de los espacios, huellas y restos que conformaron la más importante explotación de hierro de nuestra región con 4 millones de toneladas producidas, abriéndose de este modo un futuro esperanzador cara a la conservación y valorización social de este valioso patrimonio.
HISTORIA:
La primera empresa en hacerse cargo de la explotación del pozo de Llumeres fue la Sociedad Compañía Minera de Gozón, que se dedicó de la extracción en el acantilado anexo. El capital gozoniego resultó insuficiente para mantener la actividad de la mina y propició que a los dos años la sociedad vendiera todo el mineral de hierro extraído a Duro Felguera a causa de la falta de recursos.
La nueva gerencia de la mina de Llumeres se encuentra en sus inicios con grandes problemas. El más destacado, la distancia que existía entre la mina, ubicada en plena costa, y los altos hornos de La Felguera. Gozón no disponía de ferrocarril, lo que impedía el traslado del hierro por el medio que la industria utilizaba de manera habitual.
Había que pensar fórmulas alternativas para llevar el mineral de Llumeres a la localidad de la empresa gerente, y las cavilaciones propiciaron que en 1906 se construyera el muelle en las inmediaciones de la mina para comenzar a transportar el material por mar hasta Gijón. Debido a las reducidas dimensiones del nuevo atraque, una instalación de madera formada por 50 pilotes, sólo pequeños barcos de vapor podían entrar a cargar.
A partir de 1919, el sistema de transporte cambió. Descartada por completo la idea de instalar el ferrocarril en el municipio para llevar el mineral a La Felguera, se optó por colocar un cable aéreo para trasladar el hierro. Se colocó un hilo de siete kilómetros y medio que iba hasta la localidad de El Regueral, en el concejo de Carreño, y se transportó el mineral en calderos. Los cubos se llevaban en ferrocarril desde El Regueral a Aboño, y, de allí, a Langreo.
Unos años más tarde, en 1922, el pozo adquiere nueva maquinaria que permite extraer un 40 por ciento más de mineral. Según los datos de la época, esta cantidad convierte al pozo de Llumeres en la mina de hierro que más cantidad extraía en la década de los años veinte. «Se llegaban a superar las 100.000 toneladas anuales».
En las galerías de este pozo gozoniego trabajaron numerosas personas, entre las que destacan el padre del general José Antonio Sáenz de Santamaría, y la líder comunista Peregrina González, conocida popularmente como la «Pasionaria de Gozón». La mina tenía dos kilómetros de galería que en 1967 cerraron sus puertas para siempre.
domingo, 27 de febrero de 2011
POZO TRES AMIGOS UN EJEMPLO A SEGUIR



La historia de la mina de Tres Amigos se remonta al final de la Guerra Civil, su propietario de entonces, José Sela y Sela era arrendatario de las minas de la Sociedad Minera del Caudal y del Aller, pero ante el agotamiento de las capas del pozo Peñón, y para acceder a nuevos campos de explotación en la zona de Vegadotos, se constituye la sociedad anónima Minas Tres Amigas iniciándose en 1939 las primeras obras de profundización del pozo. No sería hasta 1962 cuando el propietario decide modernizar la explotación y sustituir la primitiva máquina de extracción y el viejo castillete por los actuales.
Su integración en Hunosa no fue una realidad hasta el año 1969. La plantilla del pozo siempre fue casi familiar, en sus orígenes trabajaban unos 1.500 mineros, reduciéndose a aproximadamente 450 cuando fue adquirido por Hunosa. Antes de cerrar sus puertas, la explotación contaba con 200 trabajadores.
En la escena más emotiva de la película Pídele cuentas al Rey. Los enfrentamientos entre la policía y los mineros se recrudecen y sólo el sonido seco de la jaula del pozo cayendo al vacío consigue frenar la lucha. De entre el humo aparece, como un trabajador más, el desaparecido José Ramón Ordóñez, cantante de los Stukas, que se quita el pasamontañas y entona, a modo de réquiem, el Santa Bárbara Bendita.
Pronto se le suman otras voces y la cámara se aleja para ampliar la perspectiva. El patio del Pozo Tres Amigos, en la Güeria de San Juan, se convirtió así, en escenario de los primeros minutos de la película del director morciniego José Antonio Quirós, en uno de los protagonistas de esta historia obrera que dio la vuelta al mundo.
El séptimo arte vino a refrendar, en los albores del siglo XXI, lo que la historia de la minería, del sindicalismo y de la sociedad de las propias cuencas mineras ya conocía desde hace tiempo, que el Pozo Tres Amigos, como tantos otros de los valles del Nalón y el Caudal, son más que explotaciones mineras, son el símbolo de un pasado que parece condenado a la extinción pero no al olvido.
El ejemplo perfecto de que este pozo fue y es modelo de lo que puede conseguir la lucha minera tuvo lugar en 1975. En noviembre de ese año, con un Franco agonizante, se inició en el Pozo Tres Amigos una de las últimas huelgas mineras contra el régimen dictatorial. La protesta estuvo liderada por los vagoneros de la mina de La Güeria que reclamaban un aumento salarial. La reivindicación se extendió al resto de minas de Hunosa. La empresa trató de aplacar la protesta y para ello castigó a 4.500 trabajadores. No sirvió de nada.
A finales de 1975 se encerraron en Tres Amigos 32 ayudantes mineros, a los que se les suspendió un mes de empleo y sueldo. En solidaridad con ellos todos los mineros del pozo pararon la actividad, la plantilla fue sancionada al completo. El 10 de enero se generalizó la huelga en el Caudal y días más tarde en el Nalón. De mano, la empresa negó todos los derechos, aunque estos se reconocerían más tarde, con la llegada de la democracia. La supervivencia de los edificios y emplazamientos de lo que fue el pozo también trajo consigo protestas. Los vecinos de la Güeria de San Juan defendieron durante varios meses la conservación y restauración del castillete del pozo Tres Amigos, y la creación en las instalaciones de la antigua explotación minera de un aula de la historia de la minería.
El hecho de que frente al pozo se encuentra el edificio donde se fundó el sindicato minero del SOMA, venía a apoyar la iniciativa vecinal que, sin embargo, no fue a más. La propuesta fue desestimada por el Principado, ya que los vecinos querían ocupar unos terrenos pertenecientes a una entidad privada. Además, a esto había que unir que la rehabilitación de las instalaciones supondría el desembolso de varios millones. Desde entonces, las intenciones de Hunosa apuntan a ubicar en la zona un polígono industrial. Un proyecto del que, por el momento, nada se sabe.
En diciembre de 2000 se colocó la chapa con la que se cubrió la caña del Pozo Tres Amigos y, hasta el momento, el silencio minero ha sido la respuesta .
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El Principado ya ha iniciado los trámites para proteger los castilletes y varios inmuebles de los pozos mineros de Tres Amigos, San José y San Nicolás, ubicados en el concejo de Mieres. En concreto, la Consejería de Cultura y Turismo ha incoado el expediente administrativo para la inclusión de esos elementos en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias.
En el caso del pozo Tres Amigos, ubicado en Vegadotos y cerrado hace diez años, el departamento que dirige Mercedes Álvarez propone incluir en el registro el castillete y polvorín.
El castillete data de 1964, «es metálico de soldadura, con estructura de acero laminado, de aproximadamente 15 metros de altura», según explica la consejería. Por su parte, el polvorín, de 1954, es un edificio de una sola planta construido con ladrillo y cubierto con forjado de ladrillo, galerías excavadas en la ladera y revestidas con hormigón.
elperiodicodeasturias.com
viernes, 17 de diciembre de 2010
MIERES LA MINA CORUJAS "CORUXAS"

(*** Hay una nota típica en muchas de las viejas fotos mineras. Es la presencia en ellas de hijos de mineros. En la presente foto, también hay niños. Son los hijos de un vigilante de minas ya fallecido, Amador Álvarez González, el cual figura en cuarto lugar de la segunda fila, con la lámpara minera sobre las rodillas y luciendo un gran bigote.***)
(HULLA-Noviembre, 1.975 núm. 55)
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La sociedad Fábrica de Mieres, S.A. poseía, a finales del siglo XIX, sobre la ladera oeste del macizo Polio una mina de montaña de carbón conocida como Mina Mariana. Dicha explotación llegó a contar con 15 pisos. El carbón de los diferentes pisos era transportado por el exterior mediante planos inclinados. El inferior de ellos salvaba un desnivel de 90 m, desde el exterior del 1er piso de Mariana hasta la zona conocida como "el Barreo" o "el Barredo", en el barrio de Bazuelo. Desde allí partía una línea de ferrocarril minero, inaugurado en 1882, que cruzando por Mieres, se juntaba en El Batán con la procedente de Mina Baltasara (también de Fábrica de Mieres), para continuar hasta Ablaña, donde estaba la fundición. Ambos ferrocarriles fueron ideados por Jerónimo Ibrán y Mulá, para sustituir el transporte del carbón con medios animales.
En el Barredo, Fábrica de Mieres disponía de diversas instalaciones mineras: un lavadero, puesto en marcha en marzo de 1922, y una Central termoeléctrica (1916).
Más al sur de Mariana, y a una altitud superior, Fábrica de Mieres poseía otra mina conocida como Corujas o Coruxas. En el año 1926 se instaló un transporte aéreo mediante un Teleférico minero, tricable, de 1800 m de longitud y 21 torres de hierro para llevar la producción al lavadero de Barredo, en sustitución del transporte por pozos utilizado hasta la fecha.
El descenso de la producción de Mina Mariana y Mina Coruxas, por agotamiento del yacimiento, obligó a Fábrica de Mieres a continuar la explotación del yacimiento en profundidad. Así en 1923 puso en funcionamiento, en la zona de Barredo, el Socavón Barredo, abierto 7 m por encima del nivel de la carretera de Adanero a Gijón. La bocamina del socavón todavía se conserva, con la inscripción "GRUPO MARIANA - 1920". El socavón disponía de un cable flotante para el movimiento de los vagones y estaba conectado con la plaza del 1er piso por un pozo balanza. Dicho pozo balanza se encontraba a una distancia de 60 m del eje del socavón y a 600 m de la bocamina. Tenía sección circular y un diámetro de 4,50 m, estando revestido de hormigón.
El socavón Barredo marcaba el nivel más bajo del yacimiento accesible mediante galerías, por lo que a partir de 1931 la sociedad empezó a considerar la profundización de un pozo. Esta no comenzó hasta el año 1937, durante la Guerra Civil. Durante ese año sólo se profundizaron 12 m, de los 200 m que alcanzó en 1940. La máquina de extracción se adquirió a Siemens, en Alemania, y comenzó a funcionar en septiembre de 1941.
Al constituirse HUNOSA en el año 1967, el pozo se integró en la misma, como aportación por parte de Fábrica de Mieres. En 1969 comienza la explotación del macizo comprendido entre 3ª planta (20,7 msnm) y la 4ª planta (-50,0 msnm). La 3ª planta era la planta más profunda del pozo, por lo que el acceso a 4ª planta se realizó mediante un plano inclinado, de 283 metros de longitud y pendiente del 15%. En el año 1981 comenzó la reprofundización del pozo, desde 3ª hasta 5ª planta.
La actividad productiva del pozo finalizó en el mes de marzo de 1995, continuando con las labores de mantenimiento, conservación, desagüe y ventilación debido a su conexión con el entonces pozo San Inocencio de Minas de Figaredo, que posteriormente pasó a ser el pozo Figaredo de HUNOSA.
En ese mismo año el interior del pozo, 4ª y 5ª plantas, empieza a ser usado para proyectos de investigación relacionados con seguridad minera por parte del Gobierno del Principado de Asturias. Posteriormente el uso se amplía a instalaciones del exterior, y también a actividades de formación, capacitación y entrenamiento.
wikipedia.
jueves, 2 de diciembre de 2010
“LA CAMPURRA”, ENTRE LAVIANA Y SOBRESCOBIO

En los concejos centro orientales asturianos de Laviana y Sobrescobio, de 130’99 y 63’43 km2 de superficie respectivamente, buena parte de las minas de hierro y carbón diseminadas por su geografía hallaron respuesta a esta demanda en un trenillo a vapor que durante casi cincuenta años, en la época de mayor apogeo de la minería, desarrolló labores de arrastre mecanizado aunque rudimentario, y con el que se suplieron los acarreos por tracción animal, usados hasta entonces; los traslados con mulos y caballos que tiraban de carretas de rayos o de vagonetas a través de raíles en estado muy deficitario no pudieron
competir con el transporte ferroviario, una de cuyas instituciones en el ámbito comarcal fue el tranvía que las gentes bautizaron bien pronto como “La Campurra”. En 1927, el tratadista José Mª Jove y Canella informaba que «Laviana lanza al mercado nacional 210.000 toneladas de hulla al año y que este producto da ocupación a 1.170 obreros».
El trenillo a vapor o tranvía Laviana-Rioseco, ya que también trasladaba a las personas cuando no existía en la zona transporte de viajeros por carretera por sistema de automoción (la constitución de la empresa de autobuses “El Carbonero”, que conectaba los concejos de Sobrescobio y Caso con el de Laviana mediante un servicio regular, data de 1927), recibió como sobrenombre el de “La Campurra” en virtud del topónimo del que procedía el industrioso emprendedor don Cándido Blanco Varela (1878-1945), artífice y sufragador en sus orígenes de la línea, el cual era oriundo de la casería lavianesa de El Campurru, lugar hoy deshabitado y sito en la parroquia de Tiraña, enclavado a 400 m. de altitud sobre el nivel del mar.
El empresario Blanco Varela había logrado con anterioridad, al menos una concesión que iba a enlazar Laviana con el concejo de San Martín del Rey Aurelio, concesión que no pasaría de esta fase inicial, y que nunca se llevaría a efecto.
Lo que el Ministerio de Fomento sí le adjudicó en julio de 1917 fue un
«tranvía de sangre desde la estación de Laviana al camino de Lorío», con el que Blanco, socialmente avecindado en Gijón, trasladaba el carbón que extraía de sus minas en elconcejolavianés.
Ubicadas fundamentalmente en la parroquia de Lorío, hasta los lavaderos que en el barrio de la capital polesa denominado “Fontoria” poseía la compañía francesa Charbonnages de Laviana.
A Cándido Blanco pertenecían minas como las denominadas:
“Fernandina”, “Vega la Muela”, “Bella”, “Discreta”, “El Puente”,
“Recatada”, “Otro desengaño”, etc.
Este tranvía de tracción mular que mencionamos vio suspendido su tráfico de forma repentina el 23 de abril de 1919. A la suspensión temporal del servicio respondería el empresario elevando el 30 de mayo de 1919 un escrito al Gobernador civil de la entonces provincia de Oviedo, en el que se calificaba la medida de «obstruccionista a la industria», y pidiendo la revocación del acuerdo municipal ya que «paralizará la explotación de la hulla en varias minas, dejando sin trabajo y pan a más de 300 familias»3. Unos días antes, esto es el 26 de mayo, Blanco Varela ya había solicitado «autorización para sustituir el motor de sangre por el de vapor».
“La Campurra” acabó perteneciendo, a finales de la década de los años veinte, a la empresa barcelonesa Cementos Fradera S.A., con sede en Vallcarca, cuando adquiere en un mismo paquete las minas propiedad de Blanco Varela.
Con la entrada de capital no asturiano, el tranvía a vapor será conocido entre la población, además de por el citado alias de “La Campura”, por el de “Catalana”. Aunque el trenillo se adscribía administrativamente a lacompañía cementera, a la que servía prioritariamente, lo cierto es que éste va a gozar de una relativa autonomía. realizaba de modoindependiente al de las demás actividades carboníferas de Fradera.
“La Campurra” se inauguró el 15 de agosto de 1921. El 21 de diciembre de ese mismo año el Gobernador civil de Asturias autoriza al adjudicatario a «abrir al servicio público de viajeros y
mercancías el tranvía a vapor de Laviana a Rioseco», pero siempre y cuando se cumplieran una serie de requisitos como «establecer como mínimo dos trenes diarios descendentes y dos ascendentes que enlacen en las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde con los correspondientes del Ferrocarril de Langreo que salgan y lleguen a Pola de Laviana»; y que se habilitaran «tres vagones como máximo» y que su «velocidad no pase de 8 kilómetros/hora».
“La Campurra” cumplió a rajatabla esta exigencia y realizaba diariamente dos servicios de traslado de viajeros, que conectaban con el ferrocarril de Langreo de las 8 de la mañana y las 14:20 horas de la tarde. Durante el período estival, esta norma se flexibilizaba en los días festivos para favorecer el acceso de los vecinos a las zonas de recreo de los concejos altonalonianos, llevándose a cabo más servicios. La velocidad de “La Campurra” oscilaba siempre entre los 8 y los 10 km/h, lo que alargaba considerablemente los viajes. El precio del billete por persona entre Pola de Laviana y Rioseco rondaba, en sus inicios, la peseta. Cuarenta y siete años después de iniciar su andadura, esto es el 30 de octubre de 1968, se dio por clausurado el tramo, cuando tras el cese de las extracciones hulleras de Fradera, el trenillo no pudo sobrevivir
José Luis Campal Fernández,
Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA)
www.docutren.com/
domingo, 21 de noviembre de 2010
EL CARBÓN DE ROBLE

Lo primero que necesitaban los herreros para poder trabajar, además del acero y demás metales que empleaban para realizar sus trabajos, era el carbón vegetal, que era con lo que calentaban las piezas cuando las tenían que preparar para que estuviesen perfectas para el trabajo.
Este carbón se obtenía de la raíz del "ganzo"(brezo), que tenía una cepa, que en algunos casos era del tamaño de un "maniego"; el carbón se solía hacer en el monte, allí donde había bastante brezo, se hacía un hoyo en el suelo, y las "cepas" se habrían en trozos como si fuesen astillas, y se hiban colocando dentro de la "foya"(un hoyo hecho en el suelo), y se le prendía fuego con el fin de que fuesen quemando muy ligeramente; cuando se veía que el fuego iba dominando toda la pila, que era de forma de cono, se cubría con tierra muy bien con el fin de que el fuego no quemase por completo los trozos de madera.
Este trabajo había que tener buen cuidado que no quedase algún respiradero, porque entonces quemaba por completo, y en vez de salir carbón, quedaba convertido en ceniza.
Para la fabricación de carbón de roble, según algunos informantes, el proceso era el siguiente:
("Se talaban los árboles y se "arrollaban" hasta el fondo de las laderas, si el monte era pendiente; allí se hacía una pequeña explanada como una especie de era, que se llamaba "torco" en algunas zonas. Se troceaban los troncos y se partían en tacos pequeños. Se hacía un hueco en el suelo más o menos grande, la "foya", según la cantidad de carbón que se quisiese hacer de una vez. Los tacos de madera se colocaban en forma de cono y se les prendía fuego. Cuando el carbonero veía que estaba a medias de quemar, cubría el montón con una fina capa de tierra para que el fuego quedase ahogado y la combustión fuese lenta, sin aire, y así se obtenía el carbón. Había que tener gran cuidado de que no quedasen chimeneas, porque entonces se avivaba el fuego y quemaba toda la "foyada". Al día siguiente se habría la "foya" y se iba quitando con cuidado la tierra, teniendo buena precaución que no fuese alguna brasa. Aún hoy se pueden observar muchos "torcos" por algunos montes de Asturias").
Los carboneros podían ser solo eso, es decir, vendían el carbón o lo hacían por encargo, pero muchos eran también herreros. Era considerable la cantidad de madera y de raíces que se gastaban en épocas pasadas para obtener carbón; la extracción de las raíces de brezo y la posterior fabricación del carbón perjudicaba mucho a la apicultura, pues reducía la flor y el humo dañaba a las abejas, como quedó reflejado en las disputas habidas entre los vecinos del ayuntamiento de Santa Eulalia y loa de San Martín de Oscos, según consta en el Archivo del Marqués de Ferrera (1.784-1.785). La tala de árboles para obtener carbón colaboró, sin duda, a la deforestación de nuestros bosques, sobre todo durante los siglos XVII y XVIII.
Adolfo García Martínez- Antropología de Asturias.
domingo, 31 de octubre de 2010
MINERÍA PREHISTORICA EN ASTURIAS

Esta noticia data del 2.006.
La campaña arqueológica del pasado otoño en las minas de cobre del Aramo ha propiciado el hallazgo de un yacimiento hasta ahora desconocido. Se trata de un sector minero intacto desde hace unos 4.000 años y en el que aún se pueden observar las bóvedas y pilares de sujeción construidos por mineros prehistóricos para extraer el mineral de cobre.
La campaña fue realizada bajo el auspicio de la Consejería de Cultura por un equipo dirigido por el profesor de la Universidad de Oviedo Miguel Angel de Blas y el ingeniero de Minas Manuel Suárez Fernández con la colaboración de la empresa Sadim, especializada en topografía minera.
Es la primera vez que se realiza un análisis, paso a paso, de todo el complejo minero prehistórico del Aramo y ello ha dado como resultado el reconocimiento de espacios mineros nuevos para la investigación y pequeñas minas prehistóricas que permanecen intactas. Todo ello, según De Blas "es una gran novedad" y convierte a la zona en "un ejemplo de lo que es la minería prehistórica a escala continental".
Lo más llamativo, según estos expertos, es que hay áreas en las que se pueden contemplar las bóvedas abiertas por los mineros para buscar los filones de cobre hechos entre 4.500 y 3.500 años antes de ahora. Además, se han encontrado vestigios instrumentales, "una colección excepcional" , dice De Blas, constituida por útiles de asta de ciervo, corzo y cabra, así como mazos de piedra, todo ello usado por los mineros prehistóricos y ya trasladados a la Universidad.
La campaña fue realizada bajo el auspicio de la Consejería de Cultura por un equipo dirigido por el profesor de la Universidad de Oviedo Miguel Angel de Blas y el ingeniero de Minas Manuel Suárez Fernández con la colaboración de la empresa Sadim, especializada en topografía minera.
Es la primera vez que se realiza un análisis, paso a paso, de todo el complejo minero prehistórico del Aramo y ello ha dado como resultado el reconocimiento de espacios mineros nuevos para la investigación y pequeñas minas prehistóricas que permanecen intactas. Todo ello, según De Blas "es una gran novedad" y convierte a la zona en "un ejemplo de lo que es la minería prehistórica a escala continental".
Lo más llamativo, según estos expertos, es que hay áreas en las que se pueden contemplar las bóvedas abiertas por los mineros para buscar los filones de cobre hechos entre 4.500 y 3.500 años antes de ahora. Además, se han encontrado vestigios instrumentales, "una colección excepcional" , dice De Blas, constituida por útiles de asta de ciervo, corzo y cabra, así como mazos de piedra, todo ello usado por los mineros prehistóricos y ya trasladados a la Universidad.
UN MODELO EN EUROPA
A esto hay que unir el hallazgo de todo el escenario, tal y como lo dejaron estos trabajadores. Un espacio subterráneo con todas las huellas de distintas labores y el movimiento de tierras realizado: peldaños, anclajes de seguridad en la roca para pasar cuerdas; sistemas de ingeniería para facilitar el transporte de material... Todo esto, y el análisis de los filones les dirá a los investigadores cómo funcionaba una mina de hace 4.000 años.
"Podremos reconstruir hasta las posturas de los trabajadores al extraer el mineral", dice De Blas, que añade que son muy pocas las minas prehistóricas subterráneas de cobre que hay en Europa: la de Herrault (Francia) y casos aislados en Irlanda, norte de Italia y Austria, pero en muchos casos son simples pozos "y no una mina de la complejidad de ésta", añade el profesor, que apunta que este descubrimiento tiene, por tanto, "una enorme importancia científica" y convierte esta zona de Riosa en "uno de los lugares más interesantes de la minería prehistórica de Europa, y el más notable de la Península Ibérica".
A esto hay que unir el hallazgo de todo el escenario, tal y como lo dejaron estos trabajadores. Un espacio subterráneo con todas las huellas de distintas labores y el movimiento de tierras realizado: peldaños, anclajes de seguridad en la roca para pasar cuerdas; sistemas de ingeniería para facilitar el transporte de material... Todo esto, y el análisis de los filones les dirá a los investigadores cómo funcionaba una mina de hace 4.000 años.
"Podremos reconstruir hasta las posturas de los trabajadores al extraer el mineral", dice De Blas, que añade que son muy pocas las minas prehistóricas subterráneas de cobre que hay en Europa: la de Herrault (Francia) y casos aislados en Irlanda, norte de Italia y Austria, pero en muchos casos son simples pozos "y no una mina de la complejidad de ésta", añade el profesor, que apunta que este descubrimiento tiene, por tanto, "una enorme importancia científica" y convierte esta zona de Riosa en "uno de los lugares más interesantes de la minería prehistórica de Europa, y el más notable de la Península Ibérica".
Además, en el Aramo se encontraron hace tiempo esqueletos de algunos de estos mineros, algo que no ocurre en el resto de los yacimientos conocidos, por lo que De Blas opina que el Aramo "puede ser un modelo, a escala continental, de la minería prehistórica del cobre".
archivo.lavozdeasturias.es
archivo.lavozdeasturias.es
sábado, 30 de octubre de 2010
LA MINA DE ARANCÉS

El hallazgo de una prueba documental que certifica una antigüedad de la mina de Arnao superior en 300 años a la que se le estimaba hasta ahora (siglo XIX) es, en palabras de quienes luchan por preservar la memoria industrial de la comarca, «una magnífica noticia». Así lo creen porque, como dice el historiador Juan Carlos de la Madrid, «aumentará el interés por la mina, lo que unido a los planes en marcha para su aprovechamiento turístico y cultural viene a dar mayor seguridad de conservación para el conjunto industrial de Arnao».
Una simple carta escrita en 1591 por el fraile natural de Naveces Agustín Montero al entonces rey de España Felipe II es la causante de las buenas nuevas. El documento, durante años olvidado en un archivo del Ministerio de Cultura, certifica que los orígenes de la explotación carbonífera de Arnao datan del siglo XVI, dos décadas antes de que el monarca autorizase las explotaciones hulleras de Arenas y Hornaguera, en el actual concejo de Siero. Eso convierte la mina de Arnao en la más vieja de Asturias, pero el arqueólogo Iván Muñiz, descubridor de la carta de marras junto a su socio de investigaciones Alejandro García Álvarez, amplía el radio y afirma que, salvo prueba en contra, el yacimiento puede ser considerado el más antiguo de la Península.
El concejal de Hacienda y Patrimonio de Castrillón, Ramón Campo, no duda en asegurar que la datación de la mina en el siglo XVI es «la guinda del pastel» que el Ayuntamiento castrillonense tiene desde hace meses en el horno: un plan para rehabilitar la bocamina, parte de la caña del pozo y algunos metros de galería (los que están por encima del nivel del mar) de modo que los futuros visitantes del complejo puedan revivir en sus carnes lo que sentían los mineros cuando bajaban al tajo. «La extrema antigüedad de la mina es un plus que convierte a Arnao en el santuario de la minería hullera española», afirmó el concejal.
Las novedades en relación a la edad de la mina también han suscitado cierta controversia sobre si fue antes Arnao o Arancés, lugares que apenas distan tres kilómetros, y que tienen como denominador común su pasado minero. El párroco de Miranda, otro aficionado a bucear en la historia de la comarca, ya publicó en estas mismas páginas un revelador artículo donde se daba cuenta de que la actividad minera en Arancés, impulsada por fray Agustín Montero, tuvo su origen en 1569 (de modo que habría sido anterior a la de Arnao). Y es cierto que la mina de Arancés es anterior a la de Arnao, admite Iván Muñiz, pero el investigador apunta un nuevo dato que pone en duda el carácter hullero del yacimiento de Arancés.
«En la carta que encontramos en Madrid, fray Agustín Montero explica al rey Felipe II que está explotando minas con su licencia en Arancés y añade que ha encontrado en Arnao una veta de piedra negra de la que, tras practicarle varias pruebas, no obtiene metal alguno de los conocidos por las ordenanzas mineras de la época. Es decir, fuese lo que fuese lo que se extraía en Arancés en el siglo XVI -pudiese ser cobre, hierro u otro mineral- no podía haber sido carbón, pues no constaba en las ordenanzas reales. El carbón era lo que contenía la veta de Arnao», razona el arqueólogo.
Feito no polemiza al respecto, entre otras cosas porque aún no ha tenido acceso a la nueva documentación que ahora ve la luz, pero sugiere que no se desdeñe la posibilidad de ampliar el «eje de interés minero» de Castrillón a la localidad de Arancés, «indudablemente interesante» a su juicio por el hecho de haber sido el primer lugar de Castrillón (que se pueda probar al menos) donde se explotó una mina con visión comercial.
La ampliación del radio de influencia del proyecto turístico-minero de Arnao es la ambición de historiadores como Juan Carlos de la Madrid, quien ve la mina como la primera parada de un recorrido que podría llevar al visitante al Puerto que un día fue centro neurálgico del comercio de la sal (Avilés) o a los terrenos donde a mediados del siglo pasado se levantó la mayor industria siderúrgica española (Ensidesa). «Y todo ello puede hacerse siguiendo el trazado del viejo ferrocarril de la Real Compañía y disfrutando de paisajes únicos al lado del Cantábrico», enfatiza De la Madrid.
Asimismo, cabría resaltar en el futuro la figura del fray carmelita castrillonense Agustín Montero, un religioso de talante inquieto que además de los descubrimientos mineros en su propio concejo fue el artífice en 1587 del descubrimiento de una mina de cobre en Cabrales. El fraile, además, actuó como un empresario visionario que supo poner al servicio de la corona las explotaciones mineras. En el caso de la de Arnao, las primeras toneladas que salieron de las entrañas de la tierra acabaron en Lisboa, a donde se enviaron a bordo de barcos que eran cargados en el entonces pujante puerto de Avilés.
«La utilidad del carbón mineral en Asturias era nula en el siglo XVI, de hecho hasta fray Agustín Montero le deja caer al rey en la carta que ahora hemos hallado que le deje explotar la mina no ya tanto por el carbón sino porque en el curso de la explotación pudiera hallarse algún otro mineral más valioso. Y no era de utilidad porque en la época el carbón por antonomasia era el vegetal, obtenido como derivado de una madera que se obtenía con facilidad en los frondosos bosques que abundaban en Asturias», explica Muñiz.
Es decir, el fraile era consciente de la novedad del mineral que había descubierto y de las limitaciones de su uso en Asturias (ya fuera porque los herreros de la época carecían de conocimientos para sacarle rendimiento o porque era más barato conseguir carbón vegetal). Por eso propuso exportarlo por mar a Lisboa, una ciudad que importaba ese producto de Flandes e Inglaterra. No hay constancia de que la ruta carbonífera a tierras portuguesas fuese una actividad próspera, pero sí de la continuidad de la mina de Arnao, citada por Jovellanos como «explotación a cielo abierto». Y así fue hasta que en 1833 inversores belgas le dieron un vuelco a la historia al decidir abrir en Arnao el primer pozo vertical de la minería asturiana. Pero esa parte de la historia ya es sobradamente conocida.
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domingo, 5 de septiembre de 2010
PRIMERAS EXPLOTACIONES MINERAS-LAVIANA-

“A mediados del siglo XIX comienza en toda Asturias una intensa actividad minera, centrada principalmente en el carbón, pero sin olvidar otros minerales. En Laviana, los estudios mineros hallaron hierro en El Condado, Lorío, La Pola, Tiraña y Carrio; cobre en Tiraña, Lorío, El Condado y Villoria; y carbón, en la Pola, Tiraña, Entralgo, Lorío, Villoria, Tolivia y Carrio. Salvo algunas explotaciones menores de cobre en Villoria y El Condado- que llegó a tener sendas fundiciones de cobre, hoy desaparecidas-, la actividad minera del concejo se centró en el carbón.
La primera explotación abierta en Laviana fue la del llamado Coto Musel, que perteneció a don José Martínez Rivas, de Bilbao, y que comenzó los estudios de explotación hacia 1890, dirigidos por el ingeniero Juan Gandolfi. Eladio García Jove describe así las primeras instalaciones, en 1896 ya en pleno funcionamiento:
“El foco de explotación se halla en el Meruxalín, en cuyo punto, después de varios planos inclinados, desde los pisos de las diversas bocas de minas, empieza la vía férrea, por donde circulan dos locomotoras de siete toneladas cada una, y cuya vía mide una longitud de tres y medio kilómetros, divididos en dos trozos: uno que cruza la montaña de Carrio, y otro la Vega de Laviana, enlazados por un plano inclinado de más de 500 metros, en el alto del cual una sencilla máquina movida por el vapor, pone en marcha los vagones en su ascensión y descenso, atravesando después el río Nalón por un magnífico puente metálico de 35 metros de luz”.
Este puente metálico que aquí se describe es, lógicamente, el puente de “El Sutu”, que comenzó a construirse a finales de octubre de 1891 con materiales procedentes de la fábrica de Mieres y que se terminó apenas un mes más tarde.
Después de esta mina de Coto Musel, vendrían otras en Villoria, Tolivia, Tiraña, Carrio... Prácticamente, todo el concejo fue “denunciado” entonces como explotación minera y “agujereado” en su búsqueda. Esta fiebre del carbón alcanzó su cota máxima en 1914, en los inicios de la primera guerra mundial, cuando los países europeos, con sus explotaciones paralizadas por la guerra, necesitaban carbón asturiano para mantener sus industrias. Por lo que respecta a Laviana, digamos que la segunda explotación en importancia, Carrio, comenzó también en los años 90 del pasado siglo: en 1898 se tendió el cable desde Sierramplún al Argayón, en Barredos. Y en 1905 los Felgueroso se hacían con la concesión de Barredos, hasta entonces en poder de la Sociedad Santa Ana. El miércoles de ceniza de 1906 comenzaba la explotación del Pozu Barredos....
...A partir de entonces, la actividad minera del concejo, con una leve recuperación en los años 40/50, comienza a decrecer, hasta la actualidad, en que se encuentran cerradas prácticamente todas las explotaciones primitivas y, aparte el Pozo Carrio, de la empresa estatal HUNOSA, el resto carece de interés
(Monsacro.net: Minas en Laviana.)
La primera explotación abierta en Laviana fue la del llamado Coto Musel, que perteneció a don José Martínez Rivas, de Bilbao, y que comenzó los estudios de explotación hacia 1890, dirigidos por el ingeniero Juan Gandolfi. Eladio García Jove describe así las primeras instalaciones, en 1896 ya en pleno funcionamiento:
“El foco de explotación se halla en el Meruxalín, en cuyo punto, después de varios planos inclinados, desde los pisos de las diversas bocas de minas, empieza la vía férrea, por donde circulan dos locomotoras de siete toneladas cada una, y cuya vía mide una longitud de tres y medio kilómetros, divididos en dos trozos: uno que cruza la montaña de Carrio, y otro la Vega de Laviana, enlazados por un plano inclinado de más de 500 metros, en el alto del cual una sencilla máquina movida por el vapor, pone en marcha los vagones en su ascensión y descenso, atravesando después el río Nalón por un magnífico puente metálico de 35 metros de luz”.
Este puente metálico que aquí se describe es, lógicamente, el puente de “El Sutu”, que comenzó a construirse a finales de octubre de 1891 con materiales procedentes de la fábrica de Mieres y que se terminó apenas un mes más tarde.
Después de esta mina de Coto Musel, vendrían otras en Villoria, Tolivia, Tiraña, Carrio... Prácticamente, todo el concejo fue “denunciado” entonces como explotación minera y “agujereado” en su búsqueda. Esta fiebre del carbón alcanzó su cota máxima en 1914, en los inicios de la primera guerra mundial, cuando los países europeos, con sus explotaciones paralizadas por la guerra, necesitaban carbón asturiano para mantener sus industrias. Por lo que respecta a Laviana, digamos que la segunda explotación en importancia, Carrio, comenzó también en los años 90 del pasado siglo: en 1898 se tendió el cable desde Sierramplún al Argayón, en Barredos. Y en 1905 los Felgueroso se hacían con la concesión de Barredos, hasta entonces en poder de la Sociedad Santa Ana. El miércoles de ceniza de 1906 comenzaba la explotación del Pozu Barredos....
...A partir de entonces, la actividad minera del concejo, con una leve recuperación en los años 40/50, comienza a decrecer, hasta la actualidad, en que se encuentran cerradas prácticamente todas las explotaciones primitivas y, aparte el Pozo Carrio, de la empresa estatal HUNOSA, el resto carece de interés
(Monsacro.net: Minas en Laviana.)
viernes, 27 de agosto de 2010
PRINCIPIOS DE LA MINERÍA ASTURIANA

En la década de los cuarenta del siglo diecinueve decía Alejandro Aguado, Marqués de las Marismas y, como veremos, personaje destacado en la historia de la industrialización asturiana, que donde había carbón había de todo. Asturias tenía este mineral así como agua y madera, otros recursos naturales fundamentales para el proceso industrializador. Desde fines del siglo XVIII la conveniencia de emplear el carbón de piedra como sustitutivo del de leña en diversos procesos industriales controlados por el Estado, principalmente las fábricas de armas, era valorado en dos direcciones: por un lado, como modernización de las técnicas de fabricación y, por tanto, como mejora de su capacidad productiva; por otro lado, como incentivo a la apertura de nuevos establecimientos transformadores que, beneficiando las riquezas patrias, indujeran a una industrialización de España a la manera de otros países del continente. Pero la puesta en explotación de los yacimientos carboníferos planteaba complejas cuestiones jurídicas que debían conciliar posturas absolutamente opuestas: por una parte la opinión de Jovellanos (comisionado para inspeccionar las minas asturianas entre 1790 y 1797 que fue nombrado Ministro de Gracia y Justicia), que defendía el carbón como un recurso cuya explotación debía ser libre y, de otra parte, la posición de la Armada que deseaba ver satisfechas sus demandas de mineral sin tener que recurrir constantemente a proveedores externos. Intentando llegar a una postura difícilmente intermedia se constituye en 1792 la compañía de las Reales Minas de Langreo que reservaba para la Marina la explotación de los carbones de las dos laderas del río Nalón a su paso por Langreo. Pero pronto el problema del transporte del carbón hasta el mar con destino a los arsenales de la marina se convierte en un intenso debate entre, nuevamente, Jovellanos que era partidario de una carretera desde Langreo a Gijón y Fernando Casado de Torres, Ingeniero Militar puesto al frente de las minas, que apostaba por canalizar el río Nalón entre Sama y su desembocadura en San Esteban de Pravia. La historia acabó dando la razón al ilustrado gijonés pero el presente, sin dudas, fue de Casado de Torres: realizó las obras de canalización (la Empresa del Nalón como se llamó) por la que a partir de 1793 empezaron a descender chalanas cargadas de mineral que eran fabricadas en unos astilleros Reales creados al efecto en el Alto Nalón, montó un horno de coque y eligió el emplazamiento de la fábrica de armas de Trubia de la que fue nombrado primer director y que recibiría el carbón a través de las barcazas de la Empresa del Nalón. Pero como previera Jovellanos la canalización del río fue titánica, costosa y, finalmente, una riada desbarató la obra en 1801 tras lo que dos años más tarde se abandonaron también las Reales Minas de Langreo cuyos costes de explotación y transporte arrojaban unas ruinosas cuentas.
La idea es crear un complejo industrial que beneficie los carbones asturianos para utilizarlos en un establecimiento metalúrgico a pie de yacimiento y, también, para suministrarlos a las Reales Fábricas de Armas como las de La Cavada y Liérganes. Para ello se ofrecen excelentes condiciones en relación con las concesiones mineras que llegan a extenderse a media Asturias.
Nace así en 1833 la que luego será la Real Compañía Asturiana de Minas (en adelante RCAM) con capital mayoritariamente belga. Las labores mineras se inician en la zona continental de la concesión prestando una hasta entonces inusitada atención a cuestiones como la planificación del yacimiento (planos de labores, estudios geológicos), las galerías de arranque (relleno, entibación), la ventilación (hogares y chimeneas), la tracción (máquinas de vapor, caballerías) o el transporte (en 1834 comienza a funcionar un ferrocarril con tracción a brazo que conecta la mina con un pequeño embarcadero también en Arnao).
la necesidad de comunicar la cuenca del Nalón no era vista en un principio como una base sobre la que crear un proyecto industrial regional sino más bien con la intención de dar salida a los carbones langreanos con destino a diversos puntos de consumo exterior. En esta línea, el antiguo proyecto de Jovellanos de una carretera entre Sama y Gijón consigue retomarse, no sin dificultades, de la mano de uno de los hombres más carismáticos del proceso industrializador asturiano: Alejandro Aguado. Como en el caso de alguno de los inversores españoles en el proyecto de la Real Compañía, Aguado había tenido que exiliarse a Francia donde había fundado una de las empresas financieras más importantes de su tiempo, la casa Aguado, que llegó a realizar empréstitos al gobierno de Fernando VII. Esto le valió el nombramiento como Marqués de las Marismas del Guadalquivir y la posibilidad de volver a España donde fundó la sociedad Aguado, Muriel y Compañía para explotar el carbón de una mina cercana al valle principal de la cuenca del Nalón en Asturias. Es entonces cuando percibe la necesidad de una carretera que comunique Langreo con Gijón para desarrollar convenientemente la industria hullera y, recibiendo como subvención los impuestos sobre la sal y el vino de Asturias durante veinte años además de la posibilidad del cobro de un peaje por la utilización de la vía, inicia las obras que quedaron concluidas en 1842. Pero el proyecto industrial de Aguado iba mucho más allá. Consciente del papel del carbón como factor de localización y de la importancia de las infraestructuras de transporte, registró nuevas minas, fundó una nueva Sociedad, la de Minas de carbón de Siero y Langreo, planteó la construcción de unos altos hornos e incluso una nueva y moderna salida al mar en el Musel, en Gijón. Alejandro Aguado hizo renacer las esperanzas de un nuevo progreso sin fin desde su llegada a Gijón.
Dos años más tarde de la muerte de Aguado se obtenía la concesión para proyectar un ferrocarril carbonero desde Langreo a Gijón que acabará cristalizando en el Ferrocarril de Langreo, un proyecto con fuertes apoyos gubernativos y Reales, que empezará a dar servicio en 1852 llegando a Sama en 1856. El Ferrocarril de Langreo supuso el estímulo definitivo para el aprovechamiento de las reservas hulleras de la cuenca del Nalón abriéndose numerosas minas en sus márgenes y siendo el acicate para la aparición de la siderurgia langreana de la Sociedad Duro y Compañía. A partir de este momento el desarrollo minero e industrial de la cuenca del Nalón empieza a tomar rápidamente forma en mayor medida que la del río Caudal donde, pese a la existencia de prometedores referentes anteriores, la ausencia de vías de comunicación demora el afianzamiento de un proyecto industrial capitalista en torno al yacimiento hasta los años setenta del siglo XIX cuando se construye la línea de los Ferrocarriles del Noroeste entre Lena- Oviedo y Gijón (principio del ferrocarril a Castilla).
Scripta Nova
REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
(Faustino Suárez Antuña)
domingo, 18 de julio de 2010
PRINCIPIOS DE LA MINERIA - MIERES -

En 1836, durante la regencia de María Cristina, Mieres se constituye como ayuntamiento independiente del de Lena, ya que la unión de estos dos concejos nunca había llegado a efectuarse de facto.
A mediados del siglo XIX, se establece en Mieres la “Asturian Mining Company” empresa minera de capital inglés, y el empresario francés Numa Guilhou funda Fábrica de Mieres, lo que provocará que el concejo pase de una economía predominantemente agraria y ganadera a ser uno de los principales centros industriales de la época, lo que producirá grandes cambios políticos y sociales en todo el concejo.
La Asturian Mining Company fue la primera industria de importancia que se estableció en la Cuenca Central Asturiana (España), en el siglo XIX.
Fue la primera empresa en España en conseguir, con éxito, obtener hierro de calidad utilizando coque como combustible y agente reductor del mineral de hierro. El primer horno alto de España en utilizar el coque de carbón pertenecía a la Sociedad Palentino-Leonesa de Minas, en Sabero (León), que lo obtenía de mala calidad. 1 El segundo fue el de la Asturian Mining Company y el tercero el de la Fábrica de armas de Trubia, en el concejo de Oviedo. También conocida la Compañía Anglo-Asturiana y como la Compañía Minera Asturiana, fue fundada el 17 de septiembre de 1844 con un capital social de 5 millones de francos, aportado por capitalistas y financieros británicos, franceses y españoles, como José Safont, José de Salamanca y Mayol, futuro marqués de Salamanca y José García Carrasco, conde de Santa Olalla. su primer presidente fue el banquero inglés Gedeon Colquhoum. El objetivo principal de la nueva empresa era la fundición del hierro, siendo el minero un objetivo secundario.
La creación de la empresa se realizó después de confirmar que en Asturias existían minas de carbón y de hierro para montar una industria siderúrgica, con el impulso de los británicos John Joseph Kelly y el ingeniero John Manby. John J. Kelly era el vicecónsul del Reino Unido en Asturias desde 1831 e hijo de John Kelly, vicecónsul también, en Asturias y Santander.
Los primeros paso de la compañía fueron la compra de sus concesiones a las fracasadas Asturian Coal and Iron Company y Compañía Francesa de Minas. A lo largo de su corta historia la Anglo-Asturiana tuvo minas de carbón, de carbón (de piedra) y de azogue, en la zona central de Asturias.
En la vega de Sueros, entre la villa de Mieres y la aldea de Ablaña, en la margen derecha del río Caudal la Asturian Mining Company construyó una fundición para obtener hierro según los métodos ingleses (con coque de carbón), hasta la fecha no utilizados en España. La elección del emplazamiento se justificaba por su cercanía a minas de carbón, de hierro y canteras de caliza con las que obtener el mineral de hierro, el carbón para la obtención del coque y los fundentes para el alto horno. Así mismo se encontraba próxima a la carretera de Castilla.
La fundición contaba con un alto horno, de los dos proyectados por Manby, y 16 hornos de coque. Además, según Pascual Madoz, la que denomina «fábrica grande de La Robellada»
Por una Real Orden de 26 de junio de 1849 se le negó la autorizacion para que pudiera continuar con sus operaciones, quedando disuelta y sujeta a liquidación. El motivo de la disolución fue el hecho de que los accionistas no habían desembolsado la totalidad del capital social de acuerdo a la ley de Comercio vigente.
Este mismo año el Gobierno decide volver a poner en marcha la Fabrica de Armas de Trubia y Antonio deElorza, su primer director, recomienda usar el carbón de Olloniego, Tudela, Riosa, Morcín y Quirós, y losingleses presentan un proyecto para construir un ferrocarril de Mieres a Avilés.
El ferrocarril de Langreo a Gijón se inaugura en Agosto de 1853 pudiendo transportar unas 103.000 toneladasanuales mientras que la Carretera Carbonera llegaba a las 34.000; esto supuso el despegue de la producción.En 1850 se exportan 60.000 toneladas, mientras que en 1860 se llega a 170.000, en 1870 son 360.000 y 620.000 en 1890.
En 1857 la Fabrica de Mieres fue vendida al francés Numa Guilhou, quien, en 1861, también compró lasminas de Langreo y creó la Societè Huollière et Métallurgique des Asturies. Así pasó a ser la mayor empresaminera de Asturias.
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