miércoles, 7 de julio de 2010

FIESTAS DE VERANO

Desde el siglo XVI, con algunos notables paréntesis que confirman la regla general, Cudillero honra a su patrono con la "AMURAVELA". Según colegimos de viejos escritos, la práctica antigua se reducía a lo siguiente: tras la misa mayor, se lleva procesionalmente la imagen del patrono a la Rivera; se colocaba sobre una mesa, delante de un barco engalanado; sobre éste, un marinero viejo, vestido de almirante, (con todas las plumas y adminículos que encuentre a mano), un sable en la mano derecha y en la otra un sombrero, reverencia al Santo, ahueca la voz y comienza su disertación, especie de recuento del año, si fue malo y las redadas exiguas y si el mar llevó hombres para no devolverlos, de súplica filial y hasta de reproche, envuelto en sutil mordacidad. Desde 1.948 la redacción de la "AMURAVELA" está confiada a Elvira Bravo.

Los paréntesis de que antes hablábamos tuvieron origen en hechos y palabras. Martínez Torner escribe que "Cuando la procesión se hallaba a cierta distancia de la costa, se ataba una larga cuerda al cuello de la imagen y ésta era arrojada al fondo del mar, donde permanecía mientras duraba un sermón pronunciado por un famoso cudillerense llamado Felipón, el cual llegaba hasta a amenazar al Santo si no cumplía lo que se le demandaba".

Las danzas de San Pedro, llamadas así en Llanes, Candás y Pola de Siero, no pasan de ser sencillas variantes de la tradicional danza prima. Igualmente celebraban a San Pedro Gijón, la Felguera, Vidiago, Arenas, Barres, Tiraña, Pancar, Alles, Caldueño, etc. En los anales de la fiesta polesa, encontramos esta partida de gastos correspondiente al año 1.783:


-Tambor, gaita y espadañas......46 rs.
Aceite y espadañas...........8 mrs. 4 rs.
Argomas.........................................8 rs.
Vino y bolla....................................9 rs.
Vedrios de pez para la hoguera y
bebida a los que ayudaron atraer
el pino y otras cosas......................8 rs.

Total: 8 mrvs. 75 rs.


En el mes de julio, asistimos a la eclosión festera de Asturias. La festividad de Santa Marina, el 18 de este mes, en la gran mañanga de Parres (Llanes). También Ribadesella honra a Santa Marina, pero al modo marinero, con procesión por la bahia. Siguen los festejos llaniscos en honor de Sante María Magdalena, el 22 de julio. Se honra, igualmente a la Santa Penitente en Berodia, Cáraves, Poo de Cabrales, Rales, Villanueva de Pría, Libardón, Tanes, Salas... y Proaza.

Santiago acoge en su patrocinio multitud de pueblos: Posada de Llanes, Sama de Langreo, Gobiendes, Castropol, Gera, etc. con renombradas romerías, ya sin el viejo bagaje que envolvía la fiesta por el siglo XVIII.

El 26 de julio Santa Ana, muy temprana devoción asturiana, unida con frecuencia a alberquerías y hospitales de peregrinos; Colunga contó con muy antigua cofradía; los gremios de mar de Luanco y Llanes se acogieron a su patronazgo; importante santuario de peregrinación, con vigencia hoy, es el de Santa Ana de Montarés, en la feligresía de San Juan de Piñera.

No es menos florido el elenco de agosto, centrado principalmente en San Roque, el 16; San Bartolomé, a quien se invocaba contra rayos y centellas; y San Agustín, el 28, final de la temporada de baños. San Roque, amparo de peregrinos y abogado de la peste, con infinidad de santuarios en la ruta romera hacia Santiago y muy lejanas devociones. Festejan, igualmente a San Roque: Panes, Ortiguero, Barro, Ribadesella, Libardón, Lastres, Tazones, Ranón, tineo, etc.

Tres celebraciones destacamos en el mes de septiembre. el día 2 corresponde a San Antolín, titular del viejo cenobio de Bedón y cuya tradición guarda hoy la parroquia de Naves. Muy popular santuario era el de Cornellana, en su parroquia filial de San Justo de Doriga, al que llevaban personas y animales mordidos por perros que podían estar rabiosos. Los festejos ovetenses de San Mateo nacieron en ocasión del Jubileo de la Santa Cruz, a través de los regocijos que, para distracción de romeros organizaba la capital del Principado, orillando así el antiguo patronazgo de San Salvador. Elementos tradicionales de esta fiesta fueron el canto del

"MISERERE", el agua de la Hidra de Caná, la bendición con el Santo Sudario, los "paxarines", figuritas de harina coloreadas con azafrán y las "medidas", cintas de seda pintadas con la imagen del Santo y frases alusivas al jubileo.

Cerramos nuestro recorrido, con una advocación entrañable para amplias zonas de Asturias y con dos santuarios de renombre en Valdecuna y Barredos: la de los Santos Mártires Cosme y Damián. Los dos santuarios, por siglos, fueron polo de atracción para tempraneros romeros que acudían al templo en acción de gracias.


Elviro Martínez

martes, 6 de julio de 2010

ASTURIAS DESDE EL AIRE

Flora y fauna de los Picos de Europa

Todo en los Picos parece montaña; pero entre las peñas hay, arriba, praderías como tapices verdes, densas manchas de bosque,y abajo, valles exhuberantes y vivos.

En el caldero de los valles campeados por el hombre, crecen el "majuelo" y la "zarzamora", "brunos" y "sauces", "chopos" y matorral diverso; también "fresnos", "olmos" montanos o "nogales", y, dispersos, "tilos", "robles carbayos" y "avellanos"... A media ladera son los "hayedos" los que forman manto tupido. Entre las hayas, las plantas espinosas: "bruño", "berberis", la "madreselva". En las manchas de monte bajo y matorral "genistas", "brezo austral" y otras urces. los "abedules", escasos se dispersan en algún rincón húmedo. Pastos cerbunales crecen en medio de encinares, donde se alberga también, el "madroño", la "nuez negra", el "aladierto", "escaramujos" o "zarzaparrilla". Y cuando la peña asoma con ese color de ceniza blanca, el "enebro rastrero" la acompaña en su aspereza; también la "gayuba" y alguna perdida "sabina enana", la "encina carrasca" y el "acebo".

Y las flores... Son flores pequeñas, algunas diminutas, pero surgen por todas partes y a todas las alturas, entre matorrales, pastos y bosques, por encima de los 1.000 y los 2.000 metros, en grietas, laderas rocosas y gleras. "gencianas","violetas", "siemprevivas","dedaleras", "orquídeas","azuzenas", "lirios de montaña"... Florecen en los colores más vivos y brillantes.

En cuanto a la fauna, puede que el visitante no la oiga, y puede que no la vea nunca, pero estas peñas y bosques guardan más de 220 especies de vida animal. El "rebeco" es sin duda el rey de esta fauna; junto con el "oso pardo" y el "urogallo", escasísimos, y el "corzo", constituyen las especies más representativas. Pero existen muchísimas mas.

lunes, 5 de julio de 2010

PALACIO DE LOS CARREÑO


El palacio es una auténtica fortaleza, con anchas paredes totalmente de piedra tanto exteriores como interiores; de hecho, llegó a contar hasta el siglo XIX con una torre, que fue destruida «por un rayo», tal como rememoraron las crónicas. De la primitiva fábrica aún se conservan varios elementos arquitectónicos.
Los últimos herederos del clan familiar vendieron a unos vecinos de Tamón el palacio y éstos, recientemente, a su vez, lo hicieron a sus actuales dueños. Durante el tiempo que el complejo permaneció sin vigilancia los hurtos fueron frecuentes y acabaron desapareciendo fruto de la rapiña diversos elementos de valor como, por ejemplo, la campana de la capilla de la Virgen de la O, colindante al complejo palaciego.
Por fortuna, los de más peso sobrevivieron y, gracias a ellos, hoy se pueden contemplar ricas filigranas en madera en ventanas y puertas, así como una panera en madera de roble, un molino de piedra de mano, similar a los africanos, y un «llagar» con «duernu» de arenisca.

Tampoco falta un recipiente subterráneo que, se supone, se utilizó para la conservación y tratamiento de salazones. Destacan, igualmente, dos hornos de distinta época, uno de ellos, el más antiguo, muy deteriorado, pero toda una obra de arte que a modo de cúpula y rodeado de barro .
Quienes recorran este trayecto literario se podrán adentrar, gracias a los indicadores que salpican el camino, en el conocimiento de este vetusto palacio con antojanas empedradas, capilla en honor a la Virgen de la O y su panera separada por un camino carretero empedrado, formando todo ello un recinto edificado de 750 metros cuadrados.
De la primitiva fábrica, además de la estructura, se conservan dos puertas; la de la entrada, de medio punto, del siglo XII, y, sobre ella, el escudo heráldico con las armas de los Carreño, Alas, Quirós y Casamayor.
De la hidalga nobleza nacida en el palacio de Sebades brotaron vigorosas ramas como las de Avilés, Carriedo en Cantabria y Valdesoto en Siero. El casamiento de Álvaro Carreño con María Miranda de Quirós unió las dos casas más antiguas, nobles y poderosas del Principado de Asturias. De esta rama de los Carreño Miranda habría de nacer allá por 1614 el glorioso pintor Juan Carreño Miranda, sobrino de Andrés, el viejo discípulo de Velázquez y pintor de cámara del rey Carlos II “el Hechizado”. Aún cuando Avilés se complace en tenerle como avilesino, queda probado que es oriundo del Concejo de Carreño, de donde era su padre, abuelo, bisabuelo y tatarabuelo y todos sus antecesores remotos, pertenecientes al Estado de la Nobleza. Su nacimiento parece haber sido en la Casa Solariega familiar conocida como Palacio de los Carreño, aunque vivió en Madrid desde la edad de once años.
En la pared este destaca una puerta ojival del siglo XIII. Los caballeros de este palacio rigieron durante siglos los destinos del concejo de Carreño, al tiempo que fueron los más importantes de España en determinadas épocas del Medievo.
Los Carreño fueron amigos de reyes como Enrique II de Trastámara y leales servidores en puestos de responsabilidad de la hidalga nobleza nacida en este palacio del que «brotaron vigorosas ramas» como las de Avilés, Carriedo, en Cantabria, y Valdesoto, en Siero.

LA FIESTA EN ASTURIAS


la puya'l ramu, ofrenda de pan de escanda, rosquillas y flores hecha a los santos, que, una vez finalizada la procesión, se subasta a fin de sufragar los gastos de la fiesta.
La belleza del entorno de los lugares de celebración de algunas de estas romerías, pequeños santuarios situados en pastos de montaña, forman la autentica fiesta asturiana.
Luis Adaro hace un excelente resumen del tema: «Los hombres danzaban al son de un romance de ocho sílabas, cantado por algún mozo de buena voz, y a cada copla o cuarteta del romance respondían los demás formando coro con una media copla de dos versos nada más. Estas danzas varoniles solían terminarse muchas veces a palos. Ésta era la única arma que usaban los asturianos y que nunca soltaban. Mientras bailaban, todos los danzantes llevaban su garrote al hombro, que sostenían con dos dedos de la mano izquierda, mientras que con los otros dos dedos libres se enlazaban en la rueda para seguir danzando con gran seriedad y mesura.
"Resultaba a veces que en medio de la danza, algún valentón, caliente de cascos,
comenzaba a vitorear a su lugar o concejo. Entonces los del concejo colindante,
por lo general rival del anterior, comienzan a vitorear al suyo. Se enardecen más
y más los ánimos y crece el griterío y la confusión; los menos valientes huyen, el
más atrevido enarbola su palo y lo descarga sobre quien mejor le parece; finalmente,
se arma una pelea a garrotazos en donde no deja de correr la sangre."
Como todos los pueblos fuertes, los astures se interesaban en estas peleas y los espectadores las seguían con el máximo de atención. Eran duras competiciones en donde se ensayaba el poder y el vigor de los mozos de los diferentes pueblos y concejos.» Y ennota a pie de página nos amplía la perspectiva histórica: «Habían adquirido tal fuerzade costumbre estas peleas que fue necesario que el Consejo de Castilla dictase decretosprohibiendo las reuniones de asturianos en Madrid el año de 1787. Decía así: «Decretosabemos que el uso del palo fue prohibido por las ordenanzas municipales de Oviedo, e incluso regulado, prohibiendo el del palo «que excediese del grueso de medio peso por todo el de arriba abajo, ni tuviese menos de vara y media de largo y fuese él todo liso y sin nudos salientes o de cabeza ».

sábado, 3 de julio de 2010

LES BODES D´ORU

LES BODES D’ORU

¡Abre el arca, mió galana!
¡Traime la llave, mió vieya,
Qu’anque tiémblenme les manes
Acierto con la pesllera !
¿Qué te pasa ? ¿non l’atopes?
Regüelve n’a faltriquera,
Que d’afechu la palpaste
Y no atines a coyela.
Ya sé que non tás en ti,
¡Crees que non me di cuenta!
Que pasaste toa la noche
Sin poder dormir, en vela.
Anque cerrabes los güeyos,
Yo tengo muncha experiencia
Pa non goler los motivos
Que te traíen despierta.
¡Sabe Dios les añorances
Que rumiabes n’a mollera!
Tamién yo en cavilaciones
Pasémela muy alerta.
¡Di más güeltes en el catre
Que un tíu-vivu de feria
Son munchos años, rapaza;
Diez llustros son, mió melguera,
Munchos díes, munches hores
Que hierven e’na sesera
Ye muncho pa revivilu
En esti día de fiesta.
¡Anda, apúrreme la llave!
Vamos a abrir la pesllera,
Los dos xuntos, muy xuntinos,
D’esta arcona milagrera,
Que guarda adientru el milagro
D’una rosa siempre fresca;
La de nuestros amoríos,
El signu d’aquella fecha.
¡Non faigas tantos remilgos,
Non seas paraxismera!
Vamos a sacar les gales
Con qu’el cura nos xunciera
Fai hoy cabal mediu siglu.
¡Ay Dios, una vida entera!
¡Qué día aquel, mió vieyina!
Nunca ví al sol que lluciera
Como llució n’aquel día
En que te llevé a mió vera
Y ante el altar mismamente
Añudamos la cadena
Que xuramos non frayar
Ni en el cielu ni en la tierra
Que si ye dogal p’algunos
Pa nosotros ye diadema
Engarzá con arrumacos
Y de ternuras enllena.
¡Cadenina d’oru finu,
Que nin s’empañó siquiera!
Cadena que non amarra,
Cadena de lluces fecha,
Cadena que non fai ronches,
Cadena que non aprieta.
!Cadena que nin la muerte
Será capaz de rompela!

Alcuérdeste d’aquel día…
!Non vas recordalo, vieya!
¡Que repique de campanes!
Solmenábase la iglesia
De tantu dar al badaxu
El diablu de la reciella.
¡Qué de cuetes! ¡Que estampíos!
¡Cuetes, dientru! ¡Cuetes, juera!
Los de dientru n’el mió pechu
Qu’estallaba de maxeza.
¡Dábenme unos regolvinos
Desde el calcañu a l’oreya
Que nin de neñu pequeñu
Te xuro yo los sintiera!
Non creo que xamás hubo
Mozu que más presumiera
Comu presumí aquel día
Que te llevaba a mió vera.
¡Llevábate yo agarrá
Talmente comu a una reina!
¿Y qué cosa siempre juiste
Pa esti mozu de fachenda?
¿Hubo otra moza más guapa,
Más xentil, nin más parlera
Que traxese tan en xaque
A la mocedá entera?
¿Quién llucía unos colores
Más frescos qu’una reineta?
¿Quién yera la flor del mundu?
Arrespuende, dí ¿quién yera?
¿Quién tenía unos papinos,
Nidios como la mantega?
¿Cuála la más fachendosa?
¿Cuála la más gayaspera?
¿Quién facía a les calandrias
Callar, si entonaba ella?
¿Quién tenía n’el conceyu
Otra risa tan melguera?
Quién entamaba n’el baile
Entre los mozos, pendencia,
Porque todos, xatanciosos,
Querían bailar con ella?
¿Quién…? Pero en fin, arrespuende,
Contéstame, principesa.

Y el mozu ¿non lo valía?
¡Como te poníes de tiesa
Cuando diba yo a sacate
Pa bailar d’alguna pieza!
¿Quién trenzaba el xiringüelu
Con más gracia y ligereza?
¿Quién daba los ixuxús
Con más juerza en toa l’aldea?
¿Quién manexandu el verdiascu,
Y con la flor e’na oreya,
Entrando pe los contrarios
Solmenába-yos más leña?
¿Quién llera el burru, más burru
Pa facer coses de juerza?
Por quién facía arrumacos
Toda moza casadera?
¿Non ye la pura verdá?
¿Non ye la verdá, mió prenda?
¡Enjuaga esi llagrimón!
¡Suelta d’una vez la llengua!
En sin baxar a denguno
¿Non tenía yo maxeza.?

Non te pongas colorá.
Non te dé vergüenza, neña;
Pero de fixo t’acuerdes,
-¡Olvidálu, güeno juera!-
Del besu que tras la puerte
Te robé la noche aquella.
¡Cuantos remilgos hiciste!
¡Cómo facíes la inxenua!
Cómo, alloriá, n’os mios brazos
Desmayástete en comedia!
Y todu ¡RETEBRIBONA!
Pa qu’el besu repitiera.
Y bien que lu repetí.
¡Quién otru, tal non hiciera!
¡Cómo me supo aquel besu!
¡Qué dulcín y suave yera!
Cuandu quiero recordalu
Paso p’el llabiu la llengua
Y entovía chupo miel.
La miel que me diste en prenda
D’aquel fechu vergonzosu
Que te fizo tanta afrenta.
¡Ay, recundenaes muyeres,
Ni el diablu que vos entienda!
¡Cuand’ún aspera un guantazo
Dais el cielo e’na ocurrencia!
¡Cuántes rises, cuántes penes
Nos trai recuerdu esta fecha!
Pero…, vamos a dexalo.
Vamos vestinos de fiesta,
Con les ropes que punximus
Fai mediu siglu, ¡mió reina!
Déxate de lloros, ¡boba!
¿Llágrimes tando contenta?
¡Si somos un par de mozos
Anque el ruma nos amuela!
Allegra esi corazón
Qu’esti día ye d’andecha.
Vamis vestinos de gala
Y olvidar nuestra vieyera.
¡Anda, apúrreme les llaves!
Que del arca milagrera
Vamos a sacar les ropes
Con qu’el cura nos xunciera.
Tarán ya un poco folgaes
Pa vestiles n’esta fecha.
¡Si non podemos vestiles
falaguémosles siquiera!
¡Abramos los dos el arca,
Esta arcona milagrera
Que guarda tantos recuerdos
Que tantes diches encierra!
Aférrate a la mió mano
Que tá dura la pesllera
Y nuestres juerces son poques.
Non tiembles…!hala!, una güelta…
Apóyate n’el mió pechu…
¡UNA!...
¡DOS!...
¡TRES!...
YA TÁ ABIERTA.
Matías Conde-Nació en Gijón el 3 de noviembre de 1.896. En 1.937 pasó a Francia y más tarde a Méjico, "Su poesía compuesta toda ella en el habla dialectal de los medios populares de Gijón".

viernes, 2 de julio de 2010

VALLE DEL NALÓN




El Valle del Nalón o La Cuenca del Nalón es un valle situado en las Cuencas Mineras Asturianas. Lo componen los concejos de Langreo, San Martín del Rey Aurelio, Laviana, Caso y Sobrescobio.
En Redes nace el río más importante de Asturias, el Nalón, concretamente en el Puerto de Tarna (Fuente La Nalona). El Parque incluye toda la cuenca alta de este río. Numerosos ríos confluyen con él, los principales son: Alba, La Ablanosa, Orlé y Monasterio. Pero hay otros ríos que aunque nacen aquí llevan sus aguas al Sella, como por ejemplo el Río Infierno (que atraviesa el concejo de Piloña).
Las aguas de la zona no son sólo importantes para los casinos (habitantes del concejo de Caso) y coyanes (habitantes del concejo de Sobrescobio) sino también para el resto de asturianos.
El Valle del Nalón es un valle largo, escarpado y estrecho que se extiende paralelamente al del Caudal. El concejo de Langreo es el más poblado con cerca de 50.000 habitantes. Antiguamente conocido como el Valle de Langreo, el Valle del Nalón, que recibe dicho nombre por estar bañado por el Nalón, el río más largo de Asturias, es un claro ejemplo de la historia minera e industrial asturiana. Desde el siglo XVIII se explota el carbón en numerosos yacimientos subterráneos y a cielo abierto. A ello se unieron numerosas industrias, especialmente la siderurgia en la década de 1850, que daría lugar al crecimiento constante de sus núcleos a las orillas del Nalón y su compleja cuenca fluvial. La novela del local Armando Palacio Valdés, "La aldea perdida" (1903), refleja la ruptura radical entre el valle rural y el valle industrializado y urbano.
(Wikipedia)








jueves, 1 de julio de 2010

REENCUENTRO CON ARMANDO PALACIO VALDÉS

( Notas de Francisco Trinidad)

La novela aparece en las librerías españolas en los primeros compases del año 1931, cuando su autor tiene setenta y siete años de edad, aunque estaba terminada desde más de un año antes.
Por una carta de Carlos Canella dirigida a «Eugenia Astur» conocemos que a 19 de enero de 1931, ya ha aparecido la novela, mientras que el propio autor, en otra de sus cartas, se hace eco del temprano éxito de esta obra: «La novela escrita a los 77 años ha tenido un éxito que en verdad yo no esperaba.Debo dar gracias al Cielo porque en edad tan avanzada aun conservo firme la cabeza». Será la última novela larga de su autor, que aún publicaría en vida un conjunto de relatos, Tiempos felices, 1933, y una novela corta, Los contrastes electivos, 1936

También el escenario elegido para ubicar la acción de la novela es bien conocido para su autor. Sabemos que tres de sus novelas anteriores, El señorito Octavio, 1881; El idilio de un enfermo,1883, y La aldea perdida, 1903, se desarrollan en ambientes del valle de Laviana que le viera nacer. En las dos primeras, con denominaciones supuestas, mientras que en la última describe su concejo natal con sus topónimos reales. En Sinfonía pastoral vuelve a situar en él la acción principal:
(Descripción que hace de la aldea Armando Palacio Valdés en su obra)

.....Fray Ceferino le miró con fijeza unos instantes.
—A pesar de los cambios profundos que la edad trae consigo,
creo que te reconocería. No sé si tú me reconocerías a mí.
—Pienso que sí. Lo que más nos desfigura a los hombres
es labarba o el bigote, y tú no los tienes.
—¡Cuánto hemos corrido juntos, Antón! ¡Cuántas anguilas
hemos pescado debajo de las piedras del río... y cuántas hemos
dejado escapar! ¡Cuántos mirlos hemos cazado, cuántas manzanas
verdes hemos hurtado, cuántas castañas hemos asado... y cuántas palizas hemos llevado !....

....La casería se componía de una casa–habitación, situada en un pequeño rellano de la falda de la montaña, a unos doscientos metros del lugar. Por delante de ella iba un camino que conducía también como la carretera de abajo a los concejos de Sobrescobio y Caso. Debajo de la casa había una pomarada, no muy grade, que llegaba cerca de los primeros edificios del pueblo. A un lado, una pequeña huerta destinada a legumbres, berzas, patatas, cebollas, etc.

Por encima de esta casa, un prado muy pendiente, cercado de avellanos, de regular extensión. Además de estas dos fincas, contaba la casería, bastante lejos del pueblo, con un grallamado de Entrambasriegas. Sobre el prado, un vasto castañar. Mas de este prado, uno de los mayores del concejo, sólo la mitad pertenecía a la casería del tío Juan. Otro pradito aún llamado de la Fontiquina. En la vega, dos días de bueyes destinados a maíz, alubias y calabazas. Como Juan, con el dinero regalado por Antonio, había comprado otros dos días de bueyes, era a la fecha poseedor de cuatro días de bueyes (sesenta áreas, aproximadamente).
Cosechaba bastantes fanegas de maíz y de judías. También recogía buena cantidad de avellana de los árboles que cercaban los prados y algunos sacos de castañas. Juan criaba cerdos, gallinas y tenía cuatro vacas en el establo. Mataba dos cerdos para el consumo de la casa; solía también sacrificar una novilla para hacerla cecina; tenía leche, manteca y huevos, no sólo para su consumo, sino también para vender. Se comía, pues, abundante en la casa. Dinero, poco. Sin embargo, la pomarada cada dos años producía catorce o dieciséis pipas de sidra, que Juan vendía en manzana para exprimirla a un lagarero de la Pola. Cada pipa solía venderse en fruto a ocho o diez duros. Puede concebirse lo que suponía para un paisano esta entrada de seiscientas o setecientas pesetas. También la avellana rendía buen producto; se vendía a los comerciantesde Gijón, que laembarcaban para Inglaterra.
La casa vivienda era pobre, vieja y no muy amplia. Sin embargo tenía lo que presta a las casas de los labradores asturianos mucho atractivo, una solana cuadrada abierta solamente por uno de los lados. Esta es siempre una pieza agradable; se toma el sol en ella, se trabaja, se juega;representa lo que el comedor entre los burgueses. A los dos lados de esta pieza había dos buenos cuartos: en uno dormía el matrimonio y en el otro la hija, Carmela. En la planta baja, una gran cocina con pavimento de losas; a un lado y otro dos dormitorios más chicos que los de arriba: en el uno se acomodaba Telesforo, y el otro, un cuarto trastero donde había también un grande y viejo armarioque guardaba la ropa blanca y lo mejorcito de vestir que la familia poseía para los días festivos. La casa contaba, además, con vasto desván, que en ciertas épocas del año se hallaba repleto de ristras de maíz y diversos frutos, nueces, avellanas, cebollas, patatas, etc.
La gran cocina tenía un lar que levantaba medio metro del suelo. Encima de él, a bastante altura, había un techo formado por varas de avellano entretejidas, llamado sardo, en el cual se colocaban las castañas para secarse y hacerse pilongas. Como el humo no tenía otro escape que el de las rendijas del sardo, a menudo la cocina se llenaba de él y se hacía insoportable para quien no estuviese acostumbrado. Había una espetera con pobre y ordinaria vajilla de barro y cacerolas de hierro y hoja de lata, con cucharas y tenedores de madera de boj. Una enorme masera donde se amasaba el pan y la borona y después se guardaba. A un lado se abría el boquete del horno para cocer el pan, pues para la borona se seguía otro método: después de amasada, previamente limpio y arrojado el lar, se colocaban sobre él las boronas en forma de grandes quesos, se las cubría con hojas de castaño y sobre ellas una capa de ceniza enrojecida. Al cabo de algunas horas, la borona estaba cocida. Esparcidas, unas cuantas tajuelas y adosado al muro un escaño de madera, que el humo y el uso habían puesto negro. Sobre el fregadero de piedra, y colgadas de una repisa, tres herradas con sus grandes aros brillantes de hierro, y, suspendidos de ellas, sendos cangilones de metal amarillo Era pobre la casa de Juan Quirós; pero mejor, con todo, que las de la mayoría de sus vecinos. Del techo de la cocina colgaban tocinos, jamones y chorizos. Todo indicaba que allí no se comía mal. Aparte del pote de judías y berzas aderezado con lacón, tocino y longaniza, se decía en el lugar, con señales de respeto, que en casa del tío Juan de los Campizos se mataba todos los domingos un, pollo o una gallina.
La pomarada y la huerta no estaban cercadas por muro de piedra, sino por fuerte barganal; esto es, por estacas de castaño o roble unidas por varas entretejidas de avellano. Muy próximo a la casa, el establo, capaz para cuatro vacas y otros tantos terneros; encima, el pajar, llamado en el país tenada. Adosado al establo había un cobertizo sostenido por toscas columnas de madera, en el cual se guardaba el carro, la leña, el arado y otros aperos de la labranza.
(Sinfonía Pastoral)-Armando palacio Valdés-