martes, 21 de septiembre de 2010

NUESTRO MAR - LA ENSENADA DE SOMIO


La costa cantábrica es prolija en pescados y mariscos. En las rulas asturianas abundan especies como la merluza, el rape (pixín), el sargo (Xargu), la lubina, el bonito, la angula… son algunos de los pescados más afamados en la comarca oriental de Asturias. Con ellos se preparan platos como la marmita, calderetas de pescado, merluza a la sidra, etc. En cuanto al marisco, algunas veces acompañando a los pescados en parrillas y calderetas, podemos destacar el centollo, buey de mar, ñocla), bogavante (bugre), percebes, almejas, mejillones, nécoras (andaricas), etc, que regado con la popular sidra adquieren un sabor excepcional.


EL MISTERIO DE LOS BOSQUES ASTURIANOS



ASTURIAS


Toi perdidamente enamorau d´estos montes
ou´acorripien cada vallada comu´l cuellu una
madre, d´estos bosques onde un atópase consigo
mesmu al caleyar per ellos; désta capiella de
borrina que, cayendo y llevantando, faite sentir
el pastu´l tiempu minutu a minutu; d´esta tierra
fecha d´agua qu´arreciendo nes rosaes de la
mañana, cuerre de mil fontanes a les riegues,
espéñase gargolitando nos ríos y, apigazando,
vien xunise cola salada llanura de la mar.
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Estoy perdidamente enamorado de estos montes
que abrigan a cada vallada como el abrazo de una
madre; de estos bosques donde uno se encuentra
consigo mismo al caminar por ellos, de este
manto de niebla que, cayendo y levantando,
te hace sentir el paso del tiempo minuto a minuto;
de esta tierra hecha de agua que aflora
en las rosadas de la mañana,
corre por mil fuentes a las riegas,
se despeña dando gritos en los ríos y, en remanso,
termina uniéndose a la salada llanura del mar.

• Xuan Xosé Sánchez Vicente



lunes, 20 de septiembre de 2010

RODRIGO ÁLVAREZ DE LAS ASTURIAS


Noble de la segunda mitad del siglo XIII, protagonista de relevantes hechos sociales, políticos y militares de la historia de España. Se fija la fecha de su nacimiento alrededor de la década de los setenta del siglo XIII, siendo el segundo hijo de Pedro Álvarez de las Asturias, mayordomo mayor de Sancho IV y señor de Noreña, y de Sancha Rodríguez de Lara, dama de la alta nobleza leonesa. A la muerte de su padre en 1286 y de su hermano primogénito en 1296, hereda el señorío de Noreña, que incluía extensos territorios en el centro de Asturias y en Castilla y León.

Hereda también la destacada posición en la corte de que gozaba su padre, gestionándola hábilmente y logrando sacar partido de los conflictos derivados de las minorías de Fernando IV, entre 1295 y 1302, y de su hijo Alfonso XI entre 1312 y 1325. Inicialmente se adhirió a la causa del infante Juan hermano de Sancho IV, quien se proclamaría monarca en detrimento de los derechos de Fernando IV. Posteriormente tomó el partido del monarca al concederle la reina regente, María de Molina, el señorío de Gijón, Allande, Llanes y Ribadesella. Durante el reinado de Fernando IV de 1295 a 1333, recibe como reconocimiento a sus servicios los señoríos de Ribadesella y Nava, uniéndolos a los de Noreña y Colunga que ya poseía. Y consolidando su posición en el centro-oriente asturiano. Ostentó el título de Adelantado de Asturias y más tarde el de Galicia.
En 1316 sen enfrenta con su pariente el obispo de Oviedo Fernando Álvarez, cercando a sus servidores en el Castillo de Tudela, desde el que controlaban la entrada a Oviedo obligando a los viajeros a pagar tributo, y en el Castillo de Priorio.
En 1328, al mando de dos mil caballeros, juega un relevante papel en la victoria de Alfonso XI sobre los árabes en Teba y Turón. Fue primado de este rey acompañándolo en el intento de conquistar Sevilla y Gibraltar. Por estos años se le encomiendo la custodia del bastardo Enrique, futuro Enrique II, iniciador de la dinastía Trastámara, y de su madre Leonor de Guzmán.
Además de sus extensos dominios, este noble poseía numerosas encomiendas: en 1287 recibe las tierras del monasterio de San Vicente, y ulteriormente recibiría la encomienda del concejo de Oviedo, de Avilés, de los concejos episcopales de Llanera y Las Regueras, y desde 1329 de los castillos de Sobrescobio y Gozón, pertenecientes a la Orden de Santiago.
Todas estas encomiendas, junto con el cargo de mayordomo mayor de Alfonso XI, le proporcionarán cuantiosos ingresos, convirtiéndolo en una de las figuras más poderosas de su tiempo. Es famoso su testamento, fechado en agosto de 1331 y otorgado en Lillo ante el notario público de Gijón, Alfonso Nicolás, por la cuantía de sus donaciones y manda, de las que son beneficiarias la Iglesia de Oviedo y numerosos monasterios. El inicial beneficiario del testamento, cuyo original se conserva en el archivo del monasterio de San Vicente, en San Pelayo, de Oviedo, siendo reproducido su texto por Tirso de Avilés y Jovellanos en Colección de Asturias reunida por Don Gaspar Melchor de Jovellanos, era su sobrino Ferrán Rodríguez de Villalobos, al haber muerto sus hijos legítimos. Posteriormente cambia el testamente a favor de Enrique de Trastámara, Enrique II.

viernes, 17 de septiembre de 2010

LOS TIXILEIROS O CUNQUEIROS








Los Tixileiros o Cunqueiros eran los habitantes de los pueblos de El Bao y Sisterna pertenecientes al concejo de Ibias y El Corralín y Tablado pertenecientes al concejo de Degaña.
Por San Francisco, hacia el 4 de octubre, los cunqueiros salían de los pueblos de Tablado, El Corralín, en Degaña, y de El Bao y Sisterna, en Ibias, a vender sus piezas de vajilla doméstica a todo el sur de la Península, sobremanera a Extremadura. Hoy, los descendientes de aquellos artesanos de la madera desaparecidos con el siglo XX.
La madera es también protagonista y materia prima en el taller que Victorino García tiene en su pueblo de Tablado (Degaña). Él es desde hace años el encargado de mantener viva la tradición y la memoria de los cunqueiros o tixileiros, como ellos mismos preferían llamarse. Estos maestros del torno son los que elaboraban la tixiela, el conjunto de útiles de madera que en otro tiempo era imprescindible en cualquier cocina.
Los cunqueiros viajaban durante gran parte del año en cuadrillas por toda la península para vender sus productos en ferias y mercados. Incluso llevaban consigo el torno y las herramientas por si tenían que atender a nuevas demandas. Mientras tanto, el resto de la familia se quedaba en los pueblos, ocupándose del ganado y de las labores de la tierra. Una de las curiosidades de la cultura tixileira es la jerga que empleaban estos artesanos para entenderse entre ellos, sin ser entendidos por compradores ni autoridades.
Pero con los años este oficio ha ido desapareciendo hasta prácticamente extinguirse en la década de los ochenta. Por un lado, la madera quedó prácticamente desterrada de las cocinas. Explica Victorino, Este minero prejubilado de 44 años aprendió “desde neno” de su padre que torneaba a mano, y también tuvo la suerte de conocer en vida el trabajo de dos de los últimos tixileiros: Valdovinos del Bao y Domingo “el manquín”. Su afición le llevó a construir su propio torno con el que elabora las piezas siguiendo los modelos tradicionales: morteros, artesas o fuentes, iscudiellas, volvedeiros o cimbreiras que usaban los pastores para llevar su comida.
Victorino explica el laborioso proceso para conseguir una pieza. Primero hay que preparar la madera tronzada, en función de la pieza que se quiera elaborar. Se traza un círculo con el compás para marcar el centro. Con el hacha se perfila. Se clava en la pieza la rebola –parte del torno que va girando– y se instalan en el texterior y luego se vacía el interior. Por último queda rematar la pieza, que antiguamente no se lijaba.

jueves, 16 de septiembre de 2010

LA LUNA

En opinión del labrador, no se debe acometer operación ninguna campesina sin contar con la ayuda de la LUNA. La luna es buena unas veces y mala otras... y si se quiere que los repollos cierren bien y no espiguen; y que la tripa de los embutidos sea fuerte y no estalle; y que el abono se conserve jugoso y no "canoxe"... es necesario plantar las coles, matar el cerdo y apilar el estiercol cuando "esté buena" la LUNA.
Y si se quiere sacar patata que no se llene de "guaños"; y cortar un palo que dure mucho tiempo; y capar un animal sin que padezca, es necesario "escoger" la patata, y desgajar el palo, y dejar trabajar al capador cuando esté "buena la LUNA"...
De la LUNA se dice que está buena cuando está en cuarto menguante, y mala cuando es creciente. Pero existen también operaciones para las que el creciente es LUNA buena, y en él se embotella la sidra, porque así adquiere brío y echa humo.Para el corchado la situación se presenta muy parecida, la presión atmosférica en menguante impide dentro de lo posible, que al poner "la canilla" en la "portiella" y abrir para corchar, la sidra se puede enturbiar. Hay que recordar que uno de los mayores enemigos del buen cuidado de la sidra natural y tradicional es el movimiento ocasionado por el viento. En menguante los gases no suben con tanta facilidad a "la zapa", por lo que el riesgo que podamos tener para que la sidra se oscurezca y se mezcle en cierta manera con la "borra" o "gurullu" es menor,lo que nos evita llevar al traste y perder la calidad de toda una llagarada; y en el se despuntan el pelo las mujeres, porque de este modo las crece con más ímpetu y con mayor hermosura; y en él se verifican los injertos, porque de ese modo prenden con mayor facilidad... advirtiendo que si el injerto se hace con un día de LUNA, tardará solo un año en dar su fruto; si con dos días, dos años; si con tres días, tres años...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

LA DIETA EN LA ALDEA - LA MATANZA


En la dieta diaria y festiva de la casa tradicional asturiana, como alimento y como condimento, era la carne de la matanza, básicamente carne de cerdo. Este producto era también el resultado de un largo y laborioso proceso, que marcó la profundamente la casa y la cultura tradicional de Asturias.

El ciclo se iniciaba en los meses de diciembre y enero, cuando cada casa compraba la cría, (dos o tres cerdos de corta edad) y terminaba en diciembre con la matanza, preparación del "mondongo" (embutidos) y salado del resto del animal.

Cuando llegaba el mes de diciembre, cada casa preparaba la matanza, y así como durante el resto del año el cerdo era en cierto modo un animal tabú, esto es, no estaba bien visto su sacrificio y la comunidad lo censuraba calificándolo de crimen, porque en realidad era un crimen económico, la casa que no mataba era también duramente censurada.

El día de la matanza era un día de fiesta para la casa. Se llamaba al "matachín o matón" y a amigos y parientes para ayudar en las tareas, y la mesa era festiva. Los hombres terminaban su tarea una vez que colgaban los cerdos, pero las mujeres debían "desurdir o desengriar" las tripas (quitarles la grasa que tenían adherida), lavarlas, picar, adobar, embutir y colgar el "mondongo". El primer día hacían las morcillas, y los días siguientes, después que el matachín "estoucinaba"(despiezaba los cerdos), hacían las "androyas"(sabadiego), la "llinguaniza"(el chorizo) y los "choscos y el butiellu". El resto del animal se salaba y una mínima parte se consumía en fresco. La carne permanecía en la sal alrededor de tres semanas, casi el mismo tiempo que se tenía el embutido al humo.

La matanza tenía otras connotaciones sociales, pues se fortalecían los lazos entre las casas mediante la ayuda mutua y con la prueba o "preba l´adobu o prueba del gocho" a los amigos y parientes (hígado, grasa fresca, costillas y lomo). En la casa tradicional asturiana los jamones se vendían o se cambiaban por otros productos de menor valor.

(La Casa Asturiana)Adolfo Carcía Martínez.

martes, 14 de septiembre de 2010

HISTORIA DE VILLAVICIOSA


Prehistoria y época romana

La fertilidad de la tierra y las buenas condiciones físicas, geográficas y climáticas de todo el concejo nos hacen suponer que desde la época epipaleolítica, en la etapa Asturiense, ya estuviese colonizado el territorio maliayo, teniendo el concejo una importante muestra de monumentos megalíticos.
Los asentamientos castreños también fueron múltiples y diversos, localizándose la mayoría de ellos en el eje de la ría, más hacia la costa-rasa occidental. La etapa dominadora romana se deja sentir en gran manera en el municipio, dado que el territorio era muy fértil y además tenía una salida al mar. Varias son las lápidas y estelas repartidas por todo el concejo que prueban dicha colonización, como las encontradas en la iglesia de Grases o la de Miravalles. De igual manera también se han encontrado restos arqueológicos de antiguas Villas Romanas en la desembocadura de la ría en el actual Rodiles y que se supone que era la famosa Noega.

Durante el siglo XII, representantes del territorio se reúnen con el Obispo Pelayo de Oviedo con el fin de poner fin a los desórdenes que se estaban produciendo en toda la zona. Ya en tiempos de Alfonso IX, se empieza a constituir el concejo gracias a la política repobladora y urbanizadora que él mismo inició, siendo el año 1270, cuando el rey Alfonso X el Sabio, concede la carta puebla o villa mediante documento fechado en Vitoria el 17 de octubre y en el que establece que la población se asiente a partir del lugar llamado Buetes.1 Al mismo tiempo que se crea el territorio maliayo, una orden Cisterciense se establece en el fondo del valle en Boides, fundándose el monasterio de Valle de Dios (Valdedios), constituyendo un señorío jurisdiccional y que ejerció una labor civilizadora y ordenadora.

En el siglo XIV, el territorio pasa a denominarse ya como Villaviciosa, tomando dicho nombre por la fertilidad que tenían sus tierras, que ofrecía una abundancia de productos. También durante este siglo las gentes del municipio apoyarían al obispo Guterre en su lucha contra el conde de Gijón, salvaguardando los intereses del príncipe Don Enrique. Ya a finales del siglo XV un acontecimiento marca la vida de la villa, y este no es otro que el incendio que asoló la Capital destruyéndola por completo. Por este motivo los Reyes Católicos expiden un documento mediante el cual entregan una cantidad de dinero con el fin de reconstruir toda la zona. Se tiene constancia durante esta época, de la existencia de un hospital en las inmediaciones del templo de Santa María, al ser el concejo lugar de paso en el peregrinar a Santiago por la ruta de la Costa.

El siglo XVI, deja en Villaviciosa uno de los sucesos más relevantes dentro de la historia del concejo, que es el desembarco y hospedamiento en la villa del emperador Carlos I de España en 1517.2 El monarca, arribó a puerto en Tazones por culpa de una tormenta que hizo variar el rumbo que seguía toda la corte a Santander. Una vez en el concejo se dirigió junto con su hermana Leonor hacia la Villa hospedándose en la casa de Rodrigo de Hevia, en la cual permaneció tres días y cuatro noches completas, recibiendo durante su estancia a los regidores del concejo. Pasados esos tres días, abandonó el concejo por tierra en dirección a la vecina tierra de Colunga.

En el siglo XVII se produce un gran cambio en la villa, transformándose por completo el panorama urbanístico de la misma, apareciendo nobles casonas, palacios y plazuelas, conservándose actualmente buena parte de este desarrollo urbano. A finales del siglo los franciscanos fundan un convento en la villa con el fin de predicar las enseñanzas derivadas del concilio de Trento, ubicándose en un primer lugar en la Vallera, siendo sustituido por otro en un lugar próximo, de mayor capacidad y cuya iglesia conventual es el actual templo parroquial.


Siglo XIX en adelante
El siglo XIX nos deja en el concejo las consecuencias de la guerra de la Independencia contra Francia, sufriendo la villa numerosos ataques, logrando ocupar los franceses el territorio durante varias ocasiones, hasta que se les expulsó definitivamente. En 1835 se instaura definitivamente el ayuntamiento constitucional, desapareciendo los poderes concejiles que fueron ocupados durante mucho tiempo por familias poderosas. A finales de siglo una nueva clase social emerge en la zona, la burguesía liberal, que origina a su vez el nacimiento de un sindicalismo obrero muy revolucionario. La actividad comercial crece de manera considerable gracias al emplazamiento de su ría, navegable entonces.
Villaviciosa posee un repertorio completo de obras románicas y prerrománicas, destacando el conjunto arquitectónico formado por San Salvador de Valdediós (El Conventín), la iglesia adyacente de Santa María y el convento monacal que lo acompaña. Actualmente está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Data del siglo IX, y fue construido por Alfonso III el Magno. Está estructurado en tres naves y tres capillas, conservando en su interior interesantes capiteles y pinturas murales. Se trata de un prerrománico tardío en el que pueden observarse leves influencias mozárabes. La iglesia de Santa María, es de estilo románico, y consta de tres naves rematadas en ábsides semicirculares, con buenas ventanas y portadas. Guarda una inscripción de su fecha fundacional (1218).

También posee una destacada muestra arquitectónica civil, siendo declarada la Villa como conjunto Histórico Artístico. Así todavía se puede contemplar los restos de una antigua muralla medieval en la unión de las calles del Sol y del Agua. Estas calles conservan cuidadas construcciones alineadas, caracterizadas sobre todo, por las galerías corridas, salientes aleros y balcones de madera. Dentro de las casonas que hay por toda la villa destacaremos:
• La Casona de Valdés, de planta rectangular y tres pisos con guardilla. También tenemos el palacio de la torre de la Pedrera, de planta rectangular y dos pisos, formando su portada un arco de medio punto, flanqueado por columnas dóricas. También conserva una capilla.
• Otra de las casonas importantes es la casa de Hevia, famosa por ser donde se hospedó Carlos I. Es un bloque cúbico de tres plantas y presenta en la segunda planta dos escudos ornados con el águila imperial.