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miércoles, 22 de julio de 2015
LOS VAQUEIROS DE ALZADA
Gaspar Melchor de Jovellanos definió a los habitantes de las brañas como “vaqueiros” porque vivían de la cría de ganado vacuno, y “de alzada” porque su asiento no es fijo, sino que “alzan” su morada y residencia para emigrar anualmente, al llegar la primavera, con sus familias y ganados a los altos pastos. Los vaqueiros rigen su vida y costumbres en una mágica comunión con la naturaleza. Para el mes de mayo las familias subían con el ganado hasta las montañas del interior en busca de frescos prados para regresar de cara al invierno a las brañas más próximas a la costa donde las comunidades vaqueiras desarrollaban sus actividades. ´
Hay dos fechas que marcan el inicio y fin de la alzada: San Miguel de mayo y San Miguel de septiembre. Llegada esta fecha, los vaqueiros regresan de las altas montañas del interior a las zonas bajas junto a la costa. La revolución de los transportes ha afectado, lógicamente, a este viaje entre las brañas, que ahora se hace con medios motorizados, subiendo y bajando el ganado y los enseres con camiones, en vez de formar esas procesiones en las que antaño las familias enteras con sus enseres practicaban la trashumancia.
La marginación de los Vaqueiros de Alzada como grupo social ha sufrido por parte de Xaldos (aldeanos ribereños) y Marnuetos (aldeanos de las marinas) un trato injustificado. Así, cuando los Vaqueiros bajaban al mercado o a la romería de alguna villa, tenían que organizar sus propios bailes en un lugar apartado de los demás Xaldos o Marnuetos. En las tabernas se les servía la bebida en vasos de cuerno en lugar de un vaso de cristal, y así infinidad de detalles marginales.
Esta marginación de los Vaqueiros de Alzada como grupo social ha sufrido por parte de Xaldos y Marnuetos un trato injustificado. Así, cuando los Vaqueiros bajaban al mercado o a la romería de alguna villa, tenían que organizar sus propios bailes en un lugar apartado de los demás Xaldos o Marnuetos. En las tabernas se les servía la bebida en vasos de cuerno en lugar de un vaso de cristal, y así infinidad de detalles marginales. Las burlas hacia los Vaqueiros eran frecuentes y los insultos crueles. Ese odio ilógico de los Xaldos creó en los Vaqueiros un odio recíproco y un desprecio hacia los aldeanos, al os que les cantaban coplas como:
"Vale más un Vaqueiro que Veinticinco aldeanos".
Las absurdas diferencias de Xaldos y Vaqueiros han desaparecido del todo o casi del todo. Pero en Tineo, como en los demás concejos con fuerte presencia Vaqueira, aún se es o no Vaqueiro, se vive o no en un pueblo vaqueiro, se tiene o no sangre vaqueira, sin peyorativos. La iglesia, participó activamente en la discriminación padecida por los Vaqueiros. Y es que en algunas parroquias se halla dividida la iglesia en dos partes por medio de una baranda o portón de madera que la atraviesa y corta de un lado a otro. En la parte más próxima al altar se congregaban los parroquianos de las aldeas, como en la más digna, a oír los oficios divinos, y en la parte inferior los Vaqueiros.
Tampoco el acceso a la iglesia era por la misma puerta, marcada así una puerta o arco por una inscripción en las losas o en el suelo que hacía más evidente dicha separación. Tampoco podían los Vaqueiros portar cruces, pendones e imágenes en las procesiones. Jovellanos en el año 1792 anotó ya en sus diarios que: "hay un pleito escandaloso con los Vaqueiros, a quienes no se les puede dar la Sagrada Comunión sino a la puerta de la iglesia, ni dejar internarse en ella a los divinos oficios". Numerosas veces pleitearon los Vaqueiros para acabar con tan injusto orden de cosas, pero, salvo en las contadas ocasiones en que encontraron un párroco comprensivo, siempre llevaban las de perder.
Empezó a cambiar la situación en el siglo XIX, con la instauración en España del constitucionalismo. Según Acevedo, eran los Vaqueiros un pueblo muy creyente y fiel a sus creencias, los cuales se inscribían en las cofradías de la parroquia y contribuían siempre a la iglesia con limosnas. Los Vaqueiros mantenían una tradición exclusiva, la bendición del ganado por la Virgen Vaqueira, que era la Virgen del Acebo.
Fuentes visitadas.
Wikipedia.
www.tineo.es
viernes, 15 de mayo de 2015
LA MIEL
LOS “Cortinos” son antiguas construcciones de planta circular con altos muros de piedra destinados a proteger los colmenares de los ataques del oso. Este tipo de construcciones son comunes en el occidente asturiano donde la apicultura tuvo un mayor desarrollo, siendo especialmente abundantes en el concejo de Ibias. Los “talameiros”, mucho menos frecuentes, tenían la misma función y consistían en construcciones ortogonales En el interior de los cortinos, generalmente en terrazas que se adaptaban a la topografía del terreno, se colocaban los “truébanos”, colmenas tradicionales fabricadas con troncos huecos de castaño y corteza de alcornoque.
Las abejas construían en su interior sus panales de miel protegidas del frío durante el invierno o del fuerte calor del verano. Una gran losa de piedra era utilizada como tapa de los trúebanos para evitar que entrara el agua de la lluvia. No hace más de veinte años, miles de estas colmenas estaban distribuidas por las montañas donde habitaba el oso. Este antiguo sistema de explotación apícola data de la época romana en la que tras la conquista de la Península Ibérica, fueron introducidas las técnicas para la cría de las abejas y la extracción de la miel, perdurando en algunas montañas hasta la actualidad. Por desgracia, la mayoría de estas viejas construcciones de piedra permanecen hoy día abandonadas en la montaña y sus muros se van desmoronando poco a poco.
LOS ABEYEIROS-
Los apicultores del occidente asturiano, denominados abeyeiros, eran auténticos profesionales que podían explotar cientos de truébanos en varios cortinos de los alrededores. Tenían totalmente perfeccionado el procedimiento de extracción de la miel de manera que no afectara a la supervivencia de sus colonias. El proceso, denominado castrar o esmielgar, consistía en extraer con la esmielgadora el excedente de miel de cada truébano respetando a las abejas y a su cría Sin embargo el resto de Asturias practicaba una “depredación controlada”.
Los escasos apicultores explotaban pocos truébanos –o caxellos en el oriente- colocados junto a las dependencias de la casería. Los enjambres que eran capturados en primavera se mataban a finales del verano para obtener miel. Hemos recogido testimonios de sistema en el concejo de Somiedo, donde, envueltos en una sábana, llevaban los truébanos al río para matar a las abejas y extraer la miel sin dificultades.
El censo más antiguo que poseemos de colmenas en Asturias data del siglo XVIII; se trata del Catastro del Marqués de la Ensenada, censo con afán recaudatorio realizado en 1752 por medio de encuestas. Este catastro estimaba que el censo de colmenas rondaba las 65.000. En aquellos años, las abejas silvestres poblaban todo el territorio. Hoy día existen censadas en la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente del Principado de Asturias 24.000 colmenas, localmente muy concentradas, y con la abeja silvestre prácticamente desaparecida.
* ABEYA: Abeja
• ABEYA MAESTRA: Reina.
• ABEYERA: Melisa officinalis, melisa. Planta con olor a limón que se creía atraía a los enjambres
• ABEYERU, ABEYEIRO O ABEYISTA: Apicultor
• ALDO: Movimiento de orientación de las abejas
• AFUMADOR, FUMERU O BOTAFUMEIRO: Ahumador
• BÁZCARU: Zángano
• CALDUYA: Tapa del truébano fabricada con madera o corteza
• CAPAR: Dividir una colmena
• CASTRAR O ESMIELGAR: Extraer de la colmena parte de los panales con miel
• CAXELLU, TRUÉBANU O CUBU: Colmena tradicional
• CORTÍN O CORTIXU: Colmenar cerrado de piedra para proteger las colmenas del oso
• ENSAME: Enjambre
• ESMIELGADORA: Cuchillo especial para castrar las colmenas
• MIELERU: Persona que vende miel
• SETA: Panal
• TALAMEIRO: Colmenar de piedra de planta cuadrada.
Fuente visitada.www.fapas.es
miércoles, 15 de abril de 2015
LA SOCIEDAD FAMILIAR EN ASTURIAS
Lo que no ha cambiado es la estructura organizativa interna de la sociedad familiar asturiana, que ha hecho recaer la autoridad y gestión de la misma en los miembros de más edad. Así, por poner sólo un ejemplo, los ingresos obtenidos con la venta de los productos de la explotación son guardados y administrados por ellos. También, y refiriéndonos en concreto a la esfera femenina, siguen manteniéndose los símbolos que marcan esta jerarquía, como la posesión de la llave del hórreo por el miembro de más edad del sexo femenino. La entrega de cualquiera de estos instrumentos a los jóvenes implica, tácitamente, el traspaso de poder.
Los miembros de la generación joven de la sociedad familiar suelen estar unidos por matrimonio y emparentados con los miembros de la generación de vieyos; normalmente se trata de un hijo o una hija de dicha generación, aunque la ausencia de tales circunstancias no implica prohibición para constituir la sociedad. Cuando existe parentesco cosanguíneo lineal (padres-hijos) el miembro ajeno a la familia recibe diferentes nombres: la nuera se llama la nueva o la venía y el yerno, el veníu. Los jóvenes no tienen ninguna capacidad de decisión y deben subordinarse a las órdenes de los vieyos. El traspaso de poder dentro de la sociedad familiar sigue un proceso biológico, de modo que sólo tras la muerte de los miembros más ancianos de la sociedad familiar, salvo acuerdo, el matrimonio joven podrá tomar las riendas de la explotación. La acción de constituir una sociedad familiar se llama “casar pa en casa”, “casar en casa”, “casar para casa”, “troncar en casa”, etc.
Otro rasgo característico de la sociedad familiar asturiana, ya implícito en las ideas anteriores, es el respeto a la jerarquía: los vieyos administran y gestionan los recursos de la empresa familiar; la venta de productos debe ser aprobada por ellos, aunque los jóvenes son los que van al mercado; pero, en todo caso, los ingresos deben entregarse a los vieyos. Igual sucede con el pago de la renta por la explotación, la contratación de obras y cualquier decisión que afecte a la empresa familiar.
fuente www.asturias.es
martes, 7 de octubre de 2014
LA CASERÍA ASTURIANA
La casería está formada por la casa y sus dependencias anejas; por el terrazgo e incluso por los derechos de aprovechamiento de los montes comunales. La casa se sitúa en un espacio cercado denominado solar, rodeado por la antojana. En ésta se sitúan las dependencias anejas: el hórreo, el pajar, la cuadra y otros espacios dedicados al almacenamiento. Alrededor del cercado de la antojana se dispone el huerto y los árboles frutales.
En el terrazgo se disponen de los espacios para el uso ganadero y el resto de los usos agrícolas. Las partes más llanas se dedican para el cultivo de cereales. Estos espacios, denominados erías, cortinas o llosas, se cercan para evitar la entrada del ganado.
Por otra parte, las partes más inclinadas o más húmedas en el fondo de valle, se dedicaban a prados, para el aprovechamiento ganadero. La casería forma una unidad de producción, de residencia, de consumo, de explotación y, en el pasado, de recaudación. Según las zonas de Asturias, la casería se conoce también como quinta o quintana.
La casería surge en la Edad Media como consecuencia de la colonización del suelo. La tierra, en manos de la nobleza y del clero, y posteriormente de la burguesía, era entregada a familias de campesinos en parcelas de pequeñas dimensiones, a cambio de una contraprestación. La clase dirigente explotaba la tierra y sus frutos, mientras los campesinos la trabajaban, obteniendo apenas lo suficiente para su subsistencia. En el siglo XVI las caserías constituían el único medio de vida del campesinado y una valiosa fuente de riqueza de los grandes dominios territoriales. La casería se consolidó como estructura económica y social en siglos posteriores, permaneciendo su estructura hasta finales del siglo XIX. Sus caracteres esenciales han permanecido hasta mediados del siglo XX.
Durante muchos siglos, la casería ha sido una unidad de explotación, que ha hecho de la tierra el modo de vida de la familia campesina asturiana.
Según la compilación del derecho consuetudinario asturiano, la casería se define como: (una unidad económica y de explotación familiar formada por elementos disociados, tanto en lo que respecta a su naturaleza —casa, antoxana, edificios anexos y construcciones complementarias, hórreos o paneras, huertos, tierras, prados, montes, árboles, animales, maquinaria y aperos de labranza, y derechos de explotación en los bienes comunales—, como a su sistema de propiedad —privada, en arriendo o en aparcería—, a su localización dispersa y a su destino o aprovechamiento —cultivo, recolección, pastizal—, que forman un conjunto agropecuario capaz de dar sustento a una familia campesina, sin perjuicio de que ésta pueda tener otras fuentes complementarias de ingresos).
-Boletín de la Junta General del Principado de Asturias del 9 de marzo de 2007-
Fuente visitada. wikipedia.
jueves, 25 de septiembre de 2014
EL HÓRREO SEGÚN DESCRIPCIÓN DE CANELLA Y BELLMUNT
“Fuera de la casa, en la antojana frente a la vivienda, se levanta el clásico hórreo,típica construcción de madera sostenida por cuatro pilares de piedra o madera, los pegollos, colocados en los ángulos sobre otras tantas bases de cantería, los pilpayos, y coronados por cuadradas pegolleras o muelas de igual materia para evitar la subida de ratones.
Sobre ellas descansan las cuatro vigas o trabes, donde se colocan las tablas de castaño o roble de los frentes colondres que, unidos unos a otros forman las cuatro caras o colondrames. La cubrición es de teja y la independiente ascensión a la escalera de piedra que, para defender más de roedores y alimañas al edificio, no llega a éste, siendo preciso una revalgada desde la escalera a la talandoria o tabla horizontal a donde llega el campesino, cogiéndose a una aldaba a fin de entrar en el hórreo, por la puerta principal enfrente de la estrecha y posterior portuca, que se abre en horas de ventilación.
El interior de aquel no está generalm ente dividido en compartimentos, como las paneras u hórreos de seis o más pegollos, propias de caseríos de más importancia. En caprichoso desorden se distribuyen por aquel interior el maíz en grano, en panoyes o en riestres, el trigo y la escanda, les fabes, castañas y más frutos, allí bien conservados y preservados de la humedad. De las vigas o cruces, que sostienen la cubrición, penden de cuerdas y garfios ropas, macones, paxos, cestos de todas clases, herramientas y aperos, etc. No pocas veces también el hórreo o panera pertenece o lo “llevan” una o varias familias, así como también sirve de dormitorio o suplemento sano y ventilado a las casas.
Son siempre construcciones curiosas ,y no pocas lujosas con singulares adornos de talla, pinturas vistosas en los lienzos y en los corredores alrededor, cuyo espacio asimismo se dedica a orear y secar producciones de determinadas épocas.
Debajo del hórreo se coloca también el carro como en ocasiones ciertos preseos y artefactos, bien que también ahora se cierra a veces dicho espacio por más debajo de las pegolleras, lográndose un departamento de aplicación varia.”
( Descripción de Fermín Canella y Octavio Bellmunt sobre este tipo de edificaciones en el Tomo III: 22 de Asturias ).
miércoles, 5 de junio de 2013
LA COMIDA EN LA ASTURIAS DEL S. XVI
El recuerdo del paso de Carlos I por Asturias (con motivo del centenario de su nacimiento) ha planteado en Colombres la pregunta de qué comería durante su estancia en estas tierras y, en consecuencia, cómo sería la dieta de los asturianos en aquella época, comienzos del siglo XVI. Porque debe tenerse en cuenta que durante la primera noche de navegación, a la salida de Flesinga se incendia una de las cuarenta naves de la gran flota real, precisamente la que transportaba las caballerías y los cocineros, por lo que el rey (que es como le denomina su cronista Laurent Vital, aunque todavía no lo fuera) y quienes le acompañaban, hubieron de alimentarse con lo que era la alimentación normal de los asturianos de aquel tiempo.
Debe tenerse en cuenta también que Asturias era una tierra pobre y aislada, y, por tanto, mal abastecida: el gran problema de Asturias por aquel tiempo, y hasta hace poco, fue el de los aprovisionamientos. En Colunga, Vital (cronista, por lo demás, de buena conformidad, si lo comparamos con nuestros escritores clásicos, que tanto denostaron las posadas de su tiempo, o con los viajeros de los siglos XVIII y, sobre todo, XIX) se queja de que en aquella tierra no se pueden obtener las comodidades más elementales ni por más dinero de lo que valieran.
No obstante, Vital reconoce que «el que va por los campos, de un país a otro está sujeto a los alojamientos tal como los puede hallar: unas veces buenos, otras muy malos».
Desde luego, don Carlos y su séquito, al desembarcar en Asturias. No podían ni soñar con ser recibidos con los banquetes con los que fueron despedidos en Flandes, algunos, como el que se dio en Bruselas con motivo de las fiestas del Toisón de Oro, de magnificencia medieval. Aunque ven tierra en Tazones, prefieren tomar tierra en Villaviciosa, suponiendo que, por ser mayor, estará mejor abastecida. Pero una vez en ella, apenas encuentran qué cenar, por lo que han de improvisar una tortilla, con huevos y carne de cerdo.
Corre una leyenda, difundida, entre otros, por don Constantino Cabal, sobre que a don Carlos le sirvieron sardinas, y él, aunque le gustaron de primer sabor, las despreció cuando se enteró de que era tal su abundancia que las aprovechaban para cuchar los campos. Al día siguiente, los señores y gobernadores de la villa obsequiaron a don Carlos con seis vacas, veinticuatro corderos, doce cestos de pan blanco y varios pellejos de vino.
En Nueva de Llanes, el rey comió en la torre de San Jorge, pero el intendente Boisset, que da la noticia, no especifica qué comió. En Llanes vuelven a entregarle pan y vino, y muchos cortesanos enfermaron (dice, eufemísticamente, Vital) a causa del vino. Es de notar que en todas partes le dan al rey vino y no sidra; sin duda, los asturianos de aquella época consideraban que la sidra no era bebida apropiada para el paladar de un rey. Al llegar a Colombres encontraron «la comida dispuesta», y al día siguiente, antes de marchar, desayunaron bien.
Cien años después de este viaje escribe el P. Luis Alfonso de Carvallo las «Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias», libro hiperbólico donde los haya. En él se destaca y ponderada mucha fertilidad de Asturias y su tierra, la mucha caza y pesca, y buena huerta. De creer a Carvallo, Asturias nadaba en la abundancia a comienzos del siglo XVII. Todavía a finales del siglo XVIII, Bruno Fernández Cepeda insiste en esa supuesta abundancia:
(“ Hai la llebre en cualquier matu, / la perdiz en cualquier bardia, / la arrea en cualquier regón / (...) Hay pescades como borra, / xardón a taca retaca, / congrios a trompa talega. “)
Pero la realidad era muy otra. Según Feijoo, la dieta del campesino asturiano consistía en «un poco de pan negro, acompañado de algún lacticinio o de alguna legumbre vil, pero todo en tan escasa cantidad que hay quienes apenas una vez en la vida se levantan saciados de la mesa». Ahora bien: como apunta Vital, si los labradores trabajaran la tierra como se debe, ésta igualaría en Fertilidad a la de Flandes.
La llegada del maíz de América supuso un gran refuerzo alimentario, o mismo que la difusión del pote, en el siglo XVIII. El consumo de la patata no se generaliza hasta el primer tercio del siglo XIX, por oposición eclesiástica, y sustituye en el pote, con éxito, a nabos y castañas. Sin maíz, sin patatas, sin trigo, sin aceite, con vino escaso, la cocina asturiana que conoció don Carlos era pobre y poco variada, fundamentada en el mejor de los casos en el cerdo la leche.
La cocina asturiana, hoy prestigiosa, no adquiere ese prestigio hasta el siglo XIX, e incluso hasta bien entrado en siglo XX, según Post-Thebussem.
( Ignacio Gracia Noriega La Nueva España • 10 octubre 2000 )
Fuente visitada. ignaciogracianoriega.net
domingo, 2 de junio de 2013
EL CERDO ASTURCELTA
El cerdo asturcelta.
Por Benedicto Cuervo Álvarez.
El cerdo asturcelta (en asturiano gochu’l país). Como su propio nombre indica, se trata de la raza porcina autóctona del Principado de Asturias, estando encuadrada filogenéticamente, además, con una población adscrita al antiguo Tronco Celta, emparentado con otras razas de este mismo tronco como son: Craonesa, la normanda, la bretona, y la alsalciana, (de Francia), la flamenca, hesbignon y la ardanesa (Bélgica), el jutland y el seeland (Dinamarca) o la polonesa (Rusia).
En bastantes castros asturianos, como el de la Campa de Torres, en Gijón o el de Cellagú, en Oviedo, se han encontrado multitud de restos óseos del cerdo asturcelta, lo que demuestra que este animal formaba parte de su dieta alimenticia. En el s. I. a. C, Estrabón elogia los jamones del cerdo cantábrico que hacían competencia a los jamones de la Cerretania (La Cerdaña). A principios del siglo XVII, en 1622 , Luis de Valdés en sus “Memorias de Asturias”, dice: “Hay una gran cantidad de jabalíes por los montes al igual que de gochos (cerdos) criados con bellotas del roble y de castañas por lo cual su tocino es sabrosísimo cocido porque es fibra, pero no es tan bueno asado, ya que no tiene el gordor del de Castilla”. En la mayor parte de las parroquias asturianas, ya desde el siglo XVIII, las Juntas Vecinales dictaban normas sobre los cerdos asturceltas para que fuesen colocadas unas anillas en el hocico y así no remover el suelo del monte. A la gente que no cumplían con estas normas, se les imponían fuertes multas.
Los cerdos asturceltas son animales rústicos, ágiles, con buena aptitud para la marcha por su fuerte aparato locomotor que le permite recorrer grandes distancias en el pastoreo. En su día, la raza se distribuía por toda la geografía asturiana. A mediados del siglo XVIII en el Catastro del Marqués de la Ensenada se informa de la existencia en Asturias de 278. 448 cerdos. Un siglo más tarde, a mediados del siglo XIX, en el Diccio-nario geográfico de Pascual Madoz, señala que el total de la cabaña porcina en Asturias era de unos 250. 000 ejemplares. Sabemos, gracias a Félix de Aramburu, que a finales del siglo XIX, el cerdo asturcelta era muy abundante todavía en Asturias. En su “Monografía de Asturias”, publicada en Oviedo, en 1898, señala que, en ese mismo año, había censados 134. 955 ejemplares en todo el Principado.
Este animal estuvo muy unido a la vida rural asturiana, pero debido a las introducciones de otras razas más beneficiosas comercialmente el número de ejemplares descendió hasta llegar al punto de casi su extinción. La capa más frecuente en el siglo XIX y primeros del XX debía ser negra, pero hoy se encuentran capas de color blanco, negro o manchado (pezu o brazalbo). Puede considerarse que, hasta el primer tercio del siglo XX, el cerdo asturcelta estaba distribuido por todo el territorio asturiano, estando presente en todas las caserías asturianas, contribuyendo al sistema alimenticio de subsistencia imperante, hasta hace apenas medio siglo, en el medio rural astur.
Las características morfológicas más importantes del cerdo astur-celta son que se trata de animales de perfil subcóncavo, cabeza grande, ancha y alargada. Ojos pequeños. Orejas largas, caídas y dirigidas hacia delante. Jeta ancha. Cuello estrecho y largo. Tronco largo, costillar aplanado, con línea dorso-lumbar algo arqueada y estrecha; anca caída y costillar aplanado. La longitud, de la nuca al nacimiento del rabo llega al metro y medio. Musculatura de tipo rústico. Piel gruesa con abundantes cerdas, largas y fuertes. Extremidades largas y huesudas terminando en unas pezuñas duras. Rabo muy largo, sin enroscar y con cerdas en el extremo. El color de estos animales es prietu (negro), blanco y pezu o brazalbo (con manchas), nunca rojo. En cuanto a alzada, alcanza los 100 cm. El peso de los animales adultos oscila entre 180 y 230 Kg. en las hembras y entre 230 y 280 Kg. en los machos. Según Alberto Baranda: “La mejor forma de explotación pasa por la cría al aire libre con una alimentación adecuada durante el crecimiento y un acabado a base de bellotas, castañas y otros productos del monte para el engorde del ganado porcino para la producción de carne en sistemas de explotación extensivos, donde, generalmente, los animales de fase de cebo se finalizan aprovechando los recursos naturales de su entorno, lo cual confiere a su carne una elevada calidad”.
Así, pues, gracias a su gran rusticidad y adaptación al medio en el que habita, la raza se cría al aire libre, correspondiéndose con sistemas de explotación de bajo coste, al tratar de optimizar el aprovechamiento de los recursos naturales del medio mediante pastoreo, además de la complementación con ración suplementaria a base de cereales y leguminosas, normalmente, en forma de torta o harina. La mejor finalización del cebo se consigue con el aprovechamiento de bellotas, castañas y otros productos del monte, responsables de gran parte de la consecución de la calidad de la carne que estos animales atesoran. Sobre la alimentación la Asociación de Criadores del Gochu Astucelta, precisa aún más y nos dice lo siguiente: “Por lo general se le daba de comer dos veces al día, una hacia el medio día y otra al atardecer; la base de la alimentación eran las lavanzas, producto de la limpieza de la vajilla, a la que se le añadían las mondaduras de la patata -cocida o sin cocerpatatas comidas por los ratones, picadas o medio podres; trozos de pan, de tortas de maíz, de cebada. Todo esto se echaba en la artesa.
También comían nabos y remo lacha, que se sembraba casi exclusivamente para ellos; manojos de berzas, maíz en verde o panojas, hojas de avellano, gamones y ortigas que se segaban y se cocían para añadirlas a las lavazas y por supuesto hayucos, bellotas y castañas, que muchos les daban peladas pues afirmaban que de este modo engordaban más”. Los productos obtenidos, tras la matanza del cerdo asturcelta, se destinan a la conservación por humo (ahumados) o por salazón (salmuera). Entre los ahumados están los embuchados: Chorizos, sabadiegos, longaniza, morcillas, choscos, costillas, el rabadal. De los obtenidos en salmuera: El tocino, los jamones, o los lacones.
Fuente visitada. waste.ideal.es/cerdoasturiano
sábado, 9 de febrero de 2013
EL CULTIVO DE LA ESCANDA
La escanda, “Triticum espelta”, es un cereal con pedigrí, antiquísimo y auténtico. Un trigo salvaje cultivado casi desde tiempos prehistóricos. Su molienda data al menos de 22.000 años antes de Cristo en Israel. Se trata de una planta bien adaptada al medio asturiano, ya que desde la antigüedad es fiel a regiones montañosas y muy resistente al frío, al exceso de humedad, así como al ataque de los pájaros e insectos por su vaina (gluma), que no se desprende después de la trilla sin la ayuda de molinos especiales.
Tras un declive continuado de este cultivo desde el siglo XVI, los nuevos tiempos y las nuevas pautas de mercado, decantadas por la producción ecológica y la calidad alimenticia, colocan a la Escanda asturiana ante un nuevo renacimiento y una paulatina extensión de tierras para su cultivo. Lejos de intervenciones transgénicas, la escanda mantiene sus orígenes intactos, y se aleja por tanto de ese dominio paulatino de productos sin personalidad, faltos de aroma, sabor e incluso nutrientes.
La escanda asturiana tiene un 50 por ciento más de proteínas que el trigo común, un alto valor nutricional que se concreta en numerosas características saludables, muchas más que cualquier otro trigo modificado.
En Asturias preocupa especialmente que la espelta cultivada conserve su esencia genética, y con ello se consigue un cereal que cuyo contenido en proteína es superior al 14%, destacando la presencia de los 8 aminoácidos esenciales; también tiene más sabor y es más digestivo que el trigo blanco; al ser la semilla original produce menos síntomas alérgicos, además aporta mucha fibra y ácido silícico: uno de los nutrientes más necesarios en nuestro organismo ya que ayuda a la reconstrucción de tejidos y órganos. La escanda asturiana estimula el sistema inmune del cuerpo, ya que tiene un alto contenido en vitamina B. Entre los minerales que aporta figuran el sodio, potasio, hierro, magnesio y calcio. Por si esto fuera poco, la grasa que contiene la espelta es fundamentalmente del tipo insaturado. No contiene colesterol y es rica en ácidos grasos esenciales. Su alto contenido en Triptófano tiene efectos positivos en el bienestar general del cuerpo y de la mente ya que contribuye a la producción de serotonina.
Casi exclusivamente en Asturias se está iniciando un esfuerzo para la replantación de la espelta, y la reciente mecanización en el proceso recolector, desgranado y molienda ha permitido que la escanda amplíe su mercado sin renunciar a su carácter ecológico. Esto a la vez propicia un resurgimiento en panadería y confitería. El trigo común puede ser sustituido por la escanda asturiana en panes, galletas, tortas, bollos preñaos, pastas, pizza, crepes y pasteles, así como en la producción de pasta.
En cuanto al pan de escanda propiamente dicho, se sustenta en una harina fina, esponjosa, de tono grisáceo y poco denso. Presenta gran estabilidad al amasado. Una vez fuera del horno, el pan se caracteriza por su corteza lisa, blanda y fina, de color entre anaranjado y tostado; su aspecto es homogéneo al corte, su textura esponjosa dependiendo del porcentaje de escanda empleado. Se puede mantener durante varios días sin perder los atributos del pan fresco. Su sabor y aroma es muy peculiar, con un ligero toque a nuez.
El cultivo de la escanda merece una especial mención en los concejos de Grado, Pravia, Belmonte, Somiedo, Proaza, Yernes y Tameza y zonas limítrofes, al igual que algunas parroquias de Salas y Tineo, donde conservan este cereal tradicional y de verdadero interés etnológico.
Actualmente una empresa del concejo de Pola Lena, Speltastur, producen en torno a 300 toneladas anuales de harina regional y su éxito sirve para echar por tierra una mla racha, ya que a finales de los años noventa se encontraba casi al borde de la extinción. En la actualidad, la escanda es una alternativa sólida para la agricultura asturiana cien por cien ecológica. A los ganaderos les permite hacer rotación de cultivos en sus tierras y sacar rendimientos con la producción de grano, con el aprovechamiento añadido de la paja para los animales. En la transformación de la escanda todo se aprovecha: no hay residuos.
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Ruta de la Escanda-
El ritmo tradicicional del cultivo, recolección, desgranado y horneado es un auténtico lujo etnográfico, que no deja indiferente a quién asiste paso a paso a su proceso. Desde que en el mes de agosto se recogen manualmente las espigas con “les mesories”, pasando por el desgranado más auténtico en el pisón o molín de rabilar, hasta el tiempo lento del amasado y la preparación del horno tradicional.
Asistir a esta especie de rito ancestral, es hoy posible si recorremos la denominada Ruta de la Escanda, donde preguntando a los lugareños podremos ir asistiendo a estas actividades al calor de auténticas aldeas y paisanos de la tierra.
A lo largo de la ruta se pueden ver in situ diversos artilugios que servían para la transformación de este producto, como pisones a rabil y eléctricos, molinos hidráulicos y fornos. También se puede disfrutar de impresionantes vistas de las cuencas fluviales del Cubia y del Narcea. La primera parte de la Ruta parte desde Grado hasta El Fresno, coincidiendo con el Camino de Santiago del interior; el tramo siguiente de la ruta, desde El Fresno hasta Las Cruces, es coincidente con una parte del Camín Real de La Mesa, una de las principales vías de comunicación con la Meseta desde tiempos prehistóricos y hasta el siglo pasado.
Ruta: Grado - Alto de la Cabruñana - El Fresno - Alvaré - Moutas Sierra del Pedrorio - Los Lodos - Las Cruces - Vigaña - Villandás - Valle de Seaza - San Pedro - Agüera - Villanueva – Grado
La villa de grado se encuentra a escasos 27 kilómetros de Oviedo. Se llega a ella a través de la autovía A-63 "Oviedo - La Espina" y la carretera nacional N-634. Grado está muy bien comunicado también con Pravia, el Aeropuerto y Avilés, a través de las comarcales AS-235 y AS-237.
Fuente visitada. desdeasturias.com
lunes, 28 de enero de 2013
LA ESCANDA ASTURIANA
Los asturianos panificaban seis cereales: tres de invierno y tres de estío. Los de invierno (Escanda Asturiana, trigo y centeno), y en verano (maíz, mijo y panizo).
Entre todos los cereales que se cultivan en Asturias, ninguno se identifica mejor con la diosa de la fertilidad (Ceres Asturiana) que la Escanda. Dicho cereal ha conservado todo su carácter original y conserva una cáscara que permanece en el núcleo. Se almacena y se envía con su cáscara para separarlo momentos antes de ser molido.
El trigo común puede ser sustituido por la escanda asturiana en panes, galletas, tortas, bollos preñaos, pastas, pizza, crêpes y pasteles, así como en la producción de pasta (macarrones, espaguetis, fideos,…). En comparación con el trigo cruzado por hibridación, la escanda contiene más proteína, más grasa, y mayor contenido en minerales y en aminoácidos. Una de las particularidades del pan de escanda es que mantiene en perfecto estado de consumo durante varios días después de su cocción. En cuanto al sabor no cabe comparación, la escanda Asturiana posee una agradable sensación que ofrece más sabor y es más digestivo que el trigo blanco.
En el Principado de Asturias hay, al menos, una decena de variedades: la escanda roja (de grano rojo y excelente calidad panadera); la azulada de Grado (de ciclo intermedio, grano rojo y poco ahijamiento); la negra (de espiga negra vellosa y grano color rojo); la de Somiedo (grano color rojo oscuro, y peor calidad panadera); la escanda blanca o de la abundancia, etc. Todas ellas de la especie Triticum spelta. Simultáneamente se llaman escandas en Asturias a la povia de Malvedo, la povia Roja, la “escanda de la abundancia” y otras, encuadradas en la especie Triticum dicoccum.
El cultivo de la escanda merece una especial mención en los concejos de Grado, Belmonte, Somiedo, Proaza, Yernes y Tameza y zonas limítrofes, al igual que algunas parroquias de Salas y Tineo, donde conservan este cereal tradicional y de verdadero interés etnológico.
Alberto López García-Asenjo
Fuente visitada. cofradias.net
sábado, 12 de enero de 2013
LOS DENTISTAS SACAMUELAS AMBULANTES
la labor odontológica fue llevada a cabo inicialmente por el barbero sangrador, que además de sus otros cometidos cumplía el de sacamuelas, "el oficio más maldito del mundo", como diría Quevedo, pero sí con el beneplácito de las gentes. Y en este menester ejercido en las calles, plazuelas y feriales por charlatanes, pícaros y truhanes, simples atrevidos prácticos, que ejercían al margen de toda ciencia.
este ejercicio gritesco y espectacular, casi folklórico, de los dentistas sacamuelas ambulantes, se prohibe en España a partir de la Real Orden del 28 de Mayo de 1876, si bien es cierto que la total erradicación de los charlatanes sacamuelas aún costó muchos años.
existen noticias de algunos de estos famosos que pasaron por nuestra región, como Eduardo Ciutti, apodado "el italiano"; "Manolo, "el de la chaqueta apretá", valenciano de origen y conocido como "el dentista de la serpiente", por utilizar un aceite de tal reptil para cohibir la hemorragia post-extracción.
Feijóo aconsejaba la limpieza de los dientes con frecuencia y con polvos de xibia, o con los de pan quemado, o con sal común. En las enfermedades de los dientes se usaron procederes de magia simpática y así fue común la utilización de amuletos diversos, como dientes de lobo, jabalí etc. En los niños los dientes de leche no solían tirarse en cualquier lugar, por temor a que se derivasen males para el niño. Lo común era, y aun es, que, al menos en algunos lugares, para conseguir que la segunda dentición salga bien a un infante, que aquellos se arrojen a un tejado o al mismo cementerio.
Contra los dolores de muelas aconsejaron enjuagues con aguardiente o con infusiones de hierbas (beleño, acónito, tabaco, etc.). En Tereñes (Ribadesella) el saúco se utilizaba contra los dolores de muelas y se cantaba de esta forma.
"La flor de saúco, madre,
ya la tengo recogida,
del sereno de San Juan
que sirve de medicina"
Esta hierba, de flor de saúco, se hervía en una pequeña cantidad de leche y de este modo preparada se bebía en ayunas. también se aconsejó machacar la "hierba del sapu" y a guisa de cataplasma colocarla sobre la mejilla dolorida. El ajo fue utilizado, igualmente, en similar aplicación.
Otros procederes fueron la "camisa de la culebra, colocándola alrededor de la cabeza o la utilización de hojas de laurel , formando una cruz, en la planta del pie.
En Gijón se combatió el dolor de muelas untando las encias con la "grana" de una planta llamada "racimu de culebra", cuyos frutos rojos o "boles de culebra" se recogen en las sebes rurales.
pero sin duda, el más eficaz remedio contra el dolor de muelas fue la extracción. De ahí que se dijese: "al que le duele la muela, que se la saque". Y para combatir la hemorragia subsiguiente se hacía enjuagar con agua negra obtenida del pilón de piedra de la fragua, donde el herrero templa sus herramientas y que se admitía como beneficiosa, por su efecto hemostático y riqueza en hierro.
El mal estado de la dentadura en los habitantes de la región, aparte de otras razones higiénicas y alimenticias, la achacaba el vulgo en el pasado a que "el asturianu pierde los dientes por beber la sidra fría y comer les castañes calientes".
Fuente visitada.
Medicina Popular en Asturias.- E. Junceda Avello.
jueves, 10 de enero de 2013
HIGIENE POPULAR EN ASTURIAS
muy numerosos son los refranes asturianos entorno a la higiene y cuidados personales, de forma que a través de ellos podemos recoger una idea bastante aproximada de la cultura que las gentes poseían a este respecto y que aconsejaban poner en práctica para evitar la enfermedad, ya que ("el mal entra luego y sal muy mal"), o lo que es lo mismo es mejor prevenir que curar, pues ("quien bien se percura non i fai falta cura").
De siempre se aconsejó el no sestear bajo la sombra de un nogal (" Debaxo del nozal, non te pongas a pigaciar"). Es esta una superstición muy generalizada. La sombra de este árbol no es beneficiosa y puede ser causa de mal según las gentes, sobre todo si no se tiene la precaución de arrancar unas cuantas hojas para tirarlas al suelo. Recordemos como también a las aguas que se filtraban o surcaban por debajo de estos árboles se les atribuyó la causa del bocio.
La benéfica acción que sobre la salud ejerce la alegría, el optimismo y la alta moral, se intuye en aquella sentencia que ("el que canta sus males espanta").
el ajo, bien conocido por sus propiedades terapéuticas (tónicas y estimulantes), se utilizó como condimento en la alimentación y verosímilmente con finalidades higiénicas, tal como reza el refrán: ("las sopas de ajo ponen guapo") (fuerte).
Se creía que comiendo castañas se tendrían piojos, pero así mismo se admitía, con igual convencimiento, que tomando castañas secas o "mayolas" el día primero de año, se conseguiría el evitar las picaduras y hasta incluso no tener "miseria" y también se prevendrían las picaduras de los mosquitos.
La práctica de la ebullición del agua, especialmente en casos de epidemia, se intuyó desde hace muchas centurias por el pueblo, si bien tal costumbre no se generalizó hasta finales del XIX. Igual pudiera decirse de la leche, cualquiera que fuese el estado sanitario del ganado, pues de antiguo se aconsejaba que ("la lleche hay que bebela al pie a la vaca, o´ena cuadra").
Es tradición muy higiénica muy antigua en la región aconsejar la ingestión de una manzana cruda por las noches antes de acostarse, pues favorecía a la piel y la conservación de la dentadura, ayudando al mismo tiempo a la digestión.
La preocupación higiénico-sanitaria es antigua en nuestro medio, ya recogida en las Ordenanzas municipales que se establecieron en el concejo de Oviedo en 1274 en relación con diversos alimentos, para que ("non tenga el Pescado enna villa maes de dos dies en verano, et tres en envierno") u ordenando a las panaderas, pues por entonces el pan lo fabricaban las mujeres, so pena de multa, señalen todas las piezas elaboradas con su marca o señal (" de guisa que se lea bien"), para así facilitar la misión inspectora.
Por las actas municipales ovetenses sabemos de las preocupaciones de los antiguos ediles para evitar que los excrementos e inmundicias humanas fuesen vertidas a la vida pública. De forma que ("ninguno vierta agua sucia de las ventanas, nin ensucie las calles con orines, nin aguas podres"), bajo pena pecuniaria de cien maravedís por cada infracción o falta de colaboración en la denuncia cuando se tuviese conocimiento del hecho.
Igualmente se prohibía, especialmente a los niños, el hacer las fisiológicas necesidades en las calles y para evitar las que se produjeran en el silencio, oscuridad y soledad de la noche se ordenaba ("a todos los vesinos de la dicha ciudat que de mañana en amanesciendo fagan barrer sus puertas e alimpiar las suciedades"), que delante de sus inmuebles existiesen bajo pena de diez maravedís ("a cada uno que no tuviese su puerta limpia y barrida quando tocare la campana de prima de la iglesia mayor...")
La purificación ambiental de cámaras y aposentos se llevaba a cabo con yerbas y plantas aromáticas (romero, espliego, laurel, etc.)
No se olvidó tampoco en épocas de pestes y epidemias el aspecto psicológico de las gentes, proscribiéndose el toque de campanas y el consiguiente toque de difuntos y aún más llegó en este campo el municipio ovetense cuando acordó que saliesen ("los instrumentos de gayta y atabales y música a dar las alboradas") con lo que nuestros municipios se anticipan al uso de la música en sus efectos psicoterápeuticos.
Fuente visitada.
Medicina Popular en Asturias. E. Junceda Avello.
jueves, 15 de noviembre de 2012
LA VIVIENDA TRADICIONAL EN ASTURIAS
La vivienda tradicional de la zona centro-occidental de Asturias, en la que solían compartir espacio personas y animales, es de adobe y mampostería unido con argamasa, podía estar revocado interna o externamente. Aunque lo predominante son casas de planta baja, en altura, la vivienda podía tener hasta dos alturas. En planta, la estructura es la siguiente: portal, desde el que se accedía a todas las estancias del edificio; la cocina o llar, separada o no del portal mediante tarimas o tabique.
Dos son los elementos utilizados para elaborar la comida: el llar y la “forna”. El llar o fogón, inicialmente sobre el suelo, está protegido por piedras o ladrillo. Con posterioridad, se comienza a utilizar el llar alto, sobre poyo o meseta y, más tarde aún, llegan al concejo las cocinas bilbaínas, de carbón o leña. Sobre el llar se colocaban lastrébedes, útil éste de hierro en forma de aro o triangular con tres pies, que servía de asiento a los cacharros de cocina. Algunas trébedes tienen mango con un pie al final para facilitar su retirada del fuego sin quemarse. Asimismo, sobre el llar se colocaban “les cala miyeres” o «caramilleres», cadenas estás de hierro que colgaban de la chimenea o de un triángulo rectángulo de madera , el cual giraba sobre unas bisagras para apartar «les calamiyeres» a voluntad del fuego.
«Les caramilleres» terminan en un gancho sobre el que se colgaba la caldera. Asimismo, tenían otro gancho para unirlo a algún eslabón de la cadena para subir o bajar la caldera. Sobre el llar, y por debajo del tiro de la chimenea, se colocaba el «sardo», tejido de mimbre o avellano de unos dos metros de largo, que servía para poner a secar sobre él determinados frutos: castañas, avellanas o nueces. Por extensión, también se denominaba «sardo» a pequeñas bandejas de mimbre que servían para servir la comida sólida: torta, boroña, etc.
El útil de cocina más común era el pote, cacharro de hierro muy barrigudo, de boca ancha, que se apoyaba sobre tres pies. Para poder asirlo, portaba dos asas pequeñas y opuestas y otra grande semicircular, que servía para colgarlo de «les calamiyeres». Como inicialmente no tenían mesa, se comía a rancho directamente de dicho pote. Posteriormente, se implanta la escudiella, vasija semiesférica. Y el proceso culmina con la incorporación de platos de barro y, recientemente, de loza.
Otro útil importante es la “ferrada” o herrada, caldero de tablas de madera verticales que se usaba para transportar el agua. Las tablas se amarraban mediante grandes aros de hierro o latón, más anchos en la base y boca que en el resto del cuerpo. Para transportarlos y manejarlos tenían un asa semicircular que arrancaba de unas anillas. Se extraía el agua de ellas mediante el canxilón, del cual se bebía directamente o se echaba en vasos. Los vasos, de barro cocido o de madera, son más altos que anchos.
La «forna» u horno de leña para cocer o «aroxar» el pán o la boroña suele estar proyectado en planta hacia el exterior. En torno al llar, las familias «conceyaban» o hablaban a veces con el riesgo de quemarse debido a que saltaban chispas:
«María, si vas al monte,
no me traigas leña verde
que estándome calentando
me saltó una chispa al dengue».
Carecían de retrete; éste no se utiliza hasta el siglo XVIII, momento en el que empieza a extenderse su uso. Su ausencia era cubierta con la cuadra. Para asearse se utilizaban los palanganeros, en madera o hierro, y en los cuales encajaba una palangana y o un jarro para traer el agua.
La planta alta, cuando existía, era la destinada a las habitaciones. Sobre ella, o directamente sobre la planta baja, se colocaba el desván. La cubierta se hacía a teja vana (teavana).
El mobiliario era escaso. Para sentarse se solían utilizar el escaño y las "tayuelos" banquetas de tres pies o troncos de árbol partidos. El escaño era un banco corrido para tres o cuatro personas sujeto a la pared. Posteriormente complican su estructura mediante una tabla horizontal giratoria que se mueve sobre unos brazos laterales, uno a cada lado del escaño. Esta tabla horizontal que servía de mesa provisional tiene una anchura de 40-50 cm. Cuando se terminaba la comida, se subía la tabla, que quedaba pegada a la pared, por lo que ésta ya no ocupaba espacio.
Otros muebles de cocina son las «espeteras», las maseras, las alacenas, los anaqueles y el calderil. Las «esperteas» son tablas con garfios sobre los que se colgaban los útiles de cocina (sartenes, cazos, etc.) o carnes (de vacuno, de ave, etc.). Las maseras son mesas dedicadas a amasar los cereales molidos y a guardar el pan. La ausencia de armarios es suplida con alacenas en las paredes, con o sin puerta, y con los anaqueles. El calderil es un soporte de madera del que se colgaban las “ferradas”o los calderos. Podían tener o no visera para que la basura no cayera en los recipientes.
No solían tener armarios roperos. Las ropas se colgaban de clavos o perchas y, para protegerlas, se cubrían con telas. La función de armario ropero la desempeñaban los baúles, en los que se solía guardar la mejor ropa. Los mejores baúles son los traídos por los emigrantes.
Solían carecer de reloj rigiendo su vida por el de la iglesia o el del ayuntamiento. Las camas tenían un armazón de madera, hierro o bronce, en el que encajaba el somier, normalmente hecho con sogas de esparto tejidas en retícula sobre los agujeros laterales.
Más reciente es el somier de tela metálica. Dependencias auxiliares de la casa eran el hórreo, la porqueriza (cubil), el «llagar» y el gallinero. Los útiles de labranza se solían guardar debajo del hórreo, en tendejones, etc. Para alumbrarse por las noches se utilizaba la «candilexa» o candileja, el candil de carburo, de petróleo o de aceite, la campanilla, el farol y las velas. El carburo, el más moderno de estos útiles, era el más generalizado cuando llegó la luz eléctrica.
Fuente visitada. asturias.grao.net
miércoles, 26 de septiembre de 2012
LA CASA ASTURIANA
Casas Mariñanas-
La llamada casa mariñana simboliza la auténtica casa rural asturiana. Ejemplos de esta arquitectura se extienden por los concejos de Gijón, Villaviciosa, Carreño, Gozón, Las Regueras, Llanera, Oviedo, Siero y Noreña.
La casa se organiza en una planta rectangular, dotada de una cubierta de teja cerámica a dos aguas, desarrollándose en una sola altura. El portal de estas viviendas es un espacio protegido en este clima templado y húmedo, donde se descarga la paja, se hace la calceta o simplemente se charla.
Este espacio abierto y centrado en la fachada está conformado por dos cuerpos laterales, que albergan un cuarto o bodega, adosados al cuerpo básico y con acceso desde el portal. Estos espacios se emplean como dormitorios, alternando su uso con el de almacén y bodega. La cocina cuenta con un llar bajo. La acompañaba el horno, que asoma su forma redondeada a la fachada trasera. Bajo cubierta se dispone el desván que alberga el pajar, especialmente en el área sobre la cuadra, destinando los espacios sobre los cuartos a trastero y almacén de aperos.
Hornos-
Los hornos eran construcciones destinadas a la cocción del pan, vinculadas de diversas formas a la vivienda, integrados en ella o por el contrario, en el exterior de la misma. Como hace ya muchos años que la labor a la que estaban destinados dejó de realizarse de forma familiar, es muy difícil encontrarlos hoy, si bien es posible observar restos de algunos aunque sea en estado de abandono.
En ocasiones pueden estar ubicados dentro del denominado “cuartu la forna”, espacio anexionado al volumen de la casa, que tenía paso desde la cocina; También pueden constituir una construcción independiente de la vivienda el horno y la leñera, en una zona que se denomina la cordada. .
Fuentes, bebederos, lavaderos y pozos-
Son aquellas que se destinan a resguardar espacios para el abastecimiento de agua, como son las fuentes, “bebederos”, “llavaderos” y pozos.
Fuente de caño. Es la más simple, pues consta únicamente del tubo que da salida al agua, la posterior canalización de la misma y el correspondiente acondicionamiento para colocar los recipientes.
De caño y pilón. Sirve a la vez de fuente y de abrevadero para el ganado. Se les suele llamar bebederos y están repartidas por los lugares de pasto o en el interior de las aldeas, cerca de las cuadras.
Fuente y lavadero. Es la construcción más compleja y consta del caño, el pilón y los bañales con su piedra inclinada para el lavado de la ropa. Están situados en las proximidades de los pueblos, a veces equidistantes entre dos próximos siendo, entonces, su uso compartido por los habitantes de ambos. En los que corresponden a los mayores núcleos de población es frecuente la presencia de cubierta a una o incluso a dos aguas, si se trata de una edificación mayor.
Fuentes bebederos y lavaderos prestan un servicio a la comunidad, añadiéndose en ellos a su función específica una marcada función social, ya que acostumbraban a ser puntos de reunión familiar o de encuentro..
Los pozos, cubiertos o descubiertos, están vinculados a la vivienda y su carácter es casi siempre privado.
Fuente visitada. guiastur.com/
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