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sábado, 21 de junio de 2014

IÑIGO NORIEGA UNA VIDA DE LEYENDA (QUINTA GUADALUPE)


Lleva el nombre de una mujer que nunca llegó a verla terminada. Guadalupe Castro, la esposa de don Íñigo Noriega Laso, insigne empresario, bautizó y puso color mexicano al que es uno de los edificios más destacados de la arquitectura indiana de Asturias. La casa azul que refulge en Colombres, hoy convertida en Archivo de Indianos después de vivir mil historias y avatares.


 Esta villa de verdes y surtidos jardines en los que no faltan las palmeras ni otros árboles llegados del Nuevo Mundo, recibe hoy a turistas interesados en la arquitectura indiana y en la emigración que hizo posible esos esbeltos palacetes que se levantan a lo largo de la cornisa cantábrica. En el pasado, fue símbolo de ostentación y lujo, pero no llegó a ser, sin embargo, un auténtico hogar.

 La casa de veraneo que mandó construir Íñigo Noriega Laso, aquel chaval de Colombres que en 1867 tomó rumbo a México para hacer fortuna, nunca tuvo mucha vida. Pese a los muebles importados de Londres y París, las colecciones de pintura y porcelana y hasta la recargada decoración árabe del patio, lo cierto es que la casa apenas sí fue disfrutada por el indiano y los suyos. Y eso que la villa es más que un edificio de talla. Obra del arquitecto santanderino Lavin Casalis, uno de los mejores de la época, no es sólo un lugar confortable con todo tipo de servicios, no es sólo un palacete de inmensas escaleras y ricos artesonados, es también en cierta forma un retrato de la aventura de quien quiso levantar una casa en su pueblo después de hacer las Américas.


 Íñigo Noriega hizo mucho dinero en México, y su azarosa vida se tiñe de leyenda. Cuentan que su fortuna tuvo un principio de lo más peliculero: para burlar una ley que ordenaba el cierre de las puertas de las cantinas a las doce de la noche, optó por quitarlas de su establecimiento. Así de fácil. A grandes males, grandes soluciones debió pensar el de Colombres, que más tarde afrontó la difícil empresa de desecar el lago Chalco para hacer una gran explotación agrícola. Se hizo con haciendas, con minas, con fábricas de textiles, con ferrocarriles e incluso bautizó en el país azteca una ciudad con el nombre de su pueblo. Cuentan que era un hombre sin miedo, con el aire pendenciero del oeste americano al que nada se le ponía por delante. Pero además de negocios, también tuvo tiempo para otros menesteres. Guadalupe, la mujer con la que se casó, le dio once hijos, aunque dicen las malas lenguas que pudo llegar a ser padre de un centenar de críos, a siete de los cuales reconoció en su lecho de muerte.

 El caso es que ese hombre osado -que, por cierto, tuvo como patrón en una de sus minas a Emiliano Zapata y cuando visitaba la hacienda, el revolucionario era el encargado de sujetarle el estribo- tenía grandes amistades en el México de la época, empezando por el presidente. Porfirio Díaz nunca llegó a visitar Colombres pese a que la casa siempre estuvo preparada y llena de sirvientes para recibirle.


Era Noriega un hombre fiel al presidente que montó un sinfín de compañías e incluso se encargó de construir el ferrocarril entre Puebla y Ciudad de México. Con su propio ejército y con una de las mayores fortunas de la segunda mitad del siglo XIX, la revolución acabó en 1913 con su suerte y comenzó su decadencia. Vio cómo expropiaban sus bienes y tuvo incluso que emigrar a Nueva York, antes de morir en 1920 después de construir una casa espléndida que casi no disfrutó.
Claro que antes de que todo eso ocurriera dejó huella en su pueblo. «Cuando se construyó la casa, Colombres era una aldea que no tenía servicios de ningún tipo»...  «A partir de la casa se construyeron los servicios de alcantarillado, de agua, de electricidad... Colombres llegó a tener los mismos servicios que Oviedo o Santander, algo que era realmente increíble para un pueblo hace cien años».


Y es que Colombres, aunque con más arquitectura indiana que mostrar, ha crecido con esa casa que oculta en sus paredes mucho más de lo que parece de la aventura americana. Están sus piedras llenas de simbolismos que retratan la vida y milagros de su dueño. El comercio, la industria, la agricultura, la mar, América y Asturias están presentes en la decoración a través de alegorías, como una mujer con una rueda dentada, que representa el mundo fabril, y se puede ver en el frontón. Hay más guiños en la quinta que incluso ofrece un itinerario geográfico que va desde Asturias a América y que muestra el mar -con especial presencia en toda la casa- y alusiones a la navegación. Son infinidad los detalles grabados en estucos o relieves y todos tienen un porqué.


 El caso es que tanta ornamentación, tanto derroche y tantas habitaciones, balcones y vidrieras en una casa azul que tenía hasta un cuarto de madreñas, no las gozó don Íñigo, sino otros, los que llegaron después. A su muerte, se convirtió la finca en un sanatorio neuropsiquiátrico. «El sanatorio Quinta Guadalupe cumple sobradamente todas las condiciones de higiene y de confort que exige la índole de padecimientos a cuyo tratamiento se destina», se leía un folleto de los años veinte que anunciaba los servicios de un lugar idílico, «situado en plena campiña y sobre una hermosa altiplanicie de 200 metros de elevación sobre el nivel del mar...». Todo un lujo, sin duda, con precios nada asequibles: «En primera clase, 25, 30, 40 y 50 pesetas diarias según habitación».

Pero el viejo inmueble que por fin fue habitado aún tenía más avatares por vivir. No se quedó en clínica y se convirtió después en orfanato hasta que, en 1986, se creó la Fundación Archivo de Indianos,

Fuente visitada www.elcomercio.es

domingo, 16 de septiembre de 2012

MANERAS DE VIAJAR POR ASTURIAS (S. XVIII - XIX)


A fines del siglo XVIII los viajes entre las poblaciones asturianas se hacían:

**en caballería propia. La gente rica solía ir acompañada de uno o varios criados, todos montados.

**En caballería propia con criado a pie o solo.

**En caballería alquilada por un solo viajero con su correspondiente espolique.

**A media caballería, que solía ser mulo o asno para dos viajeros, la mitad del trayecto uno iba a pie, y, alternándose en la monta, viajaban más descansados; generalmente este servicio se contrataba con un arriero.

**A caballo sobre los propios calzones, o sea, en el coche de san Fernando, la mitad a pie y la otra mitad andando, que era como viajaban los más pobres, los que no tenían prisa o los que querían “aforrar los cuartos”; así marchaba a Madrid y a Andalucía la típica emigración asturiana de aguadores, criados, etc.

Las mujeres solían montar en jamugas, esto es, en una especie de sillones que quedaban a los lados de la cabalgadura, en cada uno de los cuales iba una viajera. Las ricas llevaban lujosas jamugas de contrapeso para ir solas, generalmente en una buena mula que un criado conducía del ronzal. También había amazonas que montaban a mujeriegas con silla horquillada para encajar la pierna derecha.

No existían, hasta mediados del siglo XIX, más caminos de rueda practicables para los coches que los de Pajares a Gijón, Oviedo a Villaviciosa y Avilés. Entre estos puntos no había ningún servicio de diligencias ni carruajes de alquiler, salvo el trayecto Oviedo-Gijón. Los contadísimos carruajes particulares pertenecían, al señor Obispo y algunos nobles poderosos que los utilizaban por las carreteras citadas.

 Alquilar un caballo para ir de Oviedo a Gijón y volver en el día costaba veinte reales. Igual precio tenía si se quedaba en uno de esos puntos y la bestia tenía que ser devuelta, pues en ese caso, era necesaria la compañía del espolique a quien se acostumbraba a dar una propina de uno a dos reales para que bebiese en el camino.

Generalmente los alquiladores no dejaban sus monturas para viajes a media caballería y, como ya se indicó, este servicio estaba en manos de los arrieros de recua que cedían sus mulos o borricos cuando tenían que ir o venir “de vacío”. Un macho de arriería, alquilado individualmente o a medias, costaba de Oviedo a Luarca de ocho a dieciséis reales, según los casos.



Los espoliques eran mozos que a pie acompañaban a un jinete para su servicio, llamabáse también así a los que alquilaban caballos y regresaban luego con ellos. La figura de estos mozos, huéspedes habituales de ventas y mesones, fue muy conocida en la Asturias de otros tiempos. Hubo en Luarca, hacia 1830, un famoso en este oficio y de nombre Gumersindo, “Sindo”, que ahorrando logró convertirse en arriero y luego en en fuerte comerciante y socio de diligencias cuando se construyó la nueva carretera en 1864; había sido en su juventud un formidable andarín y era fama que llevaba recados urgentes de Luarca a Oviedo, andando por atajos de sol a sol, de modo que durante una jornada recorría la distancia de más de catorce leguas muy largas que entonces separaba ambas poblaciones a través de sendas y caminos. Solían ir a veces acompañados de un perro; llevaban un largo bastón de nudos terminados en pincho, y era frecuente que se les autorizase a usar escopeta o trabuco para defenderse de los osos, lobos y demás fieras entonces abundantes en nuestros bosques. Durante la primera guerra carlista, los espoliques tenían a gala estar a bien con ambos bandos, que a veces los utilizaban como guías y confidentes.

Fuente visitada.
Caminos y Viajeros de Asturias. (J.E.Casariego)

viernes, 20 de abril de 2012

NICANOR PIÑOLE


Pintor español nacido en en Gijón el 6 de enero de 1878. Pocos meses después de su nacimiento falleció su padre, el capitán de Marina Mercante Nicanor Piñole Ovies, que se hundió con el vapor Asturias frente a la costa de Tarragona, tras haber puesto a salvo a toda la tripulación. Su madre Brígida Rodríguez Prendes se traslada con el pequeño huérfano a la vivienda de su hermana Manuela, casada con Manuel Prendes quien ejercerá de padre de Nicanor.
A los cuatro años comienza a asistir al colegio de monjas de Santo Angel en Gijón y a los nueve años comenzará a recibir sus primeras clases de dibujo. Un año después ingresa en el Instituto Jovellanos , pero su bajo rendimiento escolar hizo replantearse a su familia la línea de estudios que debía seguir.
Con catorce años su tío lo traslada (con aprobación materna) a Madrid (1892), donde ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, permaneciendo seis años en dicha escuela, convirtiéndose pronto en alumno aventajado y recibiendo, por votación de sus compañero el Primer Premio de Paisaje de la Escuela. Es en Madrid donde pinta sus primeros cuadros y su primer autorretrato (1894), iniciando una serie que continuará el resto de su vida. Se trata del pintor que cuenta con un número mayor de autorretratos, número que supera el centenar.
Con diecinueve años concurre a la Exposición Nacional con el cuadro Un borracho, logrando por el mismo una Mención Honorífica (1897). Esta misma distinción logra, en el mismo certamen, el joven Picasso que tenía en ese momento 16 años. Toda su vida presentó Nicanor Piñole sus obras a la Exposición Nacional, no consiguiendo jamás el Primer Premio. El máximo galardón que consiguió en dicho certamen nacional, fue la Segunda Medalla, con el Retrato de Manuel Prendes en 1917.
En 1900, finalizado su aprendizaje en San Fernando, comienza a trabajar con Ferrant, un importante pintor del momento. Pero pronto Piñole se traslada a Roma, a fin de adquirir nuevos conocimientos, permaneciendo en Italia hasta la edad de 24 años, regresando a la casa materna, donde permanecería hasta el final de su vida.
A su regreso, se encontró con las críticas de Adeflor, crítico de El Comercio que ya había apadrinado al joven pintor Ventura Álvarez Sala y a éste dirigía sus buenas críticas mientras que Piñole era el objeto de sus ataques.
El carácter de Piñole era reservado y prefirió siempre trabajar cerca de su madre en lugar de buscar el reconocimiento y fama por parte del gremio artístico, rehuyendo siempre los servilismos derivados de los actos sociales enfocados a encumbrar a determinados artistas.
Durante los acontecimientos bélicos (revolución de 1934 y guerra civil) Piñole permanece en su casa de Gijón mientras el resto de su familia se refugia en la finca de Carreño. Sus continuas salidas por Gijón durante este periodo hizo que más de una vez fuese detenido sin mayores consecuencias. El paso de la guerra por Gijón quedó impreso en muchos de los lienzos de Piñole como en El refugio o La retirada de Simancas.
En 1951, pinta el último retrato de su madre, que a juicio de los críticos es el mejor de todos. Un año después muere doña Brígida con noventa y siete años. El mismo año de 1952 el Ayuntamiento de Gijón rinde homenaje a Piñole colocando un busto suyo en el parque Isabel la Católico junto al busto de su amigo el pintor Evaristo Valle. Recibe este año también el nombramiento de miembro del Instituto de Estudios Asturianos.
A la edad de 94 años se casa con Enriqueta Ceñal, la persona que desde treinta años antes había entrado en su casa como asistenta y acompañante. Este hecho ha sido interpretado como la solución que el pintor encontró ante los posibles problemas de herencia aunque también se ha querido ver que se trató de una compensación al cuidado que Enriqueta le dedicó a él y a su madre. Con ella viajará de nuevo por las principales ciudades españolas, recibiendo galardones y homenajes honoríficos. Es condecorado con la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes y recibe el título de Hijo Predilecto de Gijón.
Murió en su ciudad natal el 18 de enero de 1978 a escasos doce días de haberse celebrado el centenario de su nacimiento.


(LA CALLE CORRIDA)


(EL BORRACHO)


(LA HIJA DEL PATRON)

Fuente visitada.
el.tesorodeoviedo.es

martes, 14 de febrero de 2012

CLARÍN Y SU RUTA


Fueron cerca de cuarenta veranos, los que D. Leopoldo Alas pasó en Carreño. Aquí prepara y escribe novelas, cuentos, artículos y conferencias, se cartea con sus editores y sus amigos escritores, corrige pruebas y lee mucho, hace visitas y las recibe, va con frecuencia a baños, romerías, mercaos y fiestas en Candás.
Fruto de esas estancias veraniegas en Guimarán, se convirtió en perspicaz observador de la vida y el paisaje de este concejo campesino y marinero, marcado también por la servidumbre y la emigración a América. Los prados, los campesinos, los clérigos, las familias infanzonas y las aldeas carreñenses pasaron con sus mismos nombres o con otros supuestos a las páginas inmortales de la narrativa clariniana.

La importancia de Leopoldo Alas “Clarín” a nivel internacional inspira al Ayuntamiento de Carreño, en el año 2002, para la creación de un producto turístico tomando como hilo conductor la obra y época del autor, cuyo eje principal son el diseño y señalización de la Ruta Clariniana. Esta ruta está dividida en tres tramos que permiten al visitante su realización de forma autoguiada, correspondientes a los cuentos de “Viaje Redondo”, “Doña Berta” y “Boroña”; aunque las referencias de Carreño en la obra del autor aparecen hasta en un total de catorce obras distintas.
La mencionada iniciativa también incluye la celebración de unas jornadas gastronómicas (“Menús clarinianos”) basadas en platos que figuran en las obras del escritor recogidos a través del trabajo de investigación realizado por los historiadores José Mª González García y Luis Arias González; y, por último, y como colofón, la celebración de un “mercao” inspirado en el S. XIX, el siglo del autor.

El escenario que inspira el mercado clariniano: un poco de historia
El Carreño de Clarín es el de las cuatro últimas décadas del siglo XIX.En esta época las parroquias rurales del concejo desarrollaban una economía autárquica, con la casería como unidad básica de producción. El modelo socioeconómico imperante se basa en la existencia de un manojo de propietarios agrarios (hidalgos, alto clero y burguesía) de los que depende la gran masa de campesinado arrendatario que cultiva la tierra, explota los pastos o la cría de ganado. El arrendador comercializa los excedentes, mientras que el campesinado, cuyos ingresos son escasos, se limita poco más que a subsistir, refugiándose con alguna frecuencia en modelos de economía mixta (agricultura–pesca) como medio de conseguir ingresos adicionales. Los prestamistas se convertirían en una auténtica plaga del mundo rural carreñense.

En tiempos de Clarín, Carreño era totalmente preindustrial y completamente inmiscuido en los parámetros propios del Antiguo Régimen. El Carreño campesino y marinero del XIX producía cereales, castañas, legumbres, frutas y pastos, y se criaba ganado vacuno, caballar, de cerda, lanar y cabrío. Hay también alguna caza, y abundante pesca de sardina, besugo, bonito y otros molinos harineros y las fábricas de salazón de la sardina. Candás se diferenciaba del resto del concejo por la pesca, las salazones y el comercio, cuenta con Casa Consistorial, cárcel, escuela, una iglesia, tres ermitas, cuatro fuentes y 180 casas distribuidas en cinco pequeños barrios: La Cuesta, El Arrabal, El Regueral, La Matiella y el Muelle.
La mayor parte de la población carreñense y candasina vivía en estado de precariedad. Las guerras de Cuba obligaban a la imposición de continuas levas que afectaban a los sectores ya de por si más deprimidos de la sociedad carreñense. La presión demográfica entre 1833 y 1887 complicó más las cosas para los campesinos y la villa marinera. La solución lógica fue la emigración a Cuba e Hispanoamérica.
Seguidamente adviene un ciclo minero con el auge de las explotaciones mineras de hierro, la construcción del ferrocarril minero de Candás–Aboño. Este episodio minero pronto entraría en declive por distintas causas y se extinguiría paulatinamente hasta su práctica desaparición.
La burguesía acomodada de Oviedo y Madrid, puso de moda y dio un toque distinguido a las estancias veraniegas en la villa candasina. Este turismo favoreció el desarrollo de un modesto sector de servicios pensados para el solaz visitante: establecimientos de víveres, tiendas de ropas, cafés, billares, confiterías, almacén de efectos navales, farmacia y fonda.

Mercado o transacciones que se desarrollaban en la época-
Las ferias y mercados candasinos atravesaron una época de escasa relevancia, debido a la fuerte competencia de las ferias y mercados de Gijón y Avilés, lugares a los que acudían los agricultores y ganaderos carreñenses dado que tenían más demanda y mejores precios. En 1841 estaba autorizada en Candás la celebración de una feria anual (durante las fiestas del Cristo) y también un mercado semanal (los jueves). A la vista de la escasa afluencia se cambia su celebración a los domingos y se establecieron una serie de medidas coercitivas (con multas a los productores de Carreño que, por riguroso turno, no se presentaran con sus productos en los mercados candasinos).

En 1891 la corporación municipal decide establecer un coche de transporte costeado con fondos municipales para conducir en los días de mercado compradores de Gijón a Candás. Esta iniciativa estuvo en marcha durante varios años pero no consiguió los fines que pretendía: dado el esplendor de los mercados de las villas vecinas de Avilés y Gijón, no había lugar en el concejo de Carreño para transacciones comerciales de alguna entidad, como ferias o mercados estables.
En los mercados periódicos estaban presentes mercaderías de muy diverso origen. La mayor parte de los mismos eran de carácter primario, procedentes de la zona rural, a las que se unían las manufacturas realizadas por los artesanos. Se trataba de productos agrarios de toda clase, entre los cuales los que ocupaban una mayor parte eran los granos de escanda, trigo, centeno, avena y otros cereales.

El Carreño de Clarín es el de las cuatro últimas décadas del siglo XIX.
En esta época las parroquias rurales del concejo desarrollaban una economía autárquica, con la casería como unidad básica de producción. El modelo socioeconómico imperante se basa en la existencia de un manojo de propietarios agrarios (hidalgos, alto clero y burguesía) de los que depende la gran masa de campesinado arrendatario que cultiva la tierra, explota los pastos o la cría de ganado. El arrendador comercializa los excedentes, mientras que el campesinado, cuyos ingresos son escasos, se limita poco más que a subsistir, refugiándose con alguna frecuencia en modelos de economía mixta (agricultura–pesca) como medio de conseguir ingresos adicionales. Los prestamistas se convertirían en una auténtica plaga del mundo rural carreñense.

En tiempos de Clarín, Carreño era totalmente preindustrial y completamente inmiscuido en los parámetros propios del Antiguo Régimen. El Carreño campesino y marinero del XIX producía cereales, castañas, legumbres, frutas y pastos, y se criaba ganado vacuno, caballar, de cerda, lanar y cabrío. Hay también alguna caza, y abundante pesca de sardina, besugo, bonito y otros molinos harineros y las fábricas de salazón de la sardina. Candás se diferenciaba del resto del concejo por la pesca, las salazones y el comercio, cuenta con Casa Consistorial, cárcel, escuela, una iglesia, tres ermitas, cuatro fuentes y 180 casas distribuidas en cinco pequeños barrios: La Cuesta, El Arrabal, El Regueral, La Matiella y el Muelle.
La mayor parte de la población carreñense y candasina vivía en estado de precariedad. Las guerras de Cuba obligaban a la imposición de continuas levas que afectaban a los sectores ya de por si más deprimidos de la sociedad carreñense. La presión demográfica entre 1833 y 1887 complicó más las cosas para los campesinos y la villa marinera. La solución lógica fue la emigración a Cuba e Hispanoamérica, emigrantes carreñenses saldrían a Ultramar en busca de la tierra que les vio nacer, con algunas inversiones y obras filantrópicas.
Seguidamente adviene un ciclo minero con el auge de las explotaciones mineras de hierro, la construcción del ferrocarril minero de Candás–Aboño. Este episodio minero pronto entraría en declive por distintas causas y se extinguiría paulatinamente hasta su práctica desaparición.
La burguesía acomodada de Oviedo y Madrid, puso de moda y dio un toque distinguido a las estancias veraniegas en la villa candasina. Este turismo favoreció el desarrollo de un modesto sector de servicios pensados para el solaz visitante: establecimientos de víveres, tiendas de ropas, cafés, billares, confiterías, almacén de efectos navales, farmacia y fonda.

Rutas Clarinianas-
La Ruta Clariniana es una experiencia literaria-turística única en España. Por primera vez la narración se encuentra inmersa en el paisaje, en el escenario donde acontecen los hechos.
Durante el recorrido el visitante podrá disfrutar leyendo las citas del propio escritor, alusivas a los parajes carreñenses y sus gentes. Además están señalizados cruces y lugares de interés.
La Ruta Clariniana por tierras de Carreño hay que hacerla con un libro en la mano o, en su defecto, en la memoria. La literatura se une al turismo en un matrimonio perfecto.
Gracias a un verbo privilegiado, dotado de la premura del viento para unir letras, formar palabras, componer frases y crear historias, pasearemos del brazo de Doña Berta por Piedeloro, leeremos el Viaje Redondo conociendo Logrezana y Guimarán y con “Pepe Francisca”, el protagonista de Boroña, visitaremos las parroquias de Prendes y Albandi.
El estudiante conoce en sus primeros años de instituto La Regenta, lectura obligada. Esta novela, la más importante del siglo XIX, fue el método con el que Clarín criticó a la sociedad de su tiempo cuando aún no existían los grandes medios de comunicación y las nuevas tecnologías no eran ni tan siquiera imaginadas. Al igual que esta obra oculta entre líneas historias poco conocidas, las obras de Clarín no sólo cuentan las historias de los personajes que les dan vida sino que hablan de lugares descritos con la precisión de quien los conoce y los recorre muchas veces a lo largo de su vida.
Pasear formando parte de la historia. Ésta podría ser la sensación que se quiere transmitir con las Rutas Clarinianas. Veintisiete kilómetros de dificultad media, divididas en tres tramos que recorren los lugares de los que habla Clarín en sus obras.

Fuenta visitada.
Revista .fusionasturias.com

martes, 4 de octubre de 2011

LA VUELTA AL MUNDO DE LA CORBETA “EUSEBIA”


Avilés, 1.862. Corbeta “Eusebia” aparejada de bergantín barca, tres mástiles, cuatrocientas cincuenta y ocho toneladas. Capitán D. Juan Casariego y Villabrille, armador José García San Miguel.
D. Juan Casariego había nacido en la casona de Riofelle de Castropol, segundón de una familia de hidalgos con modestos bienes, muchos de cuyos miembros habían sido marinos; estudió en la Universidad de Oviedo y en el Real Instituto Asturiano de Gijón; muy joven conbatió en la guerra de los siete años como subteniente, teniente y capitán al servicio del Rey. Después de 1.839 anduvo emigrado, navegando en buques de Hamburgo y de Francia y regresó a Asturias, donde tomó el mando de un barco de los González de Luarca y luego de otro de los San Miguel de Avilés. Fue uno de los más reputados capitanes de altura de su época.

D. José García San Miguel, fue un típico armador de su época, comerciante y capitalista con ribetes de banquero; tenía una gran casona en la calle de la Cámara de Avilés, con lujosa vivienda, escritorios y almacenes; importaba bacalao de Escocia, garbanzos de Castilla y vinos de Andalucía, de todo cuanto podía comprarse para venderlo; exportaba jamones, conservas, todo cuanto podía venderse para luego volver a comprar y vender; fue un gran mercader de altura. En 1.862, D, José G. San Miguel, era dueño de la “Eusebia” y D. Juan Casariego capitán de la “Eusebia”. Y el 12 de septiembre de ese año, la “Eusebia” salió de Avilés rumbo a La Habana; un viaje de rutina que iba a convertirse en una larga y difícil circunnavegación.

Llegó la “Eusebia” a La Habana el 22 de octubre, tras cuarenta y un días de travesía sin novedad y allí desembarcó transporte y pasaje. Poco después recibió orden de aparejar para ir a Valparaíso con pertrechos de boca y guerra con destino a la escuadra del almirante Pinzón que iba a estacionarse en las costas de Chile y de Perú, en vísperas de la guerra del Pacífico.
El día 22 de diciembre de 1.862, se hizo la “Eusebia” a la vela rumbo al puerto chileno. Viaje largo y lento en zigzag sobre el Atlántico central para tomar los vientos favorables. El siempre arriesgado paso del Cabo Hornos con grandes temporales que llevaron de cubierta gallineros y maderamen de respeto. Al montar el Cabo se oyó el estremecedor grito de “¿Hombre al agua!” Un gaviero, natural de Candás había caído al tomar rizos en la verga de velacho. Pero una ola providencial le acercó al buque y pudo ser salvado.

El día 19 de mayo de 1863 se arribó a Valparaíso después de ciento cuarenta y cuatro penosas singladuras, con varios enfermos de escorbuto, los cuales, afortunadamente, curaron en tierra con las ricas frutas y carnes frescas de Chile.
En Valparaíso recibió don Juan instrucciones de tomar cargamento general, con destino a Manila. Y levó anclas el 30 de junio de 1.863. A los ochenta y siete días, se dio vista a las entonces españolas Filipinas, y se fondeó en Manila el 22 de septiembre.

El consignatario de los armadores tenía instrucciones. La “Eusebia” subiría al Norte, a Cantón de China, para recofer diversas mercancías, entre las que seguramente figurarían mantones de Manila, biombos de laca, sedas cajas de té y cochinitos de maíz. Y a Cantón se fueron.Y en Cantón una desgracia: un marinero llamado Juan Menéndez de Tapia, tuvo una reyerta con un grupo de ingleses que se burlaron de un escapulario que con la Santa Imagen de la Virgen llevaba al cuello. Menéndez, que debía ser hombre de pelo en pecho, mató a un hereje de una puñalada e hirió a otros: pero recibió lesiones de las que falleció. Por aquellos días aparecieron en el mar de China algunos piratas, que llevaron su ¡¡osadía hasta abordar una fragata inglesa, asesinando a sus tripulantes y saqueándola. Por esto don Juan adquirió veinte carabinas rayadas y un pedrero, y salió resueltamente para Manila. Un fuerte viento del Este, les acercó a la isla de Hainan, de una de cuyas calas vieron salir dos embarcaciones chinescas sospechosas, que parecían intentar seguir las aguas de los asturianos. Pero éstos forzaron velas y para anunciar su armamento se disparó el pedrero y dos salvas de fusilería. Los chinos piratas o no,, fueron quedando muy a popa; y la noche cerró el episodio. Trece días después, estaban a la vista de Corregidor, antesala de Manila, el 25 de diciembre del año 1.863. En este viaje Manila-Cantón-Manila, invirtieron cincuenta y cinco días, incluidos treinta y uno de puerto, es decir, veintidós de navegación de muelle a muelle.

En Manila cargaron abacá y tabaco, completando así el flete de Oriente; y el día 25 de enero de 1.864, se pusieron en franquía.
De Manila a Avilés media una interminable llanura de agua y hay que pasar del hemisferio oriental al occidental, y del hemisferio sur al norte. Una breve estadía en la ciudad del Cabo para refrescar, sobre todo de aguada, pues la pipería no iba en buenas condiciones. Y luego el Atlántico, encuentro, a la altura del paralelo 8 Norte, con un crucero inglés que quiere ver el rol. Aún navegaban los últimos negreros. El capitán de su Graciosa Majestad resultó ser Irlandés y católico, charló largo rato con el capitán asturiano y le obsequió con un barrilillo de Whisky. Pasa el inglés en cortesía, al buque español donde es obsequiado con un buen vino; y admira un rosario de plata “bendito en Covadonga” que don Juan llevaba en la cámara y le regala al irlandés.

El 5 de junio de 1.864, se señala el pico del Teide y el 15, víspera de la festividad de la Virgen del Carmelo, la estaca de Bares y las luces de Ribadeo y Luarca; y aquella noche, al filo de las doce, la barra de San Juan de Nieva; al amanecer, la “Eusebia” quedó amarrada al muelle de la ría avilesina.

Desde Manila se habían empleado 171 días, de ellos, 166 navegando. Y la suma de la circunnavegación, incluido el viaje a China, 470 días. Aquel viaje en total, navegación y puertos, duró cerca de 19 meses.

Fuente visitada. Asturias y la Mar. (Jesús Evaristo Casariego.)

martes, 10 de mayo de 2011

GUIMARÁN Y SU HISTORIADOR



Marino Busto García fue un escritor y político asturiano. Nació en Guimarán (Carreño) el 13 de abril de 1916 y falleció en la misma parroquia el 2 de enero de 2005 a los 88 años de edad.
Fue cronista oficial de Carreño (1983 - 2005), miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos y miembro de honor del Club de Carreño en La Habana.
Entre sus principales obras destacan "Noticias históricas del concejo de Carreño" (1948), "Historia del concejo de Carreño en la general de Asturias" (1984), "El príncipe de los poetas asturianos: Antón de Marirreguera" (1985), "Diccionario bable de González Posada" y "Academia de las Buenas Letras" (1986), "Noticias históricas del concejo de Carreño" (1989) e "Historia heroica de Carreño en la Guerra de la Independencia Española" (1990). Escribió un volumen de cuentos: "Alma de la tierrina" (1950), y las novelas "Josefín el emigrante" (1950) y "El beso de la catedral de Erfurt" (1953).
Desempeño una amplia labor como conferenciante en España y en el extranjero, versando sus exposiciones sobre cultura tradicional asturiana y leyendas populares. Participó en múltiples programas radiofónicos y fue columnista de los periódicos El Comercio, de Gijón, y La Nueva España, de Oviedo, así como de otras revistas y publicaciones nacionales y del extranjero (Argentina, Cuba y Suiza). Sus amplias inquietudes y el amor a su tierra se vieron reflejadas en la promoción de representaciones teatrales en la iglesia de San Esteban de Guimarán, y en la participación activa en la coronación canónica de la Virgen de los Remedios de Carreño (1959). Su estudio de la obra de González Posada y su conocimiento del Monte Areo en el municipio de Carreño facilitó el descubrimiento de una necrópolis tumular, cuyos trabajos arqueológicos fueron realizados por Miguel Angel de Blas, profesor de la Universidad de Oviedo.


Situada en el Bº. El Fondo-Guimarán. Para llegar se recomienda, desde la AS-19, Gijón-Avilés, P.K. 6,300, se toma a izquierda carretera CE-6 dirección Serín, y a 4 km. a la izquierda se encuentra dicha Capilla.
La parte cuadrada de la edificación, donde tiene el Altar Mayor, se cree que procede de la Capilla de San Pablo que estuvo ubicada en el barrio del mismo nombre, en el Monte Areo y que fue destruida. Esta parte de la edificación, según se pudo saber, fue construida en 1620 por el cura nacido en Guimarán Juan González León.
En el siglo XIX, la Capilla de Ntra. Sra. de los Remedios, fue ampliada hacia su lado Norte y reconstruida por última vez en el año 1999.
En su interior alberga la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de Carreño, así como de los campesinos y los marineros, que fue canonizada por el Papa Juan XXIII el 24 de septiembre de 1959, en representación del cual acudió el Cardenal Tardini, teniendo la misma categoría que Nuestra Señora de Covadonga. Su festividad se celebraba el día 16 de septiembre, pero dado que coincidía algunas veces con la festividad del Santísimo Cristo de Candás, sobre el año 1950 aproximadamente, se cambió el día de celebración que pasó a ser el primer domingo después de la festividad del Stmo. Cristo de Candás, en el mes de septiembre.




Los Remedios de Guimarán, Patrona del concejo. Se celebra siempre el domingo siguiente al Cristo. El Santuario de los Remedios está ubicado en la falda del Monte Areo. Alberga la imagen de la virgen de los Remedios, canonizada junto con la Santina de Covadonga por el Papa Juan XXIII en 1959, en este emblemático lugar paraban las mujeres de Candás, "les sardineres candasines" cuando iban hacia Oviedo para vender el pescado en el Fontán.

En el marco de dicha festividad se hace la emblemática ofrenda del ramu a la patrona a cargo del grupo La Folixa, una misa en el exterior de la capilla y la tradicional procesión.
Una romería, llena de tipismo pondrá fin a las actividades estivales del concejo.
El dato curioso de estas dos fiestas es que en la primera, la del Cristo, los Vecinos y las vecinas del medio rural, del interior del concejo, parten de la capilla de los Remedios y avanzan hacia Candás, mientras que en la segunda, el proceso se invierte y son las gentes de Candas las que acuden a la capilla de los Remedios caminando.

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miércoles, 2 de febrero de 2011

MARQUÉS DE SANTA CRUZ DE MARCENADO


Álvaro Navia-Osorio y Vigil de Quiñones, vizconde de Puerto y marqués de Santa Cruz de Marcenado, autor de unas célebres «Reflexiones militares», fue el tratadista militar más importante de su tiempo, además de ser militar en ejercicio que conocía muy bien el olor a pólvora y el ajetreo de los campos de batalla; y por si fuera poco, diplomático, economista y hombre de general atención intelectual, como lo certifica su proyecto de redactar un «Diccionario Universal» a modo de Enciclopedia, con el que, de haberlo llevado a término, se hubiera adelantado a la monumental obra de Diderot y D'Alembert y al «Diccionario de la lengua inglesa» de Johnson.

Según Fuertes Acevedo, era «valiente en el combate e ilustradísimo en las cosas de la política y la guerra (y) alcanzó para su patria victorias insignes, que elevaron a la par el nombre de este eminente asturiano a gran altura; escritor profundo y señalado, sus obras dieron al valeroso Santa Cruz la más extendida fama, siendo las "Reflexiones militares" miradas por el gran Federico de Prusia como escrito del mayor valor y tenidas por Napoleón en el más grande aprecio».

Álvaro Navia-Osorio nació en Puerto de Vega el 19 de diciembre de 1684, hijo primogénito de Juan Antonio Navia Osorio y Quiñones y de Jacinta Antonia Vigil de la Rúa, aunque pronto es trasladado a Oviedo, residiendo en la casa de la Rúa, frente a la Catedral, y allí cursa los estudios de Gramática latina y Retórica en el colegio de Santo Domingo, del que pasa a la Universidad ovetense en 1702, para estudiar Lógica y Filosofía. De su paso por la Universidad debió guardar buen recuerdo, pues como escribe Álvaro Galmés de Fuentes, le «legó a su muerte, en reconocimiento a las enseñanzas recibidas, su biblioteca, que debió ser importante en su época a juzgar por las referencias bibliográficas de sus obras».

En 1718, ya convertido en marqués de Santa Cruz de Marcenado, ocupó los cargos de inspector de la guarnición de Cerdeña y gobernador de Sicilia, hasta 1720, en que se abre para él un largo período de ejercicio de la diplomacia, al ser nombrado embajador de España en Turín, donde se encontraba la Corte de Víctor Amadeo de Saboya. «Corresponde a esta época el lapso de tiempo más esplendoroso de su actividad científica, convirtiendo su casa de Turín en uno de los centros culturales de la ciudad, que por entonces, con su Universidad al frente, constituía uno de los focos importantes de la ciencia de su época», escribe Galmés de Fuentes. Disfrutaba de sosiego y tiempo libre, lo que le permite escribir sus obras más destacadas: las «Reflexiones militares», cuyos primeros diez tomos se publican en Turín entre 1724 y 1727, y la «Rapsodia económico político monárquica», que no se publica hasta años más tarde, en Madrid, en 1732.

zarpó del puerto de Alicante en junio de 1732 con objeto de reconquistar la ciudad africana, y una vez tomada por las tropas españolas, Marcenado queda como gobernador de ella, con una guarnición de ocho mil hombres. Los ataques de los moros a la ciudad nuevamente en poder de los españoles son frecuentes, y en uno de ellos, producido el 21 de noviembre de 1732, Marcenado abandona las fortificaciones con tropas de refresco para socorrer a un destacamento acosado por el enemigo a la vista de Orán. Durante el combate, el marqués fue derribado de su caballo y los moros le descuartizan y le cortan la cabeza, la cual fue paseada en señal de triunfo por las calles de Argel.

http://www.ignaciogracianoriega.net/2005/20050818.htm

Palacio del Marqués de Santa Cruz (Oviedo)
El Palacio del Marqués de Santa Cruz de Marcenado, también conocido como Palacio de la Rúa está situado en la parroquia de Priorio, perteneciente al municipio de Oviedo (Asturias, España).
El inmueble, paradigma de simbiosis entre arquitectura popular y noble, se originó a partir de una torre (fines de la Edad Media), con tres pisos —delimitados mediante finas franjas de sillar—, ventana en la planta baja, balcón con antepecho forjado en la del medio, más galería de madera acristalada y ventana en la superior.
Los encuadres de los huecos —éstos no simétricos— llevan sillar; lo mismo sucede en las esquinas.

Su singular cubierta es a cuatro aguas, presentándose el alero apoyado en aguilones. Después (s. XVIII), se añadiría el cuerpo lateral.
La fachada acusa un marcado estilo popular. Los dos pisos tienen un imponente corredor de madera, antes abierto y hoy acristalado, al que sujetan pies derechos, dando lugar a un porche ante la puerta con arco de medio punto. Encima del tejado aparecen tres ventanas abuhardilladas.

La exenta y sencilla capilla se reconstruyó después de la guerra civil.

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martes, 1 de febrero de 2011

PEDRO MENÉNDEZ DE AVILÉS

Pedro Menéndez de Aviles era un hidalgo de familia pudiente.
A los 14 años se escapa de su casa para alistarse como grumete en una flota española encargada de la persecución de corsarios. Comenzó su carrera como marino corsario en el mar Cantábrico, luchando principalmente contra los franceses y piratas que actuaban contra España por dicho mar.

Tras dos años de aventuras en el mar regresa a su casa donde su familia le obliga a casarse con Ana María de Solis de tan solo diez años de edad. La vida de casado no le mantiene en su casa y vuelve al mar. Arma un barco con cincuenta hombres y captura dos navíos franceses, tiene 19 años y es su primera acción de mérito.

En 1544 una escuadra francesa mandada por Jean Alphonse de Saintoge captura en Finisterre 18 naves vizcainas, Menéndez de Avilés le persigue hasta el puerto de La Rochela donde se ha refugiado y recupera cinco de las naves, aborda la capitana y personalmente da muerte a Jean Alphonse de Saintoge. A pesar de las fuerzas francesas del puerto de La Rochela, Pedro Menéndez de Avilés logra salir de allí con sus presas.
El emperador Carlos V, le autoriza a continuar con sus acciones contra los franceses, siendo el marino asturiano el principal responsable de que finalizasen las correrías francesas por las costas gallegas y asturianas. Su fama es tal que el emperador le encarga en 1554 que le traslade a Flandes.
Honores y viajes a América

Fue caballero de la Orden de Santiago y Comendador de dicha Orden en Santa Cruz de la Zarza (Toledo, España).1

En 1552 comienza sus viajes a América, como comandante de distintos barcos, para dos años más tarde cuanto tiene 35 años fue nombrado Capitán General de la flota de Indias por Felipe II, cargo que ocupará en nueve ocasiones desde 1555 hasta 1574. Tenía 46 años cuando alcanzó el máximo rango dentro de la Armada española.
En 1554 estuvo al mando de la flota que envió el rey Felipe II a Inglaterra para casarse con la reina María.

En 1555 estuvo al mando de la flota del Virrey del Perú Andrés Hurtado de Mendoza. Salida en Sanlúcar de Barrameda el 15 de octubre con setenta y ocho navíos mercantes, dos galeones de armada y tres carabelas grandes.

En 1556 fue nombrado capitán general de la Armada de Indias, y al año siguiente participó en la Batalla de San Quintín. En 1561 dirigió una gran flota de galeones que trasportaban metales preciosos desde México hasta España. Cuando llegó a su destino en España, pidió permiso para regresar en busca de un buque perdido, pero el permiso le fue denegado. Este era el buque donde viajaba su hijo y otros familiares y amigos.

Al regresar a España para pedir permiso para buscar a su hijo es detenido por la Casa de la Contratación de Sevilla junto con su hermano el también marino Bartolomé Menéndez de Avilés, que le había acompañado en aquel viaje. Dos años está encarcelado por razones poco claras, hasta que consigue salir apelando al rey, que hace que lo juzguen siendo condenados los hermanos a pagar una exigua multa.

Una vez fuera de la cárcel consigue que le permitan buscar a su hijo que cree naufrago en la Florida bajo la condición de que debería explorar y colonizar La Florida como adelantado del rey Felipe II. Para tal propósito financió de su propio bolsillo una expedición. Cuando estaba a punto de zarpar, llegaron órdenes de que debía eliminar a todos los intrusos protestantes que se encontraran allí o en cualquier rincón de las Indias.

Llegó a su destino el 28 de agosto de 1565, día de San Agustín. Allí se encontró con una colonia de protestantes franceses en St. Johns, a la que combatió y venció, iniciando el dominio español en esos territorios. Después de estos hechos recorrió el Caribe persiguiendo piratas.
En 1568 regresa a España para pedir ayuda al rey por serle negada este por el gobernador de Cuba para ayudar a los colonos de La Florida, el rey no solo escuchó su petición sino que le nombró gobernador de Cuba. Una vez toma posesión de su cargo regresa a la Florida para socorrer a los españoles de aquella colonia que habían quedado en malas condiciones. Como gobernador de Cuba mandó levantar su primera carta geográfica, además recorre las costas de los actuales estados de Florida, Georgia, Carolina del Sur y el Canal de Bahamas, capturando y eliminado a los corsarios de aquella zona.

Murió a su regreso a España en Santander, cuando el rey le había encomendado organizar una armada para atacar Inglaterra y apoyar a Luis de Requesens en Flandes.
En su honor, Avilés recibe el nombre de Villa del Adelantado.

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miércoles, 8 de diciembre de 2010

PARQUE NACIONAL DE LOS PICOS DE EUROPA


Parque Nacional de los Picos de Europa

Paisaje de alta montaña; el 22 de julio de 1918 se declara Parque Nacional un territorio de 16.925 ha repartido entre Asturias y Castilla y León, con el nombre de "Parque Nacional de la Montaña de Covadonga". Este primer Parque Nacional adquiere su denominación actual y se amplía hasta las 64.660 ha el 30 de mayo de 1995

Pedro José Pidal y Bernaldo de Quirós (Somió, Gijón, 1870 - 1941), marqués de Villaviciosa, es uno de los asturianos más polifacéticos que ha dado el siglo XIX ya que era político, escritor, cazador, montañero, escalador, deportista, diputado, senador, periodista, abogado, etc.
Pedro Pidal nace en el seno de una noble familia asturiana pues su abuelo fue Pedro Pidal Carniado, primer marqués de Villaviciosa y su padre era Alejandro Pidal y Mon, presidente del congreso.
Estudia el bachiller en Madrid que finaliza con 17 años.
Estudia leyes obteniendo la licenciatura de derecho en 1891 por la Universidad Central y comienza a dedicarse a la política siendo elegido en 1896 diputado a Cortes por Belmonte de Miranda y en las siguientes ocasiones por Luarca y Mondoñedo en Galicia.
En 1914 es nombrado senador vitalicio por Eduardo Dato destacándose en la faceta medioambiental. De esta forma trabaja en las proposiciones de la nueva Ley sobre Parque Naturales. Una vez aprobada esta ley se funda el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, primer parque nacional de España, seguido poco después por el Parque Nacional del Valle de Ordesa. Debido a su trabajo en esta materia se le nombra comisario general de Parques Nacionales.
El 5 de agosto de 1904 escala junto a Gregorio Pérez «El Cainejo» el Picu Urriellu o Naranjo de Bulnes convirtiéndose de esta forma en los dos primeros escaladores que lo consiguen.

Sus restos mortales descansa en el Mirador de Ordiales, en los Picos de Europa por deseo propio, habiendo sido trasladados por numerosos montañeros el 18 de septiembre de 1949.
En su tumba está escrito el epitafio que él escribiera como prólogo del libro de Julián Delgado Úbeda, «El Parque Nacional de la Montaña de Covadonga»:

("Enamorado del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, en él desearíamos vivir, morir y reposar eternamente, pero, esto último, en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos y las águilas, allí donde conocí la felicidad de los Cielos y de la Tierra, allí donde pasé horas de admiración, emoción, ensueño y transporte inolvidables, allí donde adoré a Dios en sus obras como Supremo Artífice, allí donde la Naturaleza se me apareció verdaderamente como un templo").
El texto grabado en la roca no comprende todo el prólogo pues en el libro sigue:
Debajo de esos húmedos helechos, que reciben el agua de los Picos, y arrimada a esa roca enmohecida por los vientos fríos, dejaré que mis huesos se deshagan a través de los siglos.

Rutas y Senderos del Parque

Dentro del Parque Regional discurren un total de 30 sendas homologadas de Pequeño Recorrido, cubriendo las áreas más representativas de este espacio natural: valles glaciares, hayedos, robledales, bosques mixtos, avellanares, encinares, prados de fondo de valle, pastizales alpinos, lagos glaciares, crestas, peñas, picos, etc. Además de ello el Parque incorpora la parte leonesa del macizo central de los Picos de Europa, con innumerables rutas de alta montaña a los pies del pico Torrecerredo (2.648 m.), y varias decenas más de picos y montañas que superan los 2.000 m. Todo ello complementado con varias áreas recreativas y zonas de acampada.
Las posibilidades de disfrutar del senderismo en este espacio son variadas y continuas a lo largo del año pues muchas de estos senderos están diseñados para realizarse con bicicletas de montaña, esquís de travesía, raquetas, o crampones y piolets en la ascensión a ciertas montañas.
El Sendero Histórico, que une las localidades de Ampurias (Gerona) y Finisterre (La Coruña), circula por dentro del Parque Regional a lo largo de 62,5 km. Divididos en 5 etapas bien acondicionadas, con lugares donde alojarse y con un recorrido que nos hará descubrir la esencias de estos paisajes y sus gentes.
La presencia de Calzadas Romanas, Reales Cañadas de ovejas trashumantes, viejos caminos carreteros de mercantes o secretas veredas por las que maquis y guerrilleros camparon años atrás.

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miércoles, 20 de octubre de 2010

LOS ORÍGENES DE - ALSA -

Los orígenes de Automóviles Luarca S.A.(Alsa) se remontan a Puerto de Leitaregos, un pequeño pueblo asturiano ubicado a 1.525 metros de altura en la divisoria de la cordillera que separa Asturias de León. De allí procede la familia Cosmen, sin la que Alsa no se entendería.
El propio fundador ha comentado que, ya en el siglo XVIII, el escritor Melchor Gaspar de Jovellanos cita a uno de sus antepasados, Juan Cosmen, que ya entonces regentaba un pequeño negocio de hospedería y caballos. Exactamente, José Cosmen pertenece a la octava generación de empresarios del transporte de la familia. Tomó el relevo del negocio de su padre y ya se lo ha transmitido a sus hijos. De todo ello da fiel cuenta el Libro de las Tablas, un cuaderno de bitácora de la familia, donde lo mismo figura un bautizo que un balance de cuentas, llamado así sencillamente porque está fabricado con dos tablas atadas con una cuerda.

Para poder entender la evolución y proyección de Automóviles de Luarca, s.a. o Alsa «transportede viajeros en autocar», hay que remontarse a la Asturias del siglo XVIII, y más concretamenteen Leitariegos (pueblo pegado a Cangas del Narcea), del que son naturales la familiaCosmen y localizado en la línea divisoria entre Asturias y León. El nombre de Automóviles Luarca viene motivado porque fue en la Villa de Luarca donde, en 1923, se constituyó la empresa con dicha razón social, bajo la forma jurídica de Sociedad Anónima.

Dice la tradición que los asturianos llevan el «gene del movimiento». Ya los tatarabuelos de los Cosmen transportaban en diligencia a personas de los pueblos cercanos a Leitariegos a otras partes de la provincia, a otras ciudades y, sobre todo, a Madrid. Hay libros datados en 1728 y escritos en dicho pueblo que comentan como los antepasados de los Cosmen actuales se iniciaron en el servicio de carruajes y postas en Cangas del Narcea a Madrid, en viajes que se prolongaban algo más de seis días.
Su respeto a sus antepasados y su visión de futuro se materializan en una anécdota. Él recuerda que ya su padre ofrecía a sus clientes la ‘tarifa de media burra´ que consistía en pagar menos si en las cuestas arriba, se bajaban.

También en los libros familiares consta un viaje del «tío Vicente» a principios del siglo XIX a Buenos Aires para implantar allí un servicio arriero. Al padre de José Cosmen Adelaida, le tocó ir a Madrid, donde ya empezaba a hacerse notar la migración de Asturias. Esta región española siempre ha sido cuna de trotamundos y de emigrantes. Ortega y Gasset escribió del asturiano que «es individualmente transitivo. Es un formidable trotamundos… En cualquier lugar del planeta, por extraño y perdido que sea el paraje, hay un asturiano que ha echado sus raíces en la gleba forastera, que ha dominado el contorno y le ha impuesto su sello de vida».

lunes, 20 de septiembre de 2010

RODRIGO ÁLVAREZ DE LAS ASTURIAS


Noble de la segunda mitad del siglo XIII, protagonista de relevantes hechos sociales, políticos y militares de la historia de España. Se fija la fecha de su nacimiento alrededor de la década de los setenta del siglo XIII, siendo el segundo hijo de Pedro Álvarez de las Asturias, mayordomo mayor de Sancho IV y señor de Noreña, y de Sancha Rodríguez de Lara, dama de la alta nobleza leonesa. A la muerte de su padre en 1286 y de su hermano primogénito en 1296, hereda el señorío de Noreña, que incluía extensos territorios en el centro de Asturias y en Castilla y León.

Hereda también la destacada posición en la corte de que gozaba su padre, gestionándola hábilmente y logrando sacar partido de los conflictos derivados de las minorías de Fernando IV, entre 1295 y 1302, y de su hijo Alfonso XI entre 1312 y 1325. Inicialmente se adhirió a la causa del infante Juan hermano de Sancho IV, quien se proclamaría monarca en detrimento de los derechos de Fernando IV. Posteriormente tomó el partido del monarca al concederle la reina regente, María de Molina, el señorío de Gijón, Allande, Llanes y Ribadesella. Durante el reinado de Fernando IV de 1295 a 1333, recibe como reconocimiento a sus servicios los señoríos de Ribadesella y Nava, uniéndolos a los de Noreña y Colunga que ya poseía. Y consolidando su posición en el centro-oriente asturiano. Ostentó el título de Adelantado de Asturias y más tarde el de Galicia.
En 1316 sen enfrenta con su pariente el obispo de Oviedo Fernando Álvarez, cercando a sus servidores en el Castillo de Tudela, desde el que controlaban la entrada a Oviedo obligando a los viajeros a pagar tributo, y en el Castillo de Priorio.
En 1328, al mando de dos mil caballeros, juega un relevante papel en la victoria de Alfonso XI sobre los árabes en Teba y Turón. Fue primado de este rey acompañándolo en el intento de conquistar Sevilla y Gibraltar. Por estos años se le encomiendo la custodia del bastardo Enrique, futuro Enrique II, iniciador de la dinastía Trastámara, y de su madre Leonor de Guzmán.
Además de sus extensos dominios, este noble poseía numerosas encomiendas: en 1287 recibe las tierras del monasterio de San Vicente, y ulteriormente recibiría la encomienda del concejo de Oviedo, de Avilés, de los concejos episcopales de Llanera y Las Regueras, y desde 1329 de los castillos de Sobrescobio y Gozón, pertenecientes a la Orden de Santiago.
Todas estas encomiendas, junto con el cargo de mayordomo mayor de Alfonso XI, le proporcionarán cuantiosos ingresos, convirtiéndolo en una de las figuras más poderosas de su tiempo. Es famoso su testamento, fechado en agosto de 1331 y otorgado en Lillo ante el notario público de Gijón, Alfonso Nicolás, por la cuantía de sus donaciones y manda, de las que son beneficiarias la Iglesia de Oviedo y numerosos monasterios. El inicial beneficiario del testamento, cuyo original se conserva en el archivo del monasterio de San Vicente, en San Pelayo, de Oviedo, siendo reproducido su texto por Tirso de Avilés y Jovellanos en Colección de Asturias reunida por Don Gaspar Melchor de Jovellanos, era su sobrino Ferrán Rodríguez de Villalobos, al haber muerto sus hijos legítimos. Posteriormente cambia el testamente a favor de Enrique de Trastámara, Enrique II.

lunes, 2 de agosto de 2010

FRASSINELLI - "EL ALEMAN DE CORAO"


Roberto Frassinelli (Vidas Contadas)




En la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, bajo una modesta losa de pizarra, reposan los restos de Roberto Frassinelli. No siempre estuvieron allí. Hasta 1977, los escasos iniciados que se internaban en aquel paraje fantasmal para rendir un tributo casi secreto a un personaje que había muerto dejando tras de sí una larga serie de enigmas tenían que alejarse unos pasos del templo para adentrarse entre la agreste vegetación de un cementerio medio abandonado y rebuscar el sepulcro que acogía sus cenizas. El traslado de sus huesos fue el inicio de un 'movimiento' de recuperación de su figura y su legado que llegó a su momento álgido en 1987, cuando, con motivo del centenario de su muerte, se celebró una exposición que arrojó no poca luz sobre la vida y el legado de quien fuera una de las figuras más importantes de la cultura asturiana del XIX. Después, volvió el silencio.
(Elcomerciodigital.com)

Entra en relación con la familia Miyar de Corao, que tiene una librería en Madrid, y se casa con Ramona Dominga Díaz. En 1854 se retira a la aldea de su esposa, Corao próxima a Covadonga, donde residió hasta su muerte. Entre 1859 y 1876 presta colaboración como dibujante para proyectos arqueológicos.
Realizó los diseños de la Basílica de Santa María la Real de Covadonga de estilo neorrománico, que contrastaban con el proyecto original de Ventura Rodríguez de diseño clasicista y que contaba con el apoyo del Cabildo. En su construcción, iniciada en 1877, al no tener los conocimientos de arquitectura necesarios, tuvo que ceder su puesto al arquitecto Federico Aparici, sin embargo pudo dirigir las obras de la cripta.

Ejerció una actividad montañera, cazadora, naturista y desinhibida que alimentó el mito.
Cuenta don Alejandro Pidal: «Su verdadero teatro eran los Picos de Europa, Peña Santa, la Canal de Trea, los gigantescos Urrieles asturianos. En ellos se perdía meses enteros, llevando por todo ajuar un zurrón con harina de maíz y una lata para tostarlo al fuego de la hierba seca, su carabina y cartuchos. Vino no bebía, bebía agua en la palma de la mano; carne sólo la del rebeco que abatía con certero disparo de su escopeta y cuya asadura tostaba sobre la misma lata del mismo fuego. Dormía entre las últimas matas de enebro; se bañaba al amanecer en los solitarios lagos de la montaña y al regresar de la penosa excursión a los Picos, se refrescaba revolcándose desnudo sobre la nieve...».

la primera casa del pueblo, a la derecha, es la de D. Roberto Frassinelli: una casa de buena piedra labrada, con tres ventanas y un balcón en la fachada principal, y precedida de un pequeño jardín con verja de hierro; detrás está el huerto,cerrado por un alto muro; y más atrás, en la falda de la colina, entre árboles, la abertura de la fantástica cueva del Cuélebre: escribe D. Alejandro Pidal en su nota necrológica:«Allí sentó sus reales, creando en la pintoresca aldea de Corao aquella casa modesta, con su jardín primorosamente cultivado y su cueva, aquella cueva habitada, según la tradición, por el «cuélebre» fantástico y sanguinario, y de la que salía al oscurecer para vagar por su jardín la gigantesca lechuza domesticada por el sabio alemán, para reflejar en sus anchas alas los plateados rayos de la luna».

Evaristo Escalera, en sus «Recuerdos de Asturias», relata un viaje a Corao para visitar a Frassinelli: «Después de media hora de camino, constantemente cobijados bajo la sombra de aquellos árboles, nos detuvimos en un pueblecito compuesto por media docena de casas, desparramadas en un valle de aspecto risueño y pintoresco. Detuvímonos ante un portón que daba entrada a una huerta y echamos pie a tierra. Estábamos a las puertas de la morada que el extranjero había escogido para su residencia. El señor X... levantó el aldabón, empujó la puerta y nosotros marchamos en su seguimiento. Nos encontramos dentro de un reducido pero excelente jardín, donde se respiraba una atmósfera embalsamada».

Hoy la casa es una completa ruina, de la que sólo quedan las paredes. Frente a la casa de Frassinelli está el palacio de los Álvarez de las Asturias,en su fachada campea un gigantesco escudo con las armas de Noriega, Soto y Fernández del Cueto.
Dice Madoz De Corao: «...en un ameno vallecito y en la carretera que desde el interior de la provincia conduce a la de Santander; el clima es templado y sano. Tiene 26 casas de mediana fábrica, con muchas fuentes de buenas aguas, y 2 ermitas dedicadas a San Nicolás y a Santa Rosa de Viterbo. El terreno es de superior calidad, y se haya fertilizado por los ríos Güeña y Chico, que se reúnen más abajo de la población; en sus riberas se crían hermosos álamos y grandes alisos, habiendo en otros parajes multitud de castaños, abedules y otros árboles que proporcionan sitios de comodidad y recreo. Produce trigo, escanda, maíz, habas, toda clase de legumbres y frutas, excepto el limón y naranja que no prosperan a consecuencia de los hielos; hay ganado vacuno y, algo de cerda, caza de perdices y liebres; y pesca de excelentes truchas. Industria: la agrícola y un molino harinero. Se celebran en este pueblo 2 ferias, la una el 26 de mayo y la otra el 26 de septiembre; consisten las especulaciones en ganados, paños, telas bastas, calzado de madera (madreñas), utensilios de labranza y otros frutos y manufacturas del país.
Población: 26 vecinos, 130 almas. En la época pasada constitucional tuvo este pueblo ayuntamiento, compuesto de las feligresías de Abarnia, Con, Grazanes y Villaverde, y Riera de Covadonga».

viernes, 16 de julio de 2010

MARINO BUSTO

Cronista oficial de Carreño, erudito asturianista y miembro del RIDEA (Real Instituto de Estudios Asturianos), Marino Busto nació el 13 de abril de 1916 en el barrio o lugar de La Rebollada, perteneciente a Guimarán (parroquia del concejo o municipio de Carreño, situado en la zona norte de Asturias, en su costa central). Hijo de Marcelino y Felisa, de profesión labradores. Honrosa actividad que Marino adoptó como suya. Aparte de sus inquietudes intelectuales, público y notorio fue su apasionamiento por su tierra natal y sus gentes, a quienes dedicó lo mejor y mayor parte de su vida, a conocer y desentrañar el pasado histórico local.
Gozó Marino Busto de extensa popularidad como conferenciante, desarrollando una constante labor en numerosos lugares de España y del extranjero, sobre todo en Centros Asturianos. En ellos habló de la cultura tradicional asturiana, los mitos y supersticiones, las leyendas populares como la del Monte Iroba, las Xanas de Albandi, la Fuente de los Cuatro Cantores. Colaboró como pregonero en multitud de fiestas locales y en programas radiofónicos.
Produjo una extensa obra de carácter erudito y algunos cuentos. Aparte de sus libros, numerosos son sus escritos sobre el municipio aparecidos en periódicos y revistas autonómicas, nacionales, así como de Cuba, Argentina y Suiza.
Fue nombrado cronista oficial de Carreño el 3 de febrero de 1983, distinción que le llenó de enorme satisfacción y que tildó, en más de una ocasión, como «su título más preciado». Además, fue miembro del RIDEA y miembro de honor de diversas asociaciones culturales, entre ellas el Club de Carreño en La Habana (Cuba). Recibió numerosos reconocimientos y distinciones, entre otros el «Calendario azteca», que anualmente concede la Casa de México en Asturias, la «Castaña de oro» de la Pedrera, en Gijón, y el homenaje de los cronistas oficiales en 2001. Con posterioridad, fue distinguido también por la Asociación de Vecinos «Dolmen» de las parroquias de Guimarán y El Valle.
Realizó una pequeña producción pictórica teniendo como fuente de inspiración su concejo natal, «ese rincón de hojas y hierbas», que describió en sus obras el universal escritor Leopoldo Alas, Clarín, que veraneó durante 40 años en Guimarán y de cuya historia personal Busto conocía detalles por su vinculación con la familia Alas. Participó activamente en la coronación canónica de la Virgen de los Remedios, cuya imagen, en virtud de bula pontificia, fue coronada canónicamente en 1959. Todos los años, mientras su salud se lo permitió, acudió a la festividad de los Remedios en La Carbayera.
Destacó también por su defensa y divulgación de la necrópolis tumular de Monte Areo, en todo su quehacer unió una actividad incansable, la minuciosidad en sus investigaciones y una fácil comprensión en la redacción de sus obras. Entre éstas destacan varias de carácter erudito: Noticias históricas del concejo de Carreño (1948), la fundamental Historia del concejo de Carreño en la general de Asturias (1984), así como El príncipe de los poetas asturianos. Antón de Marirreguera (1985), Diccionario bable de González Posada y Academia de las Buenas Letras (1986), Carlos González de Posada. Noticias históricas del concejo de Carreño (1989) e Historia heroica de Carreño en la guerra de la Independencia española (1990). También escribió un volumen de cuentos, Alma de la tierrina, y la novela corta Josefín el emigrante (ambas obras publicadas en 1950), además de la novela El beso de la catedral de Erfurt (1953).
Marino Busto falleció el 2 de enero de 2005, a los 88 años de edad, siendo enterrado en el cementerio de la parroquia de San Esteban de Guimarán.

domingo, 11 de julio de 2010

LEOPOLDO ALAS CLARIN "BOROÑA"



Nació el 25 de abril de 1852 en Zamora, donde se había trasladado su familia desde Oviedo, al ser nombrado su padre, Genaro García Alas, gobernador de la ciudad leonesa.1 Leopoldo fue el tercer hijo del matrimonio.
En la casa se hablaba continuamente de Asturias y su madre, Leocadia, con cierta nostalgia, contaba relatos de aquella tierra de sus antepasados (aunque ella tenía también hondas raíces leonesas). Este ambiente influyó en gran medida en el espíritu del niño Leopoldo que desde siempre se sintió más asturiano que zamorano, aunque a lo largo de su vida conservó un cariño especial por las tierras que lo vieron nacer.
En el verano de 1859 toda la familia regresó a Asturias. Leopoldo descubrió con sus propios ojos la geografía asturiana de la que tanto había oído hablar a su madre. Durante los años siguientes Leopoldo se encuentra en libertad por las tierras de Guimarán, propiedad de su padre, donde aprenderá directamente de la Naturaleza y de los libros que encuentra en la vieja biblioteca familiar, donde entra en contacto por primera vez con dos autores que serán sus maestros: Cervantes y Fray Luis de León.
Después de finalizar sus estudios en la Universidad, se trasladó a Madrid para hacer el doctorado, alojándose en una posada de la calle de Capellanes. Allí encontró a sus amigos de Oviedo, Tuero, Palacio Valdés y Rubín. El grupo fue pronto conocido como «los de Oviedo». Los primeros tiempos en la capital no fueron satisfactorios para Leopoldo que añoraba su tierra asturiana, las montañas y la bruma.

El 13 de junio de 1901, a las siete de la mañana, murió Leopoldo Alas, a la edad de cuarenta y nueve años. El féretro fue velado en el claustro de la Universidad donde acudieron profesores, amigos y familiares del escritor. Al día siguiente fue enterrado en el cementerio de El Salvador.

EXTRACTO DE LA NOVELA "BOROÑA"

Pepe Francisca don José Gómez y Suárez en el comercio, buena firma, volvía a Prendes, su tierra, después de treinta años de ausencia; treinta años invertidos en matarse poco a poco, a fuerza de trabajo, para conseguir una gran fortuna, con la que no podía ahora hacer nada de lo que él quería: curar el hígado y resucitar a Pepa Francisca de Francisquín, su madre.
«¡Comer boroña otra vez! ¡Comer boroña en Prendes, junto al llar, en la cocina de casa!» ¡Qué dicha representaba aquellos bocados ideales que se prometía! Significaba el poder comer boroña la salud recuperada, las fuerzas devueltas al miserable cuerpo, el estómago restaurado, el hígado en su sitio, la alegría de vivir, de respirar las brisas de su colina amada y de su bosque de la Voz.

Cuando pudo, Pepe abandonó el lecho para conseguir, agarrándose a los muebles y a las paredes, bajar al corral, oler los perfumes para él exquisitos, del establo, llenos de recuerdos de la niñez primera; le olía el lecho de las vacas al gozo de Pepa Francisca, su madre. Mientras él, casi arrastrando, rebuscaba los rincones queridos de la casa para olfatear memorias dulcísimas, reliquias invisibles de la infancia junto a su madre, su cunado y los sobrinos iban y venían alrededor de los baúles, insinuando a cada instante el deseo de entrar a saco la presa. Pepe, al fin, entregó las llaves; la codicia metió las manos hasta el codo; se llenó la casa de objetos preciosos y raros, cuyo uso no conocían con toda precisión aquellos salvajes avarientos, y en, tanto, el indiano, sentenciado a muerte, procuraba asomar el rostro a la huerta, con esfuerzos inútiles, y arrancar migajas del cariño del corazón de su hermana, de aquella Rita que tanto le había querido.
Pero el aire natal no le fue propicio. Después de una noche de fiebre, llena de recuerdos, y del extraño malestar que produce el desencanto de encontrar frío, mudo, el hogar con que se soñó de lejos, Pepe Francisca se sintió atado al lecho, sujeto por el dolor y la fatiga. En vez de comer boroña, como anhelaba, tuvo que ponerse a dieta. Sin embargo, ya que no podía comer aquel manjar soñado, quiso verlo, y pidió un pedazo del pobre pan amarillo para tenerlo sobre el embozo de la cama y contemplarlo y palparlo.

(Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)

jueves, 1 de julio de 2010

REENCUENTRO CON ARMANDO PALACIO VALDÉS

( Notas de Francisco Trinidad)

La novela aparece en las librerías españolas en los primeros compases del año 1931, cuando su autor tiene setenta y siete años de edad, aunque estaba terminada desde más de un año antes.
Por una carta de Carlos Canella dirigida a «Eugenia Astur» conocemos que a 19 de enero de 1931, ya ha aparecido la novela, mientras que el propio autor, en otra de sus cartas, se hace eco del temprano éxito de esta obra: «La novela escrita a los 77 años ha tenido un éxito que en verdad yo no esperaba.Debo dar gracias al Cielo porque en edad tan avanzada aun conservo firme la cabeza». Será la última novela larga de su autor, que aún publicaría en vida un conjunto de relatos, Tiempos felices, 1933, y una novela corta, Los contrastes electivos, 1936

También el escenario elegido para ubicar la acción de la novela es bien conocido para su autor. Sabemos que tres de sus novelas anteriores, El señorito Octavio, 1881; El idilio de un enfermo,1883, y La aldea perdida, 1903, se desarrollan en ambientes del valle de Laviana que le viera nacer. En las dos primeras, con denominaciones supuestas, mientras que en la última describe su concejo natal con sus topónimos reales. En Sinfonía pastoral vuelve a situar en él la acción principal:
(Descripción que hace de la aldea Armando Palacio Valdés en su obra)

.....Fray Ceferino le miró con fijeza unos instantes.
—A pesar de los cambios profundos que la edad trae consigo,
creo que te reconocería. No sé si tú me reconocerías a mí.
—Pienso que sí. Lo que más nos desfigura a los hombres
es labarba o el bigote, y tú no los tienes.
—¡Cuánto hemos corrido juntos, Antón! ¡Cuántas anguilas
hemos pescado debajo de las piedras del río... y cuántas hemos
dejado escapar! ¡Cuántos mirlos hemos cazado, cuántas manzanas
verdes hemos hurtado, cuántas castañas hemos asado... y cuántas palizas hemos llevado !....

....La casería se componía de una casa–habitación, situada en un pequeño rellano de la falda de la montaña, a unos doscientos metros del lugar. Por delante de ella iba un camino que conducía también como la carretera de abajo a los concejos de Sobrescobio y Caso. Debajo de la casa había una pomarada, no muy grade, que llegaba cerca de los primeros edificios del pueblo. A un lado, una pequeña huerta destinada a legumbres, berzas, patatas, cebollas, etc.

Por encima de esta casa, un prado muy pendiente, cercado de avellanos, de regular extensión. Además de estas dos fincas, contaba la casería, bastante lejos del pueblo, con un grallamado de Entrambasriegas. Sobre el prado, un vasto castañar. Mas de este prado, uno de los mayores del concejo, sólo la mitad pertenecía a la casería del tío Juan. Otro pradito aún llamado de la Fontiquina. En la vega, dos días de bueyes destinados a maíz, alubias y calabazas. Como Juan, con el dinero regalado por Antonio, había comprado otros dos días de bueyes, era a la fecha poseedor de cuatro días de bueyes (sesenta áreas, aproximadamente).
Cosechaba bastantes fanegas de maíz y de judías. También recogía buena cantidad de avellana de los árboles que cercaban los prados y algunos sacos de castañas. Juan criaba cerdos, gallinas y tenía cuatro vacas en el establo. Mataba dos cerdos para el consumo de la casa; solía también sacrificar una novilla para hacerla cecina; tenía leche, manteca y huevos, no sólo para su consumo, sino también para vender. Se comía, pues, abundante en la casa. Dinero, poco. Sin embargo, la pomarada cada dos años producía catorce o dieciséis pipas de sidra, que Juan vendía en manzana para exprimirla a un lagarero de la Pola. Cada pipa solía venderse en fruto a ocho o diez duros. Puede concebirse lo que suponía para un paisano esta entrada de seiscientas o setecientas pesetas. También la avellana rendía buen producto; se vendía a los comerciantesde Gijón, que laembarcaban para Inglaterra.
La casa vivienda era pobre, vieja y no muy amplia. Sin embargo tenía lo que presta a las casas de los labradores asturianos mucho atractivo, una solana cuadrada abierta solamente por uno de los lados. Esta es siempre una pieza agradable; se toma el sol en ella, se trabaja, se juega;representa lo que el comedor entre los burgueses. A los dos lados de esta pieza había dos buenos cuartos: en uno dormía el matrimonio y en el otro la hija, Carmela. En la planta baja, una gran cocina con pavimento de losas; a un lado y otro dos dormitorios más chicos que los de arriba: en el uno se acomodaba Telesforo, y el otro, un cuarto trastero donde había también un grande y viejo armarioque guardaba la ropa blanca y lo mejorcito de vestir que la familia poseía para los días festivos. La casa contaba, además, con vasto desván, que en ciertas épocas del año se hallaba repleto de ristras de maíz y diversos frutos, nueces, avellanas, cebollas, patatas, etc.
La gran cocina tenía un lar que levantaba medio metro del suelo. Encima de él, a bastante altura, había un techo formado por varas de avellano entretejidas, llamado sardo, en el cual se colocaban las castañas para secarse y hacerse pilongas. Como el humo no tenía otro escape que el de las rendijas del sardo, a menudo la cocina se llenaba de él y se hacía insoportable para quien no estuviese acostumbrado. Había una espetera con pobre y ordinaria vajilla de barro y cacerolas de hierro y hoja de lata, con cucharas y tenedores de madera de boj. Una enorme masera donde se amasaba el pan y la borona y después se guardaba. A un lado se abría el boquete del horno para cocer el pan, pues para la borona se seguía otro método: después de amasada, previamente limpio y arrojado el lar, se colocaban sobre él las boronas en forma de grandes quesos, se las cubría con hojas de castaño y sobre ellas una capa de ceniza enrojecida. Al cabo de algunas horas, la borona estaba cocida. Esparcidas, unas cuantas tajuelas y adosado al muro un escaño de madera, que el humo y el uso habían puesto negro. Sobre el fregadero de piedra, y colgadas de una repisa, tres herradas con sus grandes aros brillantes de hierro, y, suspendidos de ellas, sendos cangilones de metal amarillo Era pobre la casa de Juan Quirós; pero mejor, con todo, que las de la mayoría de sus vecinos. Del techo de la cocina colgaban tocinos, jamones y chorizos. Todo indicaba que allí no se comía mal. Aparte del pote de judías y berzas aderezado con lacón, tocino y longaniza, se decía en el lugar, con señales de respeto, que en casa del tío Juan de los Campizos se mataba todos los domingos un, pollo o una gallina.
La pomarada y la huerta no estaban cercadas por muro de piedra, sino por fuerte barganal; esto es, por estacas de castaño o roble unidas por varas entretejidas de avellano. Muy próximo a la casa, el establo, capaz para cuatro vacas y otros tantos terneros; encima, el pajar, llamado en el país tenada. Adosado al establo había un cobertizo sostenido por toscas columnas de madera, en el cual se guardaba el carro, la leña, el arado y otros aperos de la labranza.
(Sinfonía Pastoral)-Armando palacio Valdés-