Mostrando entradas con la etiqueta ESCRITORES ASTURIANOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ESCRITORES ASTURIANOS. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de agosto de 2015

LA REGENTA Y SU AUTOR


En una ciudad de provincias, Vetusta, vive Ana Ozores, de familia noble venida a menos, casada con don Víctor Quintanar, regente de la Audiencia, del cual le viene el apelativo de "la Regenta". Ana se casó con don Víctor en un matrimonio de conveniencia. Bastante más joven que su marido, al que le une más un sentimiento de amistad y agradecimiento que de amor conyugal, su vida transcurre entre la soledad y el aburrimiento.
Es una mujer retraída, frustrada por no ser madre y que anhela algo mejor y desconocido. La Regenta es, sin duda, la obra maestra de Clarín y una de las novelas más importantes de la literatura española. En ella se retrata en toda su complejidad una ciudad de provincias, Vetusta (nombre tras el que se esconde Oviedo), en la que está representada la sociedad española de la Restauración.


Clarín somete a una irónica crítica a todos los estamentos de la ciudad: la aristocracia decadente, el clero corrupto, las damas hipócritas, los partidos políticos. Todo ello conforma una atmósfera social asfixiante, opresiva, con la que choca la protagonista, Ana Ozores. Su temperamento sensible y soñador la lleva a refugiarse en el misticismo, pero su confesor, el canónigo Fermín de Pas, la decepciona cuando intenta aprovecharse de ella. Cae entonces en brazos de Álvaro Mesía, un mediocre don Juan, con el que vivirá una relación amorosa que no resultará ser más que un sucedáneo de sus ideales románticos. En el enfrentamiento entre Ana y Vetusta, la primera acabará siendo vencida, y, en consecuencia, marginada.


 Leopoldo Alas, como otros autores liberales del siglo XIX, fue repetidamente vetado por aquellos que se encargaban de preservar los principios del nacional-catolicismo y del régimen político en impresos y libros. Su discurso se consideró peligroso e inconveniente bajo la dictadura.
La Regenta fue objeto de varios expedientes, y es interesante constatar que siempre se consideró altamente peligrosa, incluso cuando se accedió a su publicación.
En 1956, Alfredo Herrero Romero solicita permiso para editar dos mil ejemplares de La Regenta. Se le deniega siguiendo instrucciones del censor, que afirma que la obra no ataca al dogma pero sí a la moral, a la Iglesia y a sus ministros. Además se refiere a la «inveterada fobia anticlerical» del autor, pero admite que Alas tiene una «pluma magistral» y que La Regenta es una «joya de la literatura».
La prohibición se mantuvo hasta 1962, en que se abrió un nuevo expediente a instancias de Editorial Planeta. Esta vez el informe aparece firmado por Manuel de la Pinta Llorente, lector al que se le debe la recomendación de consentir la edición de otras obras decimonónicas de azarosa suerte frente a la censura. Así, la obra viene a ser consentida gracias exclusivamente a sus extraordinarios méritos artísticos.


Fuente visitada.wikipedia

martes, 2 de julio de 2013

EL INDIANU DE LAS TRÉBEDES ( EN LA LENGUA ASTURIANA-ORIENTAL O JABLA)


Escrito de 1914 en la lengua asturiana-oriental o "jabla".

 "Era la víspara de San José. Depicuaba el Sol per detrás de San Antolín, con cara de disgustu y quiciás avergonzáu, por que no había podidu calentar las oreyas a los pacíficos Celorianos; que con las manos en senu, trataban de darse el calor que yos había negáu el Señor de cara de Borona.

 Solo de cuando en cuando asomaba el focicu per la calluca arriba, algún rapacín que contra so voluntá iba a buscar dáque perrona de escarchau pa calentar el cañaveru del amu de casa.

Mirando pa allá abaxu se vía a una vieyina espotrexando por sacar un calderu de agua de la poza de "Cuencas" con el refaxu arremangáu, y ensiñando la saya de abaxu toda empalombada de cuchu.


 A todo esto se estremecieren las oreyas de los que en casa de nos tomaban el café con goteras; con el pitazu del tren, que asomaba ya, per delante del Cuetu el Cárabu.

Pocu a pocu se joi acercando hasta que dió un somoquiatu, y paró, echando bulleru per los carrillos.

Abrióse la puertina de unu de los calabocinos y empecipió a baxar la indianada. Baxó primero una rapacina como de unos doce años; baxó otra igual, y otra más, las tres por ciertu roininas pero vae; Lluego baxó un hombrón gordu, muy gordu, con una barrigona así de grande, y dempués baxó una muyer así, así, que mas bien, gorda que flaca era, y no paece que gastaba mucha salú que digamos; buenu; pues dempués baxó una mozina muy guapina por ciertu y muy curiosina al paecer.

 Mios probes del alma; faltaba lo mejor, por que pa rematar el riestru baxó del tren el hombre más feu que pueden encarcular las dos muyeres dé bien mejores, que heva.

Como el que a feu quier, guapu y paez, en menos que vos lo cuento, había allí ma é media ocena preguntándoseyos qué, sé, yo cuantu; entre ellos ví al güelo del indianu del mío cuentu, y abrazalu por ciertu muy cariñosu.

El probe indianu, era a decir verdá, mas feu que la niétoba, negru como un tolobre, llargu y secu como un juste; con las patas torcidas y mediu jorobau; agora pa mejor matála venía vestidu de color de cuervu solteru, y presentaba el hombre la mesma figura del trasgu.



Baxamos per la Calluca abaxu y paróse a jablar con la tía Sanchi que estaba dandoi la llabacia a un coinin muy tresmau por ciertu, y entamaren esti diálogu: ¿Buenas tardes tía Sánchez, no me conoce? Sí mío jiyu sí, ¿No eres el jiyu de Rosaurina la Montesina? Hás de ver mío jiyu? Hás de ver? Que güen mozu, y qué polu está? Váe jiyu váe, déxame dái un pocu de jariellu a esti cochucu que San Antoniu lu guarde, "Mongriu"; jiyu, pos per aquí ya ves; güenu, que heva salú y mal añu pal pecau eh? Con la misma, la vieya metióse en casa, y el indianu sin discurrir que iba a contestar, siguió pe la caleya alante aguantando tantos cocomexos como y espitaban las muyeres que jallaba, diciéndoi que si era güen mozu, y un paxau mas de mentiras de esi o apaecidu calletre. El probe berrascayu creía todo; y tan inflau como una llavativa se ponió, que no cabía pe la caleya; (prueba de ello é que por pocu saca un oyu con un esbardiu de la parea del güertu del tíu Perico el Maestru) Lo que pasó allá en casa no vos lo cunto, por que no jaz falta.

Entre solmenatos y asucedidos, joi pasando el tiempu y llegaren las Flores de Mayu, el sallu y qué se yo, cuantu mas. No perdió el muy panoyu, una novena, por cortejar con las rapazucas, pero no i aproveció muchu, en vertú a que era muy probe, mas feu que un sarapicu, y tan sosu como la raíz de jelucho podre. Si no é verdá, que mala soga me espurra, pues puede decilo la moza a quien i pidió querencia, que por pocu y arrodia la cara al pescuezu de un soplamocos. Todo eso por fachendosu y atrevidu.


El probe, se ponió tan desesperau y tan enguizáu que se empeñó en que lu habían de querer, y andaba metidu entre las rapazas en sallu; yos quitaba el zarciellu y trabayaba como un berrugu pero....ni por esas, por que no i dieren ni migaya de cariñu.

No por eso golvió pa trás, pues aprendió a inflar y desinflar las tripas a un demoniu, destrumento que i llamaba alcordión, y cada vez que y soplaba había que arreglar las colleras de los xatos del Pueblu por que todos se soltaban, menos los que estaban ajambriaos que yos daba el paralís.


Por fín llegó el día del Carmen y.....como diz el refrán "cuantu más vieyu é el Burro, más mataduras y salen", y el probe braguetu llevó un susto mayor que la olla Borizu pues gracias a que y parllaren a la oreya se salvó de que lu pescaran los Ceviles. ¿Sabéis pa qué? Pos paece que a pesar de lo feu gustóyos pa quintu, y el probe hubiéraislu vistu correr per Güengüeyu arriba; que paecía que llevaba una máquila de moscas rociniegas en senu. El hombre se escabulleció de la fiesta, pasando todu el día metidu en un genal, gracias a una güena muyer que y dió permisu, con tal de que no prendiéra juebu con dáque cerillu a un monton de purreta que había allí mismu.

Desapaeció del pueblu, y a los quince días que creíamos que ya estaba dando golturas y calumbos pe la mar, ensiñó el focicu, con una cara tan espritada como la que pon un ajorcau.

Lo demás que pasó y que de ellí sé, vos lo cuntaré otru día, por que hoy tengo mucha galbana, y me se taraminga el alma de sentimientu, con lo que vos tengo aguardau, de lo que i asucedió, al indianucu de esti rellatu que anque digáis lo que queráis é todo una verdá como una casa.

 El idianu según sepí se joi pa labana y no sé onde estará llorando lo que i pasó en el pueblín de Celoriu, con las rapazas que no i jecieren casu por todo lo dichu y lo que vos diré en la que, y daré el llamatu de segunda parte, con todo y rabu". 

Hasta la otra.
"El indianu de las trébedes"

viernes, 2 de septiembre de 2011

ISIDRO DÍEZ DE LA TORRE


Paxarinos que ufanos y alegres
Cruciais la praera,
Y esnaláis pe los aires llixeros
Camín de otra tierra,
Cuando apenas se acaba el verano
Y el frío escomienza,
Si acasu algún día, rodando pel mundo,
Pasáis pe l’America
Y alcóntrais al mió fíu del alma,
¡Decíi que se güelva!
Decíi que so madre, que él tanto quería,
Tá muerta de pena;
Que non pasa hora nin pasa un menutu
Tranquilu pa ella;
Que casi non duerme; que apenas si vive;
Que non asosiega;
Que teme morise sin volver á velu
Una vez siquiera…
Decíi que de noche, cuando soliquina
Del fíu se acuerda,
Suaña que tá muertu, que por más que busque
Ya nunca lu alcuentra…
¡Por Dios, paxarinos!!Si veis al mió fíu
Decíi que se güelva;
Que nada más pido; que muerro tranquila
Después que lu vea;
Pos ya en esti mundu, cansa de la vida,
Tan sólo quixera
Volver á abrazalu, decíi que lu quiero
Y cayeme muerta!

(ISIDRO DÍEZ DE LA TORRE)
El periodista Isidro Díez de la Torre nació en Villaviciosa en 1879 y morrió en Xixón el 18 de xineru de 1917

sábado, 2 de julio de 2011

LA REGENTA


La Regenta es la primera novela de Leopoldo Alas «Clarín», publicada en dos tomos en 1884 y 1885 respectivamente que, en palabras de su autor, «fue escrita como artículos sueltos» que «según iba escribiendo iba mandando» al editor. Considerada la obra cumbre de Clarín y de la novela española del siglo XIX, es además uno de los máximos exponentes del naturalismo y del realismo progresista. Esta técnica recrea los aspectos más sórdidos de la realidad y la condición física. La herencia genética y el medio marcarán el destino de los personajes. Leopoldo Alas «Clarín» es uno de los autores que destacaron en esta nueva técnica.

La novela solo pudo ser publicada en Barcelona (Daniel Cortezo y Cía.) ya que constituyó un verdadero escándalo en su momento, sobre todo en Oviedo. El obispo publicó en su contra una pastoral que mereció una réplica de Clarín.
Obra de gran extensión, ostenta cierta declarada semejanza con Madame Bovary, de Flaubert, y Ana Karenina, de Tolstoi, influencia a la que habría que añadir la del naturalismo y la del krausismo (corriente filosófica que pretendía la regeneración cultural y moral de España).

La Regenta se destaca por su gran riqueza de personajes y planos secundarios, así como el uso de la técnica del fluir de los recuerdos, mientras que el retrato de la protagonista queda delicadamente desenfocado y vago. Por otra parte, aquí la caída de la señora provinciana tiene lugar entre dos cortejadores muy diversos: el más seductor galán de la ciudad, que acaba triunfando, y un canónigo de la catedral. El retrato de este canónigo es pieza clave del libro.
Para la descripción del ambiente provinciano y del entramado de la vida colectiva —lo más naturalista de la novela— Clarín utiliza técnicas como el monólogo interiorizado y el estilo indirecto libre, que hacen que la historia sea narrada por los personajes a través de sus pensamientos y que permiten penetrar en sus interioridades. Gracias a estas técnicas y un minucioso estudio del personaje en el medio (es decir la sociedad en la que vive) los personajes adquieren una cierta profundidad psicológica.

La acción se centra en Vetusta (ciudad capital de provincia, muy identificable con Oviedo), donde la protagonista de la obra, Ana Ozores, se casa con el antiguo Regente de la Audiencia de la ciudad, Víctor Quintanar, hombre bondadoso pero maniático y mucho mayor que ella. Viéndose sentimentalmente abandonada, Ana Ozores empieza a ser cortejada por el donjuán provinciano Álvaro Mesía. Para completar el círculo, el canónigo magistral D. Fermín de Pas (confesor de Ana) también se enamora de la Regenta y se convierte en inconfesable rival de Mesía. Un gran retablo de personajes secundarios, retratados por Clarín con inmisericorde ironía, completa el paisaje humano de la novela.
El autor se sirve de la ciudad de Vetusta como símbolo de la vulgaridad, la incultura y el fariseísmo. Ana Ozores es un personaje aquejado de aquella patología del espíritu que se conoció como bovarismo. Desde otro punto de vista, Ana encarna la idealidad torturada que perece progresivamente ante una sociedad hipócrita. Con estas fuerzas en tensión, el escritor construyó un alegato cruel e inclemente de la vida provinciana española, ceñida a sus clases dirigentes, en tiempos de la Restauración finisecular.

WIKIPEDIA.

lunes, 14 de febrero de 2011

RIQUEZA ASTURIANA


(recopilación de Xosé Caveda reeditada y aumentada por Fermín Canella en 1887)

ALDEANA. -¿ Ello qué ye esto, Señor?
Según veo va la danza ,
Que quien más chirla , más chirla ,
Y quien más fala , más fala .
Pues suelto la tarabica
Y allá vá mió cuyarada ,
Q'he bono de cuando en cuando
Meter la pala cristiana .
Pos crea, señor , q' aun
Ñon i dixo la mió ama
Nin de la misa la media.
Nin del creu la metada .
¿ Acasu ye xigomencia
Tararira ó moxiganga
De los granos la cosecha ,
La fruta la piesca y caza ,
Les fuentes flores y yerbes
Q' hay pe la nuestra montaña .
Todo ello de bona triva
Y todo con abundancia ?

CORTESANO. -Ciertamente, aquesas cosas
No deben ser olvidadas .
Vamos , chica nada temas ;
Dí cuanto te diese gana .

ALDEANA. -Vusté ansí lo quier ? pues vaya .
Si he de cebera, tenemos
Con abundancia no escasa
Escanda , trigu y centunu ,
Maíz , panizo y cebada .
Sobre todo , de maíz
Lo más d'Asturies abasta .
Con él se facen boroñes
Que crien xente tan guapa ,
Como denyure se topa
Per esa tierra á la llarga :
Cuando falta la boroña
Una rosquia s' amasa ,
Y con el rescaldu en llar
Se cuez de pronto y se pasa .
Del maíz salen también
Les farrapes , cosa guapa ;
No hay comida más sabrosa
Una mañana xelada ,
Si con lleche s' acompanguen
Y están blandies como ñata .
¿ Y con qué se cría el gochu
Que tien aquesto d' untaza
Y á los probes aldeanos
Ye lo que yos fay la barba ,
Si non ye con el maíz
Del que hay tanta abundancia ?
Agora l' otra simiente ,
Que acá llamamos escanda ,
Fai un pan como una flor
Q' está bailando na palma .
Garbanzos acá ñon pinten ;
Quédense como arbeyaca .
Pero tenemos arbeyos
Y chichos en cualquier faza :
Hay fréxoles , arxelines ,
Ñavos , castañes de Francia ,
Berces , coliflor , repollos ,
Cenahories , bona-dama ,
Alcachofes , cherivíes ,
Verenxenes , verdoliaga ,
Perexil , ayos , cebolles , (1)
Fabes de Mayo , patata ,
Calabazones y fabes ,
Panizu , miyu , centenu ,
En fin , de toda metralla .
Nin falta el melón tampocu ,
El pepín , la calabaza ,
Y el pimientu cebollón ,
Y el que como fuebu abrasa .
Pa la mesa de señores
Y para fer ensalada ,
Hay espárragos , llechugues ,
Escaroles , bona-dama ,
Perexil del mar , tomates ,
Espinaques y mostaza .
Diga agora so mercé
Si aquesto he cosa de gaita
Para que aquesti país
Por afamiadu se hábia .
¿ Pos de carnes : ¡ Xesucristo !
Ñunca mal sobre min caiga ,
Si non ye la que abastez
Ñuestra tierra media España .
Por q ' hai carne de carneru ,
De güe , tenrera y de vaca ,
De cabra , castrón , cabritu ,
De gochín , gochu y marrana ;
Y todu con tantu excesu
Que Castía aqui lo carga ,
En cecina y en tocín
Y pardieces , ñon mui cara .
Tamién tenemos gallines ,
Pavos , palombos a manta ,
Capones , gansos , coríos
Y d' animales de caza,
Hay la lliebre en cualquier matu ,
La perdiz en cualquier bárdia ,
La arcea en cualquier regón ,
El tordu en cualquier rimada ,
La corníz en cualquier sucu ,
El torcaz en cualquier rama ,
El glayu en cualquier camín ,
Y el picu en cualquier furaca .
Y de les aves del mar
Tópense en cualquier regata
El carabán , el coríu ,
El cuervu marín , la garza ,
El gansu , la gallineta ,
El mazaricu , la gacha ,
El oliancu , el estornín ,
El coriín de l' Irlanda .
De mar y tierra tamién
Hay páxaros para xaula :
El silgueru , el ruiseñor ,
El malvís y la calandria ,
Q' he gusto é nes carabayeres
Oílos pe la mañana .
Cuando por el Mayu canten
Al bon día l' alborada .
Si ye de caza mayor
En cualquier fondigonada
Hay xabalinos tan grandes
Que puestos é na palanca ,
Apuxen per sostenelos
Homes de bona puxanza .
Hay osos , y angunu entr' ellos
Que los caxellos abrasa .
Les aveyes bien tu piquen ,
Pero con todu no escarma .
¿ Y quier ver que entamu tien
El malditu de la trampa
Para comeyos la miel ?
Con el caxellu s' abraza ,
Y sufriendo los guixones ,
Ya d' esta que lu taraza
En focicu , ya de l' otra
Que lu pica na garganta ,
Aquella otra nun corbión .
Aquest ' otra nuna yarga ,
Vase gufando hacia el riu,
Y allí el caxellu se zampa ,
Y afogades les aveyes ,
La miel ( ¡ mal bregón)! se papa ,
D' estos hay muchos , Señor ,
Y unes besties son tan bravas ,
Que si s' agarren d' un árbol
Danguna vez y se enfadan ,
Co les uñes nun instante
Como un paliquín lu esgañan .
Y anque i tiren con dos bales
¿ Piensa que marcha ? non marcha ,
Que bien á buscar el tiru
Del fogón pe la llapada .
Del robezu , más gustosa
Y segura ye la caza :
Pe los cerros y les sierres
E nes pigurutes anda ,
Y lixeru com' el vientu
Sin tocar el suelu , salta ,
Salvando los percipicios
y sorviendo las distancias .
Esguilando pe les peñes
Tien q' andar el que los caza ,
Más en el aire que en tierra .
Y cuendo con elli enllana ,
Amechai un par de bales .
Y taramingai la llana ,
Y el animal arrollando
Per una cuesta emprunada
A picos picaños vien
Fasta dar ena llanada .
Non falten llobos y corcios ,
Y otra muncha cafarnaya
De venados y llebratos ,
Que los eros mos abrasan .
Y el pescadu ? Coomo estamos
Aqui á la llengua del agua .
Lu tenemos á porrillu ,
Fresco como el sol del alba ,
Q'esto ye comer pescadu ,
Lo demás ye patarata .
¡ Oh como en Madril lu vieren !
Voto y ño á tal que plásmaran .
Aca hai salmón hai salmon como cuchu
En Ribadesella y Pravia ,
Que sangra de puru frescu
Pe la boca y pela galla .
Hay pescades como borra ,
Xardón á taca reteca ,
Congrios á trompa talega ,
Besugos á farta farta ,
Meros á tente bonete ,
Aguyes á vati barra ,
Morenes á zurriburri ,
Sardina á vela y dexala
Les mielgues á balagares ,
Cazón y xardes sin tasa ,
Les rayes á goxa llena ,
Barbos á pala cargada
Y otru sin fin de pescadu ,
Que non sé ccomo se llama ,
Que á non ser que los arrieros ,
( esos de braga atacada )
Acuden acá por ello
Com' utres á la carnada ,
Para llevalo á Castía ,
A Riosecu y Villada ,
Bien pudiéramos estrar
Con pescadu la corrada .
Les llangostes y llocantos ,
Centolos y ñocles , fasta
Empapizamos con elles .
Ora tres de cualquier llastra
Berverichos y percebes ;
En cualquier pedreru ó playa ,
Morciones y alcarcinos ,
De vígaros muncha castra ,
Llámpares , ostres y almexes :
Y para pescar con caña
Con ñasa , refuelle ó rede ,
Con traina ó con tarrafa ,
Hay llovina de á dos tercies ,
Anguila de más de á vara ,
Como bárganos llamprees ,
Y truches como una estaca ;
Soyes como la solera
De una panera mediana ;
Munchos más pescados hai ,
Cuntálos ye cuenta llarga .
¿ Y de frutes ? ¡ Dios m' asista !
Yo non puedo numeralas ;
Porque pais por pais
Naide al Principadu iguala ;
Pos hai ñisos , cerigüeles ,
Y prunos , q' en una plaza ,
Dan por un ochavu á un ñeñu
Una montera apiñada :
Hay figos de San Miguel ,
De San Xuan exhorbitancia ,
Albaricoques , marmiellos ,
Peruyes , pera , manzana ,
El cadápanu , el albornin ,
El llimón y la naranxa ;
La castaña , la cereza ,
La guinda , la ñuez , la ablana ,
El arándanu , el brusel ,
El mirándanu y granada ,
El melcotón , el duraznu ,
El piescu en grandura tanta ,
Que son como la cabeza
D' una ñeñina tamaña ;
Damascu como dos puños ,
Pavía com' una garra ,
El cidron y la grosella ,
La llima dulce y la amarga ,
Piñones y figos chumbos ,
Como los de l' otra banda .
Recimos blancos y ñegros ,
Y la mora colorada .
Vamos, dígame en concencia;
¿ Tanta fruta non lu plasma ?
Pos ñon ye lo más aquesto ;
Lo que más asombru causa
E que cada triba d' estes ,
Otres munches so si abraza .
Porque á parte cerigüeles ,
Pera , cereza y castaña ,
Que d' elles hay munches castes ,
Tenemos de la manzana ,
Ranetes blanques y pardes ,
La tardía y la temprana .
Camoeses, de rabu llongu ,
Les de San Pedru y de bara ;
De balsaín , vizcaines ;
Peros d'inviernu y de alba ,
De ñuera , panera Infiestu ,
Balvonis , prieta , mesada ,
De coloradina , d' osu
Carabiones , de caleyu ,
Repinaldes y d' escanda ,
Picones y castellanes ,
Ramones y ñuera blanca ,
De pardona , de Bilbao ,
De San Xuan y de monsaca ,
De Ana Menendi , de Aldonza ,
Y otres de triba tan basta ,
Que por ser inomerables ,
Ye imposible ñumeralas .
Y , crea , que no hay denyure
Manzana más sazonada .
¡ Oh , si vusté per el otoñu
Hácia acá se empobinára ,
Cuando cuerre el maravayu
De la cosecha , ablucára !
Pos viera montones tales
D' elles po las pumaradas ,
Que pensára en so concencia
Que d' oro yeren y grana ,
Salpicadines de pelres ,
Como gotes de orbeyada :
Y mire , i habín saber
Como agaire y miel rosada ,
Si dempués de sazonades
Quiciaves les aprobára .
¡ Qué sidre d' elles se fai !
¡ Qué sabrosa , qué dorada !
¡ Y como el cuerpu callenta !
¡ Cómo refocila l' alma !
El que emburrió dos pucheres ,
Quedóse com' una pascua ,
Falatible y gayasperu ,
Sin sede n' una semana .
Y non piense : que ella sola ,
Enriquez al que la faga ,
Da don al que no lu tien
Y horros y cases llevanta .
Y si tantu la empondero ,
Non ye por que á min me cuaca ,
Que non fora cosa bona
Dase á ella una rapaza ,
Nin conveniencia ternía
Si á bebela s' avezara .
Para min munchu meyor
Cincuenta veces ye el agua :
En todes partes s' atopa
Tan fresca , clara y delgada ,
Tan gastiza de comida
Que naide d' ella se farta .
Non hay monte que non lleve
Un regatu á la llanada ;
Nin peña que non dé un chorru ,
Ni sin fontica la llastra .
Atopa vusté les fuentes
Que parecen pura plata ,
Allá en el más altu picu ,
Como na fondrigonada .
Nos en pocu les tenemos
A causa de so abundancia ,
Que solu puede apreciales
El que conoza so falta .
Pero si en Madril y en Caid
Ansí manaren , ( ¡caramba! )
Naide al serviciu de Dios
Deseara otra ganancia .
Tamién tenemos acá ,
Fuentes de ñatura tala
Que gorgoliten salmoria ,
La que munchu meyor sala
Una fornada de pan
Que la que del mar se saca .
¿ Y qué diré de les Caldes ?
¿ Y qué de la Fuente Santa ?
Borboten agua caliente
Que ansina el pelleyu escalda ,
Como la que sal del fuegu ,
Si en ella angunu se baña
Y para el que tien gorguyos
Pal romatismu y la sarna ,
Pal estómagu toidu ,
Ye melecina probada .
Flora de mines y piedres
Y otres coses d'importancia
El ama bastante i dixo
Cuando haí relacionaba,
El puxu q' acá traín
La ñación Gorxa y Milana,
Romana , Cartaxinesa
Xándala , Suela y Balana .

CORTESANO. -Vaya. chica, te has portado .
ALDEANA. -Pos que lo sepia me cuaca ,
Pa que non ande en patagüeyos
Si Asturies é bona ó mala .

lunes, 11 de octubre de 2010

¡¡ LIBERTAD !!


Juan Ochoa y Betancourt (Avilés, Asturias, 4 de noviembre de 1864 - Oviedo, 26 de abril de 1899) fue un escritor y crítico literario español, dentro del Realismo del siglo XIX.

Hijo de Fernando de Ochoa, que fue alcalde de Avilés, y la cubana María Cleofé de Betancourt, fue el último de cuatro hermanos. En Avilés vivió hasta los diez años, pues en 1874 se traslada a Oviedo con su familia. Cuando contaba quince perdió a su padre.

Cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Oviedo, pero nunca ejerció. En su lugar se dedicó a escribir en los periódicos, su verdadera pasión. En 1884, con veinte años, empezará a colaborar en periódicos locales: ”La Democracia Asturiana”, “El Carbayón”, “El Liberal Asturiano”, “La Sinceridad”, ”Revista de Asturias“ y “Ecos del Nalón”. Un año más tarde se ganará una sección propia en el periódico “La Libertad”, titulada “Parola”, donde escribe bajo el pseudónimo de Miquis. En “El Eco de Asturias” también tiene sección, “Habladurías”. Llega a colaborar en “El Atlántico”, periódico santanderino.

A la vez que escribe para la prensa, se dedica a la creación literaria. Hace amistad con Clarín, que le aconseja irse a Madrid en busca del triunfo.
.....................................................................................................................................................
LIBERTAD
Sombra, sombra de hojas verdes, era lo que buscaban ambos en las horas de amor. ¡Cuánto
cantaron juntos aquella primavera! ¡Cuántas ternezas se dijeron los dos en la copa de un árbol agitado por la brisa!... Si ella, mirando al cielo, se arrobaba en su canción, oíala él atento, ladeando un poco la cabecita temblorosa; y cuando morían las últimas notas en el pico de su compañera, sacudíase las plumas, se erguía con gentileza para entonar también la trova del amor ardiente. ¡Jilguero de más inspiración y más fachenda! Era grande y tenía el plumaje limpio y hermoso. Había pasado en la vida sus aventuras serias y graves. Una mañana , cayó preso en liga; vió correr hacia él a cuatro chiquillos locos de gozo; hizo entonces un esfuerzo supremo, y escapó... Dejar dejó allí plumas, compró con sangre la libertad de sus alas; pero logró huir a la espesura, a los rincones, a los rincones sombríos de follage, al hogar de hojas de sus sueños... Aquel día voló mucho, bebió con ansia la dicha de ser libre, y a una araña que sorprendió acechando a una mosca, matola de un picotazo...
¡ A cuántos afanes les llevó el amor, a él y a su compañera! Gracias que esta, salió la pájara más hacendosa y sabihonda que se había visto. Estaba en todo. Hilos, briznas, tamo, cerdas, todo se lo colgaba del pico, y lo traía a "casa" para hacer el nido; y mientras su amante enmarañaba y tejía aquellos materiales, ella le contemplaba enamorada, charloteando en voz baja y dando también sus planes... Así elevaron a su amor un templo, y en él se unieron felices, escondidos en la fronda misteriosa, teniendo como regalo de bodas azul de cielo, rayos de sol, caricias de la brisa, música de hojas...
Tuvieron hijos; cuatro diablejos tragones, que todos se volvían boca en cuanto olían comida; había que cebarlos; había que salír y buscar alimentos. En esto se pasaban el día. El calor de sus plumas, el pan de sus bocas; todo era poco para aquellos golosos. ¡Que fatigas!
Cuando los pequeñuelos comenzaron a hechar pluma y alegraban el árbol con su charla, salieron un día los padres en busca de alimento. Volvieron al obscurecer... No hallaron en el árbol nido ni pájaros; no tubieron a quien cebar. Entonces comenzó el amor triste, el cantar llorando, la queja inmensa que se perdió en la soledad de la arboleda. Cuando cerró la noche, velaron juntos su dolor, sobre las ruinas del nido; no pegaron los ojos, y a la luz del alba de aquél día no la saludaron cantando...
El amor les guió. Volaron, volaron, buscando aquí y acullá. No se sabe quién les mostró el paradero de sus hijos..., pero dieron con ellos. En una casa, no muy lejos del bosque, había un balcón, de cuyas rejas pendía una jaula; allí estaban los cuatro tragones encerrados entre alambres, presos por un rapaz, un diablejo tirano, un saltabardales, que había dicho a un compañero de correrías:
- Ya verás como vienen los padres a cebarlos...
- Vendrán; pero hay que tener ojo; dicen que los jilgueros envenenan a sus hijos, cuando ven que es imposible libertarlos... - le replicó el otro tirano.
Si; los padres vinieron; llegaron angustiados; posáronse primero en las ramas de un árbol cercano a la casa para estudiar la situación, y, cuando se creyeron solos y seguros, lanzáronse como locos encima de la jaula, erizadas las plumas, los ojos ardiendo... El padre aferró el pico a una reja,, intentando arrancarla; la madre besaba a los hijuelos y extendía las alas como para abrazarlos y darles calor... ¡Malditas rejas!
Convencidos de su impotencia, instaláronse ambos en un árbol próximo a la cárcel; desde él veían a los cuatro tragones; desde él volaban todos los días a llevarles de comer, con lo cual el chiquillo tirano estaba satisfecho; crecían los pájaros que era un primor; de día en día, se les notaba crecer las plumas de las alas, ¡de unas alas que crecían aprisionadas!... Días y más días se pasaron padres e hijos contemplándose; aquellos en el árbol, estos en la cárcel...
Moría la primavera. Una mañana, ambos jilgueros partieron del árbol como saetas. Nadie los vio en todo el día; pero volvieron al ponerse el sol, y cebaron como siempre a los golosos; luego volaron a las ramas de su hogar, y en él pasaron la noche silenciosos, encogidos, inmóviles, hasta que apuntó la aurora. Tampoco aquél día la saludaron cantando...
Cuando ya el sol alegraba los campos, apareció en el balcón el chiquillo carcelero a visitar los presos. Estaban muertos, y velaban sus cadáveres, desde el árbol cercano, dos jilgueros, inmóviles, silenciosos, que parecían dos puntos negros.
Recordó entonces el niño lo que le había dicho su amigo. ¿Sería verdad lo del veneno?
Y miró a los dos pájaros. Estos, entonces, entonaron no sé qué himno de libertad sagrada o terrible protesta; revolotearon un momento contemplando los cadáveres de sus hijos, alejáronse luego, y el rapaz los vió perderse para siempre en el espacio azul. Iban cantando...