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sábado, 5 de marzo de 2016

BUSTIELLO POBLADO MINERO


El poblado minero de Bustiello declarado de interés cultural fue construido por iniciativa de la Sociedad Hullera Española propiedad de Don Claudio López Bru, segundo Marqués de Comillas, entre los años 1890 y 1925. Se halla ubicado al sur del Concejo de Mieres del Camino, en la parroquia de Santa Cruz, en la margen izquierda del río Aller.


Colonia testimonial de los orígenes de la industrialización asturiana y conjunto residencial bien estructurado y planificado con límites territoriales y distribuidos en tres niveles:
1.Nivel Inferior: agrupación de la mayoría de viviendas para los mineros
2.Nivel Intermedio: donde se encuentran los conocidos chalet “Moreno” y el chalet del “Don Isidro”, destinados a residencia de ingenieros de empresa. 3.Nivel Elevado: destinado a la escuela, la iglesia y el casino.


La ubicación geográfica de Bustiello limita la comunicación con el resto del Valle y se accede al poblado a través de un puente. Las viviendas se hallan alineadas a lo largo de tres calles, dos de éstas mantienen los originales cantos rodados. En el trazado de Bustiello no existe una plaza en sentido estricto y el espacio situado delante de la iglesia, donde se encuentra ubicado el monumento del Marqués, es el punto de referencia y articulación del espacio de todo el conjunto.


Se establece de esta manera una diferenciación entre lo público y lo privado, lo familiar y lo colectivo. BUSTIELLO, gozó de una cierta independencia con respecto al Ayuntamiento de Mieres y en contrapartida se vincula más estrechamente a la empresa.


Monumento al Marqués de Comillas:
Frente a la iglesia se encuentra el Monumento al marqués, erigido en 1925, por suscripción de los empleados de la empresa, levantado a la muerte de Claudio López Bru, siendo realizado por el escultor Alfredo Mariñás. La escultura representa la ofrenda floral de un obrero a la figura del patrono (parece ser que se tomó como modelo a un trabajador apodado “Miguelón el de Entrebú”). Realizado en piedra y bronce, destaca la verja que rodea el conjunto, está formada por picos y palas; instrumentos de trabajo utilizados por los mineros. Y las farolas de estilo modernista.


En 1967, el poblado minero pasó a formar parte del patrimonio de HUNOSA y las viviendas obreras que están en arriendo fueron vendidas a sus inquilinos en 1970. Las Cuencas Mineras Asturianas, son testigo de un proceso de industrialización iniciado en el siglo XIX.

.Fuente visitada- turismo.ayto-mieres.es

sábado, 17 de agosto de 2013

NACIMIENTO Y DECLIVE DE (ENSIDESA)


Finalizada la guerra civil en 1939 y ante la escasez de productos siderúrgicos el estado interviene de forma directa en la producción de los mismos creando el 28 de julio de 1950 la Empresa Nacional Siderúrgica (ENSIDESA), dependiente del Instituto Nacional de Industria (INI).


La factoría se situó en terrenos pertenecientes a los concejos de Avilés, Corvera, Gozón y Carreño, y entró en funcionamiento en 1956, inaugurándose el primer alto horno en 1957. La creación de ENSIDESA lleva a Asturias a la cabeza del país en producción siderúrgica, y desarrolla de forma impresionante la comarca de Avilés y municipios limítrofes.


Entre 1957 y 1972 la empresa bate records de producción y empleo, con cuatro altos hornos en funcionamiento, producciones superiores a los dos millones de Tn/año y una plantilla formada por más de trece mil trabajadores. En 1973 tiene lugar la absorción de la Unión de Siderúrgicas Asturianas S.A. (UNINSA), sociedad constituida el 30 de mayo de 1961 por las principales fundiciones privadas asturianas (Duro-Felguera, Fábrica de Mieres y Sociedad Industrial Asturiana Santa Bárbara) y propietaria del tre de laminación de Veriña (Gijón).


UNINSA había surgido al calor del desarrollismo de los sesenta con fuertes ayudas públicas a través de los planes de Acción Concertada pero su nivel de endeudamiento debido a los elevados costes de instalación conllevan la entrada del INI en una primera ampliación de capital en 1970, como paso previo a su integración en la siderurgia pública. La fusión convierte a ENSIDESA la primera industria siderúrgica nacional, pero el exceso de plantilla -24.000 trabajadores- y el fuerte endeudamiento provocan en 1975 la primera regulación de plantilla y el comienzo de las graves crisis y reconversiones que pasan primero por un proceso de fusión con la siderurgia pública y privada vasca en la Corporación de la Siderurgia Integral (CSI) y que concluyen despues con el proceso de privatización y venta de la compañía al grupo multinacional luxemburgués ARBED en 1999. Surge así una nueva entidad totalmente privada denominada ACERALIA Corporación Siderúrgica.

Fuente visitada. www.archivosdeasturias.info

jueves, 27 de septiembre de 2012

PRIMERAS LÍNEAS DE DILIGENCIAS


En 1856, se inició el servicio Oviedo-Gijón-Avilés a cargo de una empresa domiciliada en la capital, titulada "La Unión Asturiana", con viajes diarios de ida y vuelta. Resultó buen negocio, y años después, se fundó otra empresa con capital avilesino llamada "La Villa de Avilés".

Ambas empresas entablaron una reñida competencia para atraerse a los viajeros. Avilés se dividió en dos bandos que llegaron a apasionar a los vecinos de la villa. Los dimes y diretes en la prensa, las coplas y las pullas entre los partidarios de "La Unión" y los de "La Villa", llegaron a constituir un verdadero sainete que nunca fue escrito. Como consecuencia de esta rivalidad, los precios fueron bajando.
Al establecerse "La Villa de Avilés", "La Unión" cobraba veinticuatro reales (seis pesetas) en berlina y veinte (cinco pesetas) en el interior por el billete de ida o vuelta a Oviedo. "La Villa" puso el viaje a veinte y dieciséis reales, respectivamente. Inmediatamente los igualó "La Unión", pero "La Villa" los volvió a bajar, y así se llegó hasta los seis reales en berlina y cuatro en interior.

Esta absurda competencia (que se repetiría en otras líneas) llevó a la ruina a ambas empresas. "La Unión" llegó a contar con un déficit de ciento cuarenta mil reales, y, por su parte, "La Villa" a deber a todo el mundo, desde los sueldos de los postillones a la cebada de las bestias. Fue aquel un escándalo pintoresco, hasta el punto que "El Faro Asturiano" (22-XII-66) intervino con un editorial para aconsejar a los dos beligerantes: ( "Esta lucha tiene que ser funesta para ambas empresas y en bien de ellas proponemos a los señores socios de Avilés que suspendan una guerra que traerá graves perjuicios a honrados padres de familia, y entren en una noble y amistosa transacción cediendo por su valor a "La Unión Asturiana" si ésta consiente en ello, los efectos y valores que posea.")

Entre Gijón y Avilés no hubo hasta 1.867 un servicio regular de viajeros, pero sí existían carruajes que hacían el recorrido sin horario fijo, de lo que se lamentaba la prensa gijonesa.

Las diligencias de Oviedo a Gijón y Avilés y localidades intermedias entre Avilés y Gijón, como Luanco y Candás, eran disputadísimas en verano, pues a partir del mil ochocientos cincuenta y tantos, se impuso la moda del veraneo.

En la zona Oriental asturiana existió en primer lugar la línea o servicio de Oviedo a Pola de Siero y Villaviciosa, a través de una de las primeras carreteras  que contó Asturias.

Al establecerse en 1852 el ferrocarril Gijón-Langreo (primero de Asturias y tercero de la Península), se creó la línea de Villaviciosa a Gijón, por camino deficiente, y un empalme en El Berrón hasta Infiesto. Por cierto, que el Ferrocarrilnde Langreo obtuvo más utilidades en su primer año con el arrastre de avellanas que con el carbón. El nuevo servicio ferroviario fue muy mal recibido por los arrieros y carreteros, sobretodo en el concejo de Siero, que vivían en gran parte de los transportes del carbón.

Villaviciosa, Siero y luego Infiesto recogían los viajeros de la zona Oriental. Luego la carretera fue extendiéndose lentamente por el interior y la costa hasta Cangas de Onís, Ribadesella y Llanes.

 

Fuente visitada.
Caminos y Viajeros de Asturias. J.E.Casariego.

jueves, 9 de febrero de 2012

PEDRO DURO FUNDADOR DE FÁBRICA DE LA FELGUERA









Siendo aún niño se traslada desde su Rioja natal hasta Madrid, donde consigue los suficientes beneficios como para apostar por la fundación de una siderurgia.
Tras la muerte de su esposa por enfermedad, comienza a buscar el emplazamiento adecuado para su arriesgado proyecto. Encuentra la localidad de La Felguera, en el municipio asturiano de Langreo, donde existe una comunicación apropiada (Carretera Carbonera y Ferrocarril de Langreo), así como recursos naturales idóneos tales como agua (río Nalón y Candín) y carbón (Reales Minas de Langreo).
Funda así la empresa Duro y Compañía con la ayuda de algunos socios como Julián Duro, el Marqués de Pindal (ex-ministro de Hacienda) o el Marqués de Camposagrado entre otros. El objetivo de la sociedad que conformaron eran, textualmente, establecer en el sitio llamado La Felguera, una fábrica de hierro de altos hornos, para la elaboración de hierro. Esto sucedía en 1857. La fábrica se construyó en la vega del río, en una zona conocido como La Felguera, debido a la abundancia de helechos, por ese motivo la empresa adoptó el nombre de Fábrica de La Felguera (en asturiano, lugar donde abundan los helechos), y de esta manera, toda la población conocida anteriormente como Turiellos pasó a denominarse La Felguera en el momento en que empezó a expandirse.

En 1875 el complejo, que se ocupaba de la siderurgia y el carbón, era el tercero en producción de hierro a nivel nacional y pocos años después el primero. Durante todo el siglo XX, Duro Felguera fue la mayor empresa siderúrgico-carbonera de España. Su labor motivó la expansión industrial en toda Asturias. Pedro Duro creó asistencia médico-farmacéutica para sus trabajadores, cajas de ahorros, cajas de socorros, viviendas baratas para las familias de éstos, escuelas gratuitas para sus hijos, etc. siendo su fábrica una de las más avanzadas socialmente de la época. Él mismo estaba convencido de su buena relación con sus empleados, con los cuales mantenía constante diálogo. Tras su muerte, la Fábrica continuó esta importante labor social y cultural. Cuando abrió el primer horno alto, que llevó por nombre Nuestra Señora del Pilar, fue a vivir con él su única hija Pilar Duro, que aún era una niña. Esta tuvo cinco hijos: Dolores Fernández Duro (futura marquesa de La Felguera), Josefina, Pedro, Matías y Jesús (Caballero de la Legión de Honor francesa).

La muerte de su hija Pilar a los 26 años le produjo una enorme tristeza que agudizó sus continuos problemas de salud. Tras varias visitas a Madrid para ser tratado, regresó a La Felguera, donde falleció en la tarde del 11 de marzo de 1886 momento en el que repicaron las campanas de la Iglesia y simultáneamente las sirenas de las fábricas.

Homenajes-
En 1895 los obreros de la Fábrica levantaron una gran estatua en honor a Duro, costeada por ellos mismos, que actualmente se encuentra en el parque Dolores Fernández Duro de la villa, rematada con la inscripción: "Los obreros de la Fábrica de La Felguera, a su fundador, Pedro Duro". Es la séptima estatua más antigua de Asturias; en ésta se realiza cada 29 de junio (festividad de San Pedro), una ofrenda floral. Sus restos y los de su familia descansan en la cripta de la Iglesia de San Pedro, a donde fueron trasladados en 2008 desde el cementerio municipal.

Fuente visitada.
Wikipedia

martes, 31 de enero de 2012

Hermanos Guilhou


El Café Anglais, en París, fue uno de los restaurantes más elegantes en la Francia del Segundo Imperio y a él acudían los aristócratas a presumir y los banqueros a cerrar negocios de alto nivel. Una noche cenaba en el suntuoso local el duque de Abrantes, todavía joven e impetuoso, cuando observó que al comensal de al lado le servían unos riñones «a la brochette». Inmediatamente hizo notar su disgusto ordenando al camarero en voz alta para que todo el mundo pudiese oírlo que le cambiase a otra mesa «alejada de aquel señor que es capaz de comer eso a la hora de cenar». El cliente pareció no sentirse ofendido y siguió dando buena cuenta del plato de vísceras, luego pidió su cuenta y al salir se acercó a la mesa del duque insolente: «Señor, usted no come riñones, pero seguro que se quiere batir conmigo por la mañana». Todas las miradas se posaron en el retado que no pudo hacer otra cosa que aceptar.

El de los riñones resultó ser un experto duelista y al amanecer no tuvo problema en atravesar al duque de Abrantes con una estocada que le mantuvo tres meses apartado de la circulación. Pues bien, la anécdota define a uno de los personajes que mantuvieron estrecha relación con Louis Guilhou y su hermano Numa antes de que éste se decidiese a adquirir las obsoletas instalaciones de Mieres para transformarlas en su fábrica.

La biografía de Numa Guilhou, aún pendiente de un trabajo serio, está llena de sorpresas. Casi siempre se resuelven sus orígenes comentando en dos líneas que procedía de una familia de comerciantes de lana de Mazamet, una ciudad cercana a Toulouse y se da a entender que labró poco a poco su fortuna, pero se olvida que tanto él como su hermano Louis llegaron a España poseyendo ya una enorme fortuna heredada. En 1848 Louis, que había fundado en Madrid su propia compañía de negocios, era capaz de adquirir una gran extensión de terreno en la zona de Chamartín, convencido del futuro de la zona, y abrir varios establecimientos comerciales, entre ellos una tahona y una fábrica de curtidos en la calle Platerías, en pleno centro de la capital, mandando construir de paso su espléndida residencia ajardinada, la llamada «Quinta San Enrique», que hoy es propiedad de la ONCE.

El 28 de enero de 1856, unos meses antes de que Numa consiguiese hacerse con las instalaciones de Mieres que transformaría en su fábrica, se promulgó la ley de Sociedades Anónimas permitiendo la entrada en España de las compañías de crédito extranjeras. Fueron cuatro las que aprovecharon la oportunidad y en todas había capital francés. Entre ellas estaba la Compañía General de Crédito en España, un proyecto muy ambicioso en el que colaboraron los Guilhou desde un principio, figurando en su primer consejo de administración, que celebró el 30 de mayo del mismo año su junta constituyente, contando con la asistencia del gobernador de la provincia de Madrid. El consejo quedó presidido por el duque de Abrantes y en él figuraba Louis Guilhou como administrador y director de otros veinte consejeros entre los que se encontraban un príncipe, cuatro condes, dos marqueses, políticos y varios banqueros galos, uno de ellos el propio Numa Guilhou.

La Compañía General de Crédito abrió pronto sucursales en varias capitales españolas y también en La Habana y París y mantuvo negocios tradicionales como las finanzas, las aseguradoras y las minas, junto a otros más modernos, con grandes posibilidades, pero mucho más arriesgados: los ferrocarriles y las fábricas de gas. Adquirió yacimientos minerales de plomo en Jaén, Granada y Córdoba, y de carbón en León y Palencia, llegando a participar en el préstamo de importantes sumas al Gobierno de la nación, pero su mayor apuesta fueron las vías férreas a las que se destinaron grandes sumas para la línea andaluza de Sevilla a Jerez y las catalanas de Tarragona-Reus-Montblanc y posteriormente Lérida-Reus-Tarragona.

El capital social de esta línea era de 8.550.000 pesetas dividido en 18.000 acciones de 475; la Compañía General adquiría desde el principio 6.000, otra sociedad regional, Borrás, Canals y Cía., se quedaba con 1.000 y un tercer bloque de 800 era asumido personalmente por Louis Guilhou. También en el primer Consejo de la Sociedad del Ferrocarril de Sevilla a Jerez, que se amplió más tarde con otra vía de Puerto Real a Cádiz, estaban los dos hermanos. Su presidente era el marques de Alcañices, pero Louis Guilhou volvía a figurar como director y Numa ejercía la representación en París.

Y éstas no eran su únicas relaciones con el mundo del ferrocarril, ya que los dos banqueros controlaban en Francia la denominada «Compagnie des Chemins de fer des Charentes» mediante su propia empresa «Les fils de Guilhou jeune». Respecto al nombre de esta empresa, se ha escrito a menudo «jeunes» (jóvenes) lo que se traduciría como «jóvenes hijos de Guilhou», pero realmente en los documentos de la época la palabra se escribe siempre en singular, por lo que sería más correcto «hijos del joven Guilhou».

Volviendo a su preferencia por las vías férreas, ésta fue precisamente la causa de su ruina, ya que les hizo ir más allá de sus posibilidades, asumiendo unos riesgos que llevaron a la sociedad a la suspensión de pagos. Las primeras dificultades serias aparecieron a mediados de 1862 y pudieron sortearse con altibajos hasta que finalmente en septiembre de 1864 se tuvo que declarar la quiebra que incluyó el episodio de la huida del responsable financiero Alfred Prost, un notable al que se le había concedido en mayo de 1856 la Orden de Isabel la Católica por haber aportado 42 millones de reales de su propio capital en uno de aquellos préstamos al Estado que cité más arriba.

Desconozco el motivo por el que los Guilhou quisieron o tuvieron que hacerse cargo del ruinoso negocio, pero me consta por las noticias que fue publicando sobre el asunto «Le Journal de Toulouse» que dos años más tarde aún mantenían el litigio con los accionistas en los juzgados parisinos.

Un aspecto que resulta interesante es el sistema de financiación mixto desarrollado por los dos hermanos en sus empresas, muy similar en todos los casos y que también fue el que emplearon para adquirir y renovar la fabrica de Numa en Mieres. La Compañía General de Crédito se había fundado con un capital social elevadísimo para la época, 399 millones de reales, repartido en 210.000 acciones de 1.900 reales cada una, aunque realmente nunca se llegaría a desembolsar más de un tercio de esa cantidad; pero para los ferrocarriles andaluces habían preferido dividir el capital inicial en acciones y obligaciones de dos tipos, unas reembolsables a 47 años y otras a 97 que producían un generoso interés anual. Así la Compañía de Crédito y «Les fils de Guilhou jeune» garantizaban solidariamente 48.125.000 francos que se completaban con una subvención estatal.

Siguiendo este sistema, la Sociedad Hullera y Metalúrgica de Asturias, que luego se convertiría en Fábrica de Mieres, nació legalmente el 11 de mayo de 1861 en el despacho de los notarios parisinos Rousset y Simón con la suma del capital repartido en ocho millones de francos en acciones y 7 millones en obligaciones de 250 francos. La sociedad se constituía por 90 años y la suscripción la abrían directamente «Les fils de Guilhou jeune» desde sus oficinas bancarias del número 50 de la rue de Provence en París.

En este caso las obligaciones eran reembolsables en 47 años a partir de 1865 al doble de su valor y entre tanto daban un interés anual de 15 francos, lo que las convertía en muy interesantes; la publicidad de la empresa se encargaba además de adornar el proyecto, que en este caso y afortunadamente para los mierenses tuvo éxito. La Sociedad Hullera partía de varias propiedades repartidas por las Cuencas: en Mieres estaban las forjas, un alto horno y las minas de carbón que lo abastecían, formando un conjunto que según los cálculos expuestos por Numa Guihou había cerrado el ejercicio de 1859 con un beneficio de 250.000 francos; también se contaba con las minas de Siero y Langreo, que habían pertenecido a las antiguas concesiones Aguado y las acerías de Lena. Eran un total de 50 concesiones hulleras repartidas en 4.000 hectáreas a las que había que sumar otro paquete financiero de nuevo vinculado al mundo de los trenes: nada menos que 10.467 acciones del ferrocarril de Langreo que en aquel momento les daban el control de más de la mitad de la empresa.

Fuente visitada.
.lne.es/secciones/noticia

miércoles, 21 de diciembre de 2011

HISTORIA DE LA PISCICULTURA ASTURIANA


Ricardo Acebal del Cueto (1849-1940), ingeniero de montes de Gijón, muy vinculado a la Universidad de Oviedo, propuso el establecimiento de una piscifactoría para la cría del salmón. Esta especie estaba siendo esquilmada con máquinas salmoneras que, a modo de grandes norias, sacaban del río cientos de salmones que trataban de remontar los cauces.
Al mismo tiempo, el canónigo de Covadonga, D. Manuel Alea, compró 10.000 huevos de trucha al Monasterio de Piedra y los depositó en su finca de El Cobayu, en lo que sería el inicio de una piscifactoría.
Pero fue finalmente Ricardo Acebal quien redactó el proyecto para la creación de un establecimiento de piscicultura en Asturias, en Infiesto (Acebal, 1892).
Las obras de esta piscifactoría finalizaron en 1907 y la primera incubación se realizó en 1908. La apertura de esta piscifactoría fue todo un acontecimiento nacional y a lo largo de los primeros años de funcionamiento recibió visitas de muchas personalidades incluida la del rey Alfonso de Borbón.

Entre 1922 y 1928 se obtenían anualmente en Infiesto entre 100.000 y 300.000 alevines de salmón, cuyo destino era la repoblación de los ríos asturianos.
En los primeros años de la década de los 60 empezó su actividad en Asturias la primera piscifactoría industrial de producción de trucha arco iris, en el río Nalón. A mediados de los años 70 estaban en activo cinco y a principio de los años 80, diecisiete. En esta década, comenzó la especialización de las instalaciones.

Los primeros empresarios piscícolas de Asturias fueron pioneros, no sólo en el tiempo en que iniciaron la acuicultura de tipo empresarial, si no también, en la idea de implantar tecnología en sus instalaciones. Junto con estas piscifactorías coexistían otras más pequeñas que eran muy rudimentarias. Se construían, simplemente, restaurando algún antiguo azud que había servido en otro tiempo para un molino o para otro uso; se reconstruía el canal de entrada del agua y se establecían, muy artesanalmente, estanques de cría. Los huevos embrionados o alevines de trucha arco iris eran adquiridos en las piscifactorías más grandes y, así, comenzaban a criar peces.

En el resto de España, la piscicultura de salmónidos en los años 80 era muy parecida a la asturiana: convivían pequeñas piscifactorías artesanales con grandes empresas de acuicultura. La única diferencia con las de Asturias era que el volumen de agua disponible en los ríos asturianos era mucho menor que el de los grandes ríos de otras zonas de España. La orografía de Asturias hace que el caudal de los ríos fluctúe mucho entre las épocas de invierno y de estiaje. La mayoría son torrentes. El terreno montañoso no permite la construcción de grandes instalaciones, de manera que las piscifactorías llamadas “grandes” en Asturias siempre fueron de menor tamaño que las de otros lugares de la península.

Fuente visitada.
serida.org

sábado, 19 de noviembre de 2011

FÁBRICA DE LOZA DE SAN CLAUDIO


En 1901, y siguiendo la tradición alfarera de la zona, que venía desde antiguo, Senén María Ceñal abrió la Fábrica de Loza de San Claudio, en el lugar del mismo nombre de la parroquia de Oviedo.
Alcanzó gran popularidad por la elaboración de loza feldespática, similar a la loza inglesa, y por utilizar distintas técnicas de decoración de cerámica bajo esmalte que garantizan la calidad y perdurabilidad de sus colores. También contaba con una fábrica de vidrio. A lo largo de su historia ha conseguido abrir mercados no sólo en España si no también en lugares tan dispares del mundo como Chile, Marruecos o Finlandia.
En el año 2007, se inició expediente para su declaración como Bien de Interés Cultural por ser un importante ejemplo de la historia industrial de la región. La documentación de su archivo, las piezas antiguas, sus instalaciones, tienen un elevado interés para el Patrimonio Histórico. Se conserva una antigua chimenea de fines del siglo XIX que pertenecía a la fábrica de Cerámica Asturiana, anterior a la de loza. También son destacables el almacén general y las naves del taller de elaboración y de otro taller donde aún se guardan unas máquinas, de principios del siglo XX, para la fabricación de pastas. También sobresalen dos hornos cuya construcción se remonta al año de apertura de la fábrica. Uno de ellos se conoce como “horno de botella” por su forma. Realizado en ladrillo macizo refractario, era donde se transformaba el flint (o cuarzo) en cristobalita. En el otro horno, construido con el mismo material que el anterior, se fundía el esmalte y tenía una chimenea de sección cuadrada de gran altura. Junto a dichos hornos hay otra chimenea para aspirar el polvo de lija de las piezas. También son de interés tres edificios dedicados a oficinas (algunos de ellos también con función residencial) y las conocidas como Casas del Monte, próximas a la fábrica, que se construyeron hacia 1902-1903 para los obreros.
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1 de febrero del 2.010
Oxidándose y llenándose de hierbajos bajo la lluvia. La Fábrica de Loza de San Claudio, que cerró completamente sus puertas el pasado 30 de junio tras más de un siglo de actividad, está considerada bien de interés cultural en la categoría de monumento, pero eso no parece servirle de nada. No sirvió para evitar el cierre, ni el paro de sus trabajadores, y tampoco para evitar que el abandono se adueñe del recinto.

La vieja locería está cerrada, las ramas crecen sobre el horno -una construcción barriguda, de ladrillo, como una enorme tinaja que sale de la tierra- y los tejados junto a las chimeneas se desmoronan. Al otro lado de la carretera que va desde San Claudio a Sograndio, y que bordea la fábrica, se alzan las Casas del Monte, las únicas viviendas obreras que construyó la Fábrica de Loza, y que datan de cuando se inició su actividad, en 1903. Un grueso tronco de castaño impide el paso a las casas, quizá para evitar que alguien las utilice como refugio. Alguien muy necesitado, porque realmente están que dan miedo, al borde de la ruina total. Estas casas forman parte de la declaración de bien de interés cultural que afecta a la locería, una resolución de la Consejería de Cultura, que fue solicitada en su momento por el Pleno del Ayuntamiento y que ha llegado a los tribunales. El propietario de la Fábrica de Loza, Álvaro Ruiz de Alda, ha presentado un recurso contencioso-administrativo contra esta declaración, que torpedea cualquier intento de aprovechar el solar.

El Ayuntamiento de Oviedo no comparte el rechazo del propietario a la declaración de BIC, pero sí cree que hay que modificar la delimitación «y hacer algo positivo para que este patrimonio no se pierda.
La Fábrica de Loza fue el primer patrimonio industrial asturiano declarado Bien de Interés Cultural. El Principado, que inició este expediente por iniciativa del Pleno del Ayuntamiento de Oviedo, destaca el valor de la factoría para documentar «la tradición científico-técnica y de las artes industriales asturianas, que se remonta al siglo XVIII».

Entre los elementos más significativos, Cultura destaca el taller de elaboración, el almacén general, el horno de flint -de 1901, llamado «horno de botella» por su forma de tinaja-, el horno de frita -de chimenea cuadrada, también de 1901-, el taller de elaboración de pastas, de principios del siglo XX, las oficinas de 1903, que albergaron en su momento viviendas y la casa del director, y las Casas del Monte, para obreros. También están protegidos los restos de las antiguas oficinas y la chimenea de Cerámica Asturiana, contiguas a la locería. El archivo y las colecciones de piezas históricas también se incluyen en la protección.

BIC:

Los elementos protegidos.

El taller de elaboración. El almacén general. El horno de flint o de botella, construido en el año 1901.

El horno de frita con su chimenea cuadrada, también de 1901.

El taller de elaboración de pastas, de principios del siglo pasado.

Las oficinas, construidas en 1903 y que en su día fueron viviendas y residencia del director de la locería.

Las Casas del Monte, que fueron residencia de los obreros de la fábrica.

Los restos de las antiguas oficinas.

Las colecciones de piezas históricas.

Fuentes visitadas.
el.tesorodeoviedo.es
lne.es

lunes, 26 de septiembre de 2011

LA FÁBRICA DE MIERES-1.884-


FÁBRICA DE MIERES: En el extremo Norte de la vega, en una angostura que los montes forman y á unos tres kilómetros de la estación de Mieres, inmediato á la de Ablaña, se alza, en la orilla derecha del rio, el gran establecimiento industrial, que ha hecho famoso el nombre de la villa y que se llama Fábrica de Mieres. Todos los viajeros de Asturias, los de las antiguas diligencias ayer, los del tren hoy, recuerdan y ponderan aquel espectáculo fantástico que la fábrica ofrece por la noche, cuando de repente y desde lejos se ven fulgurar hileras de grandes luminarias en la ribera y en los hogares del cok, en los colosales hogares de los talleres y altos hornos y en las cimas de las empinadas chimeneas, relampagueando entre nubes de vapor y de humo. Pero tan pasajero recuerdo nada significa, comparado con el de la visita á la renombrada fábrica. Puede esta efectuarse, ó desde Mieres, subiendo la pintoresca carretera, ó desde Ablaña, pasando el puente. La vía férrea, de iguales dimensiones que la general, circunda y sirve con sus carriles á todo el establecimiento. En su magnífico conjunto, extendido por el negro suelo, al pié de las verdes laderas de Las Piezas que hoy sustentan todo un pueblo de obreros llega el curioso á ver, á la izquierda, entrando desde Mieres, las oficinas, la dirección, la sala de dibujo y museo de proyectos y obras; á la derecha, los tres altos hornos cilíndricos de 18 metros de altura, rodeados en su base de una corriente constante de agua, las poderosas máquinas soplantes, estufas y bombas y los pisos de obtención del hierro moldeado. Al frente, la primitiva y curiosa casa de la máquina soplante; á su izquierda el gran taller de pudlado, con 28 hornos del sistema Boetius; más adelante los talleres de refinos y laminación, con seis hornos y tres poderosos trenes, grande, mediano y chico. En frente á ellos, los bien ordenados almacenes de toda clase de efectos para la fábrica y los obreros, y que contiene existencias por valor de más de cuarenta mil duros; al lado opuesto la carpintería y el Museo de modelos, admirable y riquísima colección de ejemplares, que por sí solo forma una verdadera escuela de tipos de fundición; los tres extensos talleres de fraguas y ajuste; enfrente, el taller de montaje de puentes y calderas; el curioso aparato de remachar, de agua comprimida, las calderas; la dinamo Gramme para el alumbrado eléctrico de los talleres; la fábrica de ladrillos refractarios; la capilla; los aparatos lavaderos del carbón, de diversos sistemas, y en fin, en el extremo de la fábrica los dos grupos de hornos de fabricación del cok, 40 del antiguo sistema Smet y 30 del sistema Ibran, en medio de grandes montones de combustible ya fabricado.

Supónganse todos estos centros en continuo atronador é infernal movimiento, imagine el lector mil doscientos obreros agitándose entre este encendido telar de fuego, trabajando sin cesar de noche y de día y llegará á formarse una confusa idea de lo que la fábrica es en realidad. Aquí no caben estéticas descripciones. La poesía de la industria son los números. He aquí, pues, condensado una parte del poema de Mieres:

La fábrica ocupa una superficie de 240.000 metros cuadrados; tiene 24 máquinas de vapor, con 38 calderas y 750 caballos de vapor de fuerza. Consume 35.000 toneladas de carbón, 25.000 de cok, 16.000 de fundentes y 33.000 de mineral de hierro. El carbón procede de las minas Nicolasa, Mariana y Corujas, del concejo de Mieres; de la de Santo Firme, concejo de Llanera, y de las de Sama, Candín, y Llascaras del concejo de Langreo y Siero, que ocupan 5.772 hectáreas y que producen 144.000 toneladas. El hierro se extrae de las minas de Villaperez, Naranco, Boquerón y Grandola, próximas á Oviedo, y de la de Aguilero en Aviles, siendo la primera la que da mayores cantidades para el consumo. Todas son propias de la Sociedad, la cual compra además unos siete millones de kilogramos de hierros, procedentes de Vizcaya, de Somorrostro y Ollargan. Produce la fábrica: 10.500 toneladas de hierros laminados; 300 de martillados; 12.500 de lingote, y 13.300 de hierros bastos. Ha construido en 1882, 29 puentes, y ocupa en sus minas y fábricas 2.300 operarios.

Fue creado este establecimiento en 1848 bajo la dirección de M. T. Lambert; pero la falta y dificultad de las comunicaciones, y la pobre explotación que se hacía de hierros y carbones, hizo malograr los primeros trabajos, en los que se emprendió la tarea nueva en España de obtener la fundición de hierro por medio del cok. Veinte años después el entendido y emprendedor hombre de negocios Don Numa Guilhou se hizo cargo de ella, desarrolló en grande su marcha industrial, y, gracias á la apertura de la vía férrea de Lena á Gijon logró ponerla en grandes condiciones de producción. Para que estas arraigaran y tomasen verdadera importancia, constituyó en 1878 la Sociedad Fábrica de Mieres, cuya presidencia lleva. Entonces empezó una gran campaña científico-económica, que triplicó los productos, que unió todos los criaderos de carbón y hierro con la vía general, que consiguió utilizar equitativamente la mala calidad de los hierros silíceos asturianos y que metodizó la extracción y uso de los carbones, según su diversa calidad, tarea esta última no muy difícil, dada la variedad y riqueza de los yacimientos en cuyo centro está la fábrica emplazada.

Fuente visitada.
xtec.es

lunes, 19 de septiembre de 2011

QUESO-AFUEGA`L PITU


Las producciones lechera y quesera están íntimamente ligadas a la historia de Asturias. A falta de testimonios anteriores el queso Afuega'l Pitu aparece recogido en la documentación escrita al menos desde el siglo XVIII como moneda de pago de impuestos, aunque hasta el siglo XIX, nombrándolo como queso de puñu o queso de Afuega'l Pitu. Félix Aranburu y Zuloaga lo califica a finales de la misma centuria como el "primitivo queso de puñu o de Afuega el Pitu que es corriente en casi todos los consejos de Asturias". En fechas aproximadas la obra Asturias de Octavio Bellmunt y Fermín Canella vuelve a insistir sobre la extensión de estos quesos, nombrándolos como "los corrientes en todas partes llamados de Afuega el Pitu o con otros nombres".

La etimología del nombre que se le ha dado a esta variedad de quesos resulta sugerente por incierta. Transcrito literalmente "Afuega'l Pitu" viene a significar en castellano "ahogar el pollo", un nombre curioso al que se le han buscado múltiples interpretaciones. Desde la alusión al estrangulamiento del cuello de la bolsa donde desuera (fardela), a las dificultades que puede ofrecer en algunos casos para ser ingerido.

En las comarcas ribereñas del Narcea y del Nalón, donde es más abundante, se conocen como Afuega'l Pitu un conjunto de quesos de características y peculiaridades bastante heterogéneas tanto en formas como en tiempos de maduración o sabores. De manera general, se podrían señalar en esta área dos variedades fundamentales de Afuega'l Pitu, definidas por el tipo de cuajada (primera fase de elaboración del queso) y el tiempo de maduración de cada una de ellas.

Forma:
TRONCOCÓNICA o de CALABACÍN.
TRONCOCÓNICA:
Esta forma característica es adquirida por los quesos, dado que la forma de los moldes es la de un cono truncado.

CALABACÍN:
Debido a que el molde utilizado es una gasa que se ata en la parte superior por sus extremos y quedan dibujados en la superficie del queso los pliegues de la misma.
Altura: Entre 5 y 12 cm. aproximadamente para ambas formas.
Peso: de 200 a 600 gramos.
Diámetro: Entre 8 y 14 cm., el diámetro se mide en la base.
De corteza natural, consistencia variable dependiendo del grado de maduración del queso y de la adición de pimentón.
La consistencia de la pasta, dependiendo de su maduración es más o menos blanda, si es fresco se puede untar, a medida que su maduración es más notoria deja de poder untarse, siendo una de sus características más notables la imposibilidad de realizar un corte limpio, ya que se desmenuza con gran facilidad.
Su color puede ser blanco con tendencia al amarillento, dependiendo de su grado de maduración, o bien rojo anaranjado si se le añade pimentón.
El sabor de los quesos es ligeramente ácido, poco o nada salado, cremoso y bastante seco, en los quesos rojos este sabor se acentúa en fuerto y picante.
Resulta pastoso y astringente a su paso por la garganta ("Pitu" término coloquial asturiano con el que se conoce a la faringe), dando fiel cumplimiento a su denominación.
Su aroma es suave, característico y aumenta con la maduración.

La zona geográfica delimitada mediante la constitución de la Denominación de Origen Protegida "Afuega'l Pitu", es el escenario natural que se articula en torno a dos ríos; son los mayores de Asturias, el Nalón y el Narcea junto con la Sierra del Aramo cuya pendiente cae sobre dos pequeños ríos, el de Morcín y el de Riosa (Afluentes del Caudal, que lo es a su vez del Nalón).


Los municipios que integran esta zona son: Morcín, Riosa, Santo Adriano, Grado, Salas, Pravia, Tineo, Belmonte, Cudillero, Candamo, Las Regueras, Muros del Nalón y Soto del Barco.
Es un queso graso que puede ser fresco o madurado, elaborado con leche entera pasterizada de vaca, de pasta blanda obtenida por coagulación láctica, de color blanco o bien anaranjado rojizo si se le añade pimentón. No obstante lo anterior, los quesos que tengan un período de maduración de 60 días, no será requisito imprescindible la pasterización de la leche.

La leche utilizada para la elaboración de los quesos protegidos será la obtenida de vacas sanas de la raza Frisona y Asturiana de los Valles y sus cruces.

Fuente visitada.
doafuegalpitu.org

jueves, 1 de septiembre de 2011

LOS RESTOS DE LA CAMOCHA

Gijón, 3 jun (EFE).- CCOO ha requerido el bloqueo de todas las actividades de derribo y achatarramiento de la Mina de La Camocha así como la denegación de las pertinentes licencias hasta que se determine qué elementos de la explotación minera deben ser preservados y protegidos.

En una carta remitida a la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, el sindicato alerta de que el espacio dispone de diversos elementos de notable valor patrimonial cuya conservación requiere, por lo que urge a Patrimonio que determine su preservación.
Diferentes empresas están pujando para el derribo de diferentes instalaciones industriales de la mina para convertir en chatarra las más de tres mil toneladas de acero que se estima que acumulan.

Entre otros elementos, CC OO destaca la importancia del castillete correspondiente al pozo número dos, el lavadero del pozo número 3, las cintas transportadoras, tolvas y silos en torno al mismo.
Asimismo, cita el antiguo aparcamiento de camiones, el antiguo taller eléctrico así como otros edificios de menor entidad entre otras instalaciones.

"Las instalaciones de Mina La Camocha de unas instalaciones que han tenido un enorme valor en la economía de nuestra ciudad sino también en la historia de la lucha por la defensa del movimiento obrero asturiano y español", defiende.
El sindicato entiende que la destrucción de los diferentes elementos puede originar daños irreparables en unas instalaciones de un claro valor desde el punto de vista de la arqueología industrial.
Fuente visitada.
finanzas.com/noticias/empresas/2011-06-03








jueves, 18 de agosto de 2011

EL VINO DE CANGAS


Pocos son fuera de Asturias los que saben que en nuestra región no sólo hay vino, sino que nunca dejó de haberlo, al menos desde tiempos medievales, cuando las distintas órdenes religiosas repartidas por la región introdujeron las vides. Estos viñedos se concentran en el suroccidente de Asturias (esta zona cuenta con un microclima especial), con el concejo de Cangas del Narcea a la cabeza, donde se elabora el conocido “Vino de Cangas“, aunque otros concejos como Allande, Grandas de Salime, Illano, Pesoz, Tineo, Degaña e Ibias, también producen vino.

Desde el siglo IX existe documentación sobre el cultivo de la vid en la zona. Sin embargo, su expansión se produce con la fundación del Monasterio de San Juan Bautista de Corias por los monjes benedictinos, a comienzos del siglo XI. En la actualidad, está limitado a unas 100 Hectáreas, aunque se está haciendo un importante esfuerzo por recuperarlo. El resurgimiento de las bodegas en la zona ha hecho que estos caldos, en sus variedades de tinto y blanco, sean reconocidos con la IGP (Indicación Geográfica Protegida) “Vino de la Tierra de Cangas”.

Para conocer más sobre este delicioso caldo asturiano, puedes visitar el Museo del Vino de Cangas de Narcea. El museo se encuentra ubicado en el barrio de Santiso, un referente de la arquitectura tradicional, que lo es también de la cultura vitivinícola del concejo cangués, con el conjunto formado por el antiguo lagar, las nueve bodegas y el Museo del Vino de Cangas del Narcea, el cual es una iniciativa de la Asociación Cultural Santiso y Llamás.
La visita es un recorrido por los trabajos de la viña, su milenaria historia, y las singulares características naturales que hacen de este vino un producto único. Además, también se puede contemplar una exposición de grandes piezas, únicas por ser concebidas para dar solución a las necesidades específicas. Se puede observar también una plantación y unos emparrados tradicionales con las variedades de vid autóctonas.

Por último, descubriremos en una tercera edificación contigua al museo, una bodega tradicional asturiana con un viejo lagar de viga, cuya edad se aproxima a los quinientos años de antigüedad. La pieza central es la prensa destinada a hacer la pisada de la uva, y que ocupa gran parte del espacio expositivo; éste se ve complementado con una serie de paneles que acogen las explicaciones sobre la historia del viñedo en la comarca, variedades, edificaciones vinculadas al proceso productivo, y los aspectos festivos y sociales que a ello se relaciona.
Además desde abril, el Museo del Vino de Cangas del Narcea cuenta con nuevos equipamientos y ofertas para los visitantes. Se trata de la plantación de las 14 variedades de vides que conforman el vino de la comarca, y de la apertura del viejo lagar de Santiso, que simula ser una vieja bodega tradicional de la zona.

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La vendimia realizada manualmente y el transporte de la uva se realiza con el mayor esmero, procesándola en el menor tiempo posible, con el fin de obtener mostos y vinos de máxima calidad.
En la elaboración se mantienen las prácticas tradicionales, aplicando procesos tecnológicos y enológicos modernos, orientados a la mejora del producto final. Para ello las bodegas acogidas a la Indicación Geográfica han realizado un importante proceso de modernización de sus instalaciones.
Los caldos, calificados como Vino de la Tierra de Cangas, presentan las cualidades organolépticas propias de los vinos tradicionales de la zona, en cuanto a color, aroma y sabor, con aspecto limpio, brillante y adecuado equilibrio alcohol/acidez.
El grado alcohólico mínimo será de 10 % volumen en los tintos y de 9,5 % en los blancos, mientras que la acidez, expresada en gramos/litro de ácido tartárico, estará comprendida entre 5 y 8, 5 en los tintos y 5 y 10 en los blancos.

FUENTES VISITADAS:
saboresmitologicos.es
turismoculturalasturias.com

lunes, 13 de junio de 2011

LOS TRANVÍAS ASTURIANOS










En Asturias el tranvía apareció por vez primera en la ciudad donde las actividades económicas alcanzaron mayor vigor y complejidad en la segunda mitad del siglo XIX. En 1.890, diecinueve años después de la aparición del tranvía pionero en Madrid, comenzó a circular el tranvía en Gijón. Desde tal año, y durante tres cuartos de siglo, hasta 1.964, el tranvía circuló de forma ininterrumpida por las calles de la ciudad.
Oviedo y Avilés también dispusieron de tranvías urbanos, aunque algo más tardíos, y en el caso de Avilés con una red menos densa. En Avlés la empresa Tranvía Eléctrico de Avilés llevó a cabo la explotación de una línea desde Villalegre a Piedras Blancas, que daba servicio al casco urbano, entre 1.921 y la segunda mitad de la década de 1.950.

En Oviedo la llegada del ferrocarril y el trazado de la calle Uría como vía de enlace entre la estación y el casco histórico indujeron la ocupación de los terrenos aledaños. En 1.891, promovida por el indiano Manuel Cuesta Barredo, se fundó la Compañía de Tranvías de Oviedo.
La Compañía de Tranvías de Oviedo, absorbida en 1.895 por los Ferrocarriles Económicos de Asturias, explotó hasta 1.922 una línea de tración de sangre entre el Ayuntamiento y la estación, cuyo trayecto de ida transcurría a través del eje Rúa-Cimadevilla-Jovellanos hasta enlazar con la calle Uría en la plaza de la Escandalera, en tanto que la vuelta discurría por la última calle citada, y las de Fruela y Jesús.

Los orígenes de los tranvías de Gijón radican en la petición que, en 27 de enero de 1.887, hizo al Ministerio de Fomento un vecino de la localidad, Florencio Valdés, solicitando la concesión de un tranvía movido por fuerza animal desde Gijón a La Guía. Tras haber fijado el ministerio en julio de 1.888 el pliego de condiciones particulares, en febrero de 1.889 se adjudicó la concesión en pública subasta al citado peticionario y un mes después fue aprobado el proyecto de construcción del tranvía.
Entre 1.890 y 1.905 quedaron establecidos los tres ejes básicos de la red del tranvía: la línea pionera de Gijón-La Guía, trazada en 1.890 y ampliada un año más tarde hasta Villamanín; la línea Gijón-Natahoyo (1.895), prolongada en 1.900 hasta La Calzada, y la línea de El Llano, abierta al tráfico en 1.905. En esta última fecha puede considerarse cerrado el periodo de formación de la red, porque aunque la línea de La Calzada fue prolongada en 1.912 hasta El Musel, y más adelante se establecieron algunos ramales secundarios, no se abrió ninguna otra línea nueva. no por falta de proyectos, que los hubo, y muchos; señal inequívoca de que, a partir de los años veinte, el establecimiento de una nueva línea del tranvía en la ciudad no era negocio tan claro como lo había sido en la década de 1.890.

como elemento de tracción la Compañía de Tranvías de Gijón utilizó mulas desde el comienzo de la explotación, porque, aunque más lentas que los caballos, eran consideradas animales más sufridos y resistentes y con mayor potencia en el arranque. en su aplicación el tranvía se utilizaban en troncos de dos unidades y eran sometidas a una explotación intensiva y dura, como lo pone de manifiesto el que, en 1.902, el promedio recorrido por cada tronco de mulas fuera de 25 km diarios.
Comenzado el servicio con 25 unidades, en la década de 1.890 la cifra media anual de mulas osciló entre las 29 de 1.981 y las 42 de 1.899. En los años de cambio de siglo la puesta en servicio de mayor número de carruajes trajo consigo un crecimiento notorio de la cuadra, que de 52 unidades en 1.900 pasó a 62 en 1.901, y la cifra máxima de 90 en 1.902, para iniciar luego un descenso hasta estancarse en torno a las 80.

El adecuado mantenimiento del ganado de tiro exigía, cuidados no pequeños. La alimentación debía ser abundante y selecta, para lo cual se utilizaba paja y cebada traída en bastantes ocasiones en barco desde Sevilla.
En 1.909 fueron electrificados los tranvías gijoneses. La etapa enmarcada entre los comienzos de la tracción eléctrica y la guerra civil puede ser definida como una etapa de potenciación del tranvía como instrumento de transporte.

ASTURIAS Y EL FERROCARRIL-

martes, 3 de mayo de 2011

ANTIGUA FÁBRICA DE MIERES


En el extremo Norte de la vega, en una angostura que los montes forman y á unos tres kilómetros de la estación de Mieres, inmediato á la de Ablaña, se alza, en la orilla derecha del rio, el gran establecimiento industrial, que ha hecho famoso el nombre de la villa y que se llama Fábrica de Mieres. Todos los viajeros de Asturias, los de las antiguas diligencias ayer, los del tren hoy, recuerdan y ponderan aquel espectáculo fantástico que la fábrica ofrece por la noche, cuando de repente y desde lejos se ven fulgurar hileras de grandes luminarias en la ribera y en los hogares del cok, en los colosales hogares de los talleres y altos hornos y en las cimas de las empinadas chimeneas, relampagueando entre nubes de vapor y de humo.
Pero tan pasajero recuerdo nada significa, comparado con el de la visita á la renombrada fábrica. Puede esta efectuarse, ó desde Mieres, subiendo la pintoresca carretera, ó desde Ablaña, pasando el puente.
La vía férrea, de iguales dimensiones que la general, circunda y sirve con sus carriles á todo el establecimiento. En su magnífico conjunto, extendido por el negro suelo, al pié de las verdes laderas de Las Piezas que hoy sustentan todo un pueblo de obreros llega el curioso a ver, a la izquierda, entrando desde Mieres, las oficinas, la dirección, la sala de dibujo y museo de proyectos y obras; á la derecha, los tres altos hornos cilíndricos de 18 metros de altura, rodeados en su base de una corriente constante de agua, las poderosas máquinas soplantes, estufas y bombas y los pisos de obtención del hierro moldeado.
Al frente, la primitiva y curiosa casa de la máquina soplante; á su izquierda el gran taller de pudelado, con 28 hornos del sistema Boetius; más adelante los talleres de refinos y laminación, con seis hornos y tres poderosos trenes, grande, mediano y chico. En frente á ellos, los bien ordenados almacenes de toda clase de efectos para la fábrica y los obreros, y que contiene existencias por valor de más de cuarenta mil duros; al lado opuesto la carpintería y el Museo de modelos, admirable y riquísima colección de ejemplares, que por sí solo forma una verdadera escuela de tipos de fundición; los tres extensos talleres de fraguas y ajuste; enfrente, el taller de montaje de puentes y calderas; el curioso aparato de remachar, de agua comprimida, las calderas; la dinamo Gramme para el alumbrado eléctrico de los talleres; la fábrica de ladrillos refractarios; la capilla; los aparatos lavaderos del carbón, de diversos sistemas, y en fin, en el extremo de la fábrica los dos grupos de hornos de fabricación del cok, 40 del antiguo sistema Smet y 30 del sistema Ibran, en medio de grandes montones de combustible ya fabricado.

Supónganse todos estos centros en continuo atronador é infernal movimiento, imagine el lector mil doscientos obreros agitándose entre este encendido telar de fuego, trabajando sin cesar de noche y de día y llegará á formarse una confusa idea de lo que la fábrica es en realidad. Aquí no caben estéticas descripciones. La poesía de la industria son los números. He aquí, pues, condensado una parte del poema de Mieres:

La fábrica ocupa una superficie de 240.000 metros cuadrados; tiene 24 máquinas de vapor, con 38 calderas y 750 caballos de vapor de fuerza. Consume 35.000 toneladas de carbón, 25.000 de cok, 16.000 de fundentes y 33.000 de mineral de hierro. El carbón procede de las minas Nicolasa, Mariana y Corujas, del concejo de Mieres; de la de Santo Firme, concejo de Llanera, y de las de Sama, Candín, y Llascaras del concejo de Langreo y Siero, que ocupan 5.772 hectáreas y que producen 144.000 toneladas. El hierro se extrae de las minas de Villaperez, Naranco, Boquerón y Grandola, próximas á Oviedo, y de la de Aguilero en Aviles, siendo la primera la que da mayores cantidades para el consumo. Todas son propias de la Sociedad, la cual compra además unos siete millones de kilogramos de hierros, procedentes de Vizcaya, de Somorrostro y Ollargan. Produce la fábrica: 10.500 toneladas de hierros laminados; 300 de martillados; 12.500 de lingote, y 13.300 de hierros bastos. Ha construido en 1882, 29 puentes, y ocupa en sus minas y fábricas 2.300 operarios.

Fue creado este establecimiento en 1848 bajo la dirección de M. T. Lambert; pero la falta y dificultad de las comunicaciones, y la pobre explotación que se hacia de hierros y carbones, hizo malograr los primeros trabajos, en los que se emprendió la tarea nueva en España de obtener la fundición de hierro por medio del cok. Veinte años después el entendido y emprendedor hombre de negocios Don Numa Guilhou se hizo cargo de ella, desarrolló en grande su marcha industrial, y, gracias á la apertura de la vía férrea de Lena á Gijon logró ponerla en grandes condiciones de producción. Para que estas arraigaran y tomasen verdadera importancia, constituyó en 1878 la Sociedad Fábrica de Mieres, cuya presidencia lleva. Entonces empezó una gran campaña cientifico-económica, que triplicó los productos, que unió todos los criaderos de carbón y hierro con la vía general, que consiguió utilizar equitativamente la mala calidad de los hierros silíceos asturianos y que metodizó la extracción y uso de los carbones, según su diversa calidad, tarea esta última no muy difícil, dada la variedad y riqueza de los yacimientos en cuyo centro está la fábrica emplazada. Ha sido y continúa siendo esta una verdadera providencia para el país, puesto que bajo su amparo se han formado populosas barriadas, se ha asegurado la vida y progreso dé centenares de familias, y se han creado escuelas, hospitales, cajas de ahorros y sociedades cooperativas muy económicas.


Repetir aquí que esta fábrica se ha colocado en primer término en las exposiciones nacionales é internacionales y que se honra con múltiples recompensas, sería casi una redundancia. Tanto como sus triunfos, en los certámenes de la civilización la honran sus productos, y entre ellos puede recordar el lector curioso, los magníficos puentes del Nalón cerca de Pravia, el de Sequeiros en la línea de Galicia, y algunos en el puerto de Pajares. Con la apertura de la vía general empezará de seguro una nueva época de actividad y de progreso para esta grandiosa fábrica.

xtec.net

miércoles, 27 de abril de 2011

LOS ASTURIANOS EN LA COCINA 1800-1965


Esta exposición presenta la vida de los asturianos y su evolución en los dos últimos siglos a través del espacio más relevante de la casa: la cocina.

La cocina era un espacio esencialmente femenino, en el que transcurría gran parte de la vida doméstica. En ella se preparaba la comida, se elaboraba la matanza, el pan y la manteca, se conservaban los alimentos, se comía y bebía, se confeccionaba la ropa, se lavaba y se planchaba, se calentaba y aseaba la familia, se contaban cuentos e historias, se criaba a los niños, se oía la radio, se rezaba, se dormía y se moría.

Se divide en tres partes que corresponden a tres épocas y modos de vida diferentes. En la primera, entre 1800-1860, la cocina es de fuego bajo y leña, la vida predominante es la rural y la sociedad está dividida en campesinos, que viven en casas terrenas, y señores, que son los propietarios de la tierra y viven en casonas y palacios. La segunda, entre 1880 y 1936, es la época de la industrialización de Asturias, y en las casas de obreros y burgueses se impone la cocina económica de hierro fundido y carbón, así como otros muchos utensilios producidos en las nuevas fábricas de loza, cristal, fundición, etc. La tercera, entre 1950 y 1960, es la del desarrollismo franquista y la aparición la clase media, en la que el hogar soñado tiene cocina de gas y electrodomésticos como la lavadora, la nevera y la túrmix.
En definitiva, la cocina y el ajuar doméstico cuentan muchas cosas acerca de los asturianos: su actividad económica, sus gustos e intereses, sus cambios en la alimentación, sus diferencias sociales y su modo de afrontar la vida.

La vida doméstica en Asturias, 1800-1860
Campesinos y señores
Una vieja sociedad rural-

En este periodo, Asturias era una región eminentemente rural en la que la mayoría de sus habitantes eran campesinos pobres y artesanos, que trabajaban tierras pertenecientes a unos pocos señores. Las hambrunas ocasionadas por la pobreza y las malas cosechas causaban la muerte a miles de personas. Era frecuente la emigración de los jóvenes a Madrid, y desde 1850 a América. El comercio de ropas, ganado y algunos excedentes del campo se hacía en los mercados semanales y en las ferias. Había muy pocas tiendas estables y no existía una red de carreteras.
La mayor parte de los campesinos vivía en casas de planta baja, en las que la cocina y la cuadra eran los espacios principales y de mayor tamaño. En estas casas había muy pocos muebles. Los campesinos acomodados vivían en casas altas de corredor. Los señores residían en casonas y los más nobles en palacios con muchas dependencias y muchos muebles.

Las cocinas-
El hogar de los campesinos se atizaba en el suelo con leña. No había chimenea y el humo lo inundaba todo, con él se ahumaba la matanza, se secaban las castañas, etc. Los muebles eran escasos: un escaño alrededor del fuego para sentarse y dormir, un vasar para platos, escudillas y cubiertos, unos tayuelos para sentarse, una masera para hacer el pan y un coladero para lavar la ropa. Las cocinas de los señores eran similares, pero de mayor tamaño y tenían una campana para expulsar el humo por una chimenea. Para colocar los recipientes de cocinar había calamiyeres, trébedes, morillos y arrimapucheros de barro o hierro. Todas las cocinas tenían horno para cocer el pan.
Para cocinar, se empleaban calderas de cobre, y pucheros y cazuelas de barro, a los que se sumaron a comienzos del siglo XIX los potes de hierro fundido. La conservación de alimentos era una tarea que cada casa tenía que solventar por sí misma, pues todos los alimentos eran perecederos y no había un mercado surtido al que recurrir para comprarlos. Para guardar algunos alimentos se empleaban recipientes de madera y cerámica, así como arcas, etc.
Para comer había una gran diferencia entre la vajilla de los campesinos y los señores. Los primeros comían en escudillas de madera y barro, y su único cubierto era la cuchara de madera; para beber empleaban el canxilón, vasos de asta o jarras de barro. Los campesinos más acomodados tenían loza de El Rayu fabricada artesanalmente en el concejo de Siero. Los señores utilizaban lujosas vajillas de plata y de loza industrial de Sargadelos (Galicia) o Bristol (Inglaterra), cubiertos de plata, y vasos y copas de cristal de la Real Fábrica de La Granja (Segovia) o de La Industria, fábrica establecida en Gijón en 1844.

La vida doméstica en Asturias, 1880-1936
Obreros y burgueses

Una nueva sociedad urbana e industrial-
La llegada del ferrocarril de León en 1884, la mejora de los puertos de mar y la apertura de carreteras, la expansión de la minería del carbón y la industria, y la especialización ganadera en el campo cambiaron considerablemente el paisaje de Asturias y su sociedad. Las villas y ciudades comienzan a crecer. A estas poblaciones llega el alumbrado público y el alcantarillado, y a las casas de la burguesía el agua corriente y la electricidad. Se instalan las primeras tiendas de telas, ropas, ultramarinos y ferretería, y en las ciudades se construyen grandes mercados de hierro y cristal, que facilitan el suministro de alimentos a la población. La mortalidad infantil desciende y son frecuentes las familias con muchos hijos. La burguesía y los obreros son las nuevas clases sociales, y con ellas llegan los casinos, los sindicatos, la prensa, etc.

Los obreros tienen grandes problemas para conseguir una vivienda asequible y para ellos se construirán alojamientos formados por pequeñas viviendas de entre 20 y 40 m2, como las ciudadelas o barrios ocultos formados por casas de planta baja, los cuarteles y los poblados de viviendas unifamiliares; en general, sus condiciones de habitabilidad eran pésimas. Frente a éstos, la burguesía y los indianos enriquecidos en América viven en pisos amplios y luminosos, y en chalés que muestran la riqueza de sus propietarios. En estas viviendas hay piezas nuevas, como los comedores, las salas de estar y las galerías acristaladas, y en ellas aparecen los primeros baños con azulejos y sanitarios importados de Francia e Inglaterra.

Las cocinas-
Las cocinas de los obreros eran muy pequeñas, carecían de ventanas y agua corriente. El fogón era de albañilería y sólo tenía el frente y la chapa superior de hierro; se atizaba con carbón de hulla. El utillaje de cocina era muy reducido.
La cocina burguesa era muy diferente a la de las casonas o palacios. Es más pequeña, el fuego se hace en una cocina de hierro fundido en la que se quema hulla y también en hornillos de gas de alumbrado. Los utensilios para cocinar son de cobre estañado y de hierro fundido, tienen formas nuevas y a menudo fueron importados de Francia e Inglaterra.
Para comer y beber, se generalizan las vajillas de loza fabricadas en La Asturiana, Gijón, establecida en 1876 y en San Claudio, Oviedo, fundada en 1901, así como los vasos y copas de cristal y vidrio de La Industria, de Gijón. Entre los obreros, será muy común el uso de platos, vasos y fuentes de hierro esmaltado que fabrica desde fines del siglo XIX la fundición Laviada y Cª, de Gijón.

La vida doméstica en Asturias, 1950-1965
Productores y clase media
Entre la autarquía y el desarrollismo-

Los años cincuenta y sesenta fueron un periodo de grandes cambios económicos y sociales. Se acaba el hambre que trajo la Guerra Civil y la postguerra, y a partir de 1959 el régimen de Franco afronta la industrialización del país. En Asturias, la iniciativa estatal favorece las industrias minera y siderúrgica con la creación en 1951 de la Empresa Nacional Siderúrgica (ENSIDESA), en Avilés. Comienza el abandono del campo, cuyos habitantes emigran a las ciudades españolas y a Bélgica, Suiza o Alemania, como mano de obra barata. Las ciudades asturianas crecen considerablemente con la llegada de emigrantes. Junto a esta nueva masa de trabajadores, surge una clase media integrada por profesionales, pequeños empresarios y funcionarios.

La escasez de viviendas obligó al Estado a una masiva construcción de casas baratas de protección oficial, levantadas en barriadas a las afueras de las ciudades. También las empresas mineras y las nuevas industrias promoverán la edificación de barrios enteros para sus trabajadores. Estas casas tendrán cuarto de baño y agua corriente, algo nuevo en las viviendas obreras. Sin embargo, su escasez obligará a muchos de estos emigrantes a vivir en barrios de chabolas.

La clase media se concentrará en el centro de las ciudades y en las afueras en bloques construidos para ella; son casas de cierta altura, con pisos provistos de calefacción central, ascensor y habitación para el servicio.
Las cocinas
El fogón de las clases populares seguirá siendo la cocina económica de carbón, con la que se calienta el agua para asearse en un tambor o termosifón. Para cocinar se emplean ollas y pucheros de hierro esmaltado. Muchos recipientes son de plástico.
La cocina de la clase media incorpora grandes novedades: paredes alicatadas hasta el techo, suelos de loseta o sintasol, mesetas de mármol, y armarios de formica o de madera pintada de blanco, en los que se guardan todos los utensilios de la cocina. Los fogones son de gas en las ciudades y de butano en las villas. Para cocinar se utilizan baterías de aluminio. Empiezan a generalizarse los electrodomésticos, como la túrmix y la nevera, que supondrán un cambio fundamental en los hábitos alimenticios de los asturianos.
Para comer y beber seguirán utilizándose las vajillas de loza de fabricación asturiana, a las que se suman a partir de 1960 las vajillas de vidrio de Duralex, que se emplearán masivamente en las casas de todas las clases sociales.

museos.gijon.es

lunes, 18 de abril de 2011

EN COPA O EN CHUPITO


Hay licores para el silencio y la soledad. Hay licores para acompañar al café y cerrar la comida. Hay licores para alargar la sobremesa. De todos produce Asturias.
LUIS ANTONIO ALÍAS.

Asturias, por supuesto, sabe más que nadie de la fermentación del mosto de manzana, recupera sus saberes en la fermentación del mosto de uva y domina el cultivo y fermentación de cebadas y lúpulos.En consecuencia la sidra reina, el vino va recuperando sus antiguos dominios alrededor del entorno benedictino del monasterio de Obona y la cerveza contó con grandes marcas hasta hace muy poco, triste historia ésta que ojalá el futuro reanude .

También supo de destilaciones, esa alquimia de origen árabe que usa el calor, la evaporación y la condensación de las anteriores bebidas, de sus hollejos y sólidos, o de pulpas y pastas fermentadas y mezcladas con agua a base de cereales, bayas, frutas, tubérculos, semillas, plantas y hierbas, para extraerles, con el alcohol, los aromas y otras volatilidades embriagadoras, el alma, la esencia, el agua-ardiente o el agua de vida. Nuevas destilaciones purificadoras y concentradoras, largas estancias en barricas, y mezclas, maceraciones y ajustes posteriores producirán orujos, grappas, anises, brandys, wiskys, vodkas, ginebras, rones, tequilas, calvados y una inacabable variedad de alternativas y geografías espiritosas .

El destilado tradicional asturiano ha sido, casi exclusivamente, el orujo, elaborado en el occidente vinatero de la región con los hollejos y otros residuos de la vinificación: muchas quintanas poseyeron hasta ayer mismo alambique para consumo propio, o recibían la visita puntual de un destilador ambulante, generalmente gallego o berciano, cargado con el alquímico armatoste .

Queda la duda de si produjimos aguardiente de sidra, el calvados de los franceses, antes que algunas empresas nos lo ofrecieran, y aquí merecen cita la pionera riosellana de ‘Blanco, Saro y Cía’ en 1914, la ‘Colloto’ en 1942 y la actual de ‘Los Serranos’. Carlos Delgado opina que nos bebíamos hasta la última pipa sidrera sin dejar gota para otros menesteres. No obstante, una crónica apócrifa asegura que ‘El Salvador’, barco asturiano de la Armada Invencible, encalló en los arrecifes de Normandía, y durante el consiguiente saqueo, los lugareños de las costas septentrionales francesas descubrieron en sus bodegas toneles de aguardiente de manzana que les maravillaron e imitaron nominándole calvados por deformación fonética de ‘Salvador’. La leyenda, si tal es, además de gustarnos señala algo muy probable: que en algún momento de su milenario pasado la sidra asturiana conoció el alambique.

Entre la segunda mitad del siglo XIX y el último cuarto del XX, el auge industrial que vivimos incluyó destilerías de anís, ron, ginebra y brand; wisky incluso. La crisis que buena parte de los destilados sufren desde la década de los ochenta, coincidiendo con el renacimiento del vino y la sidra en el que felizmente seguimos, sepultó conocidas referencias locales: Mulata, Serres, Covadonga, Marabú, Kiber, La Praviana, La Quirosana.. .

De todas formas, el proceso más extendido y popular de elaboración de licores (apenas usan fuego y alambiques iniciales e iniciáticos Los Serranos y L’Alquitara del Obispo) consiste en la maceración de los susodichos elementos vegetales dentro de un fermentado, un destilado o, sencillamente, alcohol etílico. No interviene el calor, proceso diferente denominado infusión; sólo proporciones adecuadas, temperaturas estables y tiempo preciso para la transmisión de jugos y aromas. Una vez logrado el punto deseado hay un filtrado, un añadido de azúcar o almíbar y el ulterior envasado .

Asturias siempre tuvo por macerado esencial al anís de guindas, reputado por sus propiedades calmantes, tónicas y depurativas; botes de cristal con el fruto del guindu o guindal casero enrojeciendo y envejeciendo en un buen anís aún se alinean a la sombra de muchas alacenas .

Y poseyendo excelente miel y excelente agua, seguro que la arcaica hidromiel ya embriagaba a los astures .

Por último la mezcla directa de alcohol con leche condensada, miel especias, huevos, café, wisky, brandy o especias origina cremas y ponches .

Recordemos que, ignorantes de su alto contenido alcohólico, las madres, tías y abuelas de los que rebasamos el medio siglo solían darnos ‘para crecer’ poderosos mejunjes de vinos añejos –el famoso Sansón– con leche, huevos y azúcar. Y los niños no sólo tomábamos, apurábamos la supuesta medicina sin protestar.

Los nuevos licores, apropiados para el chupito del postre o para un dulce capricho a cualquier hora, incorporan referencias gustativas de la tierra natal (miel, arándanos, arroz con leche) y se envuelven en atractivos diseños.

No lo duden: en un licor bien hecho y responsablemente tomado hay sabor, salud, paisaje y un socorrido y siempre bienvenido regalo.

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jueves, 31 de marzo de 2011

LA TUMBA DE NUMA GUILHOU


Mieres pasó, a mediados del S. XIX, de ser una pequeña localidad cuya vida dependía de la agricultura, a convertirse en la pionera de la industrialización española y del movimiento obrero. En 1844, se establece en Mieres la "Asturiana Mining Company", una de las primeras siderurgias del país, que en 1852 fue comprada por la "Compañía Hullera y Metalúrgica de Asturias". Los activos de esta empresa fueron adquiridos en 1870 por el empresario francés Numa Guilhou quien funda la Fábrica de Mieres que permaneció en funcionamiento hasta 1968. Un siglo y medio de labores mineras y actividad industrial transformaron la vida de los vecinos y el paisaje, con innumerables testimonios de este pasado reciente.


Siempre que vamos de Mieres a Oviedo por la antigua carretera, nos ha llamado la atención una cuidada tumba, casi un cementerio romántico, que se ubica prácticamente a la salida de la ciudad...¿cual será su historia...? Pertenece a Numa Guilhou, 1814-1890, Empresario francés, nacido en Mazamet, cerca de Touluse, en 1814 y titular de una importante fortuna cuando llegó a España, donde desarrollo casi toda su vida profesional Asturias siendo uno de los impulsores de la revolución industrial en la región, favoreciendo la industrialización en la cuenca del Río Caudal.

En 1857 compra la Asturian Mining Company, de capital inglés y propietaria de la Fábrica de Mieres y de las explotaciones mineras del grupo Riansares, Grimaldi y Lillo, con lo que Mieres pasa a ser uno de los centros económicos de España. Posteriormente funda la Societé Houillere et Metallurgique des Asturies, que incluía las antiguas minas del duque de Riansares, la acería de Mieres y la Fábrica de Aceros de Villayana, entre otras. Sin embargo, su proyecto sufrió los problemas de logística y comunicaciones propios de la región propician que sus empresas fracasen y presente su liquidación. Guilhou vuelve a Francia y pronto recupera su empresa. A raíz de recuperar sus bienes, vuelve a su residencia en Mieres para gestionar directamente la fábrica, que pronto se convierte en el principal centro industrial de Asturias, gracias a la demanda de hierro para la construcción del ferrocarril entre Lena y Gijón, inaugurado en 1874. También, por estas fechas, se haría con el Ferrocarril del Valle del Trubia ( Hoy Senda del Oso ) y las minas de Quirós. Fallecería en 1893 en El Padrún, siendo enterrado en un pequeño y abandonado cementerio protestante.

lunes, 3 de enero de 2011

"EL AGUILA NEGRA" COLLOTO






La fábrica de El Águila Negra es un edificio emblemático dentro de la historia industrial de la región. Como apunta el historiador Francisco Feo Parrondo en su artículo «La industria cervecera en España», el origen de la marca cervecera se sitúa en 1900, año en el que se creó la sociedad, que por aquel entonces contaba con un capital de un millón de pesetas. La empresa introdujo en la fábrica de Colloto un sistema de fabricación importado de Alemania, así como la venta embotellada, una gran innovación para la época.

Comenzaron a construirse varias de sus dependencias en la primavera de 1898. El 29 de marzo de 1900 se abrió esta fábrica cervecera en Colloto, si bien sus terrenos se integran en el ayuntamiento de Siero. Tuvo un amplio mercado, que incluso fue capaz de soportar los malos tiempos para la economía de la posguerra. Pero en los años 70 del siglo pasado entró en un período de crisis insalvable. Aunque cambió varias veces de propietarios desde mediados de los 80, finalmente la fábrica cerró en 1992. La marca el Águila Negra fue comprada posteriormente, en 1997, por la compañía granadina Cervezas Alhambra.

Tras su cierre la fábrica fue demolida para construir un polígono industrial, aunque la Comisión del Patrimonio Histórico del Principado decidió el 13 de febrero de 2001 conservar el edificio central de la fábrica, su chimenea y unos almacenes complementarios, al presentar elementos típicos de la arqueología industrial de la región como la combinación de mampostería y ladrillo. Hoy día (2010) se está esperando a ver si se cae de una vez.

Del edificio central destacan las dos torres de ladrillo almenadas, en las que se abren grandes ventanales de cristal, entre las que se construyó un cuerpo intermedio. En su interior destacan las bodegas, que están cubiertas con bóveda de arista. La chimenea, que cuenta con una inscripción con la fecha de su fundación (1900) es de sección circular, si bien su base es cuadrangular, y presenta unos sencillos motivos decorativos en su boca. Los almacenes complementarios son tres edificios anexos, de pequeñas dimensiones, que se localizaban tras el edificio principal. Dos de ellos son de similares características y dimensiones, mientras que el tercero es de menor altura..

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