viernes, 13 de agosto de 2010

La casería como unidad de explotación en Asturias


La casería estaba formada por una casa, corral, pajar o tenada, una panera u hórreo, o parte de los mismos y la superficie utilizada para huertos, tierras de cereal, prados y montes. Esta descripción coincide esencialmente con la realizada por Prieto Bances aplicada a Asturias en general. «La casería —escribe— en Asturias es un complejo formado por una casa, un hórreo o panera, uno o dos huertos, tierras de labor, praderías, un pedazo de monte, una parte de río.»
La casa es el elemento central de referencia en cuyas inmediaciones, generalmente en frente o al lado se encontraban los otros anexos para la actividad agrícola y ganadera, caso de la cuadra o del hórreo. El resto de las fincas vinculadas a la misma se encuentran dispersas por el territorio, comunicadas por caminos y caleyas, estando la mayoría cerradas sobre sí mismas.
La mayoría de las fincas se encontraban cerradas sobre sí mismas bien con un cierre vegetal, de piedra o de madera. El vegetal, popularmente las sebes, podía ser de espino, de sanjuaninos o de avellanos.
Hay dos citas muy interesantes referidas a las medidas utilizadas antes de la generalización del sistema métrico decimal: los días de bueyes y las fanegas. El primero es una unidad de superficie, teóricamente la superficie que araría una pareja de bueyes en una jornada de trabajo; se suelen diferenciar mayores y menores, pero la superficie correspondiente es pocomás de 12 áreas.
Se estima que la superficie de la que disponían las caserías era muy pequeña; esta dimensión oscilaba entre las 2,5 y 3,5 hectáreas según cálculos realizados para Asturias, siendo esta superficie total muy uniforme . Era capaz de lograr, no sin apreturas, el autoabastecimiento de una unidad familiar. Hemos de tener en cuenta que esta área era el total, incluidos los montes y las zonas menos rentables desde el punto de vista cerealístico. Lo reducido de las superficie obligó a las Ordenanzas de la Junta General del Principado a prohibir la partición de las mismas. Si bien con el desarrollo minero y las migraciones cambiaron las circunstancias no siempre se podía vivir sólo con las tierras. Las caserías, al igual que las tierras, se encuentran desperdigadas; sin embargo, «en algunos casos varias de ellas se construyeron juntas, dandolugar a pequeñas agrupaciones de una media docena de casas que constituyen nuevos barrios de aldea». Así ocurría con las casas de Riaño, cinco casas agrupadas, pared con pared alineadas, enfrente de las cuales estaban los hórreos, cuatro, ya que dos casas se servían de la misma panera dividida en dos partes con dos puertas independientes. Canella lo confirma en la siguiente descripción de la vivienda rústica asturiana: «El hogar y el llar, ennegrecidos por el humo, sin la salida propia de posterior chimenea, constituyen el principal departamento de la casa para la comida, reunión

LA CASA

La casa se arrendaba junto con el resto de la casería, si bien en aquellos casos en que experimentó una partición, debida a la presión familiar y demográfica, si era hecha a expensas del llevador estaba exenta del pago en el monto total de la casería. «No paga por la casa al haberla hecha a sus expensas». La casa más habitual estaba constituida por «piso terreno y principal» según reza en los libros de caja. La descripción que de las casas y su distribución son muy exactas y responden perfectamente al modelo constructivo tradicional de planta, piso y desván. La casa vivienda era pobre, vieja y no muy amplia. Sin embargo, tenía lo que presta a las casas de los labradores asturianos mucho atractivo, una solana cuadrada abierta solamente por uno de los lados. Esta es siempre una pieza agradable . No podemos dejar de incluir la cita del escritor relativa a la cocina de Juan Quirós en la que manifiesta la inexistencia de chimenea propiamente dicha porque los humos ascendían libremente para poder ahumar algunos productos de la matanza. Se refiere al mobiliario formado por la espetera para los platos, el escaño como mesa y la masera; obsérvese que si bien hay piezas de barro y metal muchos de los enseres domésticos son de madera y elaborados artesanalmente. Las mismas ferradas son de madera, aunque reforzadas por aros de hierro, eran la fuente estanca, una vez habían servido para transportar el agua sobre la cabeza de las mujeres, desde la fuente.
La gran cocina tenía un lar que levantaba medio metro desde el suelo. Encima de él, a bastante altura, había un techo formado por varas de avellano entretejidas, llamado sardo, en el cual se colocaban las castañas para secarse y hacerse pilongas. Como el horno no tenía otro escape que el de las rejillas del sardo, a menudo la cocina se llenaba de él y se hacía insoportable para quien no estuviese acostumbrado. Había una espetera con pobre y ordinaria vajilla de barro y cacerolas de hierro y hoja de lata, con cucharas y tenedores de madera de boj. Una enorme masera donde se amasaba el pan y la borona y después se guardaba. A un lado se abría el boquete del horno para cocer el pan, pues para la borona se seguía otro método: despuésde amasada, previamente limpio y arrojado el lar, se colocaban sobre él las boronas en forma de grandes quesos, se las cubría de hojas de castaño y sobre ellas una capa de ceniza enrojecida.

LAS TIERRAS

A mediados del siglo XVIII la mayor parte de la superficie de cultivo la destinaban a cereales, con los que pagaban las rentas y aseguraban su dieta alimenticia.
Se practica un cultivo rotativo, y aunque no se especifica en la documentación manejada, se utiliza el estiércol como elemento clave del abonado, al igual que se hace en el resto de Asturias. Hay un refrán asturiano que dice así: «Dios y el cucho pueden mucho, pero, sobre todo, el cucho». En los diarios de Jovellanos se indica cómo estas tierras -se refiere a Pajaresen concreto- dan a fuerza de abonar. Todas estas tierras están cerradas, salvo algunas excepciones raras, limitadas por sebes, formadas por arbustos y matorral y en las que frecuentemente están interpolados árboles, especialmente avellanos.

LOS PRADOS

Todos los prados son de «guadaña y producen yerba y pación de primavera y otoño». La pación se utiliza como forraje en verde. La yerba se deja curar o secar al sol en los meses de estío, antes de almacenarlas en las tenadas o al aire libre en varas de hierba, características del paisaje asturiano. Al igual que las tierras, la gran mayoría de los prados aparecen «cerrados sobre si mismos».
El prado aparece como dominante. Las huertas recuperan su importancia Y las tierras quedan relegadas, dedicándose al cultivo del maíz, habas, patatas, nabos y remolacha forrajera. Es decir, que la orientación de las tierras no es solo para el consumo humano. Plantas forrajeras como el maíz, que puede ser consumido en verde, como Indicamos con anterioridad, los nabos o las remolachas forrajeras que se Utilizarán como alimento para el ganado en la época invernal.

(Alberto José Rodríguez-Felgueroso)

jueves, 12 de agosto de 2010

OLLONIEGO (CAMINO REAL A CASTILLA)




Olloniego jugó un papel importante en la época medieval. El río Nalón, a su paso por la localidad, era una importante ruta de intercambio comercial entre León y Oviedo. Para cruzarlo había que atravesar el puente, que ahora sólo conserva tres arcos, y pagar el correspondiente peaje. La primera referencia documental del puente data de 1145, fecha en la que Alfonso VII donó al monasterio de San Pelayo «la tercera parte del portazgo de Olloniego», según escribe García Cuetos. Las otras dos eran para la Catedral y el monasterio de Santa María de La Vega.
Sin embargo, el cobro por el paso del puente no siempre fue tarea fácil. De hecho, la torre, cuyo origen se data en el siglo XIV (García Cuetos cree que es probable que sea del XIII) se construyó para vigilar el puente. Alfonso X también intervino: «Ordenó al adelantado mayor de León y a los merinos de Asturias que hicieran respetar los derechos». La torre de Muñiz, «de estructura circular, con muros de mampostería y vanos reducidos al mínimo», facilitó la labor recaudatoria sobre el puente. Recientemente, ha sido restaurada, aunque no con pleno acierto porque, según la historiada que leyó su tesis doctoral sobre el conjunto, «presenta pandeos notables».
Primero se construyó el puente, después la torre defensiva, en tercer lugar llegó el palacio. En el siglo XV, los dos elementos patrimoniales pasaron a manos de «Ibán Bernardo Miranda, cuyo hijo, el capitán Lope Estrada, edificó junto a la torre el primer palacio de los Quiros». Corría el siglo XVI, y se construyó con «una torre cuadrada y una fachada con portada de grandes dovelas despiezadas radialmente y tres ventanas». Completaba el conjunto la iglesia de San Pelayo que, «a principios de este siglo se conservaba intacta». Ahora sólo queda en pie un ábside del templo románico, convertido en capilla del cementerio de Olloniego «y en un estado de conservación tan lamentable como escandaloso», según la experta. También en el XVI, el puente experimentó varias reformas. La de 1575 es obra de una cuadrilla de canteros dirigida por Juan de Cerecedo, 'El mozo', maestro de la Catedral. Un siglo más tarde, en 1676, recuerda García Cuetos, el río Nalón alteró su curso y se quedó seco, lo que obligó al arquitecto Manuel Reguera a construir otro puente en el siglo XVIII. Y el afán recaudatorio proseguía, así que en el XIX llegó la oficina de peaje

(Elcomerciodigital.com)

PUENTE DE OLLONIEGO-

Este puente antiguo de San Pelayo de Olloniego, junto la Torre y palacio Muñiz, fueron declarados Bien de Interés Cultural, con categoría de conjunto histórico, el 30 de mayo de 1991.
Se levantó, para salvar el Nalón, sobre los cimientos de uno anterior romano. Aunque ya figura en las fuentes diplomáticas del siglo XII, su construcción es atribuible al XIV y, además, se hicieron algunas reformas dos centurias después. Realizado con mampostería, se reservan los sillares regulares para sus cinco arcos y bóvedas. Solamente cuenta con tres en la actualidad, siendo el central de clave gótica. Además, después de una gran ríada en 1676, el puente está seco puesto que se desvió el cauce del río hacia la izquierda.
Este puente fue usado por numerosos viajeros y peregrinos que transitaban por el Camino Real a Castilla. Por ello, después de la ríada del siglo XVII, y quedar en desuso el antiguo puente, tuvieron que recurrir para pasar el Nalón al empleo de barcas y se levantó un puente de madera con carácter provisional. La estructura de éste, localizado más arriba que el que más tarde construyó Manuel Reguera, no era la más adecuada por lo que sufrió diversas reparaciones y desplazamientos. Una nueva riada, un siglo después, destruyó el puente de madera y se levantó otro provisional. Éste también se vio afectado por el numeroso tránsito que llevó consigo la construcción de la Carretera a Castilla que se inició en 1771 y se prolongó durante varios años. Finalmente, Manuel Reguera, levantó en 1780 uno de cantería de 3 arcos en el lugar conocido como El Portazgo. Además de la carretera se iniciaron las obras de algunas infraestructuras complementarias a ésta como un poste leguario que indica la distancia de una legua y media a Oviedo y la Fuente de la Arqueta o de Los Llocos, con decoración barroca, atribuida a Francisco Pruneda en 1775.
Había también en Olloniego otro puente de piedra y con una sola arcada, sobre el arroyo de San Frechoso. Se levantó a fines del siglo XVIII y fue demolido cuando se realizó la autovía Campomanes-Oviedo.


CASTILLO DE TUDELA-

Fortaleza altomedieval en ruinas situada entre las parroquias de Agüeria y Santianes, en el concejo de Oviedo.
Los restos del castillo, erigido en opinión de algunos expertos encima de un primitivo castro prerromano, se ubican sobre un promontorio rocoso denominado Pico Castiello. Su edificación data de la época romana, como se deduce de la argamasa empleada en su construcción y a partir de los fragmentos de una pica y de un brazal claveteado que se descubrieron dentro del recinto. Fue reconstruido en el siglo IX, como ocurriría en Asturias con otras edificaciones de este tipo en aquel periodo, atribuyéndosele la iniciativa a Alfonso III, el Magno, dado su vital interés estratégico como defensa del Nalón y a efectos de guarecer el paso entre Asturias y Castilla, uno de los más importantes.
Fue el escenario de varios episodios muy célebres: en él se hizo fuerte Gonzalo Peláez quebrando la tregua de dos años que Alfonso VII de León se vio forzado a concederle ante la guerra con los almorávides, e incumpliendo la exigencia de entregarle precisamente esta fortaleza; el rey tuvo entonces que emprender viaje a Asturias y poner sito al castillo para reducir al conde. A comienzos del siglo XIV perteneció al obispo de Oviedo, que se había adueñado de la comarca entorpeciendo enormemente el tráfico comercial entre Oviedo y los asentamientos y regiones del sur de la capital. En 1316, Rodrigo Álvarez de las Asturias cercaría el castillo, con el apoyo del Concejo de Oviedo, consiguiendo finalmente neutralizar a los hombres del obispo. Con ocasión del enfrentamiento entre Alfonso Enríquez y el bastardo Enrique II de Trastámara, el Castillo de Tudela se convertiría nuevamente en uno de los focos de la rebelión. Finalmente, en 1383, Juan I ordena su demolición, junto con la de otras fortificaciones asturianas.
Se conservan restos de los muros pertenecientes al cuerpo central, restos de un torreón, su doble foso y algunas garitas. Fue declarado monumento histórico-artístico el 22 de mayo de 1965.

TORRE Y PALACIO MUÑIZ-

La Torre y Palacio de Olloniego, junto al puente antiguo que se encuentra en las proximidades, fueron declarados Bien de Interés Cultural, con categoría de conjunto histórico, el 30 de mayo de 1991.
Los siglos XIV-XV son tiempos de inestabilidad, pero también es el momento en el que se desarrollan y ascienden muchos grupos nobiliarios que van acumulando grandes patrimonios. La familia de los Muñiz, primera propietaria, pronto se unió con la de los Quirós Benavides por lo que esta construcción es conocida por ambos nombres. A esta familia perteneció Rodrigo Bernaldo de Miranda quien compró el coto de Olloniego en 1583 tras la desamortización de Felipe II.
Esta familia levantó una torre circular de cuatro pisos que constituye el núcleo original de todo el conjunto. En los muros de mampostería se abren estrechas saeteras y una puerta de acceso enmarcada con dovelas que da al camino que se dirigía la puente. Su construcción se remontaría al siglo XIV. En las siguientes centurias se le van añadiendo distintos cuerpos por lo que encontramos tanto elementos góticos, como renacentistas o barrocos.
A fines del siglo XV-principios del XVI se construyó otra torre, de sección cuadrada, también realizada en mampostería con sillares en esquinas y en la que la puerta principal de arco de medio punto se enmarca con dovelas y las ventanas con alfices. En su interior aún se aprecian restos de una antigua escalera monumental de piedra.
Con la pacificación del territorio, hacia el siglo XVI, los edificios señoriales comienzan a perder su función defensiva a la vez que va ganando en importancia el carácter residencial. Habrá un cambio en la arquitectura de estas construcciones, en las que predominaba hasta entonces el desarrollo en vertical, a medida que se van introduciendo elementos renacentistas. De este modo se realizan sucesivas ampliaciones en el conjunto hasta la definitiva en el siglo XVIII cuando se levanta un cuerpo que une las dos antiguas torres.
Contaba con capilla exenta que según algunos autores es la construcción de mayor antigüedad de todo el conjunto. Quizás tuviese un origen prerrománico si bien, tal como se aprecia hoy día, lo que se conserva es de la misma fecha que la torre circular y con posteriores reformas.
El Palacio de los Muñiz o Quirós Benavides se levantó a la orilla del Camino Real a Castilla.
El Camino de Santiago atraviesa la localidad; en el barrio de La Fuente de Abajo se localiza la casa del hospital de peregrinos de Nuestra Señora de los Remedios.

En el barrio de La Estación se encuentra la fuente de los Llocos, de estética barroca, atribuida a Francisco Pruneda en 1775.

miércoles, 11 de agosto de 2010

LA EVOLUCIÓN EN LA VESTIMENTA ASTURIANA


A mediados del siglo XVIII existían, aún, bastantes "batanes de paños ordinarios. Así en Margolles (2), Triongo (1), Abamia (2), Villaverde (1), La Riera (1), Santianes de Zardón(1), Argolivio (2), Sobrefoz (1), Torre (1), etc. Los telares eran numerosos y no había pueblo, por pocoimportante que fuese, en donde no hubiese telares al servicio de las mujeres tejedoras. Por la Enciclopediade Madoz (1847) sabemos que en Cangas de Onís y su concejo existían "varios telares de lienzos ordinarios" y "tres batanes para telas y paño basto llamado sayal". Los últimos batanes o "trillones"conocidos en el concejo, estaban situados en Santianes de Ola, uno, y el otro, en La Riera de Covadonga, y de ellos se conservan aún materiales y lugar de situación. El descenso de batanes y telares, como hemos visto, se va acentuado, de una forma clara, en el tiempo transcurrido entre las Respuestas del Catastro del Marqués de la Ensenada (1750) y las notas que expresa el Diccionario Geográfico Estadístico-Histórico, de Pascual Madoz (1847).
Todos estos artilugios e instrumentos, fueron pasando casi a la historia, y cuando los bastos tejidos son sustituidos por otros más finos, dejarán de existir, ya en las dos primeras décadas del siglo XX. Las causas de este fenómeno son numerosas. Pero, entre ellas, habrá que señalar los arreglos de los caminos,duros caminos, que ponen en comunicación las tierras del Sella con la Meseta.
Así, el Camino del Almagre, mas tarde conocido por Senda del Arcediano, que a través del concejo de Amieva pasaba a la provincia de León, y por el cual los arrieros transportaban el almagre, de la zona de Labra en Cangas de Onís a Sajambre, y de aquí, los arrieros de esta comarca, llegaban a Segovia con su mercancía, regresando cargados de vino y paños de calidad de Segovia, Salamanca, Zamora, Palencia, que se venderán en los mercados y ferias. Otro camino era el abierto desde Sobrefoz en Ponga, a través del paso de Ventaniella, hacia León y Valladolid, y de regreso, además de vino y harinas, traían, asimismo, paños ycalzado, bisutería e instrumentos útiles para el trabajo.
La comunicación era más fácil con Cantabria. Desde muy pronto, en el siglo XVIII, e incluso antes, llegaron a la comarca, sobre todo en ferias y mercados, vendedores ambulantes, procedentes del Pas y La Liébana. Y, ya a fines del mismo siglo, se habían establecido en los capitales y pueblos importantes de los concejos, Cangas de Onís, Corao, Ribadesella, Cuadroveña, Arriondas, Llames de Parres, Sames, Beleño y Benia, comerciantes fijos, de "paños, de bisutería, de paquetería, y quincalla", procedentes de San Pedro del Romeral, Potes, Cabezón de la Sal, San Vicente de la Barquera, entre otros lugares, que con los procedentes de Pola de Siero y de Avilés, crearon un tipo de comercio que hizo cambiar hasta la vida social. Así quedaron incorporados a esta zona apellidos como los Carriedo, Arroyo, Sánchez, Fanjul o de la Maza.
Hay que añadir a este comercio, los géneros que arriban por mar a Ribadesella y Llanes. Según Madoz en los años 1844 y 1845, por el puerto de Ribadesella, se importan 986 libras de quincalla (joyas baratas); 4.472 varas de tejido de algodón; 5.998, varas de tejido de hilo; 11.327 varas de tejido de lana, y 560 pañuelos de seda. Al puerto de Llanes en el mismo espacio de tiempo llegan 1.170 libras de hilo; 1.392 pares de calcetas; 8.786 pañuelos de varias clases; 2.331 libras de quincalla y 114.737 varas de distintos tejidos.
La revolución industrial transformó las estructuras sociales, y la indumentaria se modifica intensamente, perdiendo su uso la mayoría de las prendas, que formaban parte del traje "regional", pasando éste o sus variantes, a ser un recuerdo. De hecho, a partir de los últimos años del siglo XIX y primeros años del siglo XX, el traje "regional" o "asturiano", claramente, va a usarse en las ceremonias religiosas o folklóricas con las ofrendas de ramos, o danzas, pero no deja de ser, ya, sino un remedo de aquel traje austero y "pobre"que usaba el campesinado astur.
Las memorias literarias de aquel traje, se encuentran en algunas, pocas, descripciones, como las que hace Laurent Vital, cronista del viaje que Carlos I realiza en el año1517 para hacerse cargo del Reino, deteniéndose en relatar el tocado de las mujeres riosellanas. Rada y Delgado, testigo y narrador del viaje que Isabel II hizo a Castilla, León, Asturias y Galicia, en el verano de 1858, cuando describe la llegada de la reina a Cangas de Onís, nos habla de dos coros de hermosas doncellas uno y de bizarros mozos otro, lujosamente vestidos a usanza del país, pero sin detalles, y al llegar a Covadonga nos señala que habían acudido a recibirla multitud de personas de todas las parroquias de los vecinos concejos, "vistiendo loshonrados labriegos su tradicional traje con la montera de los días de fiesta, y las mujeres sus cortos y airosos refajos de colores, cubriendo la cabeza con el pintado pañuelo de larga caída a la espalda."
También las normas de uso y prohibiciones, de las Ordenanzas del Principado o las de los Ayuntamientos, nos dejan ver detalles de la indumentaria, como las Ordenanzas Generales de 1781, que en uno de sus Títulos, acaso con el fin de limitar el gasto, o, más bien, con el de fijar distinciones y categoría social señala que "la libertad en el uso del vestido que cada uno quiere echarse, confunde las jerarquías y diversidad de estados, que, hasta en lo exterior, deben de distinguirse" Y así ordena que "el artesano o labrador de hacienda propia no podrá vestir sino paño de Béjar, o otro equivalente en precio, y el labrador que sea dueño de la mitad de la hacienda, que trabaja vestirá solo paño de Somonte, u otro igual. Aquel cuya hacienda sea toda ajena, no podrá vestir sino Caldas, estameña del país, Herrera, u otro así. " Canella y Bellmunt dicen que en el concejo de Onís, ya en 1573, se dispone que las mujeres públicas no deben de traer toca levantada como las honradas sino un rebozo por abajo. Del mismo modo otras disposiciones ordenaban el modo de indicar, por medio de la vestimenta, si las mujeres eran casadas o solteras.

En la obra Recuerdos y Bellezas de España (Asturias y León), de J. M. Cuadrado publicada en 1855, "con láminas dibujadas del natural" por Francisco Javier Parcerisa, se encuentran dos láminas ilustrativas. Una vista del Puente de Cangas de Onís, en que aparecen una pareja, ella con pañuelo que cae largamente sobre su espalda, con blusa clara de mangas anchas, y falda amplia, y él tocado con montera, y chaleco. La otra lámina tiene como fondo el claustro del Monasterio de Villanueva, y en ella otra pareja, él, descalzo de pie y pierna, trae calzón corto hasta la rodilla del que sobresale el ¿calzoncillo?, va tocado con su montera de corta pestaña y viste camisa blanca y chaleco. Ella lleva pañuelo amarrado hacia la nuca, con el pelo bajando sobre la espalda, camisa, dengue y saya con un adorno horizontal en la parte baja. Ambos
recogen las mangas de sus camisas hasta el codo. La mujer sostiene una herrada al brazo.

En los cuadros de Pérez Villamil, Procesión en el Santuario de Covadonga (1851), y La Cueva de Covadonga (1846 a 1854), figuran grupos de personas con el traje regional, y en el cuadro Vista de Covadonga, de Martín Rico (1856), se ven dos mujeres y un hombre vestidos a usanza del país.

Viejas fotografías de Alonso Villarmil y otros, dibujos de Cuevas y de Frassinelli, amén de otras ilustraciones de fines del siglo XIX, nos ayudan a reconocer las prendas del traje usual de algunas personas, que se resistían a abandonarlas En la Topografía Médica del Concejo de Ponga, obra escrita por D. Felipe Portolá Puyós, publicada en Madrid en el año 1916, nos relata en su artículo sobre indumentaria lo siguiente: "Es tan decisiva la influencia de la civilización, en este punto, que ha conseguido desterrar, casi del todo, el traje indígena, y abolir la práctica tan extendida entre los abuelos, quienes hilaban por sí mismos, a fuerza de meses y de puños, muchas prendas que hoy proporciona cómodamente la industria.
Entre los hombres se ha aclimatado definitivamente la boina y la cómoda gorrilla inglesa, en sustitución de la típica montera, la democrática blusa de algodón de colores "sufridos", la americana de lana o de algodón, los calzoncillos de franela o algodón, y el calzado moderno de cuero, como prendas nuevas o añadidas.
Otras añejas se han transformado, verbigracia, los calzones y chaquetas de paño burdo y grueso hilado y tejido con lana del país, llamado sayal, han sido sustituidos por el pantalón, siempre largo, de pana, algodón o lana; las calzas y medias degeneradas en calcetines, en los hombres. Aún se ve algún anciano con traje de sayal; pero hoy casi solo se emplea para una especie de calzado que llaman escarpines. También se usa un calzado especial de madera (almadreñas), que tiene en la base tres eminencias cónicas en las que se pone un clavo grueso de hierro. Este calzado es incómodo, por tener poca base de sustentación; pero, sin embargo, a pesar de sus defectos, en este país tan lluvioso es insustituible, porque preserva mucho de la humedad y guarda el calor.
La indumentaria femenina, revolucionada a cada paso por las variaciones de la moda, que tanto halaga la coquetería del sexo, es de más difícil descripción. Entre las prendas indispensables figuran la falda, el corpiño y el pañuelo a la cabeza, con la mantilla para los actos religiosos; entre las viejas recalcitrantes, usan, en todo tiempo, el pañuelo negro a la cabeza, y en invierno, la manta, que es un pañuelo negro, grande, atado a la espalda."

(DIEGO SOMOANO, Celso, Prólogo al libro La Indumentaria Popular en la Ribera del Sella (siglos XVIII y
XIX), de Herminia Menéndez de la Torre y Eduardo Quintana Loché. Editado en Murcia por la Federación
Española de Agrupaciones de Folklore (F.E.A.F.), en el año 2002.)

martes, 10 de agosto de 2010

LA DANZA PRIMA EN LAS CARTAS DE JOVELLANOS


Con este nombre se conoce en Asturias una danza colectiva de caracter circular y coral, de sencillo paso,repetido e igual. La denominación de danza prima no es general ya que en muchos lugares se la conoce únicamente por la danza, en otros se la apellida de San Pedro, San Juan, o Santa Ana, por ser estos los días en que mayoritariamente se realizan y aquéllos los patronos a quien se ensalza, y ocasionalmente llega a recibir otros nombres como la "casaquina" (Cabranes), la danza de los "caranquiños" (Siero), la "sora Juana" (Mieres).
La primera descripción de la danza prima nos la ofrece Jovellanos en carta dirigida a Ponz: “Estas danzas no son menos sencillas y agradables que los demás regocijos del día. Cada sexo forma las suyas separadamente (…) Aunque las danzas de los hombres se parecen en forma alas de las mujeres, hay entre unas y otras diferencias bien dignas de notarse. Seméjanse en unirse todos los danzantes en rueda, asidos de las manos, al son del canto, sin perder ni interrumpir jamás ni el sitio ni la forma…”
“Los hombres danzan al son de un romance de ocho sílabas, cantado por alguno de los mozos que más se señalan en la comarca por su clara voz y por su buena memoria, y a cada copla o cuarteto del romance responde todo el estribillo el coro con una especie de estrambote que consta de dos solos versos o media copla. Los romances suelen ser de guapos y valentones, pero los estrambotes contienen siempre alguna deprecación a la Virgen, a Santiago, San Pedro u otro santo famoso, cuyo nombre sea asonante con la media rima general del romance.”Esto le a hecho presumir a jovellanos que tales danzas vengan desde el tiempo de la gentilidad y que en ellas se cantarían alabanzas a los héroes, alternadas con himnos a los dioses. Aunque tampoco le parece extraño que pudieran haber sido traídas por los romeros porque tienen cierto sabor a usos y estilos litúrgicos de la Edad Media.
Y continúa: “Como quiera que estas danzas varoniles suelen rematar muchas veces en palos, única arma que usa nuestro pueblo; y como nunca lo sueltan vería V. a todos los danzantes con su garrote al hombro, que sostienen con los dos dedos de la mano izquierda libres los otros para enlazarse en la rueda y seguir danzando en ella con gran mesura y seriedad. Sucede, pues, frecuentemente que en medio de la danza algún valentón caliente de cascos empieza a vitorear a su lugar o concejo. Los del concejo confinante y por lo común rival, vitorean al suyo; crece la competencia y la gritería y con la gritería la confusión; los menos valientes huyen, el más atrevido enarbola su palo: lo descarga sobre quien mejor le parece, y al cabo se arma tal pelea de garrotazos que pocas veces deja de correr la sangre”.
“Pero las danzas de las asturianas ofrecen ciertamente un objeto, si no más raro, a lo menos más agradable y menos fiero que las que acabamos de describir. Su poesía se reduce a un solo cuarteto o copla de ocho sílabas, alternando con un largo estrambote, o sea estribillo, en el mismo género de versos, que se repite a ciertas y determinadas pausas”.
Esta diferencia entre danza de hombres y danza de mujeres vendría exigida por las numerosas prohibiciones dictadas por la autoridad civil y la eclesiástica que censuraban las danzas mixtas. Los impedimentos tanto eran del orden moral como para evitar las quimeras y el derramamiento de sangre que ocasionaba la paliza con que frecuentemente se daba término a la danza.
En el Título V de las ordenanzas judiciales y políticas para la administración de justicia de todo el Principado (1.782) se manda que “en las romerías especialmente han de asistir precisamente los jueces, quienes de ningún a manera permitirán que dancen los hombres y mujeres juntos, que tengan palos aquellos y vitoreen”.
Por su parte, Carlos IV firmó un bando el 23 de junio de 1.808: “por haberse notado que los asturianos, que se ocupan en ser mozos de cuerda, aguadores, apeadores de carbón, sirvientes y en otros ejercicios, se juntan en cuadrillas con palos y estacones a bailar la danza prima en el prado que llaman el Corregidor, inmediato a la fuente de la Teja, de que resultan quimeras, alborotos y otros escándalos: se prohíbe que en cualquier día o noche se junten en cuadrillas los asturianos u otras personas con palos o sin ellos, así en el citado prado del Corregidor como en otro paraje de las afueras de esta corte con el motivo de tener el baile de la danza prima ni otro alguno, ni susciten quimeras o cuestiones, formando bandos en defensa de sus concejos ni sobre otro asunto; pena de que el que contraviniere se le destinará irremisiblemente a uno de los presidios de África por seis años y se le tratará como perturbador de la tranquilidad pública”.
Como se observa, en las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX las proscripciones son frecuentes y las penas duras. Se queja Jovellanos de que en Asturias “se han vedado las danzas de hombres, se ha hecho cesar a media tarde las de mujeres y , finalmente, se obliga a disolver antes de la oración las romerías, que son la única diversión de estos laboriosos e inocentes pueblos”.
Más tarde ya no se prohíben las danzas sino el llevar armas. Actualmente se termina la danza lanzando vivas menos agresívos. En algunos lugares del oriente finalizan mudando la melodía, que se torna más viva y, consiguientemente, el paso más ligero.


(BAILES Y DANZAS TRADICIONALES EN ASTURIAS)

LA BRUJA ASTURIANA


La fantasía de las brujas ha vivido en la tradición asturiana y ha sido transmitida hasta nosotros en cientos de versiones, ya por el caminante, o por el soldado para amenizar las veladas, o bien por el abuelo, al calor del hogar en las noches de invierno.
Según Caro Baroja – “la conciencia de que existen o han existido brujas la tienen todos los campesinos europeos”.
La creencia más antigua, es la de que vuelan utilizando como máquinas voladoras a carneros negros, machos cabríos, lobos, etc.
Con el paso del tiempo, la creencia sufrió mutaciones, estableciendo palos rajados, ruecas, palas y, finalmente, escobas. Algunas teorías modernas pretenden hallarle un fundamento real. Advierten que las brujas “acudían a pie a sus aquelarres, que se celebraban por la noche, y es natural que llevaran un bastón, y en algunos casos el mango de una escoba, para ayudarse en su camino por el sendero. Cuando llegaban a un arroyo o a un charco fangoso, utilizaban el bastón para saltarlo o volar por encima. El cabalgar “a horcajadas” sobre una escoba, formaba parte de algunos ritos del Sabbat”.
Cualquiera que fuera la máquina voladora, el elevarse por los aires suponía sus riesgos. Lo confesaba una bruja, de nombre Lucrecia, que conoció el suplicio del fuego y a la que su demonio arrojo, cuando regresaban del aquelarre, al oír el toque del ángelus. Lo advierte la tradición astur, asignando poderes específicos, al tañido de las campanas de Celón y Bustantigo, en Allande; San Facundo, en Tineo; San Mamés, en San Martín del Rey Aurelio; el Carbayo, en Langreo, etc.


LOS CONJUROS-
Un tipo de réplica al maleficio de las brujas, fue el de los conjuros, Para cada asunto había un conjuro correspondiente.
El toque de campanas para combatir las tormentas y preservarse del rayo fue recurso muy normal. En algunos lugares, como Valle de Lago, en Somiedo, tenía la seriedad de un rito, para ello contaban con un palo que, por vecera, era llevado de casa en casa. Cuando se aproximaba la tormenta, el vecino que lo tuviera en su poder, corría a tocar las campanas con el palo, pasándolo luego a la casa inmediata. Había zonas donde el toque se acompañaba con este conjuro:

“Tente nube,
Detente tú,
Que Dios puede
Más que tú;
Detente nube,
Tente nublado,
Que Dios puede
Más que el diablo”.

lunes, 9 de agosto de 2010

LA TABERNA; EL LLAGAR Y LA ESPICHA


El chigre-

Nombre tomado de una grúa de carga y descarga de barcos por su similitud con un artefacto para el descorche de botellas y que se extendió al local.

El llagar-

Abierto al público, y las sidrerías, son lugares indispensables de sociabilidad en la sociedad asturiana y están intensamente vinculados al ocio popular. En particular, la sociabilidad asociada al consumo de sidra se caracteriza por su mayor intensidad respecto a la generada en torno a otras bebidas debido en parte a la particular forma de servicio, el escanciado, y más aún a la forma de degustar la bebida compartiendo el vaso, lo que supone un alto grado de interconexión entre el grupo de bebedores.

La espicha-

Por su parte la espicha, que en su sentido originario no era más que la apertura de un tonel de sidra con ocasión de una celebración o el pago de una ayuda comunitaria, es un espacio y una ocasión de consumo típicamente regionales. Desde mediados del siglo XIX, con la paulatina mercantilización de las costumbres agrarias, se convirtió en un negocio de creciente éxito, extendiéndose su práctica a los ámbitos urbanos.
Cuantiosos y muy variados son los testimonios literarios que nos presentan el chigre y el llagar como espacios de libertad, discusión y solidaridad —eminentemente masculinos— en los que el consumo de alcohol juega un papel fundamental. También es el lugar más idóneo para la transmisión de información, jugando un papel destacado en el funcionamiento de la comunidad. Así es representado en la obra de Palacio Valdés.
La consumación de algunos negocios puede llevarse a cabo en un establecimientode bebidas, espacialmente en los días de mercado. Los mercados campesinos eran una institución multifuncional y polifacética. Eran centros de sociabilidad y de información imprescindibles para las comunidades rurales y no sólo constituían una ocasión para comprar o vender lo necesario para la explotación campesina, sino que también era una oportunidad para acudir a las atracciones de pago y a los festejos de la feria, para«hacer papeleo». Los mercados, además, serían importantes puntos de contacto y fuente de rumores como materialización de una sociabilidad de género muy específica. Cuando el mercado se celebraba en una cabecera comarcal los campesinos comercializaban en él algunas mercancías provenientes de sus escasos excedentes.

Una de las variaciones más significativas de la taberna asturiana es la distinta codificación interna del espacio debido al consumo de sidra, ya que resulta contraproducente sentarse por el escanciado que implica que se vierta parte del líquido y se produzcan salpicaduras; en especial en los establecimientos dedicados exclusivamente a la venta de sidra, como son la sidrería o el lagar. La diferencia más significativa es la menor presencia de mesas y taburetes ya que, para evitar las salpicaduras, la sidra se consume a pie firme. En el caso del lagar, además, el diseño original del espacio no contaba con la apertura al público, abriendo en ocasiones sólo temporalmente.El servicio de sidra hace que estos lugares sean húmedos, obligando a regar de serrín el suelo para absorber el caldo sobrante de libaciones y escanciado. Por otra parte, son espacios que suelen contar con patios y zonas de juego al aire libre, principalmente boleras. Como se ha señalado, el llagar podía abrirse al público sólo hasta que se agotase la producción de sidra.

La taberna rural es presentada con frecuencia de manera más indulgente, seguramente por sus carácter más interclasista y por cumplir más funciones que la urbana, como ser tienda mixta o estanco además de un lugar de consumo de bebidas. Por último, los espacios de consumo de bebidas también cumplían su función en el desarrollo de la fiesta popular. La romeria tradicional aún seguía siendo en la Restauración una pieza clave en el tiempo libre de la sociedad asturiana y parece que el proceso de industrialización la estaba incluso revitalizando, aunque los cambios se hacían cada vez más patentes al compás de la disolución de los marcos sociales tradicionales. Curiosamente, A. Palacio Valdés nos da noticia de que, en ocasiones, la romería se celebraba en un lagar, aprovechando el que éste tuviese un espacio adecuado para celebrar el baile. En cualquier caso, la taberna podía ser un lugar propicio para concluir la jornada festiva.

"Luis Benito García Álvarez"

domingo, 8 de agosto de 2010

LA NAVE DE LANTERO - Gijón -


"Era la empresa de Aquilino Lantero del sector de la madera, que en sus tiempos tuvo gran pujanza en Gijón. En «La ciudad de vapor. Historia de la industria y el comercio», libro publicado hace diez años, sus autores, Paz García Quirós y José María Flores Suárez, relatan que la empresa Aquilino Lantero, S. A. se fundó en el año 1916 para la producción de maderas industriales. «Situada inicialmente en el margen meridional de la calle de Sanz Crespo, en 1916 pasó a situarse al final de la misma, pasadas las vías del ferrocarril, donde permaneció hasta su cierre y derribo de instalaciones».

Su fundador, prosiguen Paz García y José María Flores, fue «Aquilino Lantero Bayón, natural de El Entrego y hombre dedicado desde muy joven a la comercialización de la madera en Asturias». Y al final del apartado que dedican en su libro a la empresa, afirman: «El edificio más representativo de esta compañía lo constituyó un enorme cobertizo destinado a almacenar los productos de la misma. Realizado enteramente con estructura y cubierta de madera y dotado con un gran alero dispuesto para cubrir toda la zona de carga y descarga del sistema de vagonetas que recorrían el complejo industrial, su silueta característica se levantó durante muchos años entre las vías del Ferrocarril de Langreo y las del Norte».

En efecto, la nave de Lantero estaba situada al lado de la llamada carretera de La Braña, un poco antes del recinto de la Fábrica de Moreda. Desde hace veinte años el sitio de la nave lo ocupan las vías y andenes de la estación de Jovellanos.

En mayo de 2008, en el salón de recepciones de la Casa Consistorial, Ramón María Alvargonzález Rodríguez, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Oviedo, se refirió a la nave de Lantero durante la presentación que hizo del libro «Arquitectura industrial en Gijón. La huella de una ausencia», como ejemplo de la sistemática destrucción del patrimonio industrial de la ciudad y llamada de atención para preservar los últimos vestigios que quedan de la «ciudad-fábrica», que es como Alvargonzález denomina al Gijón de los años punteros de la industrialización.

Precisamente en el citado libro, del que son autores los historiadores José Fernando González Romero y Pelayo Muñoz Duarte, es donde se recoge una pormenorizada descripción de la nave o cobertizo de Lantero, del que ambos autores aseguran que constituyó «uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura industrial de la ciudad. Se trataba de una excepcional muestra de estructura en esqueleto realizada en madera. Sus dimensiones eran las que siguen: ocupaba una superficie de 1.750 metros cuadrados, equivalente a la actual plaza del Ayuntamiento (la plaza Mayor), presentaba una altura de 15 metros, equivalente a un edificio de cinco plantas, 70 metros de longitud y 25 de anchura. Como autor podríamos señalar a un maestro carpintero anónimo que a través de algún libro de patrones diseñó una obra no exenta de originalidad».

Tras dilaciones y falta de concreción por parte del Ayuntamiento a la hora de decidir el destino de la nave, la Administración regional asturiana decidió encargar su desmontaje, del que se ocuparon los arquitectos gijoneses Manuel y Enrique Hernández Sande.

Las tablas del mecano del cobertizo de Lantero se apilaron al lado de las vías y, con el paso del tiempo, la madera se fue pudriendo. Ramón Alvargonzález también sostiene que una parte de la estructura acabó entre las llamas de una hoguera de San Juan.

Ése fue el final de «una de las joyas del patrimonio histórico gijonés» en 1985, como escriben en su libro González Romero y Muñoz Duarte, de la que quedan el recuerdo, unas pocas fotografías y planos, y una excelente maqueta que se puede ver en las instalaciones del Museo del Ferrocarril."

(La Nueva España)