domingo, 5 de junio de 2011

LA RUTA DE LES FUENTES


La hermosura del concejo de Aller se podrá comprobar si nos animamos a recorrer la llamada Ruta de Les Fuentes.
Una fácil excursión se puede iniciar en la afamada localidad de Nembra y seguir por un tramo de la llamada Ruta de Les Fuentes, en medio de bosque autóctono, donde hay desde castaños a robles, pasando por abedules, alisos, acebos, arces, hayas, tejos, fresnos y grandes helechos. La fauna salvaje que habita esos bosques está compuesta por corzos, jabalíes, zorros, ardillas, ginetas, mustélidos y gran variedad de aves, tanto simples pajarillos, con grandes rapaces, nocturnas y diurnas.

En algunos tramos de ese ancho camino real se aprecian restos de una antigua calzada, en medio de aldeas, majadas y antiguas fuentes y lavaderos.
La caminata puede comenzar cerca Nembra y seguir por La Enfistiella y El Omeal, finalizando en Agüeria y Moreda de Aller. En total serán algo más de tres horas de tranquilo paseo, entre arbolado autóctono y casi todo el tiempo en descenso, salvo pequeñas subidas. En ese recorrido se pasa por Los Corros, Los Eros, El cabanon, El Carbayu, Huertomuro, Les Fureres, El Pasauriu, Pedreu y Agüeria... Si nos animamos a caminar la parte alta, saliendo de Santibáñez se baja por Villar, Murias, Capilla de San Andrés, Arnizu y El Omeal... Todos pueblos o aldeas y majadas de gran belleza y tipismo.

La hermosa y casi desconocida Ruta Les Fuentes discurre por el valle allerano del Río Negro, llamado así por su importancia en la extracción del carbón... Comunica la zona baja del concejo de Aller con la provincia de León, antigua vía romana y posteriormente camino de peregrinos a Santiago de Compostela. La senda atraviesa entre abundantes bosques de castaños. A lo largo del camino se puede ver el paisaje del valle al fondo, así como típicos pueblos, aldeas y brañas de pastoreo, además de numerosas fuentes de agua cristalina y pura, muchas de ellas con los lavaderos comunales techados para que las mujeres de los mineros pudiesen limpiar mejor las ropas negras de los trabajadores de las explotaciones mineras; y así hacerles la tarea algo menos penosa a esas abnegadas personas. Desde la senda los pueblos y aldeas se ven como suspendidos en la montaña y, por desgracia, ya muchas de sus casas están derruidas por el abandono continuo de la gente del campo. En la zona alta aún quedan algunas minas... En los frondosos bosques, como decíamos, abundan los animales salvajes y todavía se puede escuchar el canto del urogallo.
El Ayuntamiento de Aller tiene el proyecto de construir un aula natural sobre esta mítica ave silvestre, para que todos los visitantes de la zona puedan saber cómo vive y se mueve por la Naturaleza el famoso gallu montés. Su protección es total en la actualidad, dado que está en peligro de extinción. Y de todos depende un poco el que perdure esta emblemática especie de la fauna salvaje asturiana. También se pretende hacer un cercado con ellos (aunque no serán autóctonos). Y así observarlos y estudiarnos mejor, en plan educativo.
Todo el Valle del Río Negro se vuelca con los caminantes de esta ruta, que fue señalizada y limpiada, por el Grupo Deportivo Nembra y el Ayuntamiento de Aller.

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viernes, 3 de junio de 2011

miércoles, 1 de junio de 2011

EL OLVIDADO CASTRO DE SAN CHUIS


El abandono de la Naturaleza asturiana y de vestigios del pasado, que en ella hay, es notable en castros y calzadas.
En tierras de Allande y Tineo se conjugan la Naturaleza y la Cultura, así como la rica ganadería (ahora amenazada) y la abundante fauna silvestre, los restos megalíticos o los antiguos caminos reales, otrora vías romanas. Así como árboles notables: Carbayo de Valentín, Fayona de Eiros o Tejo de Santa Coloma; y brañas como Llaneces o Campel. Además de minas romanas, por ejemplo en Navelgas y Puerto del Palo; o castros como el de San Chuis, situado en el pico del mismo nombre, en tierras allandesas. Pero totalmente olvidado.

Este castro, anterior a los romanos, se sitúa en las cercanías de las explotaciones mineras de oro de las sierras del Palo y de Valledor. Pero está prácticamente abandonado oficialmente, desde que lo excavaron, entre 1962 y 1963, Francisco Jordá Cerdá y Eduardo García Domínguez. No tiene buena señalización, ni accesos, ni se trabaja seriamente en él. Aquí en Asturias solo se hacen estas cosas por dinero. ¡Casi nadie hace nada por amor al arte!. Y no se cuenta, como en otras latitudes, con personas sensibles y una administración que potencie el voluntariado cultural o medioambiental. Por eso los responsables turísticos y culturales ¿para que van a divulgar ese lugar?.

Tenemos en esta región más de medio centenar de viejos puentes (romanos o medievales) y más de cuarenta vías históricas o calzadas romanas sin señalizar o catalogar (hasta el Camino de Santiago está de pena, en muchos tramos).Y una docena de ancestrales brañas castreñas, aún con corros de piedra, pero sin cuidar; lo mismo que otros tantos reductos castreños o campos tumulares o dolmíticos. El castro de San Chuis (o San Luís) es una muestra más de desidia.

A San Chuis se llega por los pueblos de Celón y San Martín de Beduledo, siendo la caminata de media hora desde ese último pueblo (y otro tanto al regreso). El castro está a unos 800 metros de cota, se cree que es prerromano, con posterior ocupación en época romana. Tiene una muralla de módulos y tres grandes fosos defensivos. Asimismo hay casas circulares castreñas, en el barrio bajo y otra de planta cuadrada (romana posiblemente) en el barrio alto, con algunas esquinas cuidadosamente redondeadas. Y es digno de visitarse.

Uno de los árboles notables de Asturias es la Fayona de Eiros (en San Félix de Mirallo-Tineo) menos vistosa que su "vecino" el Carbayón de Valentín, aunque tiene una veintena de metros de alto y una treintena de diámetro en la copa, así como 5 metros de cuerda y se calcula que sobrepasa los 200 años. Pero pasa parecido a San Chuis, está olvidado... Una tranquila excursión cultural y naturalista, es la que pasa por esa zona y luego continúa a La Pola. Se sigue por la carretera del puerto del Palo, en cuyo alto (en el Pico Panchón) se levanta ahora, en medio de un laberinto de pistas, un parque eólico, con más de medio centenar de molinetes... A los pocos kilómetros de salir de Pola de Allande giraremos por un ramal a la derecha al Alto La Marta. De allí se llega, tras coronar ese puerto, a la bella y singular braña de Llaneces o de Campel, junto a la aldea de Rebollo. La braña hay que verla con detenimiento y recorrer sus ancestrales cabañas.
De esa braña se puede ir al pueblo de igual nombre y a Santa Coloma, para ver su gran tejo, que tiene 8 metros de alto y 6 de cuerda, calculándosele más de un millar de años, cerca de él hay otro menor y se localizan junto a la iglesia románica del pueblo, frente a unas antiguas explotaciones auríferas de los romanos, en la carretera ALL-5 (de Pola de Allande a Villayón); que es un ramal de la ALL-4, del puerto de La Marta. Esta sale, como decíamos, de la del puerto del Palo (AS-14). Casi en frente hay otro tejo notable, en el pueblo de Lago. El mismo está al otro lado del Palo, en dirección a Grandas de Salime; y tiene 9 metros de alto y 5 de cuerda, siendo también milenario.

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miércoles, 25 de mayo de 2011

OSO PARDO



Dentro de la categoría de especies en peligro de extinción se encuentra una única especie: el oso pardo ibérico (Ursus arctos),
Los osos de la Península Ibérica son los únicos representantes puros de una de las tres líneas evolutivas del oso pardo en Europa. La población española de oso pardo se centra en la Cordillera Cantábrica. La reducida población pirenaica se sitúa en su mayor parte en la vertiente francesa.

Los osos pardos se distribuyen en la Cordillera Cantábrica en dos poblaciones que, aunque intercambian esporádicamente ejemplares, se consideran genéticamente incomunicadas. Las dos poblaciones están separadas por 30-50 km. de distancia, donde se acumulan importantes infraestructuras y actividades humanas. El área de distribución de la especie se reparte en cuatro Comunidades Autónomas: Principado de Asturias, Cantabria, Castilla y León y Galicia.

BIOLOGÍA DEL OSO PARDO

El oso pardo es la especie más emblemática de la fauna asturiana, y una de las más amenazadas.
Se trata de un mamífero de gran tamaño, corpulento y musculoso. Los osos cantábricos suelen medir alrededor de190 cm. y pesar en torno a los 120 kg. aunque este valor varía en función de la época del año, dependiendo de la cosecha de frutos y abundancia de comida. El oso tiene muy buen olfato y oído, pero su vista es bastante mala, especialmente en distancias largas.

Una característica singular es que el oso pardo es un animal plantígrado, al igual que los humanos, es decir, que apoya, para andar, todo su peso en las plantas de los pies; por ello sus huellas son grandes y fácilmente reconocibles. Por otro lado, es uno de los pocos animales capaces de erguirse sobre las patas traseras, si bien solo lo hacen en determinadas ocasiones, para alcanzar ramas altas, cuando se sienten amenazados, en peleas por las hembras… y mantienen esta postura solo durante breves instantes.
La coloración del pelaje de los osos es variable, va desde el pardo oscuro, casi negro, al amarillento claro. Los de la Cordillera Cantábrica presentan una coloración más oscura en las patas, cara amarillenta y cuartos traseros muy oscuros.

Los osos cantábricos utilizan preferentemente bosques de haya, roble o abedul y áreas de matorral, brezales o piornales, con masas forestales cercanas. Generalmente aparecen en el rango de altitud comprendido entre los mil y los mil cuatrocientos metros, donde son más frecuentes los bosques y la influencia de la actividad humana es menor.
Su hábitat está condicionado por su alimentación. El oso es un animal omnívoro, aunque su dieta es preferentemente vegetal. Su dieta sufre una estacionalidad muy marcada y se adapta a los recursos disponibles en cada época del año. En primavera se alimenta principalmente de brotes tiernos de gramíneas y plantas herbáceas. Finalizando la primavera consume umbelíferas de grandes hojas que debe buscar en zonas umbrías, como bordes de arroyos. A partir de agosto, a medida que maduran, consume frutos carnosos como arándanos, madroños, moras, etc. Durante el otoño e invierno, frutos secos como bellotas, hayucos, castañas y avellanas. Esta dieta vegetariana se complementa con proteínas procedentes de hormigas, abejas, larvas y carroñas de ungulados despeñados o muertos durante el invierno. Puede llegar incluso a acercarse a colmenares próximos a los pueblos para abastecerse de miel.

La ingestión de alimento es elevada especialmente en otoño, cuando el animal debe acumular la grasa necesaria para poder sobrevivir al periodo invernal, que pasan recluidos en la guarida de hibernación.
Para la hibernación suelen elegir cuevas que cubren con una capa de helechos, brezo y hierbas; suelen estar en áreas muy agrestes de difícil acceso

El celo en los osos tiene lugar en la primavera o principios de verano, entre los meses de mayo a julio o agosto. Generalmente un macho cubre a varias hembras. El mecanismo de la reproducción en los osos es de gran complejidad, las hembras tienen la ovulación inducida por la cópula, lo que hace aumentar la probabilidad de fecundación. Además, el óvulo fecundado no se implanta en el útero de la hembra hasta principios del invierno, es lo que se llama implantación diferida.

La gestación suele durar unos dos meses, por lo que el parto tiene lugar en plena hibernación y dentro de las oseras. Generalmente nacen dos esbardos, desnudos y ciegos. Al salir de la osera, al final del invierno, ya tienen todo el cuerpo cubierto de pelo y muchos presentan un collar blanco que va desapareciendo poco a poco. La madre les acompaña durante su primer año de vida, no obstante, los hermanos suelen continuar unidos un año más e incluso hibernan juntos. A partir de los tres años de edad alcanzan la madurez sexual y se convierten en animales solitarios.

ENTRE CORAO Y COVADONGA


Entre el típico pueblo de Corao y el Priena, están, además del singular Cuetu Abamia, bellas majadas de pastores, en pleno camino a Covadonga. Esta ruta es la que siguen muchos peregrinos al Real Sitio cuando vienen desde la costa llanisca. Ahora también lo hacen los gijoneses. Cuando se camina en peregrinación hasta Covadonga, para visitar y rezar a La Santina, tres rutas son las que principalmente se siguen.

La que viene de Oviedo (o Mieres y Langreo) por el antiguo "Camín de La Reina", atravesando fundamentalmente los concejos de Siero, Nava, Piloña, Parres y Cangas de Onís (aparte de los citados como base de partida).

•La que sale de Gijón (o Avilés y Candás) por la actual "Senda Garrapiella", que atraviesa, además del municipio de partida, los concejos de Villaviciosa, Piloña, Parres y Cangas de Onís (con la variante del Club de Aire Libre de la Universidad Laboral, CALUL, por la sierra del Sueve).

•Y la que parte de la costa de Llanes y va por la antigua calzada romana de Ardisana, entre los concejos de Onís y Cangas de Onís, además de tierras llaniscas. De Onís prácticamente solo por el límite.

De la última ruta, de Llanes a Covadonga, en su tramo final, vamos ahora a ocuparnos. El que va de Corao al Real Sitio, pasando por Abamia (con famosa iglesia y caserio), las majadas de Rales y Cuadras de Canal y el Picu Prieta, (mal llamado en algunas publicaciones "Cruz de Priena").
El lugar de partida de la caminata, Corao, es un pueblo del concejo de Cangas de Onís, famoso por sus ferias y mercados ganaderos, de antaño y de ahora, como por sus artesanos (incluso relojeros). Así como por haber vivido y muerto allí Roberto Frassinelli, el que dió fama internacional también a la población al ser conocido como el "Alemán de Corao". Ahora sus restos reposan en la iglesia de Abamia. Otrora estaban en el cementerio de esa misteriosa localidad, hasta que un grupo de veteranos de la montaña de Asturias los trasladaron a su actual destino.
En la iglesia de Abamia estuvieron enterrados Don Pelayo y su esposa Gaudiosa... Esa iglesia está rodeada de tejos (los texos milenarios) y cerca había un dolmen.

El paseo de Corao hasta Abamia se puede hacer por carretera, pero es mejor seguir la pista que cruza el río Güeña, junto al famoso "castañeu" de las ferias. Ese camino en un cuarto de hora de tranquila marcha a pie nos sitúa junto a la iglesia de Abamia. De allí, en otro tanto, se sube al Cuetu Abamia, donde hay un típico caserío, habitado por unas nobles gentes, que aún pastorean en la Montaña de Covadonga. La caleya sigue en dirección sureña hasta la majada de Rales, en similar tiempo. En Rales hay un cruce de caminos que bajan al pueblo de Teleña o suben a las majadas de Cantu Pandal y Cuadras de Canal.
Desde Rales se continua hasta el mayau de Canal, en otra media hora y salimos allí de la pista, acometiendo la ascensión al Priena en una hora (no es necesario coronar su cumbre). En lo alto del pico, o de su collada norteña, se puede ver una magnífica panorámica de Covadonga y montañas circundantes. La bajada al Real Sitio, por senda pastoril, se hace en una hora aproximadamente, llegando cerca del Repelao y Parque del Príncipe.


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lunes, 23 de mayo de 2011

EL AIRÍN DE LES CASTAÑES


El aire de las castañas (airín de les castañes en asturiano) es como se conoce en el Principado de Asturias y en Cantabria a los vientos de componente Suroeste. Son unos vientos muy típicos del otoño en el Principado, de ahí la procedencia de su nombre, ya que se dan cuando "cae" la castaña, aunque pueden darse en cualquier época del año.
El aire de las castañas es un viento del Suroeste asociado a las borrascas atlánticas, suele soplar con una intensidad moderada. Los vientos del Sur - Suroeste al superar la Cordillera Cantábrica y bajar las laderas de sotavento se recalientan y se vuelven secos, dejando un ambiente bastante cálido y con una baja humedad ambiental.
en el Principado de Asturias no se suelen producir precipitaciones y predomina un tiempo seco y generalmente con cielos enmarañados de nubosidad de tipo medio y alto. En estas zonas no se producirán precipitaciones hasta que el viento role a componente Norte ó Noroeste.
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ESENCIA DE POTE

Las castañas, junto con los nabos, sustanciaron el pote lariego hasta que las indianas fabas y patatas les arrebataron los favores aldeanos

En el principio fue el pote. Y del pote aposentado en el trébede o sujeto por pregancies y calamilleres surgieron todas las líneas evolutivas de la cocina asturiana.

Al calor de la lumbre de troncos y de carbón vegetal o, si la zona lo facilitaba, mineral, y desde el llar de la cabaña castreña, la gran olla oscura y panzuda de hierro con asa y patas recibía, según marcara la estación y las posibilidades, unto de gochu, manteca de vaca, hortalizas, carnes frescas y secas, embutidos... Y castañas, que huérfanos hasta el XVIII de judías y patatas, aportaban con los nabos la ración de energéticos carbohidratos. Asada, cocida, sola, con leche, endulzada o engordando el pote, la castaña, alimento básico del asturiano pobre, circunstancia compartida por la mayoría de nuestros antepasados, ritualiza una pura gastronomía recolectora desde finales de octubre, y alcanza su punto álgido en el veranillo de San Martín, breve tregua de sol y viento sur que prologa los primeros fríos invernales y las matanzas.

Este año madrugó el tiempu les castañes y estos majestuosos árboles, generalmente acompañados por robles y abedules en valles y laderas hasta los setecientos metros, dejan caer los ‘oricios’ con un sonido seco que puede provocar algún inesperado ‘castañazu’. Mejor que ‘apañales’, las dimimos a ‘civiellazos’ con varas de ‘ablanu’, o las alcanzamos con gabitos ganchudos y tiñaces. Ya en el suelo, unos atinados taconazos de madreña pueden partir el espinoso envoltorio para dejarnos comprobar aleatoriamente, a ‘güeyu y navaya’, estados y calidades. Una vez consideremos colmada la gueta y tengamos las goxas llenas gracias al uso de pañaeres o ganchos curvos de madera, apilaremos el montón en circulares depósitos de piedra o cuerries, y las taparemos con vares, fueyes y felechos protectoramente para que, amugadas de calor y humedad, puedan salvarse de la rápida ‘podre’.

De acuerdo con los demás vecinos, señalaremos un día próximo para ‘magostar’ las que vayamos a consumir frescas, que un ‘magüestu’ o asado festivo y comunitario, acompañado de la sincrónica sidra del ‘duernu’, y de canciones y cortejos axuntaores de mozos y mozas resulta ceremonial alegre: nutritivas pero indigestas, algo en lo que Discórides y Galeno coinciden e inciden, las castañas sirven, unidas a la sidra dulce, de terapéutico y eficaz depurativo antes de los fríos y lentitudes invernales.

El 4 de diciembre, Santa Bárbara, marca el descuerrie de las amugadas que con un rastrillo especial o engazu salen fácilmente del ‘oriciu’. Las menos lucidas van para el ‘gochu’, y las mejores se cuecen en agua bullente y sal con la cáscara, que se retira fácilmente junto a la piel interior, o se pelan a cuchillo, cuecen y reciben un golpe de horno que saca el pulguín (telilla) y así cubrirlas de leche y cenarlas; las preparadas de la primera forma reciben el nombre de ‘corbates’ y las segundas, el de ‘pulguines’.

Pero la mayor parte quedan depositadas sobre el hogar en un ‘sardu’ o repisa de ramas entrelazadas para que sequen o mayuquen, asegurando provisiones anuales; llegado el momento las pelamos o vanamos metiéndolas en un saco y golpeándolas. Y después de una noche en remojo... ¡Al pote con ellas!

La gueta abre un tiempo de misterios y sombras, de cuentos a la vera de la lumbre y de noches largas pobladas de aullidos, de bruxes y guestia. También de bromas, cortexos y magüestos. Recorrer las umbrías procuraba furtivos y amorosos encuentros que, de tener consecuencias, arreglaba el consiguiente casoriu.
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EL POTE Y LOS COMPANGOS.

«Primero ponemos en agua fría 4 morcillas, 4 chorizos, mejor de tipo sabadiego y 1 trozo de tocino entrevenado. Llevado el agua a ebullición y con fuego mínimo, dejamos se hagan durante media hora, y cuando ya casi estén añadimos un kilo de castañas mayucas o pilongas remojadas desde la noche anterior, y las patatatas peladas y troceadas. Debe cocer todo junto tres cuartos de hora. Así las preparaba mi güela María y mi madre Pacita», nos explica Nando Fernández Noval, del restaurante Casa Nando en Urbiés.
Y así vuelven a sustanciar los potes, tarea fielmente desempeñada hasta el siglo XIX. Entonces, la patata, considerada desabrida y rastrera, ganó popularidad y con las asimismo americanas fabes se deshicieron de castañas y nabos seduciendo a las asturianísimas berzas. Pero cofradías entusiastas y demandas acertadas nos las retornan valiosas y tentadoras.

El compangu de gochu no es el único posible. Basta un respingu, respiñu o sofrito que respinga (salta) al juntar en la sartén unto de cerdo, ajos y pimentón que podemos enriquecer con avellanas y nueces machacadas. Y el pote de castañas pobre o de vigilia, que sólo lleva un kilo de mayucas remojadas y cocidas a fuego muy lento con agua y mantequilla, ya satisface. Ojo, ximielguemos siempre por las asas sin revolver, igual que con les fabes, y procuremos que el caldo espese cuidando que las castañas, muy frágiles, no se deshagan.

Los vegetarianos, o quienes gusten del salutífero estofado, cuézanlas tras el remojo de las mayucas o el pelado de las frescas sobre un sofrito de ajo, y agreguen cebolla, zanahoria, puerro y tomate engordando el caldo final con un pequeño triturado. Entre las especias, el hinojo resulta particularmente aconsejable: evita las molestas flatulencias posteriores.

«¡Bienvenido el nordeste que nos trajo la gueta! /Mañana el pote ya hervirá en la casa», poetizó Alfonso Camín llamando pan de los pobres a la castaña. Toca repetir la bienvenida de la que ahora merece rebautizarse pan del gourmet.
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ARTES MODOS Y VARIEDADES.

Cuando íbamos a la aldea, la guela nos las asaba directamente en la chapa de la cocina de carbón, en la bandeja del horno, en la sartén o en el específico y agujereado tambor de rabil que giraba sobre el fuego: siempre ocurría algún crujido, salto y explosión. Para evitarlos hacíamos previamente un corte en cruz, o extraíamos una viruta lateral –mozquetu– que desalojaba la presión. Pero resulta más práctico realizar con un cuchillo o cúter una incisión a modo de cinturón alrededor del fruto y, una vez asada, el comensal separará la pulpa sin esfuerzo del acuerado exterior y de la fina tela interior.
Las castañas asadas y regadas con sidra significan fiesta, regadas con leche y en tazón grande o plato, hondo reposo. El asado puede completarse con un cocido o guisado que las ponga a punto de almíbar, de compota, de escarchado, de trufado para aves, de puré cinegético, de relleno pastelero, de glacé...

Nando Fernández Noval nos cuenta que en Urbiés, igual que en otras parroquias mierenses y asturianas, hay castañas montesas de poca duración y apropiadas para chapa o en tambor de rabil; forniegues que valen para todo; boroñones que sólo sirven mayucadas en el xardu y con las que luego elaboraban harinas pasteleras usando el mismo molinillo de les nueces y ablanes; de maría garcía buenas para todo y que esmondadas y saborizadas por un respiñu o respingu constituyen un nutritivo y energético desayuno de mineros y labradores; asturianes grandes y sabrosas de brillante pellejo; sidres que acompañaban culinos durante les esfoyaces y los filandones –si la moza que las ponía en el regazo de la falda mientras trabajaba dejaba a un mozo cogerlas el cortejo quedaba aprobado–; les sanmartiniegues de las matanzas y los picadillos comunales, y las riquísimas valdunas que aceptan cualquier reto culinario.

LUIS ANTONIO ALÍAS -
elcomercio.es

domingo, 22 de mayo de 2011

EL PICAYU, CIMA MÁS ALTA DE OVIEDO


En el concejo de Oviedo hay aún restos de vías históricas. Por El Padrún iban dos, una cerca de su cumbre más alta, El Picayu.
Entre las numerosas vías históricas, caminos reales o calzadas romanas, que atravesaban Asturias y la comunicaban con tierras leonesas, destacan por su importancia las de La Mesa y La Carisa o de Pajares, esta última tiene unos tramos empedrados, aún bien conservado, cerca de Olloniego y la Venta del Aire, en tierras del municipio de Oviedo... Cerca de esta última, como un ramal "secundario" de ella, hay otra vía, que se bifurcaba de la anterior cerca del alto del Padrún (en Biforcos). Conocida desde la Edad Media como el "Camín de La Reina", iba desde Mieres a Covadonga. En su primer tramo, entre La Rebollada (en Mieres) y Tudela Veguín (en Oviedo) se pasa bordeando varios picos, como el Boa (o Box), Gua y Mosquitu, limites de tierras ovetenses y mierenses; y Peña Saloe y el Picu Escobín o Picayu ("Picajo") que son divisoria de Oviedo y Langreo. Este último con sus 709 metros de cota es la cumbre más elevada de tierras ovetenses.
El camino, antigua calzada romana, va bien marcado y al ir delimitando municipios denota que fue una importante vía histórica, pues cuando se trazaron las actuales demarcaciones de concejos se tomó como referencia los accidentes geográficos destacados (sierras, ríos, gargantas,...) así como viejas calzadas o caminos reales.

Esta calzada histórica a Covadonga, en su tramo de Mieres, o El Padrún, a Tudela Veguín, se puede recorrer bien en unas tres horas, aunque los nuevos caminos o pistas forestales, hacen que algunas veces se pierda el mismo. En especial cerca de los citados picos (ahora cubiertos de numerosas antenas y torres de alta tensión) y de los montes de Olloniego y Payuste... Otro ramal de esta antigua vía, además de las citadas, se puede tomar, por tierras langreanas, en San Tirso, en las proximidades de la famosa Venta del Carmen.
Otrora, con motivo de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, la entrada en Asturias, para visitar la catedral ovetense del Salvador, y traspasar por la colegiata de Arbás, se efectuaba por el puerto de Pajares siguiendo una vieja calzada romana que cruzaba por Valgrande (y anteriormente iba por el alto de La Carisa). Y luego seguía por Campomanes y Pola de Lena. De allí continuaba para tierras de Mieres del Camino, El Padrún, Olloniego, La Manzaneda, Venta del Aire (una afamada venta de esa calzada), La Manjoya, Oviedo, Lugo de Llanera y Gijón (Noega o Gigia). Pero, cerca del alto del Padrún (vigilado por el castillo de Tudela) se bifurcaba el viejo camino (en la zona llamada Biforcos) en varios ramales, uno a la izquierda, al Oeste, iba para Ribera de Arriba, Riosa y Morcín; y otro, a la derecha, al Este, era el que comentamos por tierras ovetenses, mierenses y langreanas..., a Covadonga, cruzando el centro de Asturias, tras pasar por Tudela Veguín... Las altitudes de esa zona están entre los 600 y 700 metros sobre el nivel del mar.

Ese camino de La Carisa en realidad era un ramal de la famosa Ruta de La Plata, el que llegaba hasta el Mar Cantábrico viniendo de León. Al igual que otra vía romana, que partía de Astorga, entraba en Asturias por el Puerto de La Mesa y finalizaba también en Gijón (Noega o Gigia), pasando asimismo por Lucus Asturum (Lugo de Llanera). Esa calzada es conocida como el Camín Real de La Mesa. Estas dos vías, con sus múltiples ramales secundarios, sirvieron de importante nexo de unión entre la costa Cantábrica y tierras leonesas.
La caminata para visitar los montes de Olloniego, Fayedu y Payuste, con la cima más alta de Oviedo: El Picayu, se puede iniciar igual cerca de Mieres y El Padrún (por La Rebollá) que en San Tirso y Venta de Carmen, o en Tudela Veguín. Por cualquiera de esos lugares se toma el camino real, al principio es subiendo un buen trecho y luego llaneando, con excelentes vistas panorámicas de los valles de esos tres concejos. Al final es bajando, generalmente entre arbolado.
La senda está señalizada como,"Ruta de las Peregrinaciones".Hay un ramal que va por La Mortera y San Felechosu a Olloniego.

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