domingo, 10 de julio de 2011

FAUNA ASTURIANA



EL JABALÍ-
De notable parecido con el cerdo domestico, el jabalí es animal omnívoro por excelencia y uno de los que disponen de más variados hábitat, ya que vive en cualquier lugar y en cualquier altitud, estando presente en bosques ( su hábitat más típico),montañas, zonas costeras, valles e, incluso ,en las proximidades de los pueblos y las ciudades, por lo que puede ser considerado el todo terreno de nuestra fauna.

Siempre procura vivir el lugares donde el agua este próxima, ya que suele beber en abundancia y le gusta enormemente darse baños, sobre todo en el lodo que queda en los charcos del bosque, donde se reboza materialmente desde el rabo a las orejas, desembarazándose, de esta manera, de los insectos y parásitos que se refugian en su espeso y tupido pelaje.

De hábitos nocturnos, durante el día suele permanecer encamado, oculto entre la maleza y a salvo de las miradas indiscretas, ya que su cuerpo, extremadamente fuerte y resistente, está recubierto con grandes y largas cerdas, de tonos pardos o negruzcos , perfectas para pasar inadvertido entre la vegetación que lo rodea. Sus patas son cortas y a primera vista da la impresión de que difícilmente pueden soportar los 125 Kg. de peso que llegan a alcanzar los ejemplares adultos.

Los machos suelen ser solitarios. Pero las hembras tienen, fuera de la época de celo, un carácter gregario bastante acentuado, formando pequeños rebaños (piaras) con las crías o rayones(se les llama así por las bandas de color pardo oscuro que contrastan con el pelaje amarillento de tonos claros que tienen . Su territorio no suele ser muy extenso, estando en función de la cantidad de alimento que haya en el mismo y, sobre todo, de la interferencia humana, pues, cuando se ve acosado o perseguido, no duda en instalarse en otro lugar. Pero, si no es molestado y el alimento es abundante, suele permanecer en el mismo sitio hasta que decrezcan sus posibilidades alimentarías, siendo sus huellas bien visibles, tanto en caminos y sendas, como en sus lugares de baño, pues los árboles de los alrededores aparecen manchados de barro y con abundantes cerdas en su corteza, así como con marcas hechas con sus afilados colmillos, que muchos naturalistas consideran auténticos marcajes de territorio.

En nuestra región y a pesar de que ya hemos dicho anteriormente que tiene una dieta muy variada, hay momentos, como puede ser la época de las castañas, la caída de las bellotas o el resurgir de las setas en los que su alimentación se basa, única y exclusivamente, en el consumo de estos alimentos, no cambiando la misma hasta su agotamiento.

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EL LOBO-
Su nombre científico es Canis lupus signatus. Su figura con pelo grisáceo que cambia a rojizo en los meses calurosos, cuando pierde la espesa pelambrera que le ha protegido durante las ventiscas y vientos helados del invierno, curiosamente, nos recuerda al mejor amigo del hombre, el perro. Su cabeza es robusta, con el hocico puntiagudo, sobresaliendo en ella un par de orejas triangulares, y una poderosísima dentadura, capaz de desgarrar los tendones y músculos más fuertes. Su peso es de unos 55 Kg y su longitud de unos 120 cm. Su cola, actúa como un verdadero indicador de su estado de ánimo, y es parte vital en el comportamiento de este canido. Vive en clanes sociales, de unos 7 individuos como máximo. La manada está gobernada por el macho más fuerte, que consigue el rango después de haber mantenido una lucha con sus rivales mejor dotados. La lucha termina con uno de los combatientes en el suelo, ofreciendo su cuello al triunfador, el cual automáticamente pierde su agresividad y muestra en alto su cola erguida en señal de triunfo. La manada se organiza perfectamente para la caza siendo un par de individuos los que atacan directamente a la presa, mientras los demás la acorralan cortándole el paso. Una vez muerta, comen por orden jerárquico siendo el macho dominante el primero en comer. Corzos, ciervos, rebecos, roedores, escarabajos, ganado domestico e incluso carroña forman su dieta.
En invierno, generalmente entre los meses Enero y Marzo, los machos marcan su territorio y se unen a las hembras, inundándose los campos con sus aullidos, prolongados y lastimeros. Durante este tiempo viven en pareja y es el macho el encargado de la caza. Los cachorros nacerán después de 60 días, en nº de 5 a 9, en la lobera que anteriormente fue excavada en un terreno blando por la loba, la cual alimentara durante tres semanas con su leche a los lobeznos, para pasar a darles, en la cuarta semana, con la aparición de los primeros dientes, un alimento semisólido que el macho regurgitara para ellos. Los lobeznos crecen rápidamente entre juegos en los que ensayan movimientos y peleas que les servirán como entrenamiento para ocupar más tarde su lugar en la manada. A los 3 meses acompañan a sus padres asiduamente y a los 5, ya con la dentadura completa comienzan a ganarse su rango, a los 3 años son adultos y pasaran, por meritos propios, a figurar como el enemigo eterno del hombre.
Los concejos de Cabrales, Onís, Amieva, Aller, Quirós, Somiedo y Degaña entre otros de nuestra región acogen a este canido. Al lobo se le acusa de producir unas pérdidas de 120 millones de ptas cada año, indemnizando la administración solamente el 40 % de dichas pérdidas, siendo Asturias, la comunidad de España que ha aportado el 84% de ese 40% que engloba al territorio nacional.
El acoso constante `por los ganaderos y la continua construcción de carreteras, que dividen sus poblaciones, con el consiguiente deterioro genético, hacen que el futuro de este formidable depredador se encuentre gravemente amenazado. ¿Pero son ciertas las acusaciones sobre sus crímenes? ¿fué el lobo o fueron perros asilvestrados?...






SOBRESCOBIO-PRESA DE TANES


El visitante que se acerque a Sobrescobio, lo hará fundamentalmente atraído por su entorno natural y por los maravillosos paisajes que atesora. Sin embargo, no se puede obviar el importante patrimonio histórico-artístico que participa de un marcado carácter popular y que ha sido objeto, en los últimos años, de una importante labor de conservación y recuperación.

En toda la zona se deja notar una cierta impronta romana, fundamentalmente en infraestructura viaria. Así, se conservan restos de una antigua vía con probable origen romano, que enlazaba Sobrescobio con la Calzada Real, dicho tramo es fácilmente accesible, al estar comprendido en la primera parte del itinerario señalizado como PR-AS.122, Ruta de la Calzada Romana, que parte de la localidad de Rioseco.
El Castillo de Villamorey, del que tan sólo quedan las ruinas del Torrexón, fue objeto de una cuidada restauración, aplicada tanto a su entorno como al camino de acceso a él. Se encuentra situado sobre las tranquilas aguas del embalse de Rioseco, en un promontorio rocoso que domina la entrada al concejo. Era un edificio defensivo de clara filiación romana posteriormente reconstruido en época de Alfonso I. La primera referencia documental es del año 1185, cuando el rey Fernando II hace donación a la Orden Militar de Santiago de la heredad y Castillo de Sobrescobio, para que sea inmune y libre de la voz regia, con todas sus pertenencias, derechos y términos, haciendo ésta a perpetuidad. También conocido con el nombre de Torrexón de Tielva, se describe en ruinas y deshabitado en un documento de 1494. Este abandono y su posterior ruina tuvieron lugar tras la fundación de la Pola de Sobrescobio en 1344, cuando el rey Alfonso XI, a petición de sus hijos Enrique y Fadrique, otorga carta de población (Carta Puebla) al concejo de Sobrescobio. En esta carta, hoy perdida, manda a los de este concejo que hagan puebla en el lugar de Oviñana, a fuero de Benavente, concediéndoles diversas exenciones y fijando en la cantidad de 1.200 maravedíes el tributo que debían de satisfacer anualmente a los señores del coto. La importancia de la presencia del Torrexón de Villamorey queda patente en su inclusión dentro del Escudo de Sobrescobio, junto a la Cruz de la Orden de Santiago, a la que perteneció el municipio hasta el año de 1565, en el cual la Orden acordó enajenar su jurisdicción sobre él.

Se conservan varias casonas rurales asturianas entre las que hay que destacar la Casa de los Canella, ubicada en Soto de Agues y construida en el siglo XVI, fue el antiguo solar de la familia Canella oriunda de esta localidad.

La Central Eléctrica de Tanes, propiedad de la empresa Hidroeléctrica del Cantábrico y situada en Rioseco; fue construida en 1980 por el arquitecto, pintor y escultor asturiano Joaquín Vaquero Palacios, que a su vez contó con la colaboración de su hijo Joaquín Vaquero Turcios. Su principal objetivo fue el integrar la escultura, la arquitectura y la pintura en una obra industrial, humanizando de esta manera un espacio que está al servicio de la técnica. La Central está excavada en la roca. Se actuó fundamentalmente sobre la sala de turbinas, en cuya bóveda aplicó grandes campos geométricos de color, en tonos muy vivos blancos y amarillos sobre un fondo gris, y se revistieron de acero pulido las pilastras de hormigón que sostienen la cubierta, dejando la roca vista en los demás tramos. También se le dio un tratamiento artístico a las carcasas, máquinas y elementos funcionales como conducciones, tuberías y barandillas. Obteniendo como resultado un conjunto impresionante, con un tratamiento muy futurista, que fue realizado con una gran economía de medios. Actualmente no es posible visitar la Central Eléctrica de Tanes, por ello, se recomienda la visita a la Casa del Agua, lugar en el que se explica el funcionamiento reversible de la Central y en el que se pueden contemplar diversas imágenes de su interior.

Arquitectura popular
En municipios eminentemente rurales como Sobrescobio, la arquitectura popular constituye uno de los elementos mejor conservados en sus núcleos de población, manteniendo el tipismo de la arquitectura popular tradicional de la región. La vivienda tradicional, casa de piedra con techumbre de teja roja curva y galerías y corredores de talla de madera, es uno de los aspectos definidores del paisaje de la zona, junto con las tradicionales y muy numerosas construcciones anexas, fundamentalmente los hórreos, y otras como molinos o lavaderos que aún se mantienen en uso.
Al lado de la vivienda suelen situarse la cuadra y el hórreo, construcción tradicional en la zona, que se usa como granero elevado para aislar el maíz, la matanza y otras producciones agrícolas de la humedad y los roedores.En Sobrescobio, son más de cien los que aún resisten el paso del tiempo y tienen, en su mayoría, una edad superior a los cien años, conservándose algunos de los siglos XV y XVI, y no pocos del XVII y XVIII.
Entre todos los pueblos cabe destacar las localidades de Soto de Agues y Ladines, que conservan prácticamente intacta su arquitectura tradicional, por lo cual están protegidos bajo la figura de Área de Rehabilitación Integrada por el Principado de Asturias.
En las zonas altas de pastoreo abundan las cabañas, reunidas en las majadas, y utilizadas generalmente sólo en verano para facilitar el cobijo del ganadero que vigila sus reses durante el tiempo que permanecen pastando en los montes. Dichas cabañas suelen ser de piedra, de planta rectangular y con cubierta de losas (llábanes de piedra), aunque actualmente se tiende a la cubierta de teja árabe.

Artesanía-
Aún hoy perduran en Sobrescobio distintas manifestaciones artesanas, destacando el trabajo de la madera que está en relación con su abundancia en la zona y ligado a la construcción de viviendas y a la tradición de talla para decorar la madera, así como para la fabricación de las madreñas, calzado tradicional, aún en uso y de multitud de objetos de uso domestico, como muebles y utensilios de cocina. Se mantiene aún como tradición artesana el oficio de la cestería, siendo muchos los tipos de cestos, según la forma y el uso al que se destinasen.



ayto-sobrescobio.es

viernes, 8 de julio de 2011

LAS CASCADAS DE ONETA


Para alcanzar uno de los espectáculos naturales más imponentes de Asturias sólo tendremos que caminar una hora, media hora para llegar y otra media para volver. Aunque quizás la excursión pueda durar bastante más tiempo, pues admirar las cascadas de Oneta en toda su dimensión paisajística nos llevará un poco más de tiempo.

Los ríos asturianos se han especializado en dejarnos imágenes inolvidables. Obligados a salvar enormes desniveles, ofrecen una gran capacidad erosiva, excavando a su paso multitud de hoces, cañones y desfiladeros.
Por su belleza y singularidad, la red de espacios protegidos de Asturias incluye estas cascadas del municipio de Villayón, un conjunto de tres saltos de agua que se escalonan en pocos metros, jalonando el curso del río Acebo que discurre entre rocas y numerosos pozos. Algunos, como el del Diablu, tienen gran profundidad y peligrosos remolinos en su interior. De pronto, la corriente se precipita verticalmente por una altura entorno a los quince metros, formando una cascada de espectacular belleza. Se trata de la cascada de la Firbia, la más accesible e impresionante de las tres. En torno a ella la continúa precipitación de rocas ha formado un circo sobre el que rompen estruendosamente las aguas. El sonido constante, de gran potencia acústica, viene acompañado de un efecto eólico que impresiona, ráfagas continuadas de aire que son el resultado invisible de esta gran caída de agua barranco abajo.

Las paredes del roquedo se nos muestran densamente cubiertas de musgos y helechos. La cascada está rodeada de robles, abedules y castaños y en su margen derecho se encuentra un canal que en la antigüedad abastecía a varios molinos. Nos encontramos, pues, en una localización privilegiada para apreciar esa relación estrecha entre el paisaje asturiano y su etnografía relacionada con el agua.
El itinerario señalizado por el que hemos llegado finaliza aquí, en la cascada de la Firbia. Sin embargo, por debajo de ésta existen otras dos de menor altura aunque no menos bellas: la Ulloa y la Maseirua. En el entorno inmediato de éstas la vegetación sigue siendo exuberante, con una frondosa cubierta de fresnos y alisos.
Muchos son los visitantes que llegan a la primera cascada y pocos los que dan con el camino para bajar andando hasta la segunda. Llegar a la tercera es más complicado, con una bajada muy peligrosa. Así que la admiramos en la distancia.

Para encontrar la segunda cascada hemos de acompañar al río en su agradable descenso entre pozas y pequeños saltos de agua. La pista acaba aquí, y a partir de ahora se convierte en un sendero fácil en sus primeros metros pero menos asequible una vez que asoma la cascada. La pista pasa junto a un molino de agua abandonado que podemos visitar.
Con suerte, en el transcurso del río podremos ver alguna nutria, la fauna más representativa de este ecosistema. No es por casualidad, la presencia de nutrias nos dice a las claras que la calidad ambiental de este entorno es muy alto, y que bien merece su protección y el título conseguido: Monumento Natural del Principado.

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La ruta de las cascadas parte de la aldea de Oneta, a donde se accede desde la capital municipal, Villayón, a través de la Carretera Local AS-36 que enlaza esa población con Luarca.

Son dos kilómetros de recorrido (ida y vuelta) que nos llevará una hora (ida y vuelta).

La travesía que lleva a las cascadas no tiene pérdida, además es una ruta especialmente sugerente que en primer lugar nos conduce a hacia la cabecera del barranco.

Desde Oneta, la ruta transcurre al principio entre prados y tierras de cultivo. Enseguida el camino se estrecha e inicia un empinado descenso que conduce a la cascada de la Firbia. El recorrido descrito, poco más de media hora de cómoda andadura, forma parte de la Red de Senderos Locales del Principado de Asturias, con la clave SL.AS-5, y se encuentra adecuadamente señalizado.



desdeasturias.com

LOS BOSQUES ASTURIANOS


Aunque cualquier estación es buena para tomar contacto con el patrimonio natural de los bosques asturianos, os recomendamos el otoño. Es precisamente la segunda quincena de Octubre y la primera de Noviembre cuando el bosque astur alcanza cotas insospechadas de belleza, cuando el reino de la mitología entra a formar parte de su condición caduca, silenciosa y nostálgica. La foresta asturiana nos tiene reservadas cientos de excursiones.

Más del 30 por ciento del territorio del Principado está cubierto por bosques. Un buen número de éstos son autóctonos, y en la mayoría de los casos presentan un grado de conservación y regeneración notables.
Asturias tiene el privilegio de poseer todavía bosques de extraordinaria belleza y enorme riqueza biológica, poblados por árboles centenarios, osos o urogallos.
Entre las masas forestales más representativas de nuestra comunidad, descubrimos hayedos, robledales, abedulares, carbayeras, encinares, bosques de ribera o alcornocales.
No debemos desanimarnos ante la niebla o el orbayu, ni siquiera ante el aspecto fantasmagórico que a menudo presentan estos lugares, pues un bosque sin humedad ni silencio no podría llamarse así. Su encanto radica en su climatología propia, en su aislamiento. Lo mejor es usar ropa y calzado adecuado para recorrerlos, incluido un chubasquero, y así conocer de primera mano el reino de busgosu, el espíritu del bosque, que según la representación tradicional tiene dos cuernos retorcidos en la cabeza y patas de cabra. Vaga a través del bosque, nos acompaña, y de paso hace las veces de protector de árboles y animales, llegando a protegerlos de cazadores, leñadores o turistas temerarios. Pero por si acaso Busgosu no está todo lo atento que debiera, nosotros, los excursionistas, debemos respetar una máxima en nuestra visita: dejarlo todo como lo hemos encontrado. Los bosques asturianos son enormes museos pero no tienen alarmas antirrobo ni detectores de humo, así que la responsabilidad es absolutamente humana.

También conviene aprender a disfrutar de lo que nos rodea; no tener prisa y observar las copas de los árboles, ramas, líquenes, hongos y pequeños detalles en lo inmediato: rastros de animales, sonidos… Mucha gente termina la excursión sin apenas haber levantado la vista del suelo, más pendiente de no tropezar que de la belleza que le rodea a cada paso, pero conviene hacer algún descanso y disfrutar del entorno.
A continuación os proponemos visitar cuatro de los bosques más populares de Asturias. En desdeasturias.com nos ponemos como reto ir completando poco a poco esta sección, añadiendo más bosques representativos de nuestra comunidad.

Bosque de Muniellos:
Es la masa forestal más extensa de Asturias, el mayor robledal de España con más de 5.000 hectáreas, y uno de los bosques atlánticos mejor conservados de toda Europa. En el año 2000 fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO y actualmente es el espacio natural más protegido de todo el Principado.

Parque Natural de Redes:
Se le ha otorgado el título de Reserva Natural, también el de Reserva de la Biosfera, y es que sus impresionantes arboledas, su naturaleza virgen, y la inapreciable manipulación del medio por los hombres y mujeres que lo habitan, bien merece un galardón así. Su superficie es de 376,2 Km2.

Hayedo del Monte Peloño:
Las 200.000 hayas del bosque de Peloño, en el municipio de Ponga, se visten a la moda, de verde intenso durante la primavera y de un sobrio color pardo en la temporada otoño-invierno. Sus 15 kilómetros cuadrados de vestimenta están protegidos (Reserva Natural Parcial) y lo convierten en un espacio único en España, un enorme parasol que contiene la humedad atmosférica como en pocos lugares.

El bosque de Pome:
Es el mayor hayedo del macizo occidental de los Picos de Europa, e internarse en él supone una experiencia exclusiva: densidad forestal, ramas, copas, hojarasca, fauna, silencio. El bosque es espeso, alto, musgoso, con espigados acebos y árboles caídos y añosos. En su interior se observan claros abiertos por antiguos aprovechamientos forestales que nos permiten parcelarlo, diversificarlo y posicionarnos en medio del laberinto.

Jardín Botánico Atlántico y la Carbayera del Tragamón:
Es un espacio vivo, recreado pero natural a más no poder, que ocupa 15 hectáreas de terreno perfectamente diseñadas y se convierte en un gran expositor, un microcosmos verde y florido en el que crecen más de 15.000 plantas y árboles, especies vegetales de ambos lados del Atlántico, incluyendo un bosque autóctono: la Carbayera de Tragamón.
También os animamos a conocer uno de los árboles más longevos de nuestra geografía: el Tejo, un árbol milenario.

desdeasturias.com

lunes, 4 de julio de 2011

EL CAÑÓN DE AVILÉS


El denominado Cañón de Avilés es un valle sumergido descomunal, que atraviesa transversalmente la plataforma y el talud, situándose de forma oblicua a la línea de costa y a poco más de 7 millas marinas (menos de 15 Km.) mar adentro desde la bocana de la ría de Avilés. Podemos encuadrarlo entre el Cabo de Vidio, concejo de Valdés, y el Cabo de Peñas, perteneciente al de Gozón. Se sumerge hasta cerca de 5 k. de profundidad y es el más profundo del mundo, avanzando desde los 140 metros sobre la plataforma, hasta los 4.750 metros en la base del talud. Está considerado a nivel mundial, como el tercero más importante, situado en las cercanías de la costa. Su anchura es de 32 kilómetros y se formó a consecuencia de la influencia de la la falla «Ventaniella», línea abierta que viene del Puerto Ventana, situado en la cordillera Cantábrica, y que se desdibuja en las profundidades marinas del golfo de Vizcaya. En esta falla se pueden provocar movimientos tectónicos y por tanto es una zona considerada sísmicamente activa. En el mismo Avilés los seísmos apenas alcanzan el grado 3 de la escala de Richter, esto quiere decir que son prácticamente imperceptibles.

HÁBITAT, ESPECIES Y PRESIÓN PESQUERA.

La influencia de esta falla se hacen patente al llegar al mar, dadas sus connotaciones… a apenas 200 metros del final de la plataforma continental comienza el descenso hacia la llanura abisal y, a ocho millas de la entrada de la ría, se alcanzan profundidades de 4.000 metros. Así pues la luz desaparece a tan solo cincuenta metros de profundidad, la zona afótica. En esta zona, a consecuencia de las singulares corrientes marinas que se generan, a consecuencia de este cañón, se genera una cadena alimentaria más que interesante, llamada a la que acuden los cachalotes (concentra la mayor biodiversidad de cetáceos del Cantábrico) y en la que se desarrollan los denominados kraken o calamares gigantes (Architeuthis Dux y Taningea Danae), Calamar gato (tiene uñas en lugar de ventosas y dos órganos fotóforos) y otras raras especies extraídas como rapes albinos, bogavantes de tres pinzas o tiburones anguila... verdaderos monstruos marinos. Corales y flora marina que difícilmente se encuentran en otras latitudes se hacen aquí presentes. Actualmente sólo tres puntos del planeta son referencia de avistamientos de estos monstruos marinos, Nueva Zelanda, Japón y la costa asturiana. Son más que abundantes los avistamientos de delfines comunes, listados y mulares, zifios, rorcual aliblanco, cachalote pigmeo, así como la presencia del calderón común.

La propia geografía a alterado la hidrodinámica en esta zona, ya que las corrientes marinas de Avilés son muy distintas de las de Gijón, sirva como ejemplo. En invierno las corrientes en el Cantábrico toman como dirección Francia y, en verano, sucede lo contrario; parten de Francia y se dirigen al océano Atlántico. Lo habitual es que durante la época estival se agoten los nutrientes, sin embargo, cuando se alcanza el cañón de Avilés no sucede esto. Se ha observado que aquí se mezclan las distintas capas con suma facilidad y se genera una cadena trófica más rica. A consecuencia de esto se diversifica la floración de algas y la presencia de numerosos nutrientes convirtiendo esta zona en uno de los ecosistemas más extraordinarios de la plataforma del Mar Cantábrico. Aquí se ubican los hábitat necesarios para la reproducción de importantes especies de interés comercial, como la merluza y el rape. El fondo abisal sigue siendo una incógnita.

Todas las características anteriores hacen que esta zona sea objeto de una intensa actividad pesquera, especialmente dañina en el caso de la pesca de arrastre, que es practicada de forma habitual en aguas del cañón de Avilés y en los fondos aledaños de la plataforma asturiana. La cercanía a la costa hace que sea especialmente sensible a hechos como la ampliación del puerto de Avilés, posibles contaminaciones por vertidos de aguas residuales urbanas e industriales y la degradación costera a causa de un desarrollo industrial, urbanístico y turístico desmedido, junto a un habitual e intenso tráfico marítimo. A pesar de las buenas intenciones ministeriales, se señala la pesca como uno de los obstáculos para declarar el cañón de Avilés como zona protegida. La cercanía con la costa propicia que los pescadores de arrastre frecuenten sus aguas, así como la de los de superficie, aunque sus capturas se limitan a sardina y bacaladilla. Para que el cañón sea declarado zona protegida debería haber una regulación pesquera en la que no se prohíba la pesca, sino que se concreten tiempos de veda y se disminuya la presión que podría desembocar en que muchas de las especies que actualmente viven en sus aguas huyan a otras zonas más benévolas.

En el Cañón de Avilés hay unas ochocientas especies de organismos bentónicos, muchos tan importantes y emblemáticos como los de El Cachucho; el problema del Cañón es que las aguas son del Principado y del Estado y existe competencia pesquera. Hay que pensar también que toda área protegida conlleva costes de mantenimiento, pues cada tres o cuatro años se deben demostrar las ventajas de la declaración, efectuar una monitorización, guardas, etc. En el cañón de Avilés, además, existe el problema de que hay muchos barcos faenando.

asturiassalada.com

ENTRADA DE LA PATATA EN ASTURIAS


La patata, que había llegado a España en las naves de los conquistadores, vuelve a entrar con los ejércitos de Napoleón. Curioso destino el de esta solanácea, que siempre que llega a nuestro país lo hace a la sombra de las armas. Antes de la invasión de Napoleón la patata era muy poco apreciada en las mesas distinguidas, como lo certifica un comentario de don Ramón Mesonero Romanos, que recuerda en las «Memorias de un setentón», haber comido las primeras patatas de su vida, y como cosa extraordinaria, durante la Navidad de 1808.

Las patatas fueron descubiertas por los conquistadores españoles en un valle de los Andes, cerca del Cuzco, la residencia de los antiguos reyes del Perú; pero no se fomentó su cultivo. Sir Walter Raleigh las trae a Europa en 1586, y ya se ha dicho que fueron destinadas para alimento de los irlandeses. Contra la patata existía la prevención de que casi todas las solanáceas son venenosas, por lo que se consideró menos arriesgado utilizarlas en los jardines que en las mesas. Al fin, Parmentier consiguió imponerlas, y fue tal el empeño que desplegó en su defensa que muchos creían que fue él quien las había inventado. Así que las patatas volvieron a España, lo mismo que algún escritor argentino, a través de Francia.

En Asturias, la primera descripción de la patata está relacionada también con otro grupo marginal, los vaqueiros. Escribe Jovellanos en su novena carta a Ponz que «hay algunos que a la cría de ganados juntan el cultivo de las patatas, y los que así lo hacen, apenas conocen otro alimento que este fruto y la leche; mas como no sea dado a todos los vaqueiros la proporción de este cultivo, porque o la esterilidad o la estrechez del suelo lo rehúsa, los que carecen de tan buen auxilio tienen que comprar maíz, pues viven de boroña o de una especie de polentas hechas con harina de este grano». José Caso anota a propósito de este párrafo: «Creo que es este el primer testimonio del cultivo de la patata en Asturias y testimonio curioso; recuérdese que todavía hacia 1817 se leía a los campesinos días festivos una real orden que recomendaba a las autoridades locales a los párrocos que aconsejasen el cultivo de la patata, contra la que había grandes prevenciones».

Eduardo Méndez Riestra adelanta un poco la mención de las primeras patatas asturianas. «La mención más antigua parece corresponder al año 1753, en el concejo de Boal, registrándose otras para Navia y Villaviciosa en 1772. El propio Jovellanos las menta en sus Diarios, aún con el nombre de 'batatas', e incluso en alguna ocasión con el de 'castañas de Indias' según se la denominaba a veces por entonces. El geógrafo Fermín Rodríguez considera que su adaptación se habría dado previamente en Europa, como prueba el hecho de que algunos las conocieran como 'patatas de Francia' y en Asturias habría penetrado a través de los concejos limítrofes con Galicia, región en la que el cultivo se documenta en 1788».

El botánico Durieu, que recorrió Asturias en 1835, aporta una noticia de gran interés: «Actualmente, lo mismo que en la parte llana de Asturias, también se producen abundantes patatas en el valle del Naviego, prósperamente cultivadas por todas partes hasta la región subalpina, de igual modo que el centeno, los cuales constituyen casi el principal alimento de los moradores. En Asturias, su reciente aparición fue poco afortunada en los comienzos, porque el clero, sintiendo la consiguiente disminución del tributo diezmal (ya que los llamados frutos nuevos no se consideraban diezmables), se desató desde los púlpitos contra la 'raíz del diablo', e hizo todo lo posible por arrojar de la provincia la especie advenediza, consiguiéndolo de primera intención; pero luego, como reapareciera el exótico tubérculo y suscitase idéntica tempestad, por la protección de las autoridades pudo resistir con más fortuna y consolidarse finalmente, de tal manera que su cultivo rotatorio se ha hecho común hasta en los últimos valles de Asturias, como e las cultas regiones de nuestra Europa septentrional. Indicio de que los españoles se van civilizando muy digno de subrayarse».

No obstante, este tardío cultivo de la patata tuvo algún efecto benéfico ya que al producirse la plaga de la patata a mediados del siglo XIX a causa de la sarna ordinaria de la patata y de la «phytophtora infestas» no tuvo las desoladoras consecuencias que en otros lugares, como Irlanda, por ejemplo, por estar los cultivos más diversificados, y no obstante alcanzar la hambruna también aquí proporciones gravísimas, agravadas por la actuación de un gobernador civil harto incivil. Y a pesar de todo y bien mediado el siglo, Alejandro Oliván anota en su «Manual de agricultura» en 1856, que «se encuentran gentes que desdeñan la comida de la patata».

Pero los prejuicios fueron derrumbándose poco a poco, y el 25 de octubre de 1878, Máximo Fuertes Acebedo escribe en la «Revista de Asturias» que «cuando se pudieron apreciar las excelentes cualidades de esta planta alimenticia y sus aplicaciones a la industria, la patata fue cultivada con interés en todas las comarcas del mundo, así en las altas montañas como en las riberas del mar, pues en todas partes se arraiga, vive, crece y fructifica».

nodulo.org

domingo, 3 de julio de 2011

EL CONCEJO DE GOZÓN


Los restos más antiguos que se encontraron en este concejo son de la época del Paleolítico Inferior, localizados en 12 localizaciones del concejo entre las que destaca Bañugues con numerosos restos de industria lítica del paleolítico. Las protegidas ensenadas de la rasa costera proporcionaban buenas condiciones de habitabilidad, cerca de los recursos marinos y con suministro de agua abundante de los numerosos regatos que desembocan en el mar. En cualquier caso se trataría de pequeños grupos que no superarían la veintena de individuos, resguardados en cabañas de madera y con una alta movilidad vinculada a la caza. También hay restos del Asturiense, en la transición entre paleolítico y neolítico, representados por varios picos, el elemento más representativo de esa cultura. Del neolítico se conservan restos tumulares en cinco localizaciones. Ya próximos al período histórico, existen en el concejo cuatro castros astures, aunque todavía sin excavar: El Cantu la Figal (Nieva, Llaviana), Los Garabetales (Verdicio), Castiello (El Molín del Puirtu, Samartín de Podes) y El Cuirnu (El Ferriru,Viodo).

Antes del fin de las Guerras Cántabras (año 19 a. C.), se sabe que las comunidades costeras mantenían contactos con navíos provenientes de la Bética o Lusitania romanizadas. La arribada de Roma conllevará una adaptación del viejo mundo astur a las nuevas costumbres, cristalizando en torno al siglo II en una sociedad romanizada con un fuerte componente autóctono. Empiezan a surgir los primeros núcleos campesinos extramuros de los castros (que no obstante en algunos casos llegan en su ocupación a la alta Edad Media), las primeras aldeas y las primeras granjas, antecedentes directos de las tradicionales quintanas asturianas. Vuelve a ser Bañugues el emplazamiento con restos más importantes, con fragmentos de cerámica, muros y cimentaciones, estucos, molinos manuales, tejas e incluso restos óseos. En la zona se encontró una moneda de Constantino (306-366). En San Jorge d'Eres se había encontrado una lápida romana en el siglo XVIII, hoy tristemente desaparecida. En otros puntos del concejo se documentan hallazgos de menor importancia. De la tardoantigüedad sólo está documentado el hallazgo de una moneda supuestamente sueva en San Xuan, que atestiguaría la importancia de la ría de Avilés en tan temprana época.

En los siglos IX al XI, Gozón era tierra de realengo, con extensiones de explotaciones pesqueras, de sal y agropecuarias. Las sucesivas donaciones de las monarquías asturianas, acabaron por convertir a la Catedral de Uvieo y a los conventos de Santa María de la Vega y San Pelayo y San Vicente de Uvieo, en grandes propietarios, con extensiones y con derecho sobre la pesca y él trafico portuario y sobre las mismas personas que habitaban las tierras. Esta situación se mantendrá hasta la desamortización que tendrá lugar durante todo el siglo XIX. Las parroquias ven documentada su historia en donaciones a la iglesia. Por ejemplo, Bionio (Vioño) aparece por primera vez citada en el año 905 como Sancti Stefani de Bionio en el testamento de Alfonso III a la iglesia de Uvieo. De la época medieval se han perdido restos como una cruz procesional de Mazaneda y una ventana prerrománica de Bañugues.
En el siglo XIII, es concedida la carta puebla a la villa de Gozón por Alfonso X el Sabio, reconociendo el derecho de existencia a una comunidad que ya tenía vida reconocida documentalmente desde 1058 al menos, habiéndose creado ya un núcleo urbano debido a la caza de ballenas.
En esta época no se tiene constancia de que la pola de Gozón estuviera amurallada, si bien existían torres señoriales de los principales linajes, como los Polas. Las casas de estos primeros pescadores de Lluanco se distribuían a lo largo de dos calles principales cortadas en ángulo recto. La población estimada en esa época sería de unos 600-700 habitantes. El resto del concejo tenía una activad agraria. El Camino de Santiago de la costa pasaba de largo por el concejo en el tramo Xixón-Avilés, pero varios ramales secundarios recorrían las distintas parroquias, existiendo un hospital de peregrinos en Condres (Bocines).

Es en el siglo XIV, cuando el rey Fernando IV, pone a Gozón bajo la dependencia jurídica de Avilés, que había tomado el relevo del alfoz de Gauzón. Gozón no recuperaría su independencia concejil hasta 1605.
Durante los siglos XVII y XVIII, tiene una gran fuerza el sector pesquero, haciendo que su puerto también se desarrolle a otros niveles manteniendo por ejemplo una relación con otros puertos del Mar Cantábrico y que también tenían una relación de comercio con la meseta castellana. Es tan importante el poder del gremio de pescadores que serán los promotores de las principales obras del municipio, como el muelle o la iglesia parroquial.
El mar también regía los destinos de los numerosos gozoniegos enrolados como marineros en la Armada en las frecuentes guerras del Imperio Español. La historia de esos siglos está llena de relatos de naufragios, rescates y ataques corsarios de los ingleses, que obligan a construir varias baterías, como la de Llumeres y la que estaba situada en Peroño, que sobrevive en el topónimo de El Fuerte. Esta batería era una de las más importantes del Cantábrico. En la villa de Lluanco se produce un cierto despegue de la actividad artesanal y comercial, frenado con la invasión francesa. En la zona interior del concejo, la vida había cambiado muy poco con respecto a la Edad Media. Tras la llegada del maíz a Asturias en el siglo XVII se produce un gran crecimiento población y la proliferación de hórreos y paneras. Gozón es uno de los primeros concejos de Asturias en este patrimonio, con hórreos como el de Llabaxo Baxo, Mazaneda, que sigue en pie desde el siglo XVI. El estilo de los hórreos se enmarca en el tipo Carreño, el común en la comarca. En 1787, el censo de Floridablanca reconoce para el concejo 6400 vecinos. Grandes familias nobiliarias, como los Polas y los Peñalbas, monopolizan los cargos del concejo y rigen los destinos, sin cambios apenas con el transcurrir de los siglos. Los palacios de estas familias y sus parientes jalonan Lluanco.

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