lunes, 6 de febrero de 2012

EL CONCEJO DE TEVERGA


Concejo de Asturias (España). Se encuentra situado entre el centro y el occidente de la región. De territorio montañoso, es una suerte de franja en dirección noroeste-sureste. Limita al norte con los concejos de Belmonte de Miranda, Grado, Proaza y Yernes y Tameza, al este con Quirós y al oeste con Somiedo. Al sur, el puerto Ventana lo comunica con la provincia de León. Su red viaria se articula en torno a la AS-228, que llega desde Proaza hasta el citado puerto.
Geografía
Los ríos Valdecarzana, Valdesantibanes y Valdesampedro se unen en Entrago y forman el río Teverga. Posteriormente este último se une al Quirós, en Proaza, formando así el curso del Trubia, en el valle y la comarca del mismo nombre, donde se encuentran los concejos de Quirós, Teverga, Proaza y Santo Adriano.

Los valles teverganos se asientan generalmente sobre materiales carboníferos y pertenecen a la zona sur del llamado manto de la Sobia Bodón. La gran masa caliza de la Peña Sobia impone su presencia desde muchos lugares del concejo. A sus pies se extienden los principales núcleos de población: La Plaza (capital del concejo), San Martín y Entrago.
Casi la mitad de la gran masa forestal del concejo es maderable. El resto son áreas de pastizales y prados. Los sectores occidental y meridional de su territorio forman parte del Parque Natural de Somiedo, y cuenta con un Monumento Natural, la Cueva Huerta, una caverna de grandes dimensiones y extraordinaria belleza en la que viven colonias de murciélagos. Parte de la cueva es visitable.

Economía-
La ganadería y la agricultura son, una vez explotadas la mayor parte de sus reservas de carbón, sus bases fundamentales, aunque la apicultura tiene también su importancia. El sector servicios está centrado en La Plaza, capital del concejo. Nuevas alternativas, como la turística, se han visto incentivadas con la inauguración en 1996 de la llamada Senda del Oso, pista de senderismo construida sobre la antigua caja del ferrocarril carbonero que, junto a la calzada romana de La Mesa, denominada el camino real, han incrementado notablemente el número de visitantes del concejo. El Principado construye en San Salvador de Alesga el llamado Parque de la Prehistoria, en el que se reproducirán las pinturas rupestres del período Paleolítico más características. Todos los grandes santuarios de este arte estarán representados en esta muestra, para la que se ha elegido como escenario el extremo occidental del dominio de la roca caliza, ámbito en cuyas cuevas y refugios floreció esta manifestación artística de la Prehistoria.

Historia-
A la par que en otros muchos concejos de la cordillera Cantábrica, sólo tras la neolitización aparecen en las montuosas tierras teverganas los más antiguos vestigios detectados hasta el momento, que corresponden a comunidades ganaderas y se adentran, incluso, en la época de los primeros metalúrgicos. Se han localizado varias estructuras tumulares pertenecientes a aquel período, frecuentemente dispersas y aisladas por el término municipal (Cueiru, Santa Cristina, Sobia), aunque cabe destacar el campo de túmulos emplazado en Piedraxueves, en el cordal de la Mesa, divisoria con el concejo de Somiedo. En 1968 se descubrieron los abrigos de Fresnedo, declarados Bien de Interés Cultural, cuyos cinco covachos, adornados con numerosas imágenes pictóricas -más de medio centenar- constituyen una de las más ricas estaciones rupestres del arte esquemático en el noroeste peninsular. Su arte ha sido atribuido al amplio marco temporal que cubre la edad del bronce y comienzos de la del hierro.

Edad Antigua-
Ante la falta de trabajos arqueológicos desconocemos qué período de ocupación abarcan los castros de Teverga, pero no parece descabellado suponer que alcanzaron la etapa de la romanización o, incluso, que alguno de ellos pueda ser resultado de la misma, a juzgar por la influencia que hubo de ejercer sobre estas agrestes tierras la vía empleada en época romana que, desde Torrestío, se adentraba en el corazón de Asturias y culminaba en el litoral, cruzando la cordillera por las alturas del cordal de la Mesa, en la divisoria entre Teverga y Somiedo. Aún se conservan topónimos tan explícitos como Piedraxueves (piedra dedicada a Júpiter) y algún pequeño tramo del empedrado de la calzada, muy utilizada en tiempos posteriores.
No son corrientes en Asturias los restos arqueológicos que informan sobre la oscura transición experimentada desde la dominación romana a los sucesos acaecidos tras la invasión musulmana de la península, de todos conocidos. Sin embargo, en el desfiladero de Estrechura, a la altura de cueva Huerta, cerca de Fresnedo, se localizaron, al abrir la caja para la actual carretera, una sepultura de lajas, un jarro de bronce, huesos humanos y una espada corta, aunque supuestamente de época altomedieval. Juan Uría Ríu argumentaba la hipótesis, comúnmente aceptada, que sostiene que la vía de la Mesa fue empleada por las razias musulmanas contra la región.

Edad Media-
Las primeras fuentes documentales datan del siglo X, y hablan de un espacio progresivamente colonizado mediante diversos mecanismos: villas; monasterios, como el de San Juan o el de Santa María de Carnaza, que data del siglo XI, como el de San Pedro, aparecen registrados y en ocasiones estimulan la creación de un pequeño núcleo de población en su entorno. Los castillos altomedievales, como los de Miranda y Monreal, asentados en zonas rocosas de difícil acceso, servían para controlar los valles y las vías de comunicación procedentes de la Meseta.
A esta montaña la conocen como Teberga, territorio Tebriga o valle tebricense, en los siglos XI y XII. Destacan entre los documentos de la época el llamado privilegio, otorgado por Bermudo III a Vellito Aurioles, un vasallo del conde Pelayo Froilaz, en el 1033. La carta de concedida en favor de un linaje se blandió cual privilegio de hidalguía con un contenido territorial. En 1163 se produce la incorporación del realengo de Páramo al dominio de Santa María de Lapedo por concesión de Fernando II. Sin embargo, la donación otorgada por el mismo monarca en favor de la Iglesia de Oviedo sólo ocho años más tarde incluye el realengo de toda Teverga. A pesar de todo, el territorio de Páramo de La Focella seguirá manteniendo una personalidad diferenciada respecto a las tierras más bajas del valle.
Hasta la concesión de estas generosas donaciones, no había grandes concentraciones patrimoniales en los siglos altomedievales. Excepcionalmente, destaca la familia de los condes Suero y Enderquina, que parece disfrutar de extensas propiedades en las tierras teverganas, heredadas, en parte, de sus insignes antecesores. Así, en el 1122, el noble matrimonio está en condiciones de donar. Apenas hacía un lustro que el poderoso conde había cedido, en permuta con el obispo, el monasterio de San Juan de Teverga cum suo ualle integro. El poder de este linaje condal, descendiente de la familia real, culminará en 1162, cuando el también conde Petrus Adefonsi, sobrino de Suero y Enderquina, aparezca ejerciendo su dominio militar y administrativo sobre Teverga, Tineo y Babia. Sin embargo, coincidiendo con el declive y dispersión de los patrimonios nobiliarios laicos, se produjo, en contrapartida, una concentración de propiedades en manos de las instituciones eclesiásticas, cuyos principales beneficiarios fueron: la Catedral, con intereses en la zona desde antiguo, la abadía de San Pedro y, de forma un poco más tardía, Santa María de Lapedo.

Fuenta visitada.
el.tesorodeoviedo.es

viernes, 3 de febrero de 2012

RUTA DE CASTRO


Comienza la ruta en el área recreativa de la Malva, situada junto a la carretera AS-227, a medio camino entre Castro y Pola de Somiedo, y desde donde se disfruta de una hermosa panorámica de la entrada del Valle de Somiedo.

A unos cien metros del aparcamiento, en dirección a La Pola, arranca un camino de la margen derecha de la carretera. Se trata de una senda, el antiguo camino real de La Pola, que por terrenos calizos asciende en dirección norte, pegada a la peña y pasa por encima de los túneles de la carretera. Durante el primer tramo se transita por zonas de matorral y pastizales en los que dominan la aulaga, la escoba negra y el brezo. Esta vegetación es sustituida enseguida por encinares, vegetación relíctica testimonio vivo de eras de menores precipitaciones. Instalado en zonas de solana y sobre suelos someros, este tipo de bosque alterna durante casi todo el recorrido con bosques caducifolios, de fresnos, arces, tilos y avellanos que ocupan las vaguadas, donde el suelo es más profundo.

Colgado de farallones rocosos, el camino continúa en suave ascenso hacia la cueva de la Malva. Antes de llegar a ella un cartel anuncia el final del Área Forestal de la Malva. Es aconsejable perder unos minutos paseando entre los árboles que lo habitan y leyendo los carteles informativos que los identifican y caracterizan.
De nuevo sobre la ruta, se puede realizar una parada en el paredón umbrío de la Cueva de la Malva para beber agua de la fuente que mana a sus pies y contemplar, en la ladera opuesta, la Sierra de la Llampaza y los picos del Gurugú y
Cueva de Moros, así como los bosques que visten sus laderas. En estas zonas húmedas y sombrías puede verse la grasilla (Pinguicola), planta carnívora cuyas pegajosas hojas basales capturan pequeños insectos que complementan su alimentación.

Debajo del camino, junto al río, se encuentra el embalse de la Malva y la Central Hidroeléctrica del mismo nombre, un edificio de primeros de siglo de gran belleza. La senda continúa entre encinas, y en ocasiones quejigos, hasta alcanzar la cota máxima de la ruta, donde se avistan de manera repentina las praderías de la Braña de Campizos. Desde ellas, desciende el camino a través de un paisaje muy distinto, entre prados de diente y siega que son sustituidos al llegar a Castro por árboles frutales, con abundancia de nogales e higueras. El regreso puede realizarse por el mismo camino o por la carretera.

Itinerario:
Área recreativa de la Malva - Castro
("Dificultad: Baja
Distancia: 4 km
Duración: 1 h 30 min")

Fuente visitada.
parquenaturalsomiedo.com

martes, 31 de enero de 2012

Hermanos Guilhou


El Café Anglais, en París, fue uno de los restaurantes más elegantes en la Francia del Segundo Imperio y a él acudían los aristócratas a presumir y los banqueros a cerrar negocios de alto nivel. Una noche cenaba en el suntuoso local el duque de Abrantes, todavía joven e impetuoso, cuando observó que al comensal de al lado le servían unos riñones «a la brochette». Inmediatamente hizo notar su disgusto ordenando al camarero en voz alta para que todo el mundo pudiese oírlo que le cambiase a otra mesa «alejada de aquel señor que es capaz de comer eso a la hora de cenar». El cliente pareció no sentirse ofendido y siguió dando buena cuenta del plato de vísceras, luego pidió su cuenta y al salir se acercó a la mesa del duque insolente: «Señor, usted no come riñones, pero seguro que se quiere batir conmigo por la mañana». Todas las miradas se posaron en el retado que no pudo hacer otra cosa que aceptar.

El de los riñones resultó ser un experto duelista y al amanecer no tuvo problema en atravesar al duque de Abrantes con una estocada que le mantuvo tres meses apartado de la circulación. Pues bien, la anécdota define a uno de los personajes que mantuvieron estrecha relación con Louis Guilhou y su hermano Numa antes de que éste se decidiese a adquirir las obsoletas instalaciones de Mieres para transformarlas en su fábrica.

La biografía de Numa Guilhou, aún pendiente de un trabajo serio, está llena de sorpresas. Casi siempre se resuelven sus orígenes comentando en dos líneas que procedía de una familia de comerciantes de lana de Mazamet, una ciudad cercana a Toulouse y se da a entender que labró poco a poco su fortuna, pero se olvida que tanto él como su hermano Louis llegaron a España poseyendo ya una enorme fortuna heredada. En 1848 Louis, que había fundado en Madrid su propia compañía de negocios, era capaz de adquirir una gran extensión de terreno en la zona de Chamartín, convencido del futuro de la zona, y abrir varios establecimientos comerciales, entre ellos una tahona y una fábrica de curtidos en la calle Platerías, en pleno centro de la capital, mandando construir de paso su espléndida residencia ajardinada, la llamada «Quinta San Enrique», que hoy es propiedad de la ONCE.

El 28 de enero de 1856, unos meses antes de que Numa consiguiese hacerse con las instalaciones de Mieres que transformaría en su fábrica, se promulgó la ley de Sociedades Anónimas permitiendo la entrada en España de las compañías de crédito extranjeras. Fueron cuatro las que aprovecharon la oportunidad y en todas había capital francés. Entre ellas estaba la Compañía General de Crédito en España, un proyecto muy ambicioso en el que colaboraron los Guilhou desde un principio, figurando en su primer consejo de administración, que celebró el 30 de mayo del mismo año su junta constituyente, contando con la asistencia del gobernador de la provincia de Madrid. El consejo quedó presidido por el duque de Abrantes y en él figuraba Louis Guilhou como administrador y director de otros veinte consejeros entre los que se encontraban un príncipe, cuatro condes, dos marqueses, políticos y varios banqueros galos, uno de ellos el propio Numa Guilhou.

La Compañía General de Crédito abrió pronto sucursales en varias capitales españolas y también en La Habana y París y mantuvo negocios tradicionales como las finanzas, las aseguradoras y las minas, junto a otros más modernos, con grandes posibilidades, pero mucho más arriesgados: los ferrocarriles y las fábricas de gas. Adquirió yacimientos minerales de plomo en Jaén, Granada y Córdoba, y de carbón en León y Palencia, llegando a participar en el préstamo de importantes sumas al Gobierno de la nación, pero su mayor apuesta fueron las vías férreas a las que se destinaron grandes sumas para la línea andaluza de Sevilla a Jerez y las catalanas de Tarragona-Reus-Montblanc y posteriormente Lérida-Reus-Tarragona.

El capital social de esta línea era de 8.550.000 pesetas dividido en 18.000 acciones de 475; la Compañía General adquiría desde el principio 6.000, otra sociedad regional, Borrás, Canals y Cía., se quedaba con 1.000 y un tercer bloque de 800 era asumido personalmente por Louis Guilhou. También en el primer Consejo de la Sociedad del Ferrocarril de Sevilla a Jerez, que se amplió más tarde con otra vía de Puerto Real a Cádiz, estaban los dos hermanos. Su presidente era el marques de Alcañices, pero Louis Guilhou volvía a figurar como director y Numa ejercía la representación en París.

Y éstas no eran su únicas relaciones con el mundo del ferrocarril, ya que los dos banqueros controlaban en Francia la denominada «Compagnie des Chemins de fer des Charentes» mediante su propia empresa «Les fils de Guilhou jeune». Respecto al nombre de esta empresa, se ha escrito a menudo «jeunes» (jóvenes) lo que se traduciría como «jóvenes hijos de Guilhou», pero realmente en los documentos de la época la palabra se escribe siempre en singular, por lo que sería más correcto «hijos del joven Guilhou».

Volviendo a su preferencia por las vías férreas, ésta fue precisamente la causa de su ruina, ya que les hizo ir más allá de sus posibilidades, asumiendo unos riesgos que llevaron a la sociedad a la suspensión de pagos. Las primeras dificultades serias aparecieron a mediados de 1862 y pudieron sortearse con altibajos hasta que finalmente en septiembre de 1864 se tuvo que declarar la quiebra que incluyó el episodio de la huida del responsable financiero Alfred Prost, un notable al que se le había concedido en mayo de 1856 la Orden de Isabel la Católica por haber aportado 42 millones de reales de su propio capital en uno de aquellos préstamos al Estado que cité más arriba.

Desconozco el motivo por el que los Guilhou quisieron o tuvieron que hacerse cargo del ruinoso negocio, pero me consta por las noticias que fue publicando sobre el asunto «Le Journal de Toulouse» que dos años más tarde aún mantenían el litigio con los accionistas en los juzgados parisinos.

Un aspecto que resulta interesante es el sistema de financiación mixto desarrollado por los dos hermanos en sus empresas, muy similar en todos los casos y que también fue el que emplearon para adquirir y renovar la fabrica de Numa en Mieres. La Compañía General de Crédito se había fundado con un capital social elevadísimo para la época, 399 millones de reales, repartido en 210.000 acciones de 1.900 reales cada una, aunque realmente nunca se llegaría a desembolsar más de un tercio de esa cantidad; pero para los ferrocarriles andaluces habían preferido dividir el capital inicial en acciones y obligaciones de dos tipos, unas reembolsables a 47 años y otras a 97 que producían un generoso interés anual. Así la Compañía de Crédito y «Les fils de Guilhou jeune» garantizaban solidariamente 48.125.000 francos que se completaban con una subvención estatal.

Siguiendo este sistema, la Sociedad Hullera y Metalúrgica de Asturias, que luego se convertiría en Fábrica de Mieres, nació legalmente el 11 de mayo de 1861 en el despacho de los notarios parisinos Rousset y Simón con la suma del capital repartido en ocho millones de francos en acciones y 7 millones en obligaciones de 250 francos. La sociedad se constituía por 90 años y la suscripción la abrían directamente «Les fils de Guilhou jeune» desde sus oficinas bancarias del número 50 de la rue de Provence en París.

En este caso las obligaciones eran reembolsables en 47 años a partir de 1865 al doble de su valor y entre tanto daban un interés anual de 15 francos, lo que las convertía en muy interesantes; la publicidad de la empresa se encargaba además de adornar el proyecto, que en este caso y afortunadamente para los mierenses tuvo éxito. La Sociedad Hullera partía de varias propiedades repartidas por las Cuencas: en Mieres estaban las forjas, un alto horno y las minas de carbón que lo abastecían, formando un conjunto que según los cálculos expuestos por Numa Guihou había cerrado el ejercicio de 1859 con un beneficio de 250.000 francos; también se contaba con las minas de Siero y Langreo, que habían pertenecido a las antiguas concesiones Aguado y las acerías de Lena. Eran un total de 50 concesiones hulleras repartidas en 4.000 hectáreas a las que había que sumar otro paquete financiero de nuevo vinculado al mundo de los trenes: nada menos que 10.467 acciones del ferrocarril de Langreo que en aquel momento les daban el control de más de la mitad de la empresa.

Fuente visitada.
.lne.es/secciones/noticia

lunes, 30 de enero de 2012

ASTURIAS RUTAS CON SABOR


LAS CARNES DE LAS MONTAÑAS Y LOS VALLES-
La raza vacuna asturiana es excepcional porque tiene la posibilidad de proporcionar una carne compacta, perfectamente infiltrada de grasa yde un sabor intenso y al mismo tiempo elegante. Son espectaculares las piezas de la variedad de “los valles” por su forma, tamaño, textura y color que acompañan perfectamente al resto de sus propiedades gustativas, pero los matices sápidos que pueden encontrarse en los ejemplares “de las montañas” son incomparables por su personalidad, influida por la impronta de los pastos de altura. Un chuletón de buey con su grasa de cobertura, de tres dedos de espesor, hecho lentamente, a la brasa, acompañado de la porción alta de la costilla, y con la sola ayuda de unas escamas de sal, de un vaso de buen vino tinto y de un pan de escanda es el plato soñado por los verdaderos entusiastas de la carne.Pero hay muchas formas más de comer la carne de vacuno asturiano, como por ejemplo la carne gobernada o morrina, que exige una cuidada elaboración, citada con cierta frecuencia por Palacios Valdés como plato de lujo. Tienen personalidad el chamuco (morcillo) guisado, la cazuela de rabo, la carne rellena con huevos cocidos y jamón (cachopo) y las preparaciones que se hacen con vísceras, como la lengua estofada, el hígado encebollado, los riñones, los morros o los callos. Con la carne de cerdo, que casi en su totalidad se destinó siempre a la elaboración de chacinas, se hacen unos excelentes lomos, con puré de castaña o con “patatines” y con la vulva de la cerda se hace una especialidad denominada “páxara”, que hoy ya casi es imposible encontrar.

Los embutidos asturianos son especiales y tienen una gran personalidad. La morcilla tiene un punto de curación que le da textura y la hace muy jugosa y sabrosa. Los chorizos son buenísimos y, con la chacina anterior, imprescindibles en cualquier fabada de calidad que se precie. El chosco de Tineo, el sabadiego de Noreña, el farinón de Candás, la andolla, el lacón e incluso algunos ejemplares de jamón, que todavía se curan en las zonas más altas, son auténticas joyas.

LOS INTERESANTES POSTRES-
No hay mucha fruta, pero la que hay es excepcional. Comenzando por la manzana mingán, seguramente la más sabrosa de todas las que ofrece la naturaleza; los nisos (ciruelas) de pequeño tamaño, que destacan por su sabor intenso, aroma y textura; los también reducidos piescos(melocotones), de sabor concentrado y olor profundo. De las avellanas asturianas se dice que son las mejores del mundo.

De entre todos los postres merece destacarse el arroz con leche que, por supuesto, no es exclusivo de Asturias pero sí es en donde se hace mejor, porque la leche es muy buena, porque se cuece muy lentamente y porque las recetas, transmitidas a través de generaciones, han hecho posible que los asturianos tengan “una mano” especial para obtener una joya culinaria, a la que a veces se le agregan unas gotas de anís.La repostería es variada y entre ella destacan los carbayones, los casadielles, de hojaldre, los suspiros de Cudillero, los frixuelos, los formigos, los turrillos, los manolitos, los quesos de almendras y los carajitos del profesor de Salas.

QUESOS Y PRODUCTOS DEL MAR-
Asturias, primer reino cristiano de la península, es hoy, como atinadamente reza el eslogan turístico, paraíso natural y uniprovincial delimitado por los ríos Eo y Deva, en el que fluyen sin transición aparente litorales lisos con playas amenas y pueblitos pintorescos, suaves serranías, montañas abruptas y escarpadas, valles de profundo lirismo, bosques de brezos, castaños, hayas, nogales o robles, ríos bravos y amansados, huertas generosas y otros mil subpaisajes y microclimas que, al estilo de Pla, se van reflejando y tomando cuerpo en las cazuelas, potes y platos. De manera formal, Asturias puede conformarse en torno a cuatro subregiones geográficas: litoral, zona central, occidente interior y oriente interior, y a su vez en cuatro elementos que dan vida y sentido sumo a su culinaria: la potente fabada; el gochu o cerdo (que por otra parte es compañero inseparable del anterior porque “fabada sin gochu es como lagar sin techu”; queso, con una variedad artesanal que supera la veintena y que se constituye en la mayor concentración quesera artesana de toda Europa, y fresca sidra, obtenida de las menudas pero incomparables manzanas asturianas.

La fabada, santo y seña regional, se hace con alubias o fabes de La Granja o del Cura, chorizo y morcilla asturianos, codillo de jamón añejo, tocino, rabo, oreja y manos y morro de cerdo, aunque ya es frecuente que las fabes se combinen también con almejas, perdiz o setas. Al plato insignia se suma una gran variedad de potes de berza, repollo o nabos, que para muchos son más representativos de lo asturiano que la propia fabada.
Otros significativos platos de carne son el solomillo al cabrales, la carne gobernada, tan sencilla como eficaz y a base de morcillo, cebollas y ajos, las costillas de cerdo con castañas, los callos a la asturiana y el cachopo, que es una carne rellena de huevos cocidos y trocitos de jamón.

De la mar llega la caldereta marinera, que antaño fue de pescado residual con mucha espina y ahora incluso lleva marisco; la crema de andaricas o nécoras; las mil y una preparaciones del pixín o rape; las almejas a la marinera; la merluza a la sidra; la lubina a la asturiana, con patatas o rellena de setas; la ventresca de bonito asada; el sargo o chopa al horno, o el besugo al ajo.En dulcería domina el inefable arroz con leche y los frixuelos, que son crepes de harina, leche, huevo y canela.

RUTA DE OCCIDENTE-
La ruta se inicia en la muy rural Salas, donde brillan con luz propia el pote de berzas, la menestra con la típica carne asada de Salas y los ricos bollos preñaos. Postres típicos, para degustar in situ y para llevar en el morral, son las bollinas y los carajitos del profesor, un delicado dulce de avellana que se ha convertido en el bandera gastronómica del concejo.

De Salas a Luarca, bellísimo enclave de tradición ballenera de cuyo recuerdo conserva los barrios de pescadores el Caramba, la Peña y la Carril. Interesante su Aula del Mar, que alberga la mayor exposición de calamares gigantes de Europa, y su cementerio, literalmente colgado sobre el mar, y como de menos nos hizo Dios, en su momento hay que tomar asiento y degustar su calderada de salmonetes guisados con patatas, sus sardinas, parrochas, bocartes y los calamares en su tinta. A los postres o para el viaje un queso artesano recuperado, el valdesano, junto al memorable requesón vaqueiro.

Siguiente parada en Castropol, en la ría del Eo y en la frontera con Galicia, que es lugar de encuentro entre mar y montaña, de lo que se deriva una gastronomía de fusión con especial interés en las fabes con almejas, las patatas con cabeza de merluza, empanadas de agüillolos, de almejas y de arenques. A los postres, arroz con leche y cereixolos, típicos de carnaval.

Final de trayecto en Santa Eulalia de Oscos, donde llama la atención la vivienda típica, perfectamente integrada en la tipología del concejo, con pizarra en los muros externos y los tejados, y la madera en vigas, ventanas y puertas, además de otras edificaciones de uso agropecuario, como hórreos, cabazos, cabanón y cuadras. Por su inmediatez a Galicia, el pote es uno de los manjares tradicionales más característicos de la zona. También los grelos y el botelo, butelo o butielo, similar
al botillo, las filloas de sangre, los frixuelos de harina de trigo y las empanadas. Provisión del queso artesanal de los Oscos, visita a las ferrerías y mazos, y recalada final en un magnífico mesón, La Cerca, donde aún pervive lo más genuino de la gastronomía de esta tierra del fin de Asturias.

Fuente visitada.
munimerca.es/mercasa/alimentos

sábado, 28 de enero de 2012

AZABACHE ASTURIANO


El azabache (impropiamente llamado ébano fósil) es una variedad de lignito. De color negro brillante, procede de una familia de árboles jurásicos que se extinguieron hace unos 60 millones de años, al mismo tiempo que los dinosaurios, según datos del primer estudio científico sobre el origen de este fósil de alto valor económico.
Hasta hace poco tiempo se creía que el azabache provenía exclusivamente de una especie de Araucaria, pero recientes estudios paleobotánicos realizados por la Universidad de Oviedo han concretado que realmente procede de varias especies, no solamente de las Araucaráceas sino también de las Protopináceas. De tener que compararla con un árbol de nuestros días su equivalente sería parecido a un Ciprés.
De conformación compacta, suave al tacto, ligero y bastante duro (entre 3 y 4 en la escala de Mohs), tiene fractura concoidea y color de raya pardo oscuro. Arde produciendo mucho humo, despidiendo olor bituminoso y a veces fétido. Su densidad oscila entre 1,2 y 1,3 g/cm³.

Es un material muy frágil, por lo que su extracción siempre ha sido artesanal, siendo de talla difícil cuando se intenta esculpir figuras con abundantes detalles y calados. Esta circunstancia ha dotado al arte de la azabachería de escasos márgenes expresivos. Se trabaja con lima y torno, adquiriendo mediante una pulimentación adecuada un brillo intenso que no decrece con el paso del tiempo.
Está formado por una mezcla heterogénea de material carbonáceo orgánico y materia mineral, constituida principalmente por vitrinita, compuesto orgánico que deriva de la lignina, la celulosa y otros, presentes en las plantas vasculares con semillas.

El azabache en el mundo antiguo-
En el mundo antiguo se lo llamó succinum nigrum, equiparándosele al ámbar o succino, con quien aparece asociado frecuentemente. También se le llamó Lapis Gagates, denominación utilizada entre otros por el naturalista Plinio el Viejo y por San Isidoro, autor que, en su obra Las Etimologías, aclara la razón: “Gagates es una piedra hallada primeramente en Licia, Asia Menor (Turquía) que es arrojada a la orilla por el río Gagas, y de ahí le viene el nombre; hay muchas en Bretaña. Es una piedra negra, plana, suave y arde aplicada al fuego. No se borran los escritos hechos con el barro de esta piedra...”

El nombre español azabache es de origen árabe. En Asturias se le llama acebache o azebache. En Galicia, acebiche o acibeche. En Euskera, atxabitxi. En catalán, gaieta (derivado de Gagas) y también atzabeja. En Aragón se le llama azabaya.
Uso en restos neolíticos, en túmulos y bajo dólmenes; en algunos de ellos se recuperaron más de cien cuentas de azabache lo que confirma que ésta madera fósil era una posesión de mucho valor al que atribuían un innegable carácter protector ya hace varios miles de años. Las joyas de Azabache fueron muy apreciadas por los Egipcios, Fenicios, Etruscos, Romanos y los Vikingos, aunque la cuenta más antigua aparece en un colgante de azabache en la -Cueva de las Caldas- en Oviedo-, en un nivel perteneciente al Solutrense Superior, fechable en torno al 17.000 BP- 15.000 años antes de Cristo.

Procedencia-
El mejor azabache del mundo, junto con el de Whitby, es el de Asturias, España. Con un color negro intenso, textura y dureza incomparable, es extraído en la zona denominada la Marina, en la Costa Jurásica Asturiana, entre Gijón y Ribadesella, en la zona de Oles, Villaviciosa, desde donde hace más de cien años se exporta a Inglaterra. Ha sido el Principado el mayor suministrador de la península de material en bruto a lo largo de los siglos. Recientes estudios llevados a cabo por un equipo de investigación de la Universidad de Oviedo demuestran que el azabache español procede de una familia de árboles jurásicos, extinguida hace 65 millones de años, las protopináceas, además de las araucarias.

La zona costera que va desde Gijón hasta Colunga es la que guarda mayores depósitos e, históricamente, donde se concentraron casi todas las explotaciones. Conocida hoy como la "Costa de los Dinosaurios", es un terreno jurásico con abundantes muestras de la fauna y flora de esta era. El azabache es el material fósil de origen vegetal más importante y representativo de toda ella. Fue, sin duda, el mejor de los españoles y de todo el continente europeo e igual al afamado de Whitby: ambos, el inglés y el asturiano, los mejores del mundo.

Fuente visitada.
wikipedia.

viernes, 27 de enero de 2012

POR LA COSTA DE VILLAVICIOSA


Cerca de la sin par Villaviciosa se encuentra la hermosa ría del mismo nombre, lugar de invernada de numerosas aves acuáticas migratorias. Junto con la ría del Eo es uno de los paisajes naturales costeros más importante de Asturias. Toda la costa de este bello concejo tiene gran encanto, desde La Ñora a la punta de Les Llastres o La Busta.

Se puede recorrer la costa de Quintes y Quitueles ("y de Quintueles a Gijón...", como dice la canción), la "costa maliaya", o "La Marina" de Villaviciosa, por acantilados, roquedales o hermosas playas (La Ñora, España o Merón) así como por la zona de La Busta o Puenta de Les Llastres, aunque el entorno de la Ría de Villaviciosa es, quizás, más cómodo para un simple paseo, en especial si se quieren ver rastros de dinosaurios, por ejemplo en las proximidades de Tazones o de Rodiles... Los senderos son muchos y los verdes campos donde pasta la rica ganadería, las cuidadas fincas de labor, las "pumaradas" de viejos manzanos o los típicos hórreos o paneras, se complementan ahora con maravillosas casas de aldea, bien restauradas, con acierto y buen gusto. Posiblemente gracias a los excelentes canteros de la zona y, como no, a los afamados "Gemelos" de Quintueles (Teodoro y Gerardo Moris Costales)... Lo cierto es que en Villaviciosa, sea en la parte costera o en el interior, todo es belleza natural a raudales.

La Ría de Villaviciosa se encuentra en el centro-oriental de la región y en ella desemboca el río Valdebárcena o de La Ría, nombres que corresponden a los dos pequeños ríos que se juntan cerca de Amandi, a las puertas de la hermosa villa. La ría esta rodeada de los varios núcleos de población: Abayu, La Viesca, Bedriñana, Pentanes, Tristán, San Martín del Mar, Fuentuca, Requejo, El Puntal, Liñero, La Rebollada, La Atalaya y las cercanías de Tazones, en su margen izquierdo... En su margen derecha, están, además de la propia población de Villaviciosa, Carda, Muslera, Sello, Onón, Villaverde, Espina, La Calle, Vega, Selorio, Torienzo, Tapia, Misiego, El Olivar y Rodiles. Y flanqueada por los cabos Punta de la Mesnada y Punta de Rodiles. Algo más alejadas quedan la ensenada La Conejera, Punta de Lastres y puerto de Tazones. Junto a ella hay playas como Misiego, El Puntal y Rodiles. Lugares ideales para pasear.

En la bajamar quedan descubiertos en plena ría algunos areneros y pequeñas islas, con abundante vegetación. Este bello ecosistema costero se puede visitar por cualquiera de los lugares reseñados y está declarado espacio natural protegido, por su interés ecológico, especialmente como refugio de la avifauna salvaje que en ella vive, o pasa largas temporadas en época de migraciones. Y como refugio de aves acuáticas tiene veda permanente. Eso tendrá que ampliarse asimismo a los de peces y moluscos.

Una excursión fácil por esta ría se puede hacer partiendo de Selorio por "caleyes" y senderos que pasan por los caseríos de Tapia (o La Calle), para llegar a Misiego en una media hora. Después se puede seguir por El Olivar, o pasar el muro que va a Rodiles. En bajamar, los itinerarios posibles son para todos los gustos.

La fauna de vertebrados terrestres de esa zona es comparable a la de cualquier lugar costero asturiano de características similares, pero sí es especial la vida animal ligada al estuario, de modo particular la avifauna acuática. El gran interés de la Ría de Villaviciosa, conocido desde antiguo por los ornitólogos y amantes de la Naturaleza, trascendió a nivel oficial gracias a la Asociación de Amigos de la Naturaleza Asturiana (ANA).
Siendo una de las características más destacables de la avifauna de la ría su estacionalidad, pues el estuario es utilizado por las aves como zona de invernada y, especialmente, de reposo, durante la época de migraciones, siendo poco frecuentes las poblaciones nidificantes. Así sucede también en otros lugares naturales de Asturias, por ejemplo en varios lagos, embalses o parques... Otro aspecto destacable es su importancia para la supervivencia de estas aves durante las olas de frío, ya que grandes contingentes de ellas procedentes de países europeos septentrionales, buscan refugio en estuarios cantábricos, entre ellos esta ría, regresando a sus lugares de origen cuando cesan las condiciones adversas. El número de especies de aves acuáticas registradas supera el centenar.

Fuente visitada.
descubreasturias.com

jueves, 26 de enero de 2012

EL OSO EN ASTURIAS


El oso presenta una vista pobre, son más bien miopes, pero poseen un fino olfato y un buen oído. Su cráneo y dentición son los de un carnívoro, pero en los osos pardos las muelas son planas, lo que demuestra que su dieta es principalmente vegetariana. Posee almohadillas plantares, el Oso pardo, plantígrado, apoya toda la superficie al andar. Posee también unas poderosas uñas no retráctiles que, salvo en las contadas ocasiones que mata a una presa, le sirven para desenterrar setas, raíces y bulbos, abrir colmenas o atacar a sus contrincantes en la lucha territorial.

El oso ha sido perseguido muchas veces debido a un ridículo temor que casi lo ha llevado a su completa extinción. En la actualidad, la caza ha pasado a un segundo plano, aunque aún se dan casos de furtivismo. Pero el problema más importante, que viene dado por la mano del hombre y sus construcciones, tales como carreteras, embalses o repoblaciones forestales con especies no autóctonas. Como consecuencia de esto los escasos ejemplares que aún nos quedan se han visto obligados a un aislamiento que no hace sino empeorar su situación. Por un lado, es muy difícil el encuentro entre unos ejemplares y otros que están demasiado alejados entre sí. Por otro lado los habitantes de un mismo monte se ven obligados a reproducirse año tras año con parientes muy cercanos, aumentando la consanguinidad y los efectos negativos sobre la población.

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El Cercado Osero se encuentra frente a la Casa del Oso, al otro lado del río Trubia, en la ladera opuesta del valle, en el lugar conocido como Monte Fernanchín. Se accede, a pie o en bicicleta, por la Senda del Oso, ya sea desde la villa de Proaza (Puente de Villamejín, recorriendo un kilómetro de Senda), o bien desde el Área Recreativa de Buyera (recorriendo quinientos metros de Senda).

El Área Recreativa de Buyera, ubicada en el punto kilométrico 12,3 de la carretera de Trubia a Proaza, cuenta con amplio aparcamiento, zona de juegos y área de reposo. Es la entrada más próxima al Cercado Osero.

Los lugareños llaman Monte Fernanchín a la ladera situada junto a la entrada a la Foz del Picarós, en el límite de los concejos de Santo Adriano y Proaza, sobre la que se desarrolla un extraordinario encinar de carrascas (Quercus rotundifolia). El sustrato rocoso de caliza de montaña ofrece a este tipo de encinas el ambiente seco que les permite desarrollarse en un clima tan húmedo como el de Asturias.

Estos montes, abruptos e impenetrables, han sido desde siempre zonas de mucha querencia para el oso, por encontrar en ellos alimento y refugio. Por esta razón, ante la necesidad de buscar un lugar para albergar a Paca y a Tola (dos hembras de Oso Pardo Cantábrico, rescatadas de furtivos y de imposible reintroducción en el medio natural por estar habituados a la presencia humana), se construyó un cercado que rodea una superficie de monte de más de cuatro hectáreas.

La valla, de gran resistencia, se halla electrificada (mediante pastores eléctricos) para evitar que las osas se acerquen a ella. Para mayor seguridad existe una segunda valla externa, más sencilla (malla cinegética), que evita que los visitantes se acerquen a la reja principal.

El borde inferior del cercado limita con la Senda del Oso, muy frecuentada por amantes del paseo a pie y del ciclo turismo.

En la parte baja del cercado, Paca y Tola disponen de un pequeño estanque para beber y bañarse, así como de la jaula-comedero, donde se les da de comer hacia las doce del mediodía, salvo en periodo de hibernación. A esta hora suelen acudir los visitantes para contemplar de cerca a las dos osas y conversar con su cuidador. El resto del día no hay garantía de poder verlas, dado que se internan entre el arbolado de la zona alta, moviéndose a su antojo por todo el Cercado y dejándose ver de manera esporádica e imprevisible.

DATOS DE PACA Y TOLA

HISTORIA: Unos furtivos mataron a su madre y ocultaron a las dos crías. Pocos meses más tarde fueron recuperadas por el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA), gracias a la colaboración del FAPAS (Fondo asturiano para la protección de los animales salvajes). Permanecieron primero en las instalaciones del FAPAS en Llanes, luego en Vic (Barcelona) y más tarde en El Hosquillo (Cuenca), pues en Asturias no existía un cercado adecuado para ellas. El Principado de Asturias construyó el actual Cercado Osero en el Monte Fernanchín (Santo Adriano), con una extensión de casi cinco hectáreas. Paca y Tola tomaron posesión de este cercado el 26 de mayo de 1996.

HIBERNACIÓN: El período de hibernación de las osas Paca y Tola se inicia a finales de noviembre, prolongándose hasta los primeros días de marzo. Permanecen en ese estado de letargo invernal tres meses aproximadamente (diciembre, enero y febrero), tiempo durante el cual están ocultas en sus oseras, sin comer ni beber. Aunque salen ocasionalmente de su refugio invernal, para dar pequeños paseos cerca de la osera, lo normal es que los visitantes no puedan ver a las osas durante este período de hibernación.

Fuentes visitadas.
uco.es
osodeasturias.es