lunes, 30 de abril de 2012

LA HIGA O CIGÜA CONTRA EL MAL DE OJO

El mal de ojo, cuyos orígenes antiquísimos parecen ser comunes a diversos pueblos, es una superstición universal que en Asturias-al igual que en muchas otras regiones-prendió con bastante fuerza. Aunque hubo quien pensó que el aojo-aquí llamado "agüeyu"-era (cosa natural y no hechicería), por lo general no se creía en esta explicación, atribuyendo a quienes producían el mal una fuerza especial y peligrosa. Dichas personas solían poseer algún defecto físico o moral y algunas de ellas ignorar su facultad. Así,estaban singularmente dispuestas a producir el mal las lisiadas, las personas que tienen dos niñas en cada ojo, las que poseen la vena del entrecejo muy abultada y las solteronas, por ejemplo, originándose el aojo por envidia, por maldiciones, por alabanzas abusivas o exceso de cariño, pudiendo ser contraído en cualquier lugar, abierto o cerrado, quedando sujetos a él personas y animales sanos y hermosos y exentos de tal posibilidad los feos. A veces, quien producía el aojo podía anularlo y el proceso daba inicio con un desmejoramiento del aojado quien, perdiendo todo tipo de estímulos para vivir, adelgazaba y se consumía hasta sobrevenir la misma muerte. más si quien recibe el hechizo es portador de ciertos objetos, sus efectos quedan anulados, no causando trastorno alguno por ser dichos objetos receptores del daño que, si es muy fuerte, los puede incluso quebrar en algunos casos. en la prevención del aojo se han utilizado infinidad de amuletos variados. Hubo infinidad de amuletos contra el mal de ojo (cuernos, colmillos...)más la que interesa en este trabajo es la higa, llamada en Asturias "cigua": la figuración de la mano cerrada en la que el dedo pulgar pasa por entre el índice y el del medio. Afirma Carmen Baroja que la de azabache es amuleto genuinamente hispánico, habiéndose utilizado en otros países la mano en diferentes posturas, con fines parecidos, como en Italia la llamada "mano cornuta", generalmente de coral y, entre los musulmanes y pueblos orientales, la mano abierta, la "jansa"o "mano de "fatma". Aunque las de azabache fueron en España las más abundantes, no fueron las únicas. También se hicieron de coral, nacar, hueso y cristal. El principal centro proveedor de las higas fue Santiago de Compostela-en Galicia."figas"-donde desde el siglo XV, la industria del azabache alcanzó un notable desarrollo, más no conviene olvidar que los talleres artesanales de Villaviciosa y Gijón elaboraron gran número de ellas, buena parte de las cuales eran exportadas a tiendas santiaguesas. El "agüeyu" fue creencia muy extendida en Asturias y el uso de la "cigüa" práctica muy común.

("Pero fáltate la cigua:
¿Y quién sin ella le trai,
Andando pel mundu bruxes,
Que te pueden agüeyar?

Tengo yo una de azabache,
Bien curiosina en verdá,
Que la punxe munches veces
De pequeñucu al mió Xuan:
Has atála na muñeca
Con medides de Candás
Y pondraste más llozanu
Que cuantos neñinos hay...")

-José Caveda y Nava-.

Fuente visitada.
Azabachería Asturiana.- Valentin Monte Carreño.


sábado, 28 de abril de 2012

LAS MARISCADORAS DE BAÑUGUES

Un caso especial de mujeres que se dedicaron a vender lo capturado en la mar por sus familiares fueron las "Mariscadoras de Bañugues", sobrenombre con el que se conocía a las mujeres de los pescadores (madres, hermanas, esposas o hijas) de Bañugues y Viodo que, invariablemente, una o dos veces a la semana, agrupadas en un número superior a la decena, atravesaban las calles de Luanco cargadas con el marísco que aquellos habían cogido, camino a Gijón donde intentarían su venta. Hasta el año 1.910 cuando, tras su inauguración, empezaron a utilizar el ferrocarril entre Candás y Aboño, estas mujeres recorrían andando los veinte kilómetros del trayecto, transportando el marisco en cestas forradas con hojas de helecho que cargaban sobre sus cabezas. Incluso las hubo que para ahorrarse el gasto del billete del tren, continuaron yendo y regresando a pie. A partir de los años 20, empezará a ser habitual que cada una de estas mujeres dispusiera de un burro en cuyas alforjas colocaban los cestos con el marisco. Normalmente salían todas juntas de Bañugues antes del amanecer, formando una ruidosa y llamativa caravana. Muchas personas mayores aún recuerdan y cuentan lo curioso que era observar a primeras horas de la mañana el paso por Luanco de estas bañugueras con su recua de burros cargados de marisco, rompiendo el matinal silencio de esas horas con el ruidoso y acompasado sonar de sus madreñas y las herraduras de sus caballerías al contacto con el empedrado de las calles. Una vez en Candás, tras pagar un módico alquiler, dejaban los burros en una cuadra y subían con su cargamento al tren que las llevaría hasta El Musel, donde completaban su trayecto cogiendo el tranvía que las dejaba en el mismo Gijón en cuya plaza del pescado intentarían vender su marisco. Estas mujeres no solo finalizaban la labor de sus maridos con la venta de las capturas sino que también la iniciaban al ser ellas las encargadas de conseguirles la carnada necesaria para poder cebar sus nasas. Para ello, cargaban las alforjas con latas vacías y se dirigían a las instalaciones conserveras de Luanco y Candás en busca de los despojos del pescado en ellas elaborado, restos que posteriormente utilizarían sus maridos como señuelo para atraer y capturar el marisco en la mar. En este caso, las caravanas, con distinto cargamento, más bulliciosas aún por el ruido de las latas al entrechocar en su caminar, eran conocidas como "las de la carnada". Generalmente, dos días a la semana, se acercaban a las fábricas para comprar la carnada, formada en verano por cabezas de bonito principalmente. Llegaban con sus burros al atardecer y los ataban en las inmediaciones de las fábricas donde esperaban pacientes a que tras la llegada de los barcos al muelle y la entrada de los bonitos en la fábrica éstos se descabezaran. Mientras en los puertos de Bañugues y Llumeres, los pescadores aguardaban su regreso para poder encarnar las nasas y salir a la mar.
En la primera mitad de los años 20 empezarían a instalarse motores de gasolina en las embarcaciones. En 1.934 ya contaba Bañugues con catorce embarcaciones provistas de motor; la obtención del combustible para su funcionamiento era también misión de estas mujeres quienes transportaban en garrafas, de nuevo a lomo de sus burros. Estas originales caravanas y el práctico transporte a lomo de burros, bien fuera marisco, carnada o gasolina, perdurarían hasta el establecimiento de los autocares de línea. Fuente visitada. Historia de Gozón (a través de sus mujeres)- Lucía Fandos Rodríguez.

miércoles, 25 de abril de 2012

COMARCA OSCOS-EO

Donde resuena el aullido del lobo y late el corazón del bosque. Allí donde se escucha la respiración del mar y el murmullo del río. En ese lugar se encuentra la comarca Oscos-Eo, un caleidoscopio de colores, texturas y sabores que ha sido nombrado recientemente Reserva de la Biosfera. Déjate llevar por ese sexto sentido que sabe reconocer dónde permanece lo auténtico, porque siguiéndolo seguro que tus pies te llevarán hasta Oscos-Eo. Entre mar, ríos y montañas se esconde de las miradas este espacio de transición entre Asturias y Galicia, ubicado en el Occidente del Principado. Para comenzar el viaje, déjate seducir por una naturaleza que no ha sido mancillada por la mano del hombre, y que permanece virgen en playas de arena blanca, bosques autóctonos de los que se extraen maderas nobles, o ríos donde se capturan los salmones más grandes de la región. Seguirás la estela de los siete concejos que forman la comarca: Castropol, San Martín de Oscos, San Tirso de Abres, Santa Eulalia de Oscos, Taramundi, Vegadeo y Villanueva de Oscos. A través de ellos se llega a pueblos y aldeas donde se conservan tradiciones y etnografía: casas, pajares, hórreos, cabazos, molinos o cabanones levantados con materia prima de la zona, como piedra, cuelmo o irregulares lascas de pizarra tratadas con esmero. Bellísimas y resistentes construcciones que se funden en el paisaje, y que han llegado hasta hoy no sólo por motivos estéticos sino por la utilidad que prestan. Son sus habitantes parte indisoluble de esta comarca, que viven en simbiosis perfecta con la naturaleza. Ellos son los verdaderos artífices de que hoy conozcamos Oscos-Eo sin adulteraciones, porque llevan siglos guardando este templo natural y convirtiéndolo en su modo de vida. Suyo es también el éxito de acercar la artesanía, la gastronomía y el paisaje a los visitantes sin comprometer su propia identidad en ello. Así pues, existen variados restaurantes y alojamientos que tienen en común la hospitalidad de sus gentes.
El paraíso del pescador El río Eo recorre parte del concejo como una cinta de plata, dejando en su camino destellos saltarines de salmones y truchas. Ellos son el indicador de la limpieza de estas aguas. El Eo es en San Tirso de Abres modo de vida y fuente de recursos, pero también el punto unificador en el cual los habitantes se reconocen. En torno al río se desarrolla todo. La agricultura y ganadería perviven gracias a la fertilidad de la tierra y a los verdes pastos regados por sus aguas.
Pero hoy el ocio y el turismo ganan terreno y en ello también tiene mucho que decir el Eo, porque gran parte de los que llegan lo hacen siguiendo la llamada de sus corrientes cristalinas que hablan de buenas capturas. Por ello la pesca deportiva de salmón y trucha adquiere aquí una relevancia de primer orden, lo cual genera turismo más allá de la temporada estival. Rodeados de espesa vegetación puede verse al pescador camuflado entre las ramas de los árboles que inclinan sus ramas para que sus hojas sean acariciadas por el río. Una posta discreta, conocimiento del pez y maestría con la caña son las tres condiciones imprescindibles para convertir el lance en un éxito, y lograr engañar al salmón o la trucha.

Fuente visitada. fusionasturias.com

martes, 24 de abril de 2012

GIJÓN-BARRIO DE CIMADEVILLA

Cimadevilla es testigo y protagonista de los acontecimientos históricos más significativos de Gijón: desde la fundación romana, los conflictos medievales, la creación del puerto, el nacimiento y la obra de Jovellanos o los inicios de la industrialización. Cimavilla, el barrio alto de Gijón, guarda en sus calles monumentos e historias personales que son huellas imborrables de pescadores, cigarreras, militares, artesanos que aquí nacieron, vivieron y trabajaron. En definitiva, hombres y mujeres playos, que es como se conoce a los nacidos en este barrio, que de Gijón es lo mejor.
Nuestro recorrido por el antiguo barrio de Pescadores llamado Cimavilla, comienza en uno de los lugares más entrañables de la ciudad, se trata de La Iglesia Mayor de San Pedro, de origen gótico y reconstruida en los años cuarenta. Está situada al fondo del espacio ajardinado conocido como Campo Valdés y es elemento aglutinador entre las gentes de Cimadevilla (los playos propiamente dichos) y del resto de Gijón, pues fue durante muchos años la única iglesia con la que contó la villa. Casi en el subsuelo del templo, debajo del Campo Valdés, se encuentran las Termas Romanas. Un interesante museo municipal donde un vídeo explicativo y una serie de pantallas interactivas nos ofrecen una completa visión, tanto del conjunto termal, como del pasado romano de Gijón. Saliendo del museo, en el centro del Campo Valdés, intuimos en el suelo la trama de la muralla romana. Una muralla que circundaba, a lo largo de 850 m. de longitud, el barrio en su parte baja y que, en la siguiente plaza, vemos parcialmente reconstruida. Encontramos también, a nuestra derecha, el Palacio de los Valdés, que da nombre a la zona. Es un ejemplo de palacio asturiano, construido en 1570 sobre los cimientos de la propia muralla, con dos torres, un cuerpo central y una capilla en su extremo izquierdo. Sus dependencias fueron en tiempos pasados residencia de esa familia, primer asentamiento de la Fábrica de Tabacos a comienzos del siglo XIX y Aduana, siendo en la actualidad un centro educativo. Desde la mencionada capilla, bajo la advocación de la Virgen de Guadalupe, divisamos otra plaza en la que la muralla, antes soterrada, se levanta rehecha en ladrillo con las primeras hiladas, las originales, de piedra.
Preside el lugar el Museo Casa Natal de Jovellanos. En sus salas, además de recuerdos jovellanistas, se guardan importantes muestras de la pintura asturiana de los siglos XIX y XX, esculturas contemporáneas y se organizan diversas exposiciones de carácter temporal a lo largo del año. Destaca, en la segunda planta, el Retablo del Mar, obra en madera del escultor ovetense Sebastián Miranda. Un primer Retablo realizado por Miranda en el año 1933 fue destruido durante la Guerra Civil y éste que podemos ver es una versión del anterior, realizada por el propio autor en los años 70 y considerado como su obra maestra. En él se ensalza la tradición pesquera y marinera de Cimadevilla al representar una escena habitual en el barrio: la subasta del pescado en la rula o lonja local. Salimos del Museo y en el edificio de enfrente nos encontramos con un establecimiento hotelero que tiene el honor de haber sido la primera sede del Instituto de Náutica y Mineralogía que fundara Jovellanos, como bien recuerda una placa en su fachada.
Adosada al Museo Casa Natal de Jovellanos, a la izquierda, se encuentra una de las dos advocaciones marianas que veremos en el barrio: La Capilla de los Remedios cuyo interior alberga el sepulcro de Melchor Gaspar de Jovellanos. El citado museo jovellanista y la capilla están anexos a un antiguo Hospital de Peregrinos que ahora es un restaurante. Se sabe que aquí se alojaban quienes, siguiendo la ruta norteña del Camino de Santiago, se dirigían a Oviedo para visitar en la Catedral ovetense la venerada imagen del Salvador. El Hospital funcionaría hasta 1836.
Frente a él, la Casa de Nava, un caserón sobrio, cúbico, de escasa ornamentación, construido a principios del siglo XVIII como residencia del Vizconde del Campo Grande, otro de los palacios nobiliarios de Cimavilla y actualmente propiedad municipal. A la izquierda llama nuestra atención una torre de tono rosado. Es la Torre del Reloj que, edificada sobre la base de una antigua torre romana, fue cárcel del partido judicial de Gijón hasta principios del siglo XX, además de campanario y, durante un tiempo, Casa Consistorial. La torre que hoy vemos, reconstruida en el año 1995, flanquea la antigua entrada romana a la ciudad.
Dejando la Torre del Reloj a nuestra espalda, subimos por la calle Vizconde de Campogrande que nos conducirá hasta otra plaza, la mayor en dimensiones de todo el barrio. Se trata de la plaza de Arturo Arias, popular periodista (Gijón, 1920-1975) del diario local El Comercio y cuyo busto preside el lugar. Los vecinos la conocen como la plaza la Tabacalera o el Campu les Monxes (Campo de las Monjas), ya que el edificio de grandes proporciones que destaca en la plaza fue, hasta su desamortización en el siglo XIX, convento de las Madres Agustinas Recoletas, más tarde Fábrica de Tabacos. Esta plaza, en el mismo corazón de Cimavilla, es uno de los lugares más populares del barrio de pescadores. En ella llaman la atención dos casas de sabor marinero muestra de otras del barrio: la que vemos en el número 4 es una casa típica de pescador, pequeña, de dos plantas y con la escalera al exterior. Al otro lado destaca otra casa de la misma tipología, aunque mayor en dimensiones, con piedra vista y que repite escalera al exterior.
Alegre y colorista este Campu les Monxes no ha perdido popularidad ni ha dejado de ser transitado. Los pescadores, las rederas trabajando al sol, las cigarreras y las mujeres que acudían diariamente al Lavadero que había en la plaza, han dado paso a multitud de jóvenes que se reúnen en torno a ella los fines de semana y días de verano, a disfrutar del sol, la sidra y de la charla al aire libre.

Fuente visitada. gijon.info

viernes, 20 de abril de 2012

NICANOR PIÑOLE


Pintor español nacido en en Gijón el 6 de enero de 1878. Pocos meses después de su nacimiento falleció su padre, el capitán de Marina Mercante Nicanor Piñole Ovies, que se hundió con el vapor Asturias frente a la costa de Tarragona, tras haber puesto a salvo a toda la tripulación. Su madre Brígida Rodríguez Prendes se traslada con el pequeño huérfano a la vivienda de su hermana Manuela, casada con Manuel Prendes quien ejercerá de padre de Nicanor.
A los cuatro años comienza a asistir al colegio de monjas de Santo Angel en Gijón y a los nueve años comenzará a recibir sus primeras clases de dibujo. Un año después ingresa en el Instituto Jovellanos , pero su bajo rendimiento escolar hizo replantearse a su familia la línea de estudios que debía seguir.
Con catorce años su tío lo traslada (con aprobación materna) a Madrid (1892), donde ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, permaneciendo seis años en dicha escuela, convirtiéndose pronto en alumno aventajado y recibiendo, por votación de sus compañero el Primer Premio de Paisaje de la Escuela. Es en Madrid donde pinta sus primeros cuadros y su primer autorretrato (1894), iniciando una serie que continuará el resto de su vida. Se trata del pintor que cuenta con un número mayor de autorretratos, número que supera el centenar.
Con diecinueve años concurre a la Exposición Nacional con el cuadro Un borracho, logrando por el mismo una Mención Honorífica (1897). Esta misma distinción logra, en el mismo certamen, el joven Picasso que tenía en ese momento 16 años. Toda su vida presentó Nicanor Piñole sus obras a la Exposición Nacional, no consiguiendo jamás el Primer Premio. El máximo galardón que consiguió en dicho certamen nacional, fue la Segunda Medalla, con el Retrato de Manuel Prendes en 1917.
En 1900, finalizado su aprendizaje en San Fernando, comienza a trabajar con Ferrant, un importante pintor del momento. Pero pronto Piñole se traslada a Roma, a fin de adquirir nuevos conocimientos, permaneciendo en Italia hasta la edad de 24 años, regresando a la casa materna, donde permanecería hasta el final de su vida.
A su regreso, se encontró con las críticas de Adeflor, crítico de El Comercio que ya había apadrinado al joven pintor Ventura Álvarez Sala y a éste dirigía sus buenas críticas mientras que Piñole era el objeto de sus ataques.
El carácter de Piñole era reservado y prefirió siempre trabajar cerca de su madre en lugar de buscar el reconocimiento y fama por parte del gremio artístico, rehuyendo siempre los servilismos derivados de los actos sociales enfocados a encumbrar a determinados artistas.
Durante los acontecimientos bélicos (revolución de 1934 y guerra civil) Piñole permanece en su casa de Gijón mientras el resto de su familia se refugia en la finca de Carreño. Sus continuas salidas por Gijón durante este periodo hizo que más de una vez fuese detenido sin mayores consecuencias. El paso de la guerra por Gijón quedó impreso en muchos de los lienzos de Piñole como en El refugio o La retirada de Simancas.
En 1951, pinta el último retrato de su madre, que a juicio de los críticos es el mejor de todos. Un año después muere doña Brígida con noventa y siete años. El mismo año de 1952 el Ayuntamiento de Gijón rinde homenaje a Piñole colocando un busto suyo en el parque Isabel la Católico junto al busto de su amigo el pintor Evaristo Valle. Recibe este año también el nombramiento de miembro del Instituto de Estudios Asturianos.
A la edad de 94 años se casa con Enriqueta Ceñal, la persona que desde treinta años antes había entrado en su casa como asistenta y acompañante. Este hecho ha sido interpretado como la solución que el pintor encontró ante los posibles problemas de herencia aunque también se ha querido ver que se trató de una compensación al cuidado que Enriqueta le dedicó a él y a su madre. Con ella viajará de nuevo por las principales ciudades españolas, recibiendo galardones y homenajes honoríficos. Es condecorado con la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes y recibe el título de Hijo Predilecto de Gijón.
Murió en su ciudad natal el 18 de enero de 1978 a escasos doce días de haberse celebrado el centenario de su nacimiento.


(LA CALLE CORRIDA)


(EL BORRACHO)


(LA HIJA DEL PATRON)

Fuente visitada.
el.tesorodeoviedo.es

jueves, 19 de abril de 2012

LAS AVES DE LA RÍA DE VILLAVICIOSA


La estrategia más habitual para observar las aves presentes en la ría de Villaviciosa consiste en asomarse a puntos estratégicos o recorrer cortos trayectos (para lo que siempre será recomendable utilizar botas de agua por zonas con distintas características ambientales, lo que permitirá descubrir un mayor número de especies.
Los fangales que se descubren en bajamar frente a la fábrica de sidra de EL GAITERO son siempre un buen punto de partida. En esa situación mareal, se pueden observar allí pequeños grupos de limícolas, garzas, cormoranes y martines pescadores. También podemos seguir las sendas que parten a ambos lados de la nave industrial, atentos a los bandos de zorzales y estorninos que se alimentan en los pastizales. Junto a ellos es fácil que haya alguna garza o algún zarapito y, si se ha formado algún encharcamiento, se pueden ver anátidas.

Pero si llegamos a la ría durante la pleamar, entonces es mejor avanzar un poco más, hasta un pequeño apartadero a la izquierda de la carretera, justo antes de tomar el desvío de Rodiles. Desde allí accedemos a un camino que discurre por lo alto del dique que aísla el canal del arroyo de Sebrayo de los porreos, encharcados y cada vez más repletos de juncos. Hay que avanzar con cuidado para no espantar a los archibebes y andarríos que remontan la orilla del riachuelo picoteando incansablemente los fangos. Al final llegaremos al borde de la ría, en un punto de observación muy interesante que da vista a la amplia "ensenada de el Bornizal". Durante la pleamar, excepto con algunas mareas vivas, quedan expuestos en el centro de esta ensenada algunos bancos de arena cubiertos de vegetación halófila, a los que acuden masivamente las aves limícolas de la ría en busca de reposo en este momento en el que sus zonas de alimentación permanecen inundadas. A medida que van quedando de nuevo al descubierto al bajar la merea, podemos observar cómo las aves se van repartiendo en pequeños grupos por todo el estuario.

una tercera zona de gran interés es la "ensenada de Misiego", formada por extensos arenales que constituyen la prolongación de El Bornizal hacia la salida de la ría. En este caso podemos partir desde la playa de Misiego caminando por la orilla hacia el canal de la desembocadura. Conviene aguzar la vista para descubrir a los pequeños correlimos y a los chorlitejos en medio del fango, hay que mirar también hacia las praderas limítrofes en busca de las bandadas de avefrías y no hay que olvidarse de escrutar el cielo regularmente si no queremos que se nos pase desapercibida alguna interesante rapaz migradora como el águila pescadora o el aguilucho lagunero. En todo caso, en La Ría siempre existe la excitante posibilidad de observar algún ave rara o escasa, apartada de su área de distribución normal o desplazada de sus habituales rutas de migración.

Fuente visitada.
Guía de la Costa Asturiana, Playas, Pueblos, Paisajes y Paseos.
Fotografía: Luis. (fotofilatelia.blogspot.com)

miércoles, 18 de abril de 2012

LA BRAÑA DE MUMIAN


En Asturias aún quedan brañas con sus típicos cabanones de teito, estando ahora dentro de un régimen de protección oficial estas construcciones de techumbre vegetal, al igual que los hórreos y cabazos. Aunque los lugareños dicen que las ayudas económicas que reciben de la Administración, por ahora, son pequeñas.
Las cabanas de teito gozan de cierta protección (aunque poca), pero peor suerte tienen los ancestrales corros (de tipo castreño y por tanto más antiguos), dado que, al parecer, no tienen mucho apoyo por parte de las autoridades, lo mismo que esa desidia terminará pronto con los escasos restos de calzadas romanas.
Las principales brañas que conservan en buen estado un considerable numero de estas "cabanas" están en tierras somedanas, aunque hay también otras en los concejos de Allande, Tineo, Teverga, Cangas del Narcea, Degaña e Ibias... Pero entre todas se pueden destacar las de La Mesa, La Pornacal y Mumián, en el Parque Natural de Somiedo. Son poblados que parecen perdidos en el tiempo.

La ruta recomendada hoy es a la braña Mumián -o Momian- que posiblemente es la menos conocida de las tres citadas y está en una zona osera (sin embargo hay una nueva pista trazada en esa zona, curiosamente). Muchas personas creen que las "capturas" de los osos "Cuervo" y "Pascualín", fueron en estos montes. Por eso se lleno la zona de "esquelas" por ellos. Desde la capital del concejo, Pola de Somiedo (en la AS-227) se toma la sinuosa carretera que va al Valle del Lago, y antes de llegar al pueblo de Urria, se coger en una curva el ramal que conduce a Coto (o Coutu). Este bello pueblo se conoce también por Coto de la Buena Madre, en recuerdo de una famosa madre religiosa que allí vivió hace muchos años.
De Coto, y bordeando la sierra y bosque del mismo nombre, se asciende por la pista o "caleya" en dirección Suroeste, entre frondosos árboles autóctonos, principalmente hayas. La subida dura , a paso tranquilo, poco más de una hora, hasta llegar a la fuente del Cañu (o El Canu). De ella parten senderos, a la braña de Sousas (aún con "corros"), por las praderas del Fuexu y fuentes de Los Chanos y Chandelagua; y a las brañas de Mumián y Valdecuelebre. Entre piornos tomamos el sendero que va en dirección Oeste, pasando por el collado que se forma entre los contrafuertes de los picos Molinón, Penalba y Gua.

A los pocos minutos estaremos dando vista a la magnífica braña de Mumián. Con la sierra del Páramo al Oeste, y su cimera cumbre, El Mocosu; y el pueblo, de La Peral. Y por el medio el impresionante valle central somedano, donde discurre el río Somiedo, formando varios desfiladeros. Este valle esta surcado por la carretera que conduce al Puerto de Somiedo (AS-227), donde se asienta el famoso pueblo de alzada de Santa María del Puerto (otro lugar a visitar).
En Mumián hay una buena fuente en el centro de la braña (y las antiguas "Ocheras" para dejar la leche). Estando diseminadas sus cabañas, entre prados, a diferencia de otras brañas que tienen sus teitos muy juntos. El poblado y el paisaje son de gran belleza. De esta zona y de la restauración de las cabanas nos hablaron los jóvenes somedanos Iván López, Roberto Caunedo, Felipe García, Nerea Santiesteban y Mario Lorences... De Mumián parten senderos al pueblo de Caunedo y a la aldea de LLamarda(al Suroeste). Por ese último lugar también se sube bien, en una hora.


COMO LLEGAR:
Por la carretera comarcal a Puerto de Somiedo (AS-227). En La Pola tomar el ramal a Valle de Lago (un poco antes de Urria hay una desviación a El Coto). Cerca de La Peral está la aldea o braña de Llamardal, en la subida a Santa María del Puerto (por la AS-227).

Fuente visitada:
descubreasturias.com