viernes, 16 de septiembre de 2011

CARREÑO


EL ESCUDO DE CARREÑO:
El escudo de armas del concejo de Carreño es de forma cuadrilonga, alargada la punta en su base. Sus blasones: en campo verde águila real coronada, tendidas las alas pintadas de negro, verde y rojo, posando las garras sobre dos ruedas de carro, de oro, con ocho rayos rojos cada una y, en el jefe, dos flores de lis doradas. Tiene bordura roja en la que figuran ocho aspas de oro y, por divisa, "Muy leal y fiel".
El Rey de Castilla y León, Alfonso XI, "El Justiciero", le dio el dictado de leal, por haber combatido los de Carreño, bajo la bandera de Gijón, en la célebre batalla del río Salado, año 1340. La concesión honorífica tuvo lugar diez años más tarde,1.350.

El título de fiel, le fue conferido y otorgado por Felipe V (primer Rey de los Borbones) en premio a la fidelidad a su persona y causa durante la Campaña de Cataluña (Guerra de la Sucesión) el año 1717.
Las ocho aspas: A don Álvaro de Carreño, uno de los principales caballeros soldados que con don Lope de Haro lucharon al lado de don Fernando III "El Santo", en la conquista de Baeza y victoria de Úbeda el día de S. Andrés de 1237, "le dio el Rey las ocho aspas de oro que orlan sus escudos de armas y las del concejo de su nombre".

El escudo fue tomado de los blasones de la familia de su mismo nombre, con notoria nobleza y solar conocido por haberlo habitado desde tiempos inmemoriales sus antecesores en la parroquia de Santa María la Real de Logrezana, Regidores durante siglos de los destinos del Concejo, como Jueces del Estado Noble, Regidores Alféreces Mayores y "demás oficios de república"; bien fuesen los Carreño Alas, los Moñices Carreño de Guimarán- El Valle o Carreño Miranda y Busto Carreño de Logrezana; Moñices Carreño del Cueto, de la villa y puerto de Candás; los Carreño de Oviedo (después Gastañaga), Alféreces Mayores de la Ciudad o los de Bernardo de Quirós Carreño de Carrió, Marqueses de Campo Sagrado desde el siglo XVII y otros muchos.
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Ruta clariniana:
El concejo de Carreño fue residencia veraniega de Leopoldo Enrique García-Alas Ureña, "Clarín", durante casi toda su vida.
Motivo inspirador de una considerable parte de su producción literaria.
La presencia de Carreño en la narrativa de Leopoldo Alas es bastante abundante.
Hasta un total de catorce obras distintas ostentan dichas referencias: una novela, La Regenta; dos novelas inconclusas, Palomares y Cuesta Abajo.
Una obra crítica desarrollada con talante narrativo, las "Notas en prosa clara", de A 0,50 poeta.
Tres novelas cortas, Doña Berta, Cuervo y El cura de Vericueto, y siete cuentos, ¡Adiós, "Cordera"!, Boroña, El Quin, Viaje redondo, La trampa, Snob y El sombrero del señor cura.
La Ruta Clariniana es una experiencia literaria-turística única en España.
Por primera vez la narración se encuentra inmersa en el paisaje, en el escenario donde acontecen los hechos.
Tres son las obras y, por tanto, tres los tramos de la Ruta Clariniana: Doña Berta (3,5 kms, Viaje Redondo (8,3 kms) y Boroña (2,2 kms).
Donde Clarín nos muestra el entramado socio-económico y la arquitectura de los valles de Carreño, ese mundo rural que tan bien conocía.
Así, con Doña Berta paseamos por Piedeloro; Viaje Redondo nos lleva por Logrezana y Guimarán, y el protagonista de Boroña descubre al caminante-lector las parroquias de Prendes y Albandi.
Estos escenarios vivos están salpicados de elementos singulares y únicos, como las iglesias románicas, casas de indianos, paneras decoradas al estilo Carreño, la Quinta de Clarín, casonas, palacios, restos medievales, molinos, fuentes, caserías...
Dificultad: Media (Accesible)
Recorrido: 14 km.

Camín de les Muyeres de la Paxa:
Ruta que recorre el camino tantas veces efectuado por les sardineres candasines, que día tras día recorrían el concejo de Carreño y los pueblos limítrofes llevando sobre sus cabezas las "paxas" (especie de cestas planas) repletas de pescado que vendían al amanecer en la Plaza del Fontán de Oviedo.
El trayecto parte desde la villa candasina, siguiendo el Camino Real Candás–Oviedo, por las alturas del Monte Areo, hasta la Ermita de Los Remedios que alberga la imagen de la Patrona Celestial de Carreño, y única Virgen asturiana coronada canónicamente, junto con la de Covadonga. En Los Remedios las sardineras candasinas hacían un alto en su camino para descansar y orar.
Esta ruta discurre por valles interiores del concejo, en la que se pueden, para finalizar en la falda del Monte Areo.
Dificultad: Media
Recorrido: 8,6 km.

Ruta arqueológica del Monte Areo:
Ruta señalizada en la que se pueden contemplar dos campos de túmulos identificados: Cierru Los Llanos y Huelgües de San Pablo, dos miradores naturales: Peña´l Carru y Peña Tocente y una zona de humedal: Los Bayos de Selmo. Dispone de área recreativa.
El Monte Areo -justo en la línea divisoria con el vecino concejo de Gijón, contiene excelentes ejemplos de arquitectura megalítica: túmulos construidos con capas alternas de tierra y piedra, que ocultan en su interior la cámara sepulcral.
El Areo es una de las mayores y más extensas necrópolis de Asturias, que incluye en poco más de 4 km túmulos de distintas épocas y modalidades constructivas. Está declarado Bien de Interés Cultural.

Fuente visitada.
ayto-carreno.es

jueves, 15 de septiembre de 2011

EL DESARME EN OVIEDO


El desarme es una fiesta tradicional que se celebra Oviedo, cada 19 de octubre sus restaurantes presentan el cartel anunciador: ¡Hay desarme¡.
La exitosa fiesta gastronómica ofrece invariablemente, en restaurantes y casas particulares, el suculento menú especial formado por garbanzos con bacalao y espinacas, callos y arroz con leche.

Tras la muerte de Fernando VII, que abolió la Ley Sálica, se produce una división entre la hija y hermano respectivamente del fallecido monarca. Los carlistas apoyaban los derechos al trono del príncipe Carlos, partidario de mantener el régimen absolutista y los fueros, mientras los isabelinos defendían un régimen liberal y la legitimidad de la hija de Fernando VII. Comienza así la Primera Guerra Carlista, que fue una guerra civil desarrollada en España entre 1833 y 1840.
En este contexto existen tres teorías principales para establecer las raíces de esta celebración que seguramente adoptó parte de todas ellas.

•Desarme de voluntarios realistas en 1833
El 1 de noviembre de 1833, los liberales desarmaron a los voluntarios realistas en la plazuela del Real Castillo (Fortaleza de Oviedo sobre la que se construyó la antigua Cárcel Correccional de Oviedo), después de haberles servido un rancho, por lo que, para comer desembarazadamente, dejaron las armas en pabellón, que les fueron retiradas.

•Batallones carlistas en Llanera en 1856
El 6 de julio de 1856 varios batallones carlistas establecidos en Lugo de Llanera esperaban órdenes para caer sobre Oviedo. Lo formaban milicianos de Oviedo, Avilés, Gijón, Proaza, Pola de Siero, Noreña y Mieres. Los vecinos, defensores liberales, no ofrecieron resistencia. Planearon preparar un rancho abundante de garbanzos con espinacas y bacalao, sumado a enormes cacerolas de callos, todo ello con abundante vino de acompañamiento. Los batallones ante tal banquete poco habitual disfrutaron de una profunda siesta, momento en que los vecinos aprovecharon para requisarles el armamento. Coincide este testimonio en el menú de lo que más tarde se llamó «desarme» aunque no su fecha.

•Batalla de Oviedo el 19 de octubre de 1836
La ciudad de Oviedo se declaró partidaria de Isabel II, mientras la Iglesia estaba más próxima al carlismo. Se repartieron armas a grupos de ciudadanos reclutados para mantener el orden ante posibles brotes o ataques carlistas, eran las llamadas milicias nacionales. El 19 de octubre de 1836, la columna del carlista Sanz (Pablo Sanz y Baeza) entra en Oviedo. Fueron unos fuertes enfrentamientos con fusil y bayoneta que llegó hasta la calle Magdalena ocasionando la muerte, en distintos puntos de la ciudad, de renombrados defensores comandados por el coronel Pardiñas. La batalla causó las muertes de los nacionales Antonio Canella, capitán de granaderos; Pedro Aguirre, gastador; Miguel Grana, granadero, y Francisco Quiñones, nacional de caballería. Pese a ello, la resistencia triunfó, haciendo olvidar a Pardiñas su derrota al mando de una columna en el puente de Soto del Rey. Se escribió en el escudo de Oviedo el título de Benemérita. Los soldados fueron agasajados con una copiosa comida, que con el tiempo conmemoraría la victoria de las tropas isabelinas sobre las columnas del general Sanz durante la guerra Carlista. Este hecho coincide en la fecha pero no en el menú de la celebración.

Desde hace más de un siglo se celebra tradicionalmente en Oviedo el día 19 de octubre el Desarme. Invariablemente el menú está formado por garbanzos con bacalao y espinacas, callos y arroz con leche. Exalta las generosidades otoñales de los productos del campo y mar asturiano. Los restauradores ovetenses ofrecen ese día más de 20.000 menús en todos sus establecimientos uniendo tradición e historia en torno a la buena mesa ante la que se convocan grupos de familias, amigos, compañeros de trabajo y visitantes en los distintos restaurantes para degustar tal suculento menú.

Fuente. Wikipedia

martes, 13 de septiembre de 2011

LA ALBORADA CANDASINA


La gente duerme, pero un nuevo amanecer se abre en la mañana del Cristo por la mar y el cielo. Un nuevo amanecer, una Alborada Marinera, suave al principio, morada y rosa, pintando el aire hasta dorar con él la Furada, el monte de las hogueras en los remotos días de galerna, San Antonio balcón del oleaje, bosque y brazo de piedra vigilante, y las arenas de canela de nuestras playas; toda la costa con sus blancas casas y sus verdes alamedas.La línea pura del horizonte trae recuerdos antiguos de traineras, de boniteros, de mujeres y hombres candasinos cuyos ecos queremos escuchar en este amanecer del Cristo. Y recordar, con nuestra presencia, nuestros cantos y oraciones sus nombres ya casi olvidados. En cada nueva alborada, bajo el soplo de la amanecida, la voz de la mar, antigua morada nuestra, nos llega profunda, honda, calida, como la voz de una madre, al corazón.Y la Marinera que Antón (ya cien años) regaló a este pueblo. La Marinera en la misma orilla, mirando, clamando a la lejanía desde su bronce de carne y sangre, es carne y sangre nuestra, estremecida, rota y amada.La gente duerme, pero Candás siempre, ¡¡siempre! entonará en cada Alborada del Cristo un canto evocador, dulce, entrañable y marinero que le recuerde, y no olvide nunca, que la mar fue lo primero.
Texto de J.M.G.
Fuente visitada.ayto-carreno.es

ALGUNAS VÍRGENES ASTURIANAS


La Virgen del Carmen, es una de las más representativas, no solamente en Asturias, sino en toda España. La virgen del Carmen se festeja en Cangas de Narcea, con procesión desde la capilla de Ambas Aguas, hasta la colegiata de Santa María Magdalena, consumiendo una gran traca de cohetes, tras realizar una misa solemne; por la tarde, se procedía con el recorrido a la inversa, atravesando la cabalgata, el puente romano que cuando se encuentra en su centro, comienza la descarga, denominada así la manifestación organizada con potentes voladores y bombas detonantes.

En la villa gijonesa, en 1.605, se construyó una capilla, en la esquina del Carmen, con Álvarez Garaya, transferidos la talla de la Virgen del Carmen, a la próxima iglesia de San José, cien metros hacia el oeste. Fue edificada por canteros montañeses, de la escuela del arquitecto Herrera, que trabajaban en la ciudad, en un terreno atestado de prados y árboles frutales (la totalidad de la acera de Álvarez Garaya era una finca dedicada al cultivo de “figos”) y que posteriormente en torno a la ermita dedicada a la Virgen del Carmen, se edificó un popular barrio, que ostentó el nombre del Carmen, meollo del casco urbano.

En el concejo de Piloña, en la población de Ques, a la salida de Infiesto, en dirección a Campo de Caso, existía una capilla desde 1.534, ubicada en el interior de una gruta, dedicada a la Virgen de la Cueva, con una talla policromada, del siglo XVII, de 45cm. De altura, con corona de plata; en el año 1.706, se rehace la ermita, evocando a la Virgen del Carmen, decayendo el auge del sagrado lugar y en el siglo XIX, se permuta con la exaltación de San José, conteniendo las imágenes de Santa Lucía y Santa Apolonia, adjuntando un hospitalillo adosado con cuatro habitaciones. En 1.923, se realizan nuevas obras, pero durante la guerra civil, se instala en la oquedad una fábrica de pólvora, siendo la festividad el ocho de septiembre, precedida de una novena; el domingo anterior al 15 de octubre – Festival de la avellana – en el tiempo de Santa Teresa, se realiza un ofrecimiento de las primicias del fruto del avellano, con gran raigambre en la región.

La villa gijonesa, plaza fuerte, populosa, protegida, fuera del alcance de los bandidos y asaltantes, población ubicada en la ruta costera del camino a Santiago, poseía una malatería (Ruedes), un hospital (Cimadevilla) y un largo número de capillas dedicadas a la Virgen. Emplazada sobre un campamento romano en La Venta de Veranes, parroquia de Cenero, donde se ubicaba la considerada primera basílica de Asturias, datando del siglo VII, anterior a la invasión de los árabes.
En Cimadevilla (Gijón), situada ante la casa natal del insigne Jovellanos, a la que pertenece y un restaurante donde se emplazaba el hospital de “Los Corraxos” – así denominados los peregrinos que transitaban por la villa – existe una pequeña capilla, dedicada, como en Carreño, Teverga, Piloña, Nava y tantas otras poblaciones, a la Virgen de los Remedios, derruida en 1.598, reedificada unos años después por el ayuntamiento, restaurada en dos ocasiones más y actualmente en muy buenas condiciones. Su festividad, se conmemora en septiembre, lo mismo que la muy cercana de la Soledad, sede del gremio de mareantes, duplicado español de la Dolorosa, devoción predilecta de la gente marinera del Barrio Alto, edificada en el siglo XVIII, accesibles ambas a los fieles, durante muy pocos días al año.

En el concejo de Carreño, está la parroquia de San Esteban de Guimarán, en la falda del monte Areo, se santifica a la patrona de Carreño. A seis km. De Candás.

En el concejo de Valdés, se consideran dos Vírgenes, la Virgen de la Riégala, patrona del concejo, santa protectora de Cadavedo, más conocida con el nombre de la Regalina. En el santuario donde está emplazada, se denomina la Garita, la fiesta, el último domingo de agosto, con ofrendas de flores y carros del país engalanados. En San Martín de Luiña (Cudillero) y en la localidad de Lamuño, se encuentra la Virgen de la China, tallada en marfil, de 34 cm. De altura, con rasgos orientales. Según la epopeya, fue encontrada junto con un Cristo, también de marfil, flotando dentro de un arcón cercano a la Concha de Artedo.

La festividad mayor del concejo de Pola de Laviana, se celebra el 15 de agosto, en honor de la Virgen del Otero, patrona de la parroquia de Santa María de Laviana. La historia nos ha testado el pleito sustentado entre los vecinos pudientes y los modestos para la edificación de una iglesia, en el centro de la villa o en un cerro que dominaba la población, denominado Otero. Construida en 1.680, fue templo parroquial hasta principios del siglo XX; la talla de la misma fecha está vestida al estilo asturiano, el día anterior a la solemnidad, se organiza una procesión al oscurecer desde la capilla hasta la iglesia titular donde permanece hasta el domingo siguiente cuando retorna al santuario.

Fuente visitada.
Mitología, Medicina y Devoción popular Asturiana. (Toño)

domingo, 11 de septiembre de 2011

LA MÚSICA DE SAN ISIDORO-OVIEDO


La iglesia formaba parte en su fundación del desaparecido colegio de la orden de los Jesuítas de San Matías. Fundado por orden de Magdalena de Ulloa, viuda de Luis Méndez Quixada, en 1576 su construcción se finalizó en 1587.
El colegio fue demolido en 1873 para la construcción del mercado del Fontán anexo a la iglesia quedando de esta forma la iglesia como único testigo del anterior complejo.
El 2 de junio de 1645 el arzobispo de Granada que anteriormente había sido obispo de Oviedo, Martín Carrillo Alderete que se encuentra enterrado en la iglesia, suscribe el documento de fundación del Colegio de San Matías.
El complejo se construyó durante el siglo XVII siendo entre los años 1646 y 1681 la época de mayor trabajo. En 1681 las obras son concluidas siendo inaugurada la iglesia.
Los trabajos de construcción de la iglesia fueron dirigidos por varios arquitectos de los que se puede destacar al arquitecto avilesino Francisco Menéndez Camina.
La iglesia posee nave única con planta en cruz latina y única torre exterior si bien en el proyecto inicial eran dos.
Es monumento Histórico Artístico

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11/09/2011 00:00 / Nacho G. Pandavenes Oviedo
Oviedo es una ciudad de tesoros escondidos. Una urbe con ese toque provinciano que hace de lo viejo algo malo y lo relega a esquinas oscuras donde no moleste. Ese mismo defecto se transforma en virtud cuando reaparece el recluido, lo que ocurre más veces de lo que se piensa en la capital asturiana cuando se trata de arte sacro. Eso es lo que ha pasado en San Isidoro.
El altillo de la céntrica iglesia ocultaba un órgano mohoso escondido bajo capas de titanlux marrón, un trasto inútil que a nadie importaba. Pero al rascar había algo más. La pastosa pintura ocultaba un mueble del siglo XVII, el segundo más antiguo de Asturias tras el de Puerto de Vega, con un órgano romántico mecánico en su interior, único en el Principado. Hoy, esa pieza se está intentando sacar a la luz. Hace nueve meses que se trabaja en su reparación y la vuelta del aire a sus tubos es sólo cuestión de tiempo.
“Estamos hablando de una joya”, explica su restaurador, Jorge Méndez, que ha tenido mucho trabajo desde que se encontró el instrumento casi caído a un lado, con decenas de manos de pintura e incluso con molduras de madera y escayola cubriendo su aspecto original.
La pieza apenas aparece referenciada en archivo alguno, pero tras investigar un poco, averiguaron que el órgano era el original de la catedral de Oviedo y que se trasladó a San Isidoro en el XVIII, cuando se adquirieron otros dos más pomposos y de mayor tamaño, más acordes con el primer templo de Asturias. La pequeña pieza barroca se llevó a San Isidoro y allí se guardó. Durante años, sus casi mil tubos hicieron vibrar las paredes pétreas de la iglesia fundiéndose con la mágica luz que la hizo famosa en su día, pues otro de los secretos de San Isidoro es que los rayos de sol inciden en el retablo a determinadas horas del día resaltando las figuras principales, como la del cáliz con la sagrada forma que reluce al medio día.
Una vez metidos en faena, los investigadores, como José Luis Felgueroso, uno de los mayores expertos en historia de Oviedo, el párroco de San Isidoro, José Luis Alonso Tuñón, o el propio Méndez, en calidad de restaurador y de organista, descubrieron historias ligadas al órgano más allá de su traslado desde la catedral. Una de esas anécdotas habla de uno de los últimos organistas, un oficial del cuartel de El Milán que en los años 40 obligaba a los soldados a acompañarlo a misa en calidad de folladores. Su misión era mover el fuelle que hacía que el órgano sonara, dos pedales de madera de factura imposible que cuelgan de un lateral del mueble y cuyo tacto es agotador. Hoy ya tiene instalado un motor que envía aire a los tubos. Otra historia habla de su constructor, un artesano de Pravia llamado Forcinas, supuestamente por proceder de dicha localidad, lo que convertiría él instrumento en una obra netamente asturiana.
Después de minuciosos trabajos espátula en mano, Méndez espera poder tener listo el órgano en pocos días y llenar de nuevo la iglesia con el aire de sus tubos. “Estas piezas, cuanto más antiguas son, mejor suenan. Este es una obra de arte por su sonido y por la policromía del mueble barroco”, asegura orgulloso.

Fuentes visitadas.
Wikipedia.
lavozdeasturias.es

viernes, 9 de septiembre de 2011

EL TRANVÍA DE GIJÓN-LA LÍNEA DE SOMIÓ


Esta línea estuvo marcada, desde sus orígenes, por una acusada estacionalidad, de suerte que los meses de julio, agosto y setiembre eran siempre los de más tráfico. Estacionalidad disimétrica en relación al resto de los meses del año, porque en tanto que desde la primavera al verano el aumento de movimiento se iba haciendo gradual, la llegada del equinoccio de otoño traía consigo una mengua radical del movimiento. El acortamiento sensible del número de horas de luz, y lo desapacible del tiempo, disuadían de la utilización de la línea, salvo a los residentes en Somió. En 1.930, el año de más tráfico, la diferencia entre el mes de menos movimiento, diciembre, y el de más agosto, fue de casi 200.000 billetes. Por otra parte, entre setiembre y octubre hubo una diferencia de 55.000 billetes a favor del primero, en tanto que esa diferencia fue de sólo 18.000 entre junio y julio.

La estacionalidad de la línea había sido provocada desde sus orígenes, y desde luego se siguió reforzando tiempo después. Se ha indicado ya que la primera parte de esta línea se ejecutó en 1.890 en relación con la promoción de un espacio de ocio, formado por los Campos Elíseos y la plaza de toros, en un momento que el tranvía era todavía un lujo para porcentajes masivos de la población.
Prolongada la línea hasta Villamanín, se siguió propiciando la existencia de lugares de parada que justificasen la realización del viaje para sectores numerosos de población que desde luego no tenían en Somió su residencia; o se potenció los ya existentes, como había ocurrido en 1.899 con la celebración de la Exposición Regional en los Campos Elíseos, o como ocurriría entre 1.924 y 1.930 con la ejecución de las Ferias Regionales de Muestras en el mismo recinto. Con todo, a la Compañía de Tranvías le interesaba más desplazar al usuario hasta el final de la línea, con el objeto de percibir la tarifa más alta.
Razón por la que, llegado el estío, anunciaba a bombo y platillo en las plataformas de sus coches la celebración de las benéficas giras de Paz y Caridad en los jardines de la quinta de Peláez, posesión de 2,49 has. situada muy cerca del final del trayecto, flanqueada por el camino de Villamanín a la iglesia parroquial de Somió y por la carretera del Piles al Infanzón,entonces camino vecinal.
Esta quinta había sido comprada en 1.867 al marqués de la Ribera del Tajuña por un indiano originario de Cangas de Onís, Ramón Pelaéz Parres, cuya familia, desde la primera década de siglo y dos veces al año abría graciosamente las puertas de su posesión en pro de los dolientes y para público solaz, siguiendo acaso los benéficos usos y costumbres de la aristocracia británica.

lo cierto es que la institucionalización de estas giras, que reunían a lo más y menos granado del veraneo local, acabó desembocando en 1.926 en el arrendamiento de gran parte de la finca para dedicarla a merendero, siendo bautizado con el nombre de Somió Park. Se abría el establecimiento el domingo de Resurrección y se clausuraba en la fiesta del Rosario, que en Somió se celebraba el segundo domingo de octubre; de suerte que entre el equinoccio de primavera y el de otoño, por el precio de una peseta los caballeros y gratís las señoras y los niños, el pueblo de Gijón podía disfrutar de un hermoso parque inglés que, faltando en la ciudad, estaba emplazado sin embargo al final de la línea del tranvía.

En Somió Park se siguieron celebrando hasta la guerra civil las giras de Paz y Caridad, amén de otras celebraciones y festejos, como la verbena del Carmen, que eran reclamo de numerosa y variopinta clientela.
Esta finca, parcelada no hace mucho, marcaba así la vida cotidiana de la población durante el verano, y se convirtió en el motor del tráfico mayoritario de la línea de Somió. Pués el restante, como se ha indicado, era un movimiento de residentes, que fue creciendo con cuentagotas a medida que aumentaba el número de quintas y chalets construidos en las inmediaciones de la línea del tranvía.

Fuente visitada.
LOS TRANVÍAS DE GIJÓN- (Ramón María Alvargonzález)

jueves, 8 de septiembre de 2011

DECADENCIA DEL TRANVÍA DE GIJÓN


En 1947 D. José Luis Alvargonzález cedió a los deseos de un grupo de accionistas y creó un servicio de autobús paralelo a los tranvías entre Gijón y Somió por el puente del Piles, servicio que puede considerarse como la primera línea regular de autobuses de Gijón. La línea de autobuses estuvo funcionando entre el 1 de junio y el 30 de septiembre, produciendo un déficit de 48.459,73 pts.
En sus intentos de desplazar el tranvía de las calles más céntricas de Gijón, el Ayuntamiento llegó a un acuerdo con la Cia. por el cual ésta se comprometía a levantar sus vías de las calles de los Moros y Corrida, para rectificar el trazado que iría de la calle Jovellanos hasta la plaza del Marqués a lo largo de la calle del Instituto, a cambio de la prórroga de las concesiones de La Guía y Somió hasta 1955. A este acuerdo se opusieron desde un principio los comerciantes de las calles Munuza, Corrida y Jovellanos.

Como la intención del Ayuntamiento siempre fue la de eliminar los tranvías, en 1948 elaboró un anteproyecto de bases para la ordenación tranviaria con la Compañía de Tranvías. En él se recogía que en un principio se debía continuar la explotación con tranvías de las líneas ya existentes, al tiempo que se crearían nuevas líneas para ser explotadas por trolebuses o autobuses. En una segunda fase, se procuraría sustituir paulatinamente los tranvías por los vehículos elegidos. Este anteproyecto tampoco pasó del papel.
En 1949 se produjo el primer descenso de viajeros desde 1938. Ante esta coyuntura, la Cia. solicitó autorización para elevar el precio del billete.
El 1 de junio de 1950 se autoriza a la Cia. el aumento de las tarifas, lo que ayudó un tanto a la maltrecha economía tranviaria.

DECADENCIA Y CIERRE DE LAS LINEAS 1951-1964

La última subida de tarifas pronto se reveló insuficiente. El 18 de julio de 1951 se aprobó una reglamentación laboral que absorbió en su totalidad el aumento de recaudación originado por la elevación del precio de los billetes. Se hacía necesario, pues, una nueva subida, que se llevó a cabo el 1 de febrero de 1952, produciendo un aumento en la recaudación de un 18% con respecto al año anterior. Sin embargo, la afluencia de viajeros comenzó a descender en el mes de abril y continuó con la misma tónica hasta fin de año.

Idéntico panorama se registró en 1953, lo que unido al continuo aumento de gastos puso la situación un tanto delicada.
En ese año, el Ayuntamiento puso en circulación 3 autobuses por el interior de la ciudad que, en contra de lo que en un principio pudiera parecer, no quitaban viajeros a los tranvías, sino que los complementaban sirviendo aquellos puntos a los que la red tranviaria no llegaba, e incluso les acercaban viajeros de lugares apartados. El Ayuntamiento no se atrevía a entrar todavía en competencia directa con los tranvías. Aprovechando esta circunstancia, la Compañía de Tranvías aplaudió la iniciativa municipal de ocuparse del transporte público, al tiempo que solicitaba que tal servicio no permaneciese indefinidamente en manos privadas. Evidentemente, la situación se tomaba cada vez más difícil y la salida que aquélla veía como más favorable para todos era la municipalización del servicio de tranvías. El Ayuntamiento hizo, de nuevo, oídos sordos a tal propuesta.

En 1955 se registró un ligero aumento de los ingresos, destacando que el día de mayor afluencia de público, el 15 de agosto, se transportaron 72.000 personas. No obstante, la Cia. no se llamaba a engaños. En la memoria correspondiente al año 1955 se volvió a hacer hincapié en la necesidad de rescatar las explotaciones tranviarias de manos privadas y convertirlas en municipales al objeto de conseguir una red de transporte urbano moderna y eficaz.
El Ayuntamiento, mientras, seguía con su intención de desmantelar la red. El 29 de septiembre de 1956 se creó la comisión para tramitar la solicitud del Ayuntamiento para subrogarse en los derechos del Estado en las concesiones de líneas de tranvías.
Durante los años 1957 y 1958 se diversas circunstancias condujeron a la disminución del movimiento de viajeros en la línea de Somió. Por este motivo la Compañía decidió solicitar a la Dirección General correspondiente la reversión de dicha línea por estar caducada ya hacía algunos años.
El descenso del número de viajeros se vería agravado por la aparición de otros medios de transporte, empeorando aún más la situación, cuando se tuvo que proceder a un nuevo aumento de tarifas para compensar los aumentos salariales. Como consecuencia de esta calamitosa situación, la Comisión Municipal Permanente designó una comisión especial de transportes que el 2 de julio de 1960 elaboró un informe sobre la reversión de los tranvías.

Sentadas ya las bases para la desaparición de los tranvías, parecía que su fin era ya inminente. No sería así. A pesar del acuerdo aprobado, el Ayuntamiento se desentendió totalmente de la Compañía de Tranvías, y en un pleno municipal convocado con 5 horas de antelación se decidió sustituir las líneas de tranvías de Gijón a Somió y Gijón al Natahoyo por autobuses, dejando a los tranvías prestando el servicio en las líneas del Llano y Natahoyo a Musel.

El cierre de las líneas citadas tuvo lugar el 25 de agosto de ese año inaugurándose al día siguiente las líneas de autobuses. Este servicio fue contratado con la empresa ovetense TRAVAL y según los cálculos previos, del propio Ayuntamiento, estas líneas de autobuses partían ya con un déficit de 50.000 pts por vehículo. Como se ve, una sustitución muy beneficiosa para el erario público gijonés.
La gran visión de los responsables municipales al suprimir los tranvías entre Gijón y El Natahoyo quedó patente el 2 de agosto de 1961 cuando la Compañía de Tranvías se vio obligada a reanudar el servicio en la línea citada, sustituyendo a los autobuses. Los viejos tranvías seguían ganando batallas ya moribundos.
No obstante, la situación económica de la compañía, con un coeficiente de explotación en ese año del 141% era ya desesperada. Debido a tal circunstancia, comenzó a tramitar la reversión de las líneas del Musel y del Llano.

Si bien en 1962 la recaudación experimentó un ligero aumento, en el año siguiente el déficit alcanzó las 902.870,30 pts. Ante lo insostenible de la situación la Compañía de Tranvías arrojó definitivamente la toalla y, tras llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento, el 10 de mayo de 1964 circularon por última vez los tranvías por las calles gijonesas.
Ni una noticia en la prensa, ni la más humilde de las despedidas acompañaron a los entrañables coches en su postrera singladura. Sencillamente, el día 11 de mayo no salieron de sus cocheras. Triste pago el que Gijón daba a quienes durante 75 años habían transportado a sus habitantes y forasteros hacía sus trabajos y sus diversiones y habían llevado la prosperidad a numerosas zonas de la ciudad.

Fuente visitada.
telecable.es