sábado, 20 de octubre de 2012

LOS MERCADOS Y LOS MONTEREROS DE POLA DE SIERO


Entre el número de mercaderes que asistían a los mercados y ferias no faltaban jamás nuestros montereros. Y los de Pola de Siero ostentaban con orgullo bien justificado las prendas mejor confeccionadas. Así que no sólo abarcaban todo el comercio de su especialidad, sino que no tenían competencia, dadas las confecciones y buenos paños utilizados.

El día de mercado, bien de mañana, los sastres monteros con sus fardos y tinglados acotan el lugar desde donde ofrecerán su mercancía.

Tiendas del aire, a los cuatro vientos, con sus lienzos tensados por techumbres. Tableros sobre caballetes, su mostrador. Algún que otro calzón y chamarra colgados de sogas. Y lo más característico: ("el arrudu"), que, como señal para todo posible comprador, es reclamo cierto de que en aquel puesto hay "xastres y montereros".

El "arrudu" es un palo grueso, hincado en tierra como de dos varas de alto, que en su parte superior tiene unos palichuelos a manera de percha, en los que cuelgan las monteras.

Su cometido no es otro que para mostrárselas al cliente y escoja.

El presunto comprador se acerca. Toma una montera, la mira y remira. La prueba. Hace visajes con la cara indicando desaprobación o contento. Pregunta el precio. regatea siempre porque jamás le parece barata la oferta. Se aleja sin comprar. le llama el monterero a grandes voces con una nueva oferta de precio rebajado. Discuten la cantidad largo tiempo. y, por fin, llegan a un acuerdo que consumará la compraventa.

Siempre ha sido así. Entre voces y pregones. Entre el barullo de la más abigarrada concurrencia. Entre el olor del estiércol fresco del ganado puesto en venta. Entre mendigos pedigüeños que muestran sus miserias y deformidades. Entre charlatanes embaucadores que ofrecen ungüentos y pócimas. Entre corrillos murmuradores y mentideros. Y entre este mundo, los sastres de la Pola de Siero van granjeando, uno a uno, el real de vellón con los que dar de comer a sus hijos. Por eso se les halla en todos y cada uno de los mercados y ferias de Asturias. Y son los que más venden entre los de su gremio, porque se añade a su buena tijera el conocimiento de los gustos de los lugareños.
Saben estos alfayates los colores preferidos de todos y cada uno de los mercados del Principado.

Allá ofrecen monteras azules. Más allá negras. Acullá pardas. aquí con adornos. Y siempre introduciendo, alguna que otra moda, muy sobriamente, para obligar a la vanidad de muchos a nueva compra.

Estos maestros montereros tienen cada uno su propio taller. Algunos lonja, otros tienda. Muchos tienen oficiales que cosen sin darse punto de reposo. Los aprendices realizan las labores más simples, pero siempre con los ojos puestos en el oficial que asisten como éste al maestro.

Y si no son los maestros los que con su carga se desplazan por ferias y mercados ofreciendo las mercaderías, son los criados los que, portando su bagaje, abren tienda por los pueblos. Mas no son buhoneros de condición vil, sino asturianos de condición hidalga, unidos en gremios. Unos hacen los cortes, otros confeccionan, éstos tejen cordoncillos, aquéllos van haciendo botones de hilo y otras minucias. Son los hombres de la aguja y el hilo. Son buena gente con mala fama popular.

Fuente visitada. Indumentaria Popular en Asturias.- Luis Argüelles.

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