martes, 30 de octubre de 2012

LOS ZAPATEROS DE NOREÑA


Nuestros campesinos usaban botas o zapatos como calzado de lujo, ya que para las faenas diarias hacían uso de madreñas o coricies.

Las botas o zapatos habían de durar largo tiempo, pues a la economía no le era permitido despilfarros inútiles. Así, unas botas en uso de 3 o 4 años de antigüedad no era cosa rara, dado que su uso se limitaba a días de fiesta de precepto, ferias y mercados, bodas y romerías o en alguna ocasión solemne.

Puede asegurarse que la mayor producción de calzado se manufacturaba en Noreña, que inundaba los mercados del Principado, aun de León y Palencia, siendo los principales puntos de venta Noreña, Grado, Oviedo, Gijón y Avilés, en los que las mujeres ofrecían calzado casi siempre de su propio taller, colocados en ingentes montones, de donde el cliente entresacaba el par que le convenía y, una vez comprobada su justa medida, los adquiría despúes de interminables regateos.

de la industria noreñense dará idea la recesión registrada en la Real Instrucción de 1752 en la que se encuentran inscritas 211 personas dedicadas a la confección de calzado, de las que 66 eran maestros zapateros y curtidores, 5 tan sólo maestros zapateros, 107 oficiales y 33 aprendices o, por decirlo en su lengua, "motriles". Y no se crea que esta industria haya cesado años ha, antes al contrario, aun en 1903 eran manufacturados 150.000 pares, que suponen una producción de 3.000 semanales.

La confección del calzado se hacía en talleres familiares instalados en la propia vivienda, en donde sentados en "tayueles" alrededor del "mesu", fuerte, bajo y largo, repleto de útiles de trabajo, el padre de familia, como dueño del obrador, hacía de maestro cortador, la madre el cosido, los hijos de "motriles", cuando no de oficiales, sin perjuicio de algún hermano del matrimonio o pariente, conviviendo con la familia, ejerciese junto a ellos el oficio.
Estos talleres de zapatería trabajaban sin descanso, lo uno, por la gran demanda, y lo otro, por mor de acopiar una fortuna que hiciere posible la emancipación profesional de los hijos.

Curiosa es la costumbre, entre aquellos famosos zapateros de obra prima, de que muchachos pequeños, en horas libres de tareas escolares, sentadinos en una tayuela, leyeran la prensa, alguna historia o bien algún desocupado amigo convertía el obrador en mentidero, mientras los zapateros escuchaban atentamente, en silencio, sin dejar de trabajar; sistema este que, a la par de ofrecer entretenimiento, no distraía el trabajo. Por eso, aun hoy, cuando alguno hace que lean mientras trabaja, se dice de ellos:¿Como los zapateros de Noreña!

En un principio, el calzado no iba claveteado, sino estaquillado. Para este fin se manufacturaban estaquillas, casi siempre de cañavera, que confeccionaban a mano los "motriles. El estaquillar el calzado tenía una ventaja, frente al claveteado, de que las estaquillas con la humedad hinchaban y en el cuero quedaban remetidas con tal fuerza que formaban casi un sólido, haciendo imposible que fueran "escupidas" por el material cuando éste se resecaba,, mientras que los clavos, siempre dorados, de latón, se salían. Para evitar este inconveniente usáronse "chinches", clavillos de hierro, que remachaban, pero el óxido hacía "casa"y, destruyendo el material, arruinaba el calzado. Así se encuentran las tres épocas en que puede clasificarse la evolución de este calzado: Primera, estaquillado; segunda, claveteado, tercera, chincheteado.

Fuente visitada.
Indumentaria Popular en Asturias. Luis Argüelles.

2 comentarios:

  1. Yo creo que la costumbre de oír música mientras se trabaja puede venir de ahí.

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