jueves, 14 de octubre de 2010

LAS CUEVAS ASTURIANAS

Si se anima a venir a Asturias experimentará la sensación de montarse en una auténtica máquina del tiempo. Y es que referirse a la Prehistoria en esta zona del norte de España significa conocer pinturas y grabados de cuevas espectaculares. La visita que le recomendamos engloba 13 localidades del oriente asturiano donde los rastros del "hombre antiguo" son abundantes. No se lo pierda. Puede comenzar su viaje en Ribadesella, donde encontrará la Cueva de Tisto Bustillo, con un interior que le encantará: representaciones rupestres de los habitantes de la cueva entre el 25.000 y el 10.000 a. C. Cuando llegue, abra bien los ojos, porque estará ante uno de los santuarios del Paleolítico más importantes y bellos del occidente europeo. A través de un túnel diseñado para los visitantes.
observará pinturas y grabados de ciervos, caballos o figuras femeninas. ¿Se imagina tener ante sí las huellas de grupos de cazadores y recolectores del Paleolítico Superior?

Dentro de la misma red de cavernas puede visitar la Cuevona de Ardines, que alcanza 40 metros de altura. Vaya preparado, porque para acceder deberá subir 300 escalones. Y para los más curiosos, en un edificio situado junto a Tito Bustillo encontrará el Aula Didáctica de Prehistoria, donde le ofrecerán una visión de la Prehistoria asturiana con la ayuda de paneles gráficos y piezas arqueológicas.
A 2 kilómetros de Cangas de Onís hallará la Cueva del Buxu ¿Quiere conocer un asentamiento prehistórico para la caza de ciervos y rebecos? No se pierda esta cueva con su rara escultura de un ave tallada sobre el colmillo de un oso de las cavernas. En Cangas de Onís también encontrará el dolmen de Santa Cruz, un valioso monumento funerario.

Siga su viaje por Llanes, que también le depara una agradable sorpresa. Tras una marcha de 25 minutos, tendrá ante sí el Ídolo de Peña Tú, una representación pictórica de la Edad de Bronce. Se sorprenderá ante una figura de más de un metro que podría ser la idealización de un guerrero. Además, en su Aula Didáctica le explicarán cómo eran las sociedades prehistóricas.

¿Le apasiona la naturaleza? Entonces le encantará la Cueva del Pindal de Ribadedeva, situada en un espectacular entorno de acantilados sobre el mar Cantábrico y que cuenta con el Centro de Interpretación de San Emeterio. Un paisaje de ensueño para visitar esta cavidad con representaciones como un pez, algo extraño en el paleolítico.
¿Otra cuevas recomendable? La de La Loja, en Peñamellera Baja, donde realizará un viaje por las profundidades de la tierra para visitar luego en el exterior su Centro de Interpretación; y la de Llonín, en Peñamellera Alta y con más de 100 grabados.

Una vez haya conocido la riqueza rupestre del oeste asturiano, le recomendamos una visita ineludible: las cuevas de La Lluera en San Juan de Priorio (Oviedo) que se abren por primera vez al público para su disfrute. Cuando llegue a ellas podrá admirar el más completo santuario exterior de arte paleolítico de Europa. No pierda detalle de las representaciones de uros, ciervas y caballos. Merece la pena.

Asturias sigue ampliando, dentro de su programa "Paraíso Rupestre", otros sitios sobre la riqueza prehistórica. Entre ellos estarán los Centros de Interpretación de la Cultura Castreña de Asturias, del Neanderthal, de los Bosques Antiguos, del Hábitat Rupestre, de la Fauna Glaciar, la Casa de los Pintores de las Cuevas o el campamento de los pescadores de la Prehistoria.

vm.spain.info/

miércoles, 13 de octubre de 2010

NUESTROS ANTEPASADOS

Ocupada por grupos humanos desde el Paleolítico Inferior, durante el superior Asturias se caracterizó por las pinturas rupestres del oriente de la Comunidad. En el Mesolítico se desarrolló una cultura original, el asturiense; a continuación se introdujo la Edad de Bronce, caracterizada por los megalitos y túmulos.
Durante la Edad de Hierro, con raíces en la tradición local del Bronce Final Atlántico, se desarrollaron un conjunto de comunidades que construirían y habitarían en castros. Estas poblaciones evolucionarían localmente durante todo el primer milenio antes de nuestra era, hasta la llegada de los romanos al Noroeste peninsular, que percibirían a dichas poblaciones como parte de una realidad étnica (los astures) que no correspondería con la realidad, ya que difícilmente esas comunidades mantendrían una conciencia clara de pertenencia a una estructura socio-política más allá de unidades locales, comarcales, estructuradas en unidades territoriales como valles o cuencas fluviales.

La conquista romana entre 29 y 19 a. C. hizo entrar a Asturias en la Historia. Durante este período romano destacan las labores mineras realizadas por el Estado Romano, con el oro del Occidente asturiano como centro del esquema territorial en época alto-imperial. La explotación minera de las riquezas auríferas decaería entre los siglos II-III d. C., en favor de las minas romanas de la región de la Dacia, conquistada para el Imperio entonces.
El otro esquema complementario de estos momentos serían las explotaciones agropecuarias de multitud de villas romanas como las de Veranes (Gijón) o Memorana (Lena), además del surgimiento de núcleos urbanos fortificados como Gijón.

Tras varios siglos sin presencia extranjera, los suevos y visigodos ocuparon el territorio durante el siglo VI, que terminaría a principios del siglo VIII con la invasión musulmana. El territorio, como había sucedido con Roma y Toledo, no fue fácil de someter, estableciéndose en 722 una independencia de facto como Reino de Asturias tras la victoria de Pelayo en la batalla de Covadonga a partir de entonces el pequeño reducto de nobles godos comienza a recuperar el territorio perdido ante la invasión musulmana del año 711, incorporando bajo su órbita el territorio que había pasado a ser tierra de nadie desde el río Eo hasta el Duero, creando durante este período un arte propio, el arte prerrománico asturiano que se extendió por sus dominios, hasta el sur de la actual Galicia.
En el siglo X el centro de poder se trasladó desde Oviedo a León, dando lugar al Reino de León. A partir de entonces el aislamiento propiciado por la Cordillera Cantábrica, el traslado de los centros de decisión del Reino y el movimiento de la frontera con los reinos de taifas de al-Ándalus hace que las referencias históricas sean escasas. Tras la rebelión del hijo de Enrique II de Trastámara, se establece el Principado de Asturias. Si hubo varios intentos de independencia, los más conocidos fueron el conde Gonzalo Peláez o la reina Urraca, que aún consiguiendo importantes victorias al final fueron derrotados por las tropas de Castilla.

En el siglo XVI el territorio alcanzó por primera vez los 100.000 habitantes, número que se duplicó con la llegada del maíz americano en el siglo siguiente.
El 8 de mayo de 1808, la Junta General del Principado de Asturias declara la guerra a Francia y se proclama soberana, creando ejército propio y enviando embajadores al extranjero, siendo el primer organismo oficial de España en dar ese paso. En ese momento se forman cuerpos militares propios como el Regimiento de Candás y Luanco. El 1 de enero de 1820, el oficial Rafael de Riego, oriundo de Tuña (Tineo), se subleva en Cádiz proclamando la Constitución de 1812.
A partir de 1830 comienza la explotación del carbón, iniciando la revolución industrial en la comunidad. Más tarde se establecería la industria siderúrgica y naval.
El 6 de octubre de 1934 comenzó un alzamiento revolucionario en la cuenca minera provocada porque los revolucionarios no admitieron la entrada de la CEDA en el gobierno, algo que entendían como un avance del fascismo en España. La Revolución de 1934 tuvo a Asturias por escenario principal.
Durante la revolución de 1934, protagonizada por los mineros de las Cuencas, Oviedo queda asolada en buena parte: resultan incendiados, entre otros edificios, el de la Universidad, cuya biblioteca guardaba fondos bibliográficos de extraordinario valor que no se pudieron recuperar, o el teatro Campoamor. La Cámara Santa en la Catedral, por su parte, fue dinamitada.

(Wikipedia)

martes, 12 de octubre de 2010

LA UNIVERSIDAD LABORAL - GIJÓN -


La Universidad Laboral de Gijón se encuentra situada en Gijón (Asturias, España), concretamente en la parroquia de Cabueñes, a poco más de tres kilómetros del centro urbano. Construida entre 1946 y 1956, es la obra arquitectónica más importante realizada en el siglo XX en Asturias y es considerada, con sus 270 000 m², el edificio más grande de España.
A mediados de los años cuarenta del siglo XX, como consecuencia de un grave accidente laboral en una mina de la cuenca del Caudal, el subsecretario del Ministerio de Trabajo, Carlos Pinilla Turiño, que acudía al funeral de las víctimas, se reunió en Gijón con un grupo de personalidades locales para impulsar la creación de un Orfanato Minero. Este pasó en efecto a ser constituido en escritura pública otorgada ante notario el día 6 de octubre de 1945 con el nombre de Fundación José Antonio Girón, en homenaje al entonces ministro de Trabajo.

El objetivo fundacional concreto fue el de formar a niños huérfanos de padres víctimas de accidentes laborales en la minería, para lo que se proyectó un edificio que pudiera atender a mil alumnos y que contara con las distintas dependencias requeridas para el desarrollo de la vida estudiantil, como residencia, escuela, talleres industriales, granja, instalaciones deportivas o campos de cultivo. El Ministerio de Trabajo encomendó a la Junta del Patronato de la Fundación la responsabilidad de llevar adelante la obra por Orden de 14 de junio de 1946. Para ello se adquirieron en la carretera de Gijón a Villaviciosa unos terrenos con una superficie de 1 544 572 m², de los que 381 551 m² lo fueron mediante el trámite de expropiación forzosa. Otra superficie complementaria, de 1 464 300 m², se adquirió para la Granja Lloreda, en El Infanzón.
Se encargó la construcción del complejo a un equipo de arquitectos dirigido por el madrileño Luis Moya Blanco y formado por él mismo, su hermano Ramiro Moya Blanco, el gijonés José Marcelino Díez Canteli y Pedro Rodríguez A. de la Puente. Los mejores técnicos de la época se ocuparon de las diferentes especialidades que la obra demandó. Así, los jardines fueron diseñados por Javier de Winthuyssen, Inspector Nacional de Parques y Jardines Artísticos; el proyecto de granja agronómica se encargó al ingeniero agrónomo Gabino Figar; las esculturas fueron realizadas por Manuel Álvarez Laviada y Florentino Trapero; y los mosaicos por Santiago Padrós, sobre trabajos del pintor sevillano Joaquín Valverde.
Durante el transcurso de las obras, el Ministerio de Trabajo decidió la creación de las Universidades Laborales, destinadas a la formación profesional de los jóvenes, por lo que el Orfelinato Minero acabó transformándose en la Universidad Laboral de Gijón. La enseñanza y dirección del centro se encomendó a la Compañía de Jesús, mientras que de la intendencia se encargó la Congregación Monjil de las Clarisas. En 1978 se entregó la dirección a personal docente de las Universidades Laborales, que sustituye a los jesuitas y, pocos años después, se rescindió también el convenio con las monjas.
En su momento fue el Instituto de educación secundaria más grande de España, con cabida para más de tres mil alumnos.
El edificio está construido de espaldas a la ciudad de Gijón. Luis Moya lo diseñó de este modo a imagen y semejanza del Partenón de Atenas y con la misma intención, que para acceder a su interior hubiera que rodearlo para apreciarlo en toda su magnificencia.

Iglesia

La Iglesia es sin duda el edificio más espectacular del conjunto arquitectónico de la Universidad Laboral. Con una superficie de 807 m², es la Iglesia de planta elíptica más grande del mundo. En el exterior, sobre el dintel de la puerta, está colocada una imagen de la Virgen de Covadonga en una hornacina central y, flanqueándola, cuatro columnas corintias sostienen las imágenes de San José, San Ignacio, San Pedro y San Pablo. Por encima, el Apostol Santiago a caballo y dos ángeles adorando una reproducción de la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias, obra del escultor Espinos realizada en bronce con incrustaciones de cristales, mármoles y piedras de color. También a ambos lados de la hornacina central, otras dieciséis estatuas representan a San Juan de la Cruz, San Juan Bosco, San Vicente Ferrer, San Melchor de Quirós, Santa Clara, San Juan de la Cruz, San Pedro de Alcántara, San Lorenzo, San Isidoro, Santa Teresa de Jesús,
, Santo Domingo de Guzmán, San Francisco, San José de Calasanz, Santa Eulalia, Fernando III el Santo, San Isidro y Santo Toribio de Liébana.
El interior se halla cubierto por una cúpula con un peso estimado de dos mil trescientas toneladas y montada sobre veinte pares de nervaduras de ladrillos cruzadas entre sí que sostienen la estructura sin necesidad de columnas. La altura desde el suelo hasta el arranque de los arcos de la cúpula es de veinticinco metros y de treinta y tres hasta el centro del óculo. Por éste debería entrar la luz del Sol e iluminar el centro de la Iglesia, aunque en la actualidad no es así debido a que la cúpula cedió ligeramente. En su construcción se utilizaron unos 450.000 ladrillos recocidos en León.
El suelo del templo es de mármol en su totalidad y los bancos, pensados para dar cabida al millar de alumnos de la institución y a sus profesores, son de embero, un tipo de madera de Guinea Ecuatorial. Fueron tallados expresamente para el edificio y cada uno de ellos, diferente de los demás, fue realizado en una sola pieza y destinado a ocupar una posición determinada. Las columnas del baldaquino, de granito rosa de Porriño, también son de una sola pieza, con una altura cada una de 7,75 m.

Teatro

El Teatro presenta una fachada de estilo helenístico y de dimensiones similares a las del Partenón. Coronando el frontón central se eleva un gran escudo de España, según el modelo de 1945. Su aforo es de unas mil quinientas localidades, repartidas entre las 950 butacas del patio, forradas con piel de cabra (no de camello como se creía hasta hace poco), los palcos y el anfiteatro. Fue el primer teatro totalmente climatizado de Europa, para lo cual contó con un revolucionario sistema subterráneo de distribución del aire. El frontis del escenario está decorado con un fresco de ciento veinte metros cuadrados realizado por el pintor andaluz Enrique Segura. La sala está dotada de una acústica extraordinaria gracias al estudio de las formas y materiales empleados para lograr la óptima propagación del sonido, de tal modo que un actor en el centro del escenario es escuchado claramente en cualquier punto del recinto.

Torre

Con una altura de 130,00 m1 , responde al modelo de la Giralda de Sevilla. Un ascensor interno permite acceder al mirador, sin duda la mejor atalaya de Gijón. Actualmente es el edificio más alto del Principado de Asturias.

lunes, 11 de octubre de 2010

¡¡ LIBERTAD !!


Juan Ochoa y Betancourt (Avilés, Asturias, 4 de noviembre de 1864 - Oviedo, 26 de abril de 1899) fue un escritor y crítico literario español, dentro del Realismo del siglo XIX.

Hijo de Fernando de Ochoa, que fue alcalde de Avilés, y la cubana María Cleofé de Betancourt, fue el último de cuatro hermanos. En Avilés vivió hasta los diez años, pues en 1874 se traslada a Oviedo con su familia. Cuando contaba quince perdió a su padre.

Cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Oviedo, pero nunca ejerció. En su lugar se dedicó a escribir en los periódicos, su verdadera pasión. En 1884, con veinte años, empezará a colaborar en periódicos locales: ”La Democracia Asturiana”, “El Carbayón”, “El Liberal Asturiano”, “La Sinceridad”, ”Revista de Asturias“ y “Ecos del Nalón”. Un año más tarde se ganará una sección propia en el periódico “La Libertad”, titulada “Parola”, donde escribe bajo el pseudónimo de Miquis. En “El Eco de Asturias” también tiene sección, “Habladurías”. Llega a colaborar en “El Atlántico”, periódico santanderino.

A la vez que escribe para la prensa, se dedica a la creación literaria. Hace amistad con Clarín, que le aconseja irse a Madrid en busca del triunfo.
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LIBERTAD
Sombra, sombra de hojas verdes, era lo que buscaban ambos en las horas de amor. ¡Cuánto
cantaron juntos aquella primavera! ¡Cuántas ternezas se dijeron los dos en la copa de un árbol agitado por la brisa!... Si ella, mirando al cielo, se arrobaba en su canción, oíala él atento, ladeando un poco la cabecita temblorosa; y cuando morían las últimas notas en el pico de su compañera, sacudíase las plumas, se erguía con gentileza para entonar también la trova del amor ardiente. ¡Jilguero de más inspiración y más fachenda! Era grande y tenía el plumaje limpio y hermoso. Había pasado en la vida sus aventuras serias y graves. Una mañana , cayó preso en liga; vió correr hacia él a cuatro chiquillos locos de gozo; hizo entonces un esfuerzo supremo, y escapó... Dejar dejó allí plumas, compró con sangre la libertad de sus alas; pero logró huir a la espesura, a los rincones, a los rincones sombríos de follage, al hogar de hojas de sus sueños... Aquel día voló mucho, bebió con ansia la dicha de ser libre, y a una araña que sorprendió acechando a una mosca, matola de un picotazo...
¡ A cuántos afanes les llevó el amor, a él y a su compañera! Gracias que esta, salió la pájara más hacendosa y sabihonda que se había visto. Estaba en todo. Hilos, briznas, tamo, cerdas, todo se lo colgaba del pico, y lo traía a "casa" para hacer el nido; y mientras su amante enmarañaba y tejía aquellos materiales, ella le contemplaba enamorada, charloteando en voz baja y dando también sus planes... Así elevaron a su amor un templo, y en él se unieron felices, escondidos en la fronda misteriosa, teniendo como regalo de bodas azul de cielo, rayos de sol, caricias de la brisa, música de hojas...
Tuvieron hijos; cuatro diablejos tragones, que todos se volvían boca en cuanto olían comida; había que cebarlos; había que salír y buscar alimentos. En esto se pasaban el día. El calor de sus plumas, el pan de sus bocas; todo era poco para aquellos golosos. ¡Que fatigas!
Cuando los pequeñuelos comenzaron a hechar pluma y alegraban el árbol con su charla, salieron un día los padres en busca de alimento. Volvieron al obscurecer... No hallaron en el árbol nido ni pájaros; no tubieron a quien cebar. Entonces comenzó el amor triste, el cantar llorando, la queja inmensa que se perdió en la soledad de la arboleda. Cuando cerró la noche, velaron juntos su dolor, sobre las ruinas del nido; no pegaron los ojos, y a la luz del alba de aquél día no la saludaron cantando...
El amor les guió. Volaron, volaron, buscando aquí y acullá. No se sabe quién les mostró el paradero de sus hijos..., pero dieron con ellos. En una casa, no muy lejos del bosque, había un balcón, de cuyas rejas pendía una jaula; allí estaban los cuatro tragones encerrados entre alambres, presos por un rapaz, un diablejo tirano, un saltabardales, que había dicho a un compañero de correrías:
- Ya verás como vienen los padres a cebarlos...
- Vendrán; pero hay que tener ojo; dicen que los jilgueros envenenan a sus hijos, cuando ven que es imposible libertarlos... - le replicó el otro tirano.
Si; los padres vinieron; llegaron angustiados; posáronse primero en las ramas de un árbol cercano a la casa para estudiar la situación, y, cuando se creyeron solos y seguros, lanzáronse como locos encima de la jaula, erizadas las plumas, los ojos ardiendo... El padre aferró el pico a una reja,, intentando arrancarla; la madre besaba a los hijuelos y extendía las alas como para abrazarlos y darles calor... ¡Malditas rejas!
Convencidos de su impotencia, instaláronse ambos en un árbol próximo a la cárcel; desde él veían a los cuatro tragones; desde él volaban todos los días a llevarles de comer, con lo cual el chiquillo tirano estaba satisfecho; crecían los pájaros que era un primor; de día en día, se les notaba crecer las plumas de las alas, ¡de unas alas que crecían aprisionadas!... Días y más días se pasaron padres e hijos contemplándose; aquellos en el árbol, estos en la cárcel...
Moría la primavera. Una mañana, ambos jilgueros partieron del árbol como saetas. Nadie los vio en todo el día; pero volvieron al ponerse el sol, y cebaron como siempre a los golosos; luego volaron a las ramas de su hogar, y en él pasaron la noche silenciosos, encogidos, inmóviles, hasta que apuntó la aurora. Tampoco aquél día la saludaron cantando...
Cuando ya el sol alegraba los campos, apareció en el balcón el chiquillo carcelero a visitar los presos. Estaban muertos, y velaban sus cadáveres, desde el árbol cercano, dos jilgueros, inmóviles, silenciosos, que parecían dos puntos negros.
Recordó entonces el niño lo que le había dicho su amigo. ¿Sería verdad lo del veneno?
Y miró a los dos pájaros. Estos, entonces, entonaron no sé qué himno de libertad sagrada o terrible protesta; revolotearon un momento contemplando los cadáveres de sus hijos, alejáronse luego, y el rapaz los vió perderse para siempre en el espacio azul. Iban cantando...

domingo, 10 de octubre de 2010

CAMÍN REAL DE LA MESA - TEVERGA.


La ruta discurre en su totalidad por un tramo de la antigua calzada romana o Camín Real de La Mesa. Esta vía fue utilizada por los romanos (algún autor sostiene que posiblemente fuese utilizada por algún pueblo anterior), para comunicar el centro de Asturias con la ciudad de Astorga (León). Los romanos, sutiles conocedores del terreno, para salvar la espectacular barrera montañosa, idearon un trazado de suave desnivel, enlazando los cordales montañosos a través de pasos naturales (los denominados puertos secos), desde los que se divisaban los profundos y peligrosos valles y evitando así las emboscadas y ataques de las tribus aborígenes. Este camino se puede enmarcar así en la llamada ruta de la plata. También fue utilizado por los árabes en sus incursiones y retiradas de Asturias durante la Reconquista. El trazado se siguió utilizando para el transporte de mercancías y viajeros hasta mediados del S. XIX.

RECORRIDO

En Torrestío, sin cruzar el río Forcada, tomamos un ancho camino que asciende a través del Valle de las Partidas hacia el Puerto de La Mesa (1782 m. de altitud). Aquí, divisoria entre Asturias y León, la panorámica es impresionante: a la izquierda Los Vígaros; a la espalda el macizo de Ubiña y por todas partes cumbres y laderas. De este lugar, por pastizales y ladeándonos a la derecha, descendemos hasta la Braña de La Mesa -antiguo emplazamiento de una venta y hoy poblado de cabañas con cubierta de teja, cabanas de teito (cabañas de piedra con cubierta vegetal) y corros (cabañas de planta circular con falsa bóveda de piedra)-. Continuamos por un camino bien marcado hasta llegar a El Muro (se cree que hubo una fortificación defensiva). Desde aquí se pueden contemplar el Valle de Saliencia, y gran parte de los concejos de Teverga, Proaza y Quirós. Seguimos caminando hasta alcanzar el Puerto de La Madalena, donde también existió una venta de la que hoy no queda nada, pero si podemos observar desde lo alto las cabanas de teito de las morteras de Endriga y Saliencia. Atravesamos una zona de pastizal y ascendemos ligeramente hasta alcanzar el camino que lleva una empalizada a la izquierda. En continuo ascenso, cruzaremos una zona de piornos hasta llegar al lugar denominado La Sedernia. Aquí, a escasos metros a la derecha del camino tenemos una fría y abundante fuente y muy cercana, como punto de referencia, una cabaña de guardas de caza. Estamos a los pies del Pico Peña Negra, desde cuya cumbre (1876 m.), si las condiciones climatológicas lo permiten, podemos divisar Oviedo. El camino continua en ligero descenso entre piornos, acebos y abedules. Muy cerca del camino encontramos la fuente del Abedul. El itinerario continúa con un tramo cómodo y llano para, después de un suave ascenso, llegar a la braña de La Corra, donde podemos contemplar más teitos. A partir de aquí iniciaremos una ascensión que nos conducirá al collado y pastizales del Xuego La Bola (1620 m. de altitud), que cruzamos por el centro, dejando a la izquierda una mole caliza denominada Pico del Michu. Desde este lugar nos dirigimos, en suave descenso, hasta la “veiga” y braña de Piedrajueves (topónimo que deriva de Petra Jovis) donde se cree que existió un ara votiva al dios Júpiter, asentado, quizás, sobre precedentes prerromanos, como pueden manifestar las catorce estructuras tumulares halladas por José Manuel González.
Cruzamos la zona de pastos hasta alcanzar el camino, dejando unas cabañas y la antigua venta a nuestra izquierda, que en descenso discurre por la ladera entre acebos, piornos, abedules y hayas, hasta llegar al Puerto de San Lorenzo, donde también existió una antigua venta y tomar la carretera que nos conducirá a San Martín de Teverga.

No hay hallazgos referentes a la Edad de Piedra. Hay tres vestigios correspondientes a la Edad del Bronce:
pinturas esquemáticas de los abrigosde Fresnedo; hacha de combate(piedra pulimentada hallada en el Puerto de Marabio) y varios túmulos funerarios ubicados, según José Manuel González, en diferentes puntos del concejo (Piedrajueves, Cueiro, Santa Cristina, Sobia) y próximos al Camino Real de La Mesa o a ramales secundarios que parten de éste, siendo posible plantear la hipótesis de que esas vías fueron auténticos ejes ordenadores del poblamiento, a través de los cuales iría colonizándose, poco a poco, todo el territorio. En cuanto a la Edad del Hierro decir que los vestigios correspondientes son algunos castros catalogados por el mismo autor en Castro (Valdesantibáñez), Barrio, Berrueño y La Focella (Valdesampedro).
A juzgar por los topónimos que subsisten se puede asegurar que el concejo estuvo dominado por los romanos a finales del S.I a.C. El vestigio que corrobora dicha dominación es el conocido como Calzada Romana, camino que cruza el territorio de Teverga de sur a norte por la franja más occidental (parte de Torrestío, provincia de León, sube al Puerto de La Mesa, sigue por el cordal del mismo nombre, entre Somiedo y Teverga, a través de La Magdalena, Juego de la Bola, Piedrajueves, San Lorenzo y Cueiro, para internarse en el concejo de Grado y seguir hasta Gijón). Esta vía, según Sánchez Albornoz, fue utilizada por los romanos, pero se cree que fue construida en época anterior y que éstos la mejoraron para su uso evitando, así, los desniveles y el peligro que suponía la utilización de caminos que discurrían por el fondo de estrechos valles ante las emboscadas de las tribus aborígenes. Este camino siguió siendo utilizado a hasta principios del S.XX como una importante vía de comunicación de la Meseta y la parte central de Asturias.
Hay constancia de que, en su huida, después de la batalla de Covadonga, los árabes salieron de Asturias por la calzada romana. Durante la Edad Media, es posible que el concejo padeciese la ocupación de los visigodos: en lugar cercano a Fresnedo, durante la construcción de una carretera, fue hallado un jarro hispanovisigodo (“El jarro hispanovisigodo de Alesga y...” atribuye a la presencia de refugiados godos que huían de la dominación musulmana.
Se sabe, también, que el año 860 existía el Monasterio de Santa María de Barrio. A partir del año 1092 el territorio tevergano es adjudicado en sucesivas etapas a la iglesia de San Salvador de Oviedo. Hay constancia documental de que durante la época medieval en el municipio había varios castillos y torres (Alesga, Monreal, Miranda, Orcechón...), así como monasterios (San Pedro de Teverga, San Juan de Santianes, Santa María de Villanueva, San Vicente de Presorias, San Cristóbal en Torce...). Hoy sólo existen restos del denominado castillo de Alesga en el término de San Salvador. Según Ana Fernández Suárez (“Teverga, un concejo de la montaña asturiana en la Edad Media”) desde el S .X hasta el S. XIII parece ser que había un poblamiento denso y uniforme en los tres valles y una temprana ocupación en las zonas altas, apareciendo perfectamente configuradas en el S. XI las poblaciones de Taja, Villanueva, Cuña y Páramo.
Entre los s. XV y XVIII se construyen en Teverga varias casas señoriales: Quiñones- Valcarce en Campiello, Tuñón en Prado, Miranda-Flórez en Villamayor, Cienfuegos en Cuña, Quirós en Prado, Cienfuegos en Taja, palacio de Valdecarzana en San Martín y Palacio de Agüera en Entrago. En todas ellas existe el escudo de la familia a la que pertenecían.
Durante la Edad Contemporánea decir que Teverga tuvo un papel importante en la lucha contra la invasión francesa estableciendo guerrillas en lugares estratégicos del municipio. Es de destacar también la participación en las guerras carlistas.
A mediados del S.XIX tiene lugar uno de los hechos que revoluciona el panoramaregional: las explotaciones mineras. La concesión minera más antigua en Teverga data del año 1876. Esto supone el cambio de las tradicionales costumbres campesinas por el laboreo de las minas. Para el transporte del mineral de los yacimientos de Teverga se construye, en 1902, el ferrocarril desde Entrago hasta Caranga para unirlo al que discurría desde Trubia hasta Quirós.

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sábado, 9 de octubre de 2010

HISTORIA DEL QUESO CASÍN


El llamado queso Casín, recibe su nombre de Caso, pero la artesanía quesera no espropia sólo de este municipio, sino también de Sobrescobio y Piloña, municipios situados al norte y oeste de Caso, hacia donde la geografía se suaviza permitiendo las comunicaciones de un lado con Sobrescobio, continuando con el valle del Nalón al que hoy se orienta, y de otro a través de la Collada de Arnicio por el antiguo Camino Real que expande los límites del municipio de Caso hacia las tierras bajas de Piloña.
La ganadería, base de la producción quesera, se presenta como la actividad económica fundamental de la zona. En este entorno, la vaca asturiana de la montaña o casina, originaria del lugar, muy eficaz en el aprovechamiento de los pastos de altura, raza rústica, de escaso porte, pero de excelente carne, adaptada perfectamente para el aprovechamiento de los pastos de montaña y que puede alcanzar alimento en parajes escarpados donde para otras razas es imposible, era antiguamente, la raza de mayor interés dado que desempeñaba las tres aptitudes (carne, leche, trabajo), importancia que hoy día ha quedado, en cierto modo relegada, orientándola principalmente a la producción de carne, aunque en la zona, aún se sigue aprovechando su leche como materia prima para la elaboración del queso Casín.

El origen del queso, se desconoce, pero se cree que es uno de los más antiguos de España y del mundo, no solo por las referencias documentales que lo sitúan en el siglo XIV sino por la inusual técnica de amasar la cuajada.
Enric Canut “En el país de los 100 quesos”, Barcelona 2000, sostiene que “el queso Casín, por su forma de elaboración y por los utensilios rústicos utilizados quizás sea uno de los más antiguos de España y forma parte de ese conjunto de quesos elaborados en la Cordillera Cantábrica que enraíza directamente con el Neolítico y con los primeros pobladores que arribaron a la espina dorsal de la Península”.

Según la leyenda, parece que al rey don Pelayo le gustaban los quesos y que sus huestes los llevaban como avituallamiento. Se cuenta que después de la batalla de Covadonga, en el año 713, los “casinos” (habitantes de Caso) le regalaron un queso tan grande que hubo de ser transportado en un carro del país, tirado por casinos. Tanto le agradó a don Pelayo este obsequio, que concedió nobleza a todos los habitantes de lugar.
Este queso puede ser de origen romano, pues según Plinio, el Caseus luniensis (forma de luna) puede llegar a pesar 500 kilogramos y este queso Casín, que ha llegado a nuestros días, se hace de una forma tan original, única en el mundo, que podría dársele el tamaño que se quisiera mediante refundido y amasado de los quesos en máquinas muy primitivas.
Los testimonios escritos de producción de queso en la zona se remontan al siglo XIV. En los arriendos de los mansos de San Salvador de Sobrescastiello y San Juan del Campo, por el convento de Nuestra Señora de la Vega, Oviedo, aparecen por vez primera citas del queso Casín: Siendo abadesa Dª. Gontrodo, en 1328 se arriendan los mansos de San Salvador de Sobrecastiello, por seis años en precio de 70 maravedís a pagar cada 1º de Septiembre, y “dolze quesos assaderos” a pagar en cada San Martín de noviembre.
Se encuentran testimonios sobre este queso, en los escritos de Jovellanos (Siglo XVIII), en el diccionario Geográfico de Madoz editado a principios del siglo XIX y en el “Curso de Agricultura Elemental” de Dionisio Martín Ayuso publicado a finales del siglo XIX.
En diversos libros aparecen las menciones del queso casín, desde el siglo XIX: En “Curso de Agricultura Elemental” de Dionisio Martín Ayuso (Madrid 1888) se dice: “Los quesos que alcanzan alguna nombradía en España, son el Cabrales y el de Caso en Asturias”.

Manuel Llorente Vázquez en su libro “E pluribus unum. Viajes, costumbres, tradiciones, descripciones cortesanas, fenómenos, mitología, historia…” (Madrid 1893) sostiene que “en los fértiles pastos de Ponga, se hace un queso excelente, conocido con el nombre de Caso, y muy parecido por su gusto al de Roquefort”. Ciertamente conoce el queso pero confunde el sabor con el de Cabrales.

“Asturias” de O. Bellmut y Fermin Canella- (Gijón 1900), se cita entre los quesos más famosos y que han traspasado los aledaños de Asturias al de Caso.

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LOS ASTURES


Los astures (asturi en Latín) fueron un antiguo pueblo que habitaba el noroeste de la península ibérica y cuyo territorio comprendía aproximadamente la comunidad autónoma de Asturias, las provincias de León y Zamora, la zona oriental de Lugo y Orense y parte del distrito portugués de Braganza.
Se considera que el origen y formación de esta cultura radica, entre otros aspectos, en la mezcla de una población autóctona, cuyo origen no está muy claro, con grupos de población llegados de la zona centroeuropea. No obstante, el conjunto de etnicidad de este grupo no parece nítido, y la mayoría de investigadores se inclinan a pensar en que la denominación astures sería solamente un convencionalismo empleado por los romanos a su llegada al Noroeste peninsular.

Sociedad-

Según los autores clásicos, la estructura familiar era matrilineal, donde la mujer heredaba y era la propietaria. Estrabón nos cuenta que entre los astures el hombre dotaba a la mujer, las hijas heredaban y eran las que daban esposa a sus hermanos. Hasta no hace mucho estos rasgos, considerados como manifestaciones de matriarcado, se han conservado en territorio astur, como la costumbre de la covada, que consistía en que la mujer daba a luz y seguía con sus labores diarias, mientras que el hombre se quedaba en cama al cuidado del recién nacido.


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"Todos los montañeses hacen una vida sencilla, bebiendo agua, durmiendo en el suelo y llevando el pelo largo como las mujeres... Toman sus comidas sentados, haciendo alrededor de la pared bancos de piedras. La comida se sirve en giro. Durante la bebida bailan en rueda acompañados por flauta y corneta o también haciendo saltos y genuflexiones... Todos llevan generalmente capas negras y duermen sobre pajas envueltos en ellas. Las mujeres llevan sayos y vestidos con adorno floral. Usan recipientes de madera, como los celtas..., despeñan a los condenados a muerte y a los parricidas los apedrean fuera de la ciudad o del confín... Ponen a los enfermos junto a los caminos, como hicieron los egipcios en el pasado, a fin de consultar a los viajeros que hubiesen padecido un mal parecido. Su sal es rojiza, pero machacada se vuelve blanca. Tal es la vida de los montañeses, es decir, como he dicho de los pueblos que ocupan el lado septentrional de Iberia: los Galaicos y Astures y Cántabros hasta los Vascones y el Pirineo. Ya que es idéntica la vida de todos ellos... El carácter inculto y salvaje de aquellos pueblos se explica no sólo por su vida guerrera, sino también por su situación apartada... También el territorio de algunos con su pobreza y sus montañas, debió aumentar tal falta de cultura. Nadie dirá que viven con aseo los que se lavan con orina, que se conserva podrida en tinajas y con ellas enjabonan los dientes ellos y sus mujeres, como se dice también de los Cántabros y sus vecinos. Esto y dormir en el suelo es propio tanto de los Íberos como de los Celtas".

(Estrabón. Geografía, 3, 3, 7 y 8.)

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Vestían con sayos ceñidos, siendo una costumbre general en todas las tribus cantábricas. Para elaborarlos usaban la lana negra de las ovejas xaldas, una raza autóctona. Las mujeres los decoraban con sustancias vegetales de gran colorido. Mientras, el calzado sería semejante a las actuales madreñas. Tenían un gran conocimiento del medio natural, empleando plantas medicinales. Usaban barcas de cuero cosidas donde tan sólo la quilla era de madera, semejantes a las utilizadas por lusitanos, irlandeses, bretones y sajones.

Economía-

Los astures basaban su subsistencia en la ganadería, con menor importancia de la agricultura que practicaban de forma no intensiva. Las tierras sembradas durante la época prerromana eran escasas. De estos sembrados obtenían cebada con la que fabricaban cerveza, así como especies primitivas de trigo (como la escanda) y lino. Debido a la escasez de su producción agrícola y a su fuerte carácter guerrero hacían frecuentes incursiones en tierras de los vacceos, los cuales tenían una agricultura muy desarrollada. Durante gran parte del año usaban el llande como su alimento fundamental, secándolo y triturándolo para hacer con su harina un pan que se conservaba durante mucho tiempo.
Existen evidencias dentro del territorio astur de contactos comerciales con las zonas atlánticas (ya desde antiguo) basadas en la explotación de recursos minerales. Esto favoreció la formación de élites guerreras que controlaban este comercio a gran escala. Sus aldeas eran autosuficientes, abasteciéndose de recursos agropecuarios y elaborando los productos manufacturados que puedieran necesitar.

Vivienda-

Inicialmente (siglo VII a. C.), los poblados estaban construidos por agrupaciones de viviendas hechas con materiales vegetales, para posteriormente (500-100 a. C.) aparecer casas circulares de piedra, murallas y defensas. Por último el hábitat se organiza en los castros, situados en lugares estratégicos, amurallados y con fosos.
Las cabañas eran de planta redonda (como en Campa Torres y el castro del Castiellu de Llagú) o elíptica sin ángulos (como en el Picu Castiellu de Moriyón), con techumbre vegetal que se sostenía sin columnas interiores. Las cabañas se apiñaban unas junto a otras, dando lugar a calles estrechas e intransitables. Similares a las viviendas reconstruídas en Gales (como en Castell Henllys7 y St. Fagans) e Irlanda (Wexford), contaban con un zócalo de piedra y muros de entretejido de varas cubierto de barro al que se le habría sobrepuesto algún tipo de aislante.
Las viviendas tienden a ser rectangulares a medida que se avanza hacia el este y se hacen más fuertes las influencias procedentes de centroeuropa y el mediterráneo. Las influencias celtiberizadoras encuentran cierta resistencia en la zona; se extendieron a las regiones occidentales y septentrionales con las que compartía el mismo sustrato social y económico, pero este proceso fue interrumpido con la llegada de Roma.

Guerreros-

Pueblo de fuerte carácter guerrero, contaban con el dardo como arma principal. Usaban un escudo o caetra, tanto pequeño como grande. También usaban el puñal, espada corta de antenas, hacha de doble filo, hacha de talón, lanza de enmangue en tubo, brazalete macizo con decoración incisa, anillas, honda, así como la falcata, utilizada posiblemente debido a las influencias de otros pueblos peninsulares. Como elementos de prestigio personal vinculados al estamento guerrero estaban los torques.
Durante las Guerras Cántabras se enfrentaron a Roma en alianza con los cántabros, practicando una guerra de guerrillas, llevando a cabo emboscadas y maniobrando en estrechos valles y empinadas laderas donde luchaban a caballo Fue famosa su caballería, con sus caballos asturcones, y una vez dominados por Roma, fueron reclutados como tropas auxiliares. Así, en el Muro de Adriano, construido al norte de la actual Gran Bretaña para proteger sus territorios de las invasiones de los pictos, se tiene constancia de 2 alas de caballería astur. También se ha encontrado una estela funeraria en la ciudad alemana de Bonn, dedicada a Pintaius, ciudadano astur portaestandarte de una cohorte romana.
En cuanto al registro arqueológico, la Asturia estaba dentro del área de influencia del Arco Atlántico, que durante el Bronce Final mantuvo importantes contactos comerciales. Una característica común en toda la zona atlántica es el hallazgo de acumulaciones de piezas metálicas sin contexto arqueológico y que parecen relacionarse con ofrendas votivas en parajes naturales con carácter sagrado. Este es el caso de espadas halladas en ríos como el Esla o el Órbigo. Como dato curioso, una espada de lengua de carpa fue localizada en Paradela de Muces, supuestamente hincada en una roca.