viernes, 4 de enero de 2013

EL AGÜEYAMIENTO EN ASTURIAS


Se entiende por mal de ojo, aojamiento o agüeyamientu, a todo supersticioso mal o enfermedad ocasionada a una persona o animal por influjo demoníaco brujeril o por mujer embrujada, y realizado con la mirada preñada de ira o envidia.

La capacidad del aojamiento no reside indistintamente en ambos ojos, sino en uno de ellos; razón por la cual la persona con tal innato y maligno poder, acostumbraba a tapar el ojo mefítico o provocador del agüeyamiento, cuando su capacidad maléfica no era innata y si voluntaria, no miraba de frente ni insistentemente y usaba siempre gafas; de ahí, como dice Lis Quiben, que sean gente de "mala vista" y por ello llevan gafas. Individuos a quienes hoy, con palabra de la misma raíz, les llamaríamos gafes.

los síntomas del mal de ojo más típicos y característicos son: anorexia, astenia, depresión, cefaleas, raquitismo, desnutrición, consumición, etc.
En la profilaxis de este mal, además de la invocación a Dios o a san Antonio, podría evitarse mediante  amuletos diversos. Primitivamente se emplearon a este fin dientes de ciervos,y colmillos de felinos, osos, huesos y dientes de peces. la mano disecada de del tejón o comadreja, "manina de melandru", colgada del cuello, fue costumbre de nuestros ancestros asturianos en evitación de toda clase de hechizos. Así también fue costumbre posterior en los bautizos asturianos que la madrina obsequiase al neófito con la cigua de azabache o puñesin, que se colgaba de la muñeca del niño. Y también era habitual cuando se llevaba a los niños a bautizar, para evitar el embrujamiento de los mismos se les proveía de un trozo de pan de centeno que comúnmente lleva dos cruces marcadas.

Otras veces el presente bautismal eran los evangelios, incluidos en una pequeña bolsita, que se sujetaba a modo de escapulario sobre las ropas del niño. También se utilizaba la medalla de San Benito u otras , en busca de la protección maléfica.
Se creía que con estos medios protectores, en caso de riesgo de aojamiento, la cigua, como amuleto preservador, se rompería de que se produjese el "agüeyamiento" y que los Evangelios en su caso, aumentarían de tamaño.

Cuando el mal de ojo del ganado se trataba, se acudía no solo a la invocación de San Antonio, sino también a la colocación de una esquila al cuello de la res, para que ahuyentase a los malos espíritus o bien una caracola o cuerno marino, como es común en los pueblos costeros de nuestra provincia.
Las esquilas o campanillas llevan grabadas sobre el metal una cruz, en otros lugares se les colocaba un cordel bendito, un collar de bayeta amarilla, se introducía ruda en la campanilla o se le colgaba al animal la "dómina" o "nómina", pequeña bolsa o saco que contenía alguna planta olorosa (añil, hinojo, sándalo, ajo, etc., o la cabeza de una culebra cortada cuando está viva o simplemente incienso).

De la misma manera se acudió a colocar sobre la parte superior de la puerta del establo un pantalón con las perneras abiertas y separadas, para que la vaca saliese de la cuadra por debajo del pantalón "esparnau", el cual después se quemaba. Es curioso advertir que este ritual de paso, tendría que hacerse a la salída del animal y no a la entrada, por temor a que penetrasen en la cuadra los espíritus maléficos y se posesionasen de ella.
Los calzones, más preferibles si son viejos y bien usados.

El "afumar" el ganado es otro remedio contra el aojamiento del mismo, como también cortándole unas cerdas de la cola y arrojándolas al fuego.
La venta del animal "agüeyao" es un valioso medio terapéutico, al desaparecer el aojamiento con el cambio de dueño. La venta simulada y a un precio mínimo y simbólico, permite la cura del animal, que luego el nuevo dueño entrega a su antiguo propietario.

El aojamiento se puede curar, buscando a la bruja o agüeyador y pedirle que ante el emfermo o animal pronuncie el "Dios le bendiga" o "San Antonio le guarde", y, como esto no es posible en muchos casos, no habrá más solución que el sacerdote los bendiga.

Otra costumbre muy difundida fue la de guardar en la casa, colocándola sobre paredes, puertas o ventanas, ramos o manojos de hierbas de San Juan, con el fin de librar a sus moradores, personas y animales, del mal de ojo y otros maleficios. En Asturios se utilizó especialmente, el saúco o "binterio", recogido en la visperia del día de San Juan.

Fuente visitada.
Medicina Popular en Asturias.- E. Junceda Avello.

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