sábado, 13 de marzo de 2010

LA PESCA DE LA BALLENA




Puede asegurarse que ya se practicaba en la alta
Edad Media. Para Asturias hay un "ante que" que es del año 1.232. Se trata de un contrato de arrendamiento de la playa de Entrellusa, entre Avilés y el Cabo Peñas, por una "compaña" de balleneros. Era ya en esas fechas cosa corriente y establecida que tenía que contar con bastantes años de uso.
lo que si parece cierto es que fueron los cantabros- vascos y asturianos de ambas Asturias- los que primero practicaron, al menos industrialmente, la caza de los grandes cetáceos en Europa.
la pesca de ballenas dejó de practicarse entre nosotros en el siglo XVII, aunque todavía en esa centuria se realizasen algunas capturas. En el XVIII, ya había prácticamente desaparecido.
A partir del siglo XVIII la documentación sobre la caza de la ballena es copiosa en toda la costa Cantábrica.
La técnica de la caza era así: en las atalayas existía una vigilancia encargada a un atalayero que tenía siempre preparado un montón de leña verde que producía gran humareda ("fumada").
Tam pronto como se divisaba un cetáceo, daba la seña y el humo, como telégrafo óptico, de promontorio en promontorio anunciaba la presencia de la caza, y con un cuerno sonoro se tocaba "A balena". Las tripulaciones, ya previamente designadas, marinaban rápidamente las lanchas. A la tripulación de cada ballenero se le llamaba esquifazón (de esquife). Estas lanchas eran alargadas y muy sólidas, especie de traineras reforzadas.
El arponero iba a proa y el patrón, hábil y gobernante, a la caña. Los demás al remo. En total, doce o catorce hombres.
Una vez muerto se le remolcaba a la playa donde se le varaba y se procedía al troceo en la forma que reglamentaban las Ordenanzas.
Los trozos cortados a lo largo del cuerpo, como enormes hojas de tocino se llevaba a fundir en los hornos de la "casa de las ballenas", que existía en los puertos dedicados a esta industria, obteniéndose la grasa que se guardaba en barriles para destinarla a diversos usos industriales. Los productos de la ballena casi nunca se empleaban en la alimentación humana.
Con la grasa de la ballena se nutrian varias industrias, entre ellas las de pintura naval, alumbrado y otras aplicaciones , incluso farmacéuticas. Sus "barbas" servían para los más variados usos. De sus huesos se hacían objetos primorosos y hasta muebles. En el palacio de los marqueses de Ferrera, en Luarca, había en el siglo XVIII una deliciosa sillería de jardín hecha con esos huesos.
Cada ballena venía a dar un promedio de unas cien pipas de grasa, esto es, unos seis mil kilos. El valor total de cada ejemplar, incluidas "barbas" huesos,etc. ,se calculaba a fines del siglo XVI en" más de mil ducados ". Lo dice el historiador P. Carballo: "Hay un pez tan monstruoso en este mar de Asturias que solamente las barbas se venden en mucho dinero; y el pez trae de provecho a los que pescan más de mil ducados, y lo más es la grasa, que llaman sain, con que se alumbra la gente común de esta tierra."
En la costa asturiana quedan todavía vivos toponímicos que recuerdan sus antiguas ballenerías
así "Cuesta o camín de las ballenas" en Cadavedo; "Ballenato" cerca del cabo Vidio; "Ballena" y "Ballenín"en el de Peñas. Los puertos o lugares balleneros de Asturias eran, Llanes, Ribadesella, Lastres, Tazones, Gijón, Candás,Luanco, Avilés, Cudillero, Cadavedo, Luarca, Puerto de Vega, Tapia y Figueras de Castropol. Pero algunos de ellos no fueron nunca realmente puertos, si no aldeas, playas y calas donde ocasionalmente se capturaban y troceaban cetáceos. Los típicos puertos donde estuvo establecida una organizada industria ballenera durante siglos, fueron los de Llanes, Ribadesella, Gijón, Candás, Luanco y Luarca.
En una descripción del concejo de Carreño que se a atribuido a Jovellanos, se puede leer refiriéndose al puerto de Candás: "La pesca de ballenas duraba a fines del siglo XV, pues en una carta dotal se señala a la novia un barco con los aparejos de la pesca de la ballena."
De (Asturias y la mar) (Jesús Evaristo Casariego)

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