viernes, 26 de marzo de 2010

LOS TESOROS ASTURIANOS







Los cuélebres asturianos, inmensos culebrones, con alas al modo de murciélagos, escamas impenetrables y pesadisima cola, duermen enroscados al tesoro y de tanto frotarse con él, terminan teniendo la piel de oro.
En las inmediaciones del Asiento de los Canónigos, en Covadonga, cuentan que había un cuélebre que en espaciosa cueva guardaba un tesoro de dos arrobas de manzanas de oro.
De las Xanas guardadoras de tesoros se sabe que la mayoría son hilanderas y que siempre están con su huso y con su rueca al amparo del primer rayo del sol. Tienen la costumbre de entonar cantos que nadie, por muchas veces que los escuche, pueda aprender.
Nuestras Xanas son seres de una tenue infantilidad y los tesoros que guardan los dan la mayoría de las veces porque quieren a uno que, no se sabe por qué, les cayó en gracia. A un pastor de Ley la Xana de la fuente de Pumarín, en Blimea, le dio dos ovillos de oro, sólo porque le dijo que no había visto otra mujer más bella. Otra Xana, la de la Cueva de la Pedrota, en Poo de Llanes, pagaba con manzanas de oro las manzanas que le traía un labriego.
Según nuestra tradición, en muchas cuevas asturianas habitan moros que quedaron guardando los tesoros de los suyos, cuando precipitadamente tuvieron que marchar tras la derrota de Covadonga. Los moros son generalmente vespertinos y se les ve a la hora del anochecer, se cubren con turbante, traen barba y andan con un bastón en la mano. También hay moras, generalmente princesas, como la del castillo de Soberrón en Llanes, que prendaban por su muy rara belleza.
Los tesoros de los moros están en sacos muy bien atados. Un hombre de Raicedo, en Libardón, que encontró uno junto a la fuente de Frellina, perdió casi un año, pues el cordel tenía mil nudos cuando lo hubo desatado, aparecieron dos moros y le pidieron permiso para ver lo que había en el saco. Lo contaron y se fueron. Según nos refirió Secundino Valle, había dos anillos, una herradura de oro, alfileres de plata, una manzana de oro y una bolera completa también de oro.
Además de manzanas de oro, en los tesoros ocultos en los castros, en las cuevas y en las fuentes, sumergidos en los lagos y lagunas y enterrados en los lugares más extraños de Asturias, hay la más variada gama de objetos que soñar se puede. Alguna relación proporciona Perfecto Rodrígez en su recomendable MANUSCRITO DE TESOROS DE ASTURIAS que el curioso podrá completar con el GRAN LIBRO DE SAN CIPRIANO o TESORO DEL HECHICERO, más conocido en Asturias como el CIPRIANILLO.
(Elviro Martínez - Modesto González Cobas)

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