viernes, 16 de julio de 2010

ANTIGUOS RELOJES DE GIJÓN

Dicen los cronistas que el primer reloj público, fue el que allá por el año de 1.572 se instaló en la Torre de la cárcel, en Cimadevilla.
Dicen que el segundo reloj fue en 1.852 el de la estación del Ferrocarril de Langreo, que estaba situado en la calle Sanz Crespo, mirando hacia la Puerta de la Villa. Este, en aquel edificio que luego se llamó "La Gerencia", marcó las horas para cuantos gijoneses dependían del tren de Langreo, hasta el año 1.961 en que una noche del 25 de enero fue destruido por el fuego.
En 1.865 se construyó el edificio de la Casa Consistorial, y es otro de los relojes que marcó y sigue marcando las horas.
en el año 1.878 se colocará la primera campana del viejo campanil del antiguo Instituto de Jovellanos. Y fue en el año 1.884 cuando al edificarse la estación del Ferrocarril del Norte, se instaló un reloj que marcaría toda una época, ya que años más tarde, según el investigador Rufino Alvarez Meana, un bando del señor alcalde de 1.926, todos los relojes de la ciudad deberían marchar acorde con la citada Estación del Norte.
Entre 1.891 y el final de siglo, se instala un hermoso reloj con sonoras campanadas en la relojería Pando de la calle Corrida, los del Instituto de Jovellanos de la calle Jovellanos y Colegio de la Inmaculada. En 1.892, y en 1.899 el citado reloj de Relojería Pando, pasó al exterior del edificio de la Calle Corrida a la altura de la cafetería Tívoli y con sus campanadas servía de guía oficial a los tranviarios para sus horarios de salidas y como es lógico, estaba atendido por la propia Compañía de Tranvías de Gijón.
También en 1.899 se inagura el Edificio de la Plaza del Sur, con su correspondiente reloj, y otro de columna sirve de centro neurálgico en la calle Corrida el mismo año para comenzar el siglo, con el notable edificio del entonces Banco de Gijón, que sirve de emblema a la calle de Los Moros y cuyo reloj sigue marcando las horas.
Los años veinte también fueron significativos para la relojería urbana de nuestra ciudad, pues en 1.924 se inagura el reloj de "La Gota de Leche" y en 1.926 la Junta de Obras del Puerto coloca dos preciosos relojes de columna, uno en la Rula y otro en Los Jardines de la Reina.
En 1.928 quitaron el que también de columna estaba en medio de la calle Corrida para instalarlo en la plaza de San Miguel, donde permaneció hasta 1.955 en el que al remodelar dicha plaza se desplazó al Parque de Isabel la Católica, como una reliquia del pasado siglo.
En el mes de julio de 1.933 se inaguraba La Escalerona, con su correspondiente reloj que es todo un símbolo del Gijón veraniego. Los que fueron instalando después de los años cuarenta parece ser que no tienen el carisma de los anteriores citados, pues al de la estación del Alsa, no le queda más que la caja, el de la Caja de Ahorros en la plaza del Carmen, que comenzó marcando los cuartos, las medias y las horas con una melodía de sabor asturianista, ya ha enmudecido su carrillón.
(El Comercio) Janel Cuesta.

3 comentarios:

  1. Yo añadiría como curiosidad el único reloj de sol que queda en el casco urbano, se encuentra en una casa de la calle Salustio Regueral, en pleno barrio del carmen, empotrado en una esquina del edificio. Se lee bastante mal una fecha, parece que pone "año 16...".
    Antiguamente esa calle se llamaba "del Cuadrante" precisamente por existir en ella un reloj de sol.
    Una entrada muy interesante, como es habitual. Saludos.

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  2. Tienes toda la razón, un reloj que yo también conozco y sin embargo pasa muy desapercibido.
    Un saludo.

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  3. Cuadrante. Un reloj de sol, un cuadrante,
    dio nombre a esta calle y todavía permanece
    en la esquina de Blanca de los Ríos
    con Salustio Regueral, a una altura de unos
    cuatro metros del suelo y en la fachada de
    una casa que albergó un cafetín restaurante
    llamado La Selva, en cuyas paredes
    abundaban pinturas de Evaristo Valle (ver
    sobre este café-restaurante, «donde se reúnen
    los más distinguidos gourmets», la
    página 88 de Pequeñas historias de Gijón,
    de Joaquín Alonso Bonet, y un artículo de
    José Loredo Aparicio en El Noroeste del 15
    de agosto de 1929).
    Extraido de el libro Las calle de Gijón. Historia de sus nombres.
    Felicitaciones por tu blog contiene entradas muy interesantes

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