jueves, 13 de enero de 2011

LA FERIA DE MUESTRAS Y EL CARBAYÓN


En contra de lo que podría suponerse, el pastel de almendra y yema con una base de hojaldre y bañado en azúcar, bautizado con el gentilicio no oficial de los habitantes de la capital asturiana, no nació como postre especial para la jira del Martes de Campo, ni tampoco para endulzar el final del copioso menú otoñal del Desarme ni, mucho menos, para festejar alguna gesta balompédica del once azul en el viejo Buenavista: el carbayón vio la luz repostera en Gijón para endulzar a los visitantes de la Primera Feria Oficial e Internacional de Muestras Asturiana, que se celebró en el paseo y jardines de Begoña entre el 15 y el 31 de agosto de 1924.

Fue el maestro de obrador José Gutiérrez quien «inventó» el pastel por encargo de José de Blas, a cuya confitería -ubicada entonces, como ahora, en la calle dedicada en Oviedo a Jovellanos, el gijonés más universal- se dirigió el Ayuntamiento ovetense para que se hiciera «un pastel especial que representara a Oviedo en la Primera Feria Internacional de Muestras de Gijón; por eso se le bautizó con el gentilicio popular de los ovetenses», se puede leer en la página web de la confitería Camilo de Blas.

Ochenta y seis años después del evento confitero, el actual gerente de Casa Camilo de Blas, José Juan de Blas, explica que «tras hacer muchas pruebas se decidió escoger ese pastel; se creó algo distinto y original para representar a Oviedo en la Feria de Muestras».

En la calle Ancha de León, que conduce hacia la catedral desde la plaza de Santo Domingo, nació en 1827 una confitería que décadas después estaría regentada por Camilo de Blas, quien, con el correr de los años, abriría en Oviedo un establecimiento confitero para su hijo José de Blas. Fue en febrero de 1914 cuando se inauguró y «en 1916 también abrió Camilo de Blas casa en Gijón para otro de sus hijos», recuerda su bisnieto, José Juan de Blas.

Pero, retornando al carbayón presentado al público gijonés en 1924, el nieto de José de Blas prosigue: «Una vez que se decidió el pastel, se planteó el nombre que iban a darle y, claro, qué mejor nombre que carbayón cuando se trataba de representar a Oviedo en Gijón».

El viernes 15 de agosto de 1924 quedaba inaugurada «solemnemente», se puede leer en la primera página del diario «La Prensa» del 16 de agosto, la Primera Feria de Muestras Asturiana, en un recinto que «presentaba hermoso golpe de vista, adornadísimo con profusión de banderas». Y «como estaba anunciado, el notable "Coro Afición" interpretó el himno de la Feria, que fue transmitido por potentes bocinas de difusión colocadas al efecto, a todo el recinto».

En representación del Ayuntamiento de Oviedo, que tenía «stand» en el recinto ferial, acudió al acto el alcalde, José Cuesta, quien, con el resto de los invitados oficiales, recorrió el ferial, en el que «todos los expositores regalaron a los invitados diferentes objetos de propaganda, muchos de ellos de gran utilidad y gusto».

Parece que el carbayón gustó y superó la prueba gijonesa; al menos José Juan de Blas, a la vista de lo famoso que se hizo el pastel creado en la confitería de su abuelo José de Blas, no puede decir otra cosa que «encima, con ese nombre, y sobrevivir en Gijón, ya tenía asegurada la continuidad».

«En principio», prosigue José Juan de Blas, «tengo entendido que el pastel era algo distinto que pudiera representarnos a los de Oviedo en Gijón durante la Feria de Muestras, pero tuvo tal éxito que se planteó seguir haciéndolo y años más tarde mi padre, Camilo de Blas, ya le dio un último impulso y lo popularizó mucho más; la verdad es que alcanzó un éxito tremendo y es un referente conocido en toda España» de la confitería asturiana.

También en el «stand» de Oviedo de la Feria de Muestras de 1924, junto a los carbayones, se ofrecían, cuenta José Juan de Blas, «las duquesitas, que son similares a las princesitas, y es que hace tiempo me contaron que mi tío abuelo, quien inauguró la tienda en Gijón, era muy amigo del dueño de la confitería La Playa, y algo debió de haber en esa relación para que tanto uno como otro, cada uno con un nombre, hicieran un producto similar».

En una información previa a la inauguración de la I Feria de Muestras Asturiana, Antonio Camacho escribía en «La Prensa» una breve historia de las ferias de muestras, que contaba eran «uno de los acontecimientos económicos más interesantes de la posguerra (...) El origen de estas instituciones está, según los tratadistas más autorizados, en las ferias comerciales de Leipzig». Y terminaba el periodista: «Se ha dicho que el siglo XIX fue el de las exposiciones industriales, y el siglo XX será el de las ferias de muestras».

www.lne.es/gijon/2010/01/17

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