miércoles, 8 de septiembre de 2010

GENIOS DE LAS AGUAS
















LOS ESPUMEROS



Para las gentes de la costa, los "espumeros" son "según Constantino Cabal (como un fervor de espuma sobre las aguas del mar.) Según Rogelio jove y Bravo, son.


(" pequeñitos, hermosos, juguetones, llevando también (como los tritones) su trompa marina hecha de un caracol vacío; pero los "espumeros"no son peces de cintura abajo como aquellos, sino de figura humana, de "silfos", de geniecillos mofletudos y sonrosados como los amorcillos de un cuadro de de Wateau o de un techo de Boucher. Cabalgando unas veces sobre las crestas de las olas, revolcándose en las espumas de los rompientes, coronados de algas, sonando su trompa, van en la estela de los buques que parten o danzan entre las ondas delante de los que llegan. Pero nunca se alejan de la costa, porque tienen miedo a la tempestad. Apenas estalla, salen del mar envueltos en grandes mantos de polvo de agua y se refugian en las cavernas que habitan entre los cantiles o entre los peñascos amontonados en la playa, donde la sacudida de las olas no los alcancen. Esas nieblas que muchas veces vienen rodando sobre la superficie del mar a estrellarse en el acantilado, entre cuyos picos y cortaduras se desgarran en cien pedazos, no son tales nieblas, sino legiones de "espumeros", rebozados en sus mantos y que buscan sus moradas".


En 1.921. Francisco González Prieto publica este soneto.


Son fios de la mar como tritones
que salen esplumantes, vocingleros,
corriendo a más correr los esplumeros
´na playa cuando rompen los cachones.

Metá neñinos i metá ´scamones.
Corónense con ocla i van en cueros
llevando caracoles trompeteros
´nes foles cuando ´rinquen roncos sones.

Cuerren tres de los buques ´nes esteles,
y dancen pe la costa los donceles
formando niebla i a la oriella bruma.
Mas cuando ruxe ´l mar embravecíu,
manqu´azote les peñes fiendo ruiu,
salten ellos gritando ´nte la spluma.



EL DIAÑU BURLÓN

Cuenta Cabal:

("Donde el diaño burlón hace más daño es en los puertos de mar, entre los pescadores infelices. A veces, coge unas redes que deben confeccionarse en el infierno, y échase a caminar sobre las aguas. En cuanto ve una barca allá va él; se planta delante de ella, tiende las redes y se lo lleva todo... En cambio los pescadores infelices no consiguen atrapar un pececillo, y aunque no ven al diaño, lo adivinan y colman de insultos".)

("una noche José el Cardín, de Vega, cerca de Caravia-salió al congrio, achó el aparejo y sentóse a esperar. No sintió paso ni rumor alguno cerca de él, y sin embargo,oyó que le preguntaban a su espalda:
- ¿Pican?... ¿Pican?
Se asustó y no volvió la cabeza. Comprendió instantáneamente que era el diaño burlón el que dirigía la pregunta, y por no darle motivo de disgusto respondió:
- ¡Pocu!... ¡Pocu!
Causóle al diaño tanta risa la respuesta, que para no reventar tuvo que tirarse al suelo boca abajo. Se le escapaban las carcajadas como trombas, y en cuanto respiraba unos momentos repetía:
- ¿Pican, pican?... ¡Pocu, pocu!
Y enseguida las teombas otra vez.
¡Señor, era demasiado! El Cardín era un hombre de vergüenza, se cansó de tanta guasa y acabó por decir de mal humor:
- ¡Mecachis, hom!... ¡Non me fastidies!
Díjolo el pobrecillo en mala hora, porque el diablo fue sobre él, atizóle un empujón y le echó al mar. Y gracias que el Cardín nadaba como una anguila, no terminó desgraciadamente la aventura. Cuando salió del agua no halló a nadie: ¡por si acaso, el diablo había creído conveniente desaparecer!.)

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