domingo, 20 de marzo de 2011

HISTORIAS DE GIJÓN


En Gijón había fábricas de chocolate a “estrobaes”. Sería porque aquí siempre fuimos muy “llambiones”. A bote pronto, me acuerdo de la Primitiva Indiana, que estaba en Contrueces; de chocolates Kike, instalada en la zona del barrio de La Arena, y que hacía una especie de pirulí de chocolate que llamaban Frescolina. Por una peseta se encargaba de venderla fría, en la playa, un “paisanín”, creo recordarlo, con bigote y bastante “ñarigón”. También estaba la chocolatería de Fausto en la calle Menéndez Valdés, que era quizás una fábrica menor. Podíamos consolidarlo como un taller que fabricaba verdaderas fruslerías. La fábrica de La Herminia ubicada en el arranque de la Avenida de Portugal.
También había otra afamada fábrica llamada chocolates Pantiga, en medio de Gijón, justo esquina con la calle San Bernardo y la calle Casimiro Velasco: (“Si es chocolate Pantiga, quiero la taza hasta arriba”), decían los anuncios de la radio. También eran elogiadas las producciones de Chocolates Aguirre.

......................................................................................................................................................

Era la época del pantalón de mil rayas y de las faldas de tubo. Subíamos a El Jardín en tranvía hasta Villamanín, en Somió, para enfilar luego a “pinrel” el camino que llevaba al “bailongo”. Lo de bajar era otra cosa. Se necesitaba pillar algún autobús a la puerta del local: (“A durín, a durín, a Gijón que nos vamos”), se coreaba. Era obligado llegar pronto a casa. Las diez y media de la noche era el tope por las absurdas normas de la convivencia familiar de antaño.

Recuerdo el cine Albéniz como un cine de reestrenos. Era la época en que las películas se exhibían primero en el Arango y una o dos semanas más tarde las daban en el Albéniz.
Los que andábamos sin un duro nos las teníamos que arreglar para ver algo de cine recurriendo a salas que nos lo pusiesen barato: el Goya, Imperio, Roma, Avenida o en el popular cine Los Campos donde tenían días de club y cobraban tres pesetas por la butaca, y sólo una en “gallineru”.

....................................................................................................................................................

La Fábrica de Tabacos, que en el principio de su existencia fabricaba los famosos vegueros, coronas, brevas y regalías, es la suministradora de cigarros puros con vitola real. Aquí se fabrican, al disponer de los únicos artesanos de la Península que elaboran a mano siguiendo las enseñanzas dejadas hace años por técnicos que llegaron de Cuba, los cigarros de la Casa Real y también los destinados a altos cargos del Gobierno.
Aquí se empezó a fabricar hace más de un siglo el conocido Farias. El por entonces presidente de la Compañía Arrendataria de Tabacos, Amós Salvador y Rodrigáñez, firmó un contrato de fabricación con un tal Heraclio Farias, con un canon de “un real de vellón por cada mil unidades vendidas”, para la elaboración del popular cigarro puro que en octubre de 1.888 fue presentado en sociedad en la Exposición Universal de París, coincidiendo con la inauguración de la torre Eiffel.
Son datos. Son detalles de la larga historia de una fábrica donde muchas mujeres y hombres trabajaron toda su vida.

............................................................................................................................................

Los calamares de Casa Marcelo. Allí tomaron las primeras cañas de cerveza. Allí se hablaba y se discutía de fútbol. Allí daba la vuelta el tranvía. Todo gijonés especuló cómo sería capaz de preparar aquellos sensacionales calamares fritos que perfumaban los alrededores. Era algo que rozaba con el “cum laude” gastronómico y la “reciella”, cuando pasaba por delante del local, compraba “les migues” que quedaban de la fritura de aquel manjar servidas en un “cucuruchu” de papel de estraza.
Pasaron muchos años y no se desvelaba el secreto de la fritanga y el rumor más extendido y el rumor más extendido era que Marcelo se lo había llevado al otro mundo: que si los rebozaba con galletas de María, que si los hacía con harina de maíz, que si el aceite era “perronero”…
Sus hijas conocen el sistema que está basado en la sencillez: (“Los calamares eren potarros gigantescos, y frescos, porque no se había inventado eso del congelao. Cortábalos en cachinos y, bien adobaos con ajo y sal de la gorda, tapábalos con hielo que traía de La Rula, dejábalos en la fresquera del patio un par de días pa que se reblandeciesen. Luego rebozábalos en harina de trigo ordinaria mezclada con bastante pan rallao, hasta secalos. Ramatábalos en la sartén con aceite muy caliente del que había antes, cuando el racionamiento, y que no era precisamente de girasol, friéndolos hasta que churruscasen un poquiñin. Antes de servilos, dejábalos enfriar un poco y, cuando los clientes los jamaben, poníense-yos los güellos en blanco”)
La ración con medio vermú sifoneado a manguerazos costaba setenta y cinco céntimos. El “cartuchu” con “les migues”, una perrona. Los domingos vendía doscientos litros de bebida y entre trescientos y cuatrocientos kilos de aquellos gloriosos calamares.

Retazos del libro de Dionisio Viña.
Nordestes
Nordestinos
Y Nordestazos.

9 comentarios:

  1. Hay Marisa, hoy me has hundido en la miseria, Dioni tenia una errata, en los Campos era el día "familiar", si la memoria no me falla, en la Fábrica Tabacos, mi padre y mi madre, que era maestra del taller de habanos. ¿Conociste los cromos que repatien en les tabletes de chocolate? Ya no me acuerdo si era Pantiga o la Herminia. !Los calamares de Marcelo¡, algunos días todavía los huelo cuando paso delante del local.

    ResponderEliminar
  2. Creo que con los años hemos perdido autenticidad, acabaremos metidos en "Parque Principado" como autómatas.
    Salu2.

    ResponderEliminar
  3. Luis aunque fastidie, es bueno muchas veces recordar. Con las prisas de todos los días, casi no nos queda tiempo para ello. Un saludo

    Rubo. Ya estamos metidos de lleno, No tienes más que acudir un fin de semana a cualquier centro y todo el mundo se reúne allí a pasear y merendar en el McDonalds. Saludos

    ResponderEliminar
  4. Muy bueno,prestome mucho.El gran Dioni tenia esa forma de contar les coses, que llegaben a todo el mundo.
    Yo escapo de todos esos centros comerciales de ocio, prefiero llevar al mi guaje a un merenderu, a tomar el solin y beber unos culinos o comer una tortilla. Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Marisa.a sido unos de los Post que mas me han gustado,recordandome nuestro Gijon de antaño y no tanto,recuerdo mucho de lo escrito,parte por vivirlo y otro por escucharlo.
    Siempre me gustara mas el Gijon de antes.
    Saludos

    ResponderEliminar
  6. Son relatos cortos, que publicó en La Nueva España de Gijón donde empezó a trabajar en 1.983. “El NORDESTE” los domingos. Era una sección en estilo costumbrista gijonés. sobre el Gijón de la década 1.950-60.

    ResponderEliminar
  7. Que cercanos nos hace llegar los recuerdos vividos por D.Viña, aunque sea a personas de diferentes generaciones.
    Si estáis interesados en ver algunos ejemplos de los cromos del chocolate gijonés o su publicidad os animo a echar un vistazo a mi blog:http://recuerdogijon.blogspot.com/
    Saludos.

    ResponderEliminar
  8. Qué relatos más bonitos, me encantan las historias de antes, aunque a mí éstos no me tocan ni por edad ni por situación geográfica, tengo 39 años y soy de Mieres, aunque vivo en Gijón desde hace 9 años.
    Un saludo

    ResponderEliminar